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¿EXISTE CAMBIO INTERIOR O EVOLUCIÓN INTERNA?

JIDDU KRISHNAMURTI

PREPÁRATE PARA EL CAMBIO

No obedezcas ningún mandato a no ser que provenga desde tu interior.

La gente vive casi en sus sepulcros. Lo que llamas una vida conveniente y cómoda no es otra cosa que un sutil sepulcro. Entonces cuando empiezas a cambiar, cuando inicias el viaje del espacio interior, cuando te conviertes en un astronauta del espacio interior, y todo está cambiando tan rápidamente, cada momento está temblando de miedo. Entonces cada vez más el miedo tiene que ser enfrentado.

Permite que esté allí. Poco a poco empezarás a disfrutar tanto de los cambios que estarás listo a cualquier precio. El cambio te dará vitalidad y más vitalidad, entusiasmo, energía. Entonces no serás como un estanque cerrado por todas partes, sin moverse. Te convertirás en un río que fluye hacia lo desconocido, y hacia el océano en donde el río llega a perderse.

No te estanques cambiando el exterior, porque nunca estarás satisfecho, a menos que los cambios sean internos, pues el exterior nunca puede ser perfecto.

Veamos como Jiddu Krishnamurti no guía para el cambio interno...

CAMBIO INTERNO

EVOLUCIÓN

¿Existe la evolución psicológica?

Está la evolución de los primates a los denominados seres humanos, está la evolución de lo desconocido a lo conocido. La evolución implica tiempo, pero psicológicamente, internamente, ¿Existe la evolución interna? ¿Entienden mi pregunta? En lo externo, uno puede ver como la arquitectura ha progresado desde las chozas primitivas hasta los edificios modernos, en la mecánica hemos pasado de la rueda del carro hasta el avión, el jet, ir a la luna, etc. Es un hecho evidente, no cabe duda de que estas cosas han evolucionado.

¿Existe realmente la evolución interna?

Ustedes creen que sí, piensan que existe, ¿verdad? Pero ¿es así? No digan: “sí o no”, simplemente asegurarlo es absurdo, mientras que descubrirlo es el principio de la sabiduría. Ahora bien, ¿existe la evolución psicológica? Es decir, si digo: “Llegaré a ser algo” o “dejaré de ser algo”, llegar a ser o dejar de ser implica tiempo, ¿verdad? “Pasado mañana me enojaré menos”, “seré más bondadoso y menos agresivo”, “ayudaré más”, “no seré tan egocéntrico, egoísta”, todo esto implica tiempo, “soy esto y seré aquello”. Digo que psicológicamente evolucionaré, pero ¿Existe tal evolución? ¿Seré diferente dentro de un año? Hoy soy violento, toda mi estructura es violenta, toda mi formación, mi educación, mis influencias sociales y las presiones culturales han alimentado mi violencia; también he heredado la violencia del animal, de los derechos territoriales y sexuales, etc., ¿evolucionará esa violencia hacia la no-violencia? ¿Puede la violencia convertirse en amor?

¿Existe el mañana psicológico?

Cuando hablamos del tiempo, no nos referimos al tiempo cronológico, al tiempo del reloj; ese tiempo existe y debe existir. Si quiero tomar un autobús, subirme a un tren o ir a una reunión, necesito tiempo cronológico. Sin embargo, ¿existe el mañana psicológico, el tiempo de la mente? ¿Existe realmente el mañana psicológico? ¿O es el pensamiento el que inventa el proceso gradual, el que crea ese futuro al verse incapaz de cambiar de forma directa e inmediata? Como ser humano, soy consciente de la enorme importancia de producir una revolución radical en mi manera de vivir, de pensar, de sentir y de actuar, por eso me digo a mí mismo: “Necesitaré tiempo para cambiar, mañana seré diferente, o dentro de un mes”. Ese es el tiempo del que estamos hablando, la estructura del tiempo psicológico, el mañana o el futuro; vivimos presos de ese tiempo.

EL TIEMPO

Un cambio que no pertenece al tiempo.

Sin duda, esa es una pregunta fundamental que cada uno debe hacerse a sí mismo, ¿cómo generar un cambio interno que no pertenezca al tiempo, que no sea una mera evolución, un crecimiento lento? Veo que cuando practico la voluntad, el control, cuando me disciplino, se producen ciertos cambios: soy mejor o peor, cambio un poco, en vez de tener mal carácter, de estar enojado, de ser despiadado o celoso, estoy tranquilo, he reprimido todo esto, lo he contenido. Cada día practico la virtud, repito ciertas palabras, voy a un lugar santo y repito unos cánticos, etc. Todo eso produce un efecto pacificador, genera cambios, pero estos cambios todavía son de la mente, pertenecen al campo del tiempo, ¿no es así? Mi memoria dice: “Soy esto y debo ser aquello”. Es evidente que sigue siendo una actividad egoísta. Por mucho que niegue la codicia, al buscar la no-codicia, sigo encerrado dentro del proceso del ‘yo’. Y me doy cuenta de que esto no conduce a ningún lugar, haga lo que haga; es posible que se den algunos cambios pero mientras mi pensamiento esté preso del proceso del ‘yo’, no podre cambiar internamente, no podré estar libre de lucha, del conflicto y del dolor.

No es una cuestión de tiempo.

Poner fin a una condición como la violencia o la codicia no es una cuestión de tiempo, y no sucede por medio de ideas; debe hacerse de inmediato, no a través del tiempo. Cuando introducimos el tiempo, quedamos atrapados en el proceso gradual de los ideales.

Por favor, no salten a conclusiones o digan: “Sin ideales estamos perdidos”, sino más bien escuchen lo que se está diciendo. Conozco todos sus argumentos, justificaciones e ideales. Tan sólo escuchen sin una conclusión, si son tan amables, y traten de entender lo que dice quien les habla. No impidan su entendimiento diciendo: “Debo tener ideales”.

Los ideales han existido desde siglos. Muchos maestros religiosos han hablado de los ideales, pero puede que estén todos equivocados, seguramente lo están. Es evidente que la adhesión a unos ideales impide la liberación de la mente de la violencia, codicia, envidia, y del deseo de poder. Si uno está realmente interesado, y debería estarlo, con la rectitud, lo cual es la base donde se apoya todo verdadero inquirir de lo que es la religión, entonces uno debe investigar la posibilidad de erradicar de la mente la violencia, la codicia, la envidia, la posesión, no en un momento futuro, sino ahora.

EL CAMBIO

Permanecer con el hecho sin intentar cambiarlo.

No es fácil decir “estoy enojado” y permanecer con el hecho sin intentar cambiarlo, sin buscar una explicación. No sé si se han dado cuenta de que vivir con algo desagradable sin corromperlo es muy difícil. Vivir con un cuadro feo y no dejar que pervierta la sensibilidad es muy difícil, porque vivir con algo feo libera mucha cantidad de energía, igual que lo hace vivir con algo hermoso. Cuando ve un hermoso árbol en su jardín se siente orgulloso o se acostumbra a él; o si ve una carretera sucia se acostumbra a ella también. Vivir con ella y no permitir que la suciedad de la carretera le corrompa, o vivir con algo hermoso sin acostumbrarse a ello, eso requiere mucha energía, requiere mucha sensibilidad, darse cuenta, ¿no es verdad? De lo contrario se acostumbrará a ambas cosas; tanto la belleza como la fealdad le embotarán. Así pues, la mente que se acostumbra a los ideales se embota, acepta posponer, y posponer es un hábito muy fácil. Si niega las ideas, si niega los ideales, entonces estará libre para afrontar el hecho.

Eso no es cambiar...

Para la mayoría, el cambio consiste en la continuación de nosotros mismos con modificaciones. Si no nos satisface un patrón concreto de ideas, rituales, condicionamiento, lo dejamos a un lado y retomamos el mismo patrón en otro contexto, un aspecto diferente, un color diferente, diferentes rituales y palabras. Cambiamos el latín por el sánscrito, o cualquier otra lengua, pero sigue siendo el viejo patrón que se repite una y otra vez; y con este patrón creemos que nos movemos, que cambiamos. Debido a que estamos insatisfechos con lo que somos vamos de maestro en maestro. Cuando vemos nuestra confusión interna, las guerras constantes, el aumento de la destrucción, la devastación y desdicha, entonces buscamos cierto remanso de paz; y si encontramos un refugio que nos brinde una sensación de seguridad, de permanencia, nos conformamos. Por tanto, cuando la mente proyecta una idea, se aferra a ella y se esfuerza, sin duda, eso no es cambiar internamente, no es transformación ni revolución, porque sigue estando en el campo de la mente, del tiempo. Para eliminar todo esto debemos ser conscientes de lo que hacemos, darnos cuenta de ello.

Percibir la importancia del cambio...

Si como individuos no generamos ese cambio, ¿qué pasará? Si usted y yo que vivimos en esta sociedad no lo hacemos, ¿quién lo hará? Los poderosos, los millonarios, la gente que tiene enormes posesiones no lo harán. Sin duda, debe hacerlo la gente común como usted y yo, no lo digo de forma retórica ni tonta. Si usted y yo vemos la importancia del cambio, entonces no es el valor sino la misma percepción de la importancia de producir un cambio la que actuará. Un hombre puede tener valor para oponerse a los dictados de la sociedad, pero aquel que comprende la complejidad del problema del cambio, que comprende toda la estructura de la sociedad, la cual que es él mismo, sólo aquel hombre se convertirá en un individuo y no en un mero representante de lo colectivo. Sólo el individuo que no está atrapado en la sociedad puede afectar la esencia de la sociedad.

Vida y cambio son sinónimos...

No quiere cambiar si cambiar supone un peligro, como perder su trabajo o su esposa. Puede que pregunte: “¿Por qué es necesario cambiar?”. Si no cambia, está muerto, es obvio. La vida significa movimiento y no estancamiento. Si niega la vida está muerto, vida y cambio son sinónimos. Usted cambia, su cuerpo cambia, envejece, sus sentidos cambian. Pero internamente, no quiere cambiar porque ha encontrado una creencia, una idea, una superstición, una conclusión o una experiencia; no quiere moverse de ahí porque es agradable, le beneficia. Si hay dolor, en cambio, entonces quiere cambiar, apartar ese dolor.

¿Cómo cambiar?

¿Se da cuenta de cómo es? ¿Alguna vez ha tomado consciencia de sí mismo de manera autocrítica? ¿Ha experimentado, comprendido su propia ira, sus celos, su envidia, ambición, odio, etc.? Ahora bien, ¿qué le hará cambiar? Vamos a empezar con eso. ¿Cómo cambiará? ¿Qué le hará cambiar? ¿Cambiará porque eso le ayuda? ¿Cambiará por placer? ¿Cambiará por miedo o porque cree que cambiando será mejor persona? ¿O porque si se adapta conseguirá más dinero, será más respetado, etc.? ¿Es esa la manera de cambiar si es que ha cambiado en absoluto? ¿Ha cambiado en algo? Por favor, hágase estas preguntas, no espere que sea yo quien le pregunte, debe hacerse estas preguntas. ¿Ha cambiado en algo? De ser así, ¿qué le ha hecho cambiar?

¿Qué nos hará cambiar?

Pensar juntos solo es posible si nos olvidamos de nosotros mismos, de nuestros problemas, de nuestras preferencias, de nuestras capacidades intelectuales. Nosotros, los seres humanos que vivimos en este mundo atroz que hemos creado, ¿podemos producir un cambio radical en nuestro interior? Pertenecer a algo nos hace sentir seguros. Sin embargo, pertenecer a algo siempre trae inseguridad, porque por esencia separa. ¿Podemos mirar el hecho ––el odio, la desdicha, la soledad, lo que sea–– mirar el hecho sin que el observador diga, ‘estoy separado’? La observación pura no requiere ningún esfuerzo, y por lo tanto, esa cosa que se ha ido formando, la imagen, empieza a disolverse.

CAMBIO INTERIOR

Estúdiese a sí mismo, estudie su interior.

Estúdiese a sí mismo, al ser humano total, toda la complejidad, la belleza y la extraordinaria sensibilidad que es usted. ¿Por qué quiere estudiar lo que otro dice sobre los seres humanos? Usted es toda la humanidad; y usted en relación con otro es la sociedad. Han creado este terrible y feo mundo que se ha convertido en un completo sin sentido, y por eso los jóvenes se rebelan en todas partes. Para mí, esa vida no tiene sentido; la sociedad que el hombre ha creado es el resultado de sus propias exigencias, de sus urgencias, sus instintos, sus ambiciones, su codicia y su envidia. Creen que leyendo todos los libros que se han escrito sobre el hombre y dedicándose al estudio social se comprenderán a sí mismos. ¿No sería mucho más sencillo empezar por uno mismo?

Esa belleza creativa interna...

Como es obvio, la belleza abarca la belleza de las formas, pero sin belleza interior, la simple apreciación sensual de la belleza y de las formas conduce a la degradación, a la desintegración. Sólo hay belleza interior cuando uno siente verdadero amor por la gente y por todas las cosas de la tierra; y con ese amor llega un tremendo sentido de consideración, de atención y paciencia. Puede que tenga una técnica perfecta como cantante, como poeta, puede que sepa pintar o hablar, pero sin esa belleza creativa interna, su talento tiene muy poco valor.

Por desgracia, la mayoría nos hemos convertido en técnicos, pasamos exámenes, adquirimos esta o aquella técnica para ganarnos la vida; pero adquirir una técnica o desarrollar cierta capacidad sin poner atención en el estado de ser interno genera fealdad y caos en el mundo. Si despertamos esa belleza creativa interna, ésta misma se expresará en lo externo y, entonces, habrá orden.

Paz interior...

Una mente que comprende la naturaleza del placer y del miedo deja de ser violenta y puede, por tanto, tener paz en su interior y con el mundo.

Si usted examina no sólo los valores y juicios externos de la sociedad, sino también mira en su propio interior, verá que el placer y la valoración del mismo es lo que perseguimos principalmente en nuestras vidas.

La armonía interior es lo primero, no la exterior.

Sois vosotros el templo externo, y en vuestro interior arde lo Eternal, el Santo de los Santos, adonde podáis fácilmente ir a adorar, lejos del mundo, lejos de todo trastorno y tribulación.

Así deseo mantener ante vosotros la idea del templo y de la imagen en su interior. Doquiera estéis, en casa o en la calle, en el recreo o en el trabajo, permaneceréis tranquilos y equilibrados por que Él se halla siempre con vosotros. ¿Qué le importa al Dios interno que haya luchas y contiendas fuera del Templo? Mientras estéis tranquilos, mientras adoréis y estimuléis a otros a que adoren, mientras hagáis felices a otros, ¿Qué importa nada de lo demás? Cesan de afectaros las formalidades del culto externo y todos los intérpretes de Dios. Mientras poseáis esta gloria seréis felices; cuando bebáis en esta fuente seréis genios; crearéis y haréis felices a otros. Para esto existimos.

«Entenderte a ti mismo es el comienzo real de la verdadera sabiduría».

Jiddu Krishnamurti

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