LA ESENCIA DE LA HUMILDAD
La humildad es la esencia de la austeridad.
Reconocer la humildad es negarla. Uno solo puede reconocer la vanidad.
Podemos ser conscientes de nuestra vanidad, pero no podemos ser conscientes de la humildad. La austeridad, la austeridad del monje o del santo, es el cruel movimiento del devenir, el cual es ilusi贸n. Esta crueldad pertenece a la violencia, la imitaci贸n, la obediencia, en las que no existe lo an贸nimo. El monje y el santo pueden adoptar un nombre diferente, pero este nombre es el manto que cubre las heridas del conflicto. Y eso es igual con cada uno de nosotros, porque todos somos idealistas. Conocemos la vanidad y no podemos conocer la humildad. Nuestra humildad es lo opuesto de la vanidad, y todos los opuestos se contienen el uno al otro. El devenir, el llegar a ser, por secreto o an贸nimo que sea, jam谩s puede encontrarse en la naturaleza de la humildad. La humildad no tiene opuesto, y solo las cosas que tienen opuesto pueden reconocerse entre s铆.
Negar el orgullo no es conocer la humildad.
Morir para lo conocido es lo positivo de lo desconocido. Uno puede morir para lo conocido conscientemente, deliberadamente, con pleno conocimiento de todas sus implicaciones, pero no podemos conocer aquello que no es conocible. No podemos conocer algo desconocido como la humildad. En el campo del devenir, el movimiento es de lo conocido a lo conocido; cuando morimos a esto, aparece otra cosa que no puede ser abarcada por una mente que a煤n se encuentra dentro de las limitaciones de lo conocido: la memoria, la experiencia, el conocimiento. El ser no es la terminaci贸n del llegar a ser. Cuando es reconocido como ser, sigue siendo parte del llegar a ser, del devenir, en el cual est谩n implicados el esfuerzo, la desdicha y la confusi贸n.
La meditaci贸n no es un truco de la mente que se enfrenta a un problema insoluble y entonces se obliga a s铆 misma a permanecer quieta. Es obvio que una mente aturdida se ha vuelto insensible, irresponsable y, por tanto, incapaz de ver nada nuevo. Y lo nuevo no es lo opuesto de lo viejo.
La meditaci贸n es el descubrimiento de todo este proceso del devenir y del ser la negaci贸n del devenir a fin de ser. Una mente meditativa puede ver todo esto de una sola mirada, y esta mirada no incluye en absoluto el tiempo. Ver la verdad no es una cuesti贸n de tiempo; o la vemos o no la vemos. La incapacidad de ver no puede volverse capaz de ver.
Por lo tanto, la negaci贸n es el movimiento de la meditaci贸n, y no hay camino ni sendero ni sistema que puedan conducir a una mente superficial y parlanchina hasta las alturas de la bienaventuranza. El ver esto instant谩neamente es la verdad que libera de s铆 misma a la mente superficial.
NUEVO ENFOQUE A LA HUMILDAD
El problema de la humildad solo puede ser resuelto cuando lo abordamos de un modo nuevo.
Pero no podemos abordarlo de un modo nuevo si pensamos en t茅rminos de una u otra norma de pensamiento religioso, pol铆tico o de otra 铆ndole. Por consiguiente para a ser sencillos hemos de librarnos de todas esas cosas. Por eso es tan importante que nos demos cuenta, que tengamos la capacidad de comprender el proceso de nuestro propio pensar, que nos conozcamos a nosotros mismos totalmente. De ello proviene una sencillez, una humildad que no es ni virtud ni disciplina. La humildad que se gana, deja de ser humildad. Una mente que se torna humilde, ya no es humilde. Y es solo cuando se tiene humildad -no una humildad cultivada- cuando uno puede hacer frente a las cosas apremiantes de la vida; porque entonces no es uno mismo lo importante, no mira uno a trav茅s de las propias presiones y del sentido de la propia importancia. Uno mira el problema en s铆, y entonces puede resolverlo.
Tambi茅n es importante tener presente que cada uno de nosotros debe encontrar la verdad; cada uno de nosotros debe ser el maestro y el disc铆pulo; y eso requiere una gran dosis de humildad, no la mera aceptaci贸n de la seguridad o negaci贸n que yo formule.
Ser conscientemente de algo, es no ser libre. Si soy consciente de que no soy codicioso, de que he superado la ira, no estoy, ciertamente, libre de la codicia ni de la ira. La humildad es algo de lo cual no pod茅is ser conscientes. Cultivar la humildad es cultivar la autoexpansi贸n en forma negativa. Es obvio, por lo tanto, que cualquier virtud deliberadamente cultivada, practicada, vivida, no es virtud.
La humildad est谩 siempre al principio, pero no hay principio ni final. Esto es bienaventuranza m谩s all谩 de toda medida.
Jiddu Krishnamurti