Cartas a las Escuelas
Una de las peculiaridades de los seres humanos es la de cultivar valores. Desde la infancia se nos incita a establecer para nosotros mismos ciertos valores profundamente arraigados. Cada persona tiene sus propios designios y prop贸sitos perdurables. Naturalmente, los valores de uno difieren de los del otro. Se cultivan sea por el deseo o por el intelecto. Pueden ser ilusorios, confortables, consoladores o factuales. Estos valores, obviamente, fomentan la divisi贸n entre hombre y hombre; los valores son nobles o innobles conforme a los propios prejuicios e intenciones. Sin que enumeremos los diversos tipos de valores, 驴por qu茅 los seres humanos tienen esos valores y cu谩les son sus consecuencias? La ra铆z etimol贸gica de la palabra valor es fortaleza. La fortaleza no es un valor. Se vuelve un valor cuando es el opuesto de la debilidad. La fortaleza - no de car谩cter, que es un resultado de la presi贸n social - es la esencia de la claridad. El claro pensar es un pensar sin ideas preconcebidas, sin prejuicios; es una observaci贸n sin distorsi贸n alguna. La fortaleza o valor no es una cosa para ser cultivada como uno cultivar铆a una planta o una nueva especie. No es un resultado. Un resultado tiene una causa, y cuando existe una causa, ello indica una debilidad; las consecuencias de la debilidad son la resistencia o la complacencia. La claridad no tiene causa. La claridad no es ni un efecto ni un resultado; es la para observaci贸n del pensamiento y de su actividad total. Esta claridad es fortaleza.
Si esto se comprende claramente, 驴por qu茅, entonces, los seres humanos han proyectado valores? 驴Es para que estos les proporcionen una gu铆a en la vida cotidiana? 驴Es para que les den un prop贸sito, pues de lo contrario la vida se vuelve insegura, vaga y carece por completo de direcci贸n? Pero la direcci贸n la establecen el intelecto o el deseo y, por tanto, la direcci贸n misma se vuelve una distorsi贸n. Estas distorsiones var铆an de un hombre a otro, y el hombre se aferra a ellas en el inquieto oc茅ano de la confusi贸n. Uno puede observar las consecuencias de tener valores: estos separan al hombre del hombre y colocan a un ser humano contra otro. Al extenderse, esto conduce a la miseria, a la violencia y, por 煤ltimo, a la guerra.
Los ideales son valores. Los ideales de cualquier tipo son una serie de valores - nacionales, religiosos, colectivos, personales - y uno puede observar cu谩les son las consecuencias de estos ideales a medida que ellos ocupan su lugar en el mundo. Cuando uno ve la verdad de esto, la mente se libera de todos los valores; y para una mente as铆 solo existe la claridad. Una mente que desea una experiencia o se aferra a ella, est谩 persiguiendo la falsedad del valor, y as铆 se vuelve particular, reservada y divisiva.
Como educador, 驴puede usted explicar esto a un estudiante? 驴Explicarle que no debe tener valores de ninguna clase sino vivir con claridad - la cual no es un valor? Ello puede lograrse cuando el propio educador ha sentido profundamente la verdad de esto. Si no, todo se vuelve meramente una explicaci贸n verbal sin ninguna significaci贸n profunda. Esto ha de ser transmitido no solo a los estudiantes de mayor edad sino a los muy j贸venes. Los estudiantes mayores ya est谩n fuertemente condicionados por la presi贸n de la sociedad y por la que ejercen los padres con sus propios valores; o son ellos mismos los que han proyectado sus metas, que se convierten en su prisi贸n. Con los muy j贸venes, lo m谩s importante es ayudarles a que ellos mismos se liberen de presiones y problemas psicol贸gicos. Actualmente, a los muy j贸venes se les ense帽a complicados problemas intelectuales; sus estudios se vuelven m谩s y m谩s t茅cnicos; se les provee de m谩s y m谩s informaci贸n abstracta; m煤ltiples formas de conocimiento se imponen a sus cerebros condicion谩ndolos de ese modo desde la infancia misma. Mientras que lo que a nosotros nos interesa es ayudar a los muy j贸venes a no tener problemas psicol贸gicos, a estar libres de temor, ansiedad, crueldad, a que sean sol铆citos, a que tengan generosidad y afecto. Esto es mucho m谩s importante que la imposici贸n de conocimientos a sus j贸venes mentes. Lo cual no significa que el ni帽o no deba aprender a leer, a escribir, etc茅tera, pero el acento ha de ser puesto en la libertad psicol贸gica en lugar de ponerlo en la adquisici贸n de conocimientos, aunque estos sean necesarios. Esta libertad no significa que el ni帽o haga lo que le plazca, sino que implica ayudarle a que comprenda la naturaleza de sus reacciones, de sus deseos.
Esto requiere much铆sima claridad de discernimiento por parte del maestro. Despu茅s de todo, usted quiere que el estudiante sea un ser humano completo sin ninguna clase de problemas psicol贸gicos; de lo contrario, 茅l dar谩 un mal uso a cualquier conocimiento que se le imparta. Nuestra educaci贸n actual consiste en vivir dentro de lo conocido y, de ese modo, ser un esclavo del pasado con todas sus tradiciones, recuerdos, experiencias. Nuestra vida es de lo conocido a lo conocido, y as铆 jam谩s estamos libres de lo conocido. Si uno vive constantemente en lo conocido, no existe nada nuevo, nada original, nada que no est茅 contaminado por el pensamiento. El pensamiento es lo conocido. Si nuestra educaci贸n es la constante acumulaci贸n de lo conocido, entonces nuestras mentes y corazones se vuelven mec谩nicos sin esa inmensa vitalidad de lo desconocido. Lo que tiene continuidad es conocimiento y es perpetuamente limitado. Y lo que es limitado debe crear problemas perpetuamente. El cese de la continuidad - la continuidad es tiempo - es el florecimiento de lo intemporal.