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LA VIDA ES REAL PERO HAY QUE DESPERTARLA

12/02/2020

La vida es una oportunidad para alcanzar la vida real. La vida real está oculta en alguna parte en esta vida, pero hay que suscitarla, hay que despertarla.

La vida es real pero hay que despertarla - Articulos por Thich Nhat Hanh

LA VIDA Y LA MUERTE

La vida es una ocasión para prepararse para la muerte y el más allá.

Si no te preparas para la muerte y para el más allá, eres un tonto; estás desaprovechando una gran oportunidad. La vida es solo una oportunidad. Esta vida que conoces no es la vida real. Es solo una oportunidad para alcanzar la vida real. La vida real está oculta en alguna parte en esta vida, pero hay que suscitarla, hay que despertarla. Está profundamente dormida. Aún no es consciente de sí misma. Y si tu vida real no es consciente de sí misma, todo lo que llamas tu vida no será otra cosa que un largo sueño. Y tampoco puede ser dulce; será una pesadilla.

Si la muerte es tan hermosa, te trae una nueva vida. Pero hay que vivir cada momento, ya sea de vida, de amor, de ira, de muerte. Sea lo que sea, hay que vivir cada momento tan conscientemente como sea posible.

Thich Nhat Hanh es el Maestro indicado para hablarnos de este tema, veamos...

SECRETOS DE LA VIDA Y LA MUERTE

«Nuestra cita con la vida tiene lugar en el momento presente. Nuestra cita se encuentra aquí, en este mismo lugar.»

Al observar a un nivel profundo las cosas, podemos vencer la muerte, porque la observación de la impermanencia nos lleva a traspasar los límites del nacimiento y de la muerte. Cuando observamos todo cuanto existe en el universo y todo cuanto amamos, vemos que no hay nada eterno e inmutable que pueda llamarse «yo» o «sí mismo».

MATAR NO ES POSIBLE

Si no hay tal cosa como la muerte, ¿entonces por qué matar está mal?

Cuando deseas matar, cuando piensas que puedes matar, tienes las percepciones equivocadas. Vamos a suponer que deseas matar a una nube, porque no sabes que una nube no puede morir. Una nube solamente puede convertirse en nieve o lluvia. Así que la voluntad de matar es un tipo de energía que se caracteriza por la ignorancia, percepción errónea, enojo y violencia. Es por ello que el acto de matar está mal. Está mal porque no tiene inteligencia, sabiduría. Tiene mucha violencia y sufrimiento. Incluso la idea previa al acto de matar ya es incorrecta. Lo que es incorrecto puede traer mucho sufrimiento. No hacia la otra persona, sino para nosotros.

Vamos a suponer que quieres matar a una nube. ¿Cómo puedes matar a una nube? Tu intención de matar a alguien, de destruir a alguien, solamente va a llevarte a sufrir. Es por esto que debemos tocar la verdadera naturaleza del no-nacimiento y no-muerte.

Alguien que comete suicidio trae mucho sufrimiento. Piensa que puede matarse a sí mismo, pero el hecho es que no puede. Su intento de matarse a sí mismo lo hace sufrir más, y hace que la gente a su alrededor sufra más. Tú no puedes morir y no puedes matar a nadie. Mahatma Gandhi aún está vivo y fuerte todavía. Él está en todos nosotros. También Martin Luther King; también Jesucristo; también Buda.

La voluntad de matar es sufrimiento porque contiene ignorancia, enojo, y violencia dentro de sí. La ciencia moderna está de acuerdo con el Buda respecto a que no puedes asesinar nada; no puedes hacer que nada desaparezca. Nada puede morir. Nada se crea, nada se pierde, todo se transforma. Sólo existe la transformación; no existe la muerte. Parece que existe la muerte y el nacimiento, pero si vas a lo profundo, verás que no es verdad. Si estudias ciencia, química, o biología profundamente, entrarás en contacto con la verdad del no-nacimiento y no-muerte.

NACER Y MORIR

¿Existe la vida después de la muerte?

La vida está siempre con la muerte, al mismo tiempo, no sólo antes. La vida no puede separarse de la muerte. Donde hay vida, hay muerte; y donde hay muerte, hay vida. Esto requiere de cierta meditación para comprenderse. En el budismo, hablamos del inter-ser, lo que significa que tú no puedes ser tú por ti mismo. Tienes que inter-ser con el otro lado. Es como la izquierda y la derecha. Si no está la derecha, no puede ser la izquierda. Si la izquierda no está, la derecha no puede ser. No es posible separar la izquierda de la derecha. No es posible separar la derecha de la izquierda.

Lo mismo para el bien y el mal, el antes y el después, el aquí y el allá, para el tú y el yo. Yo no puedo ser sin que haya tú. La flor de loto no puede ser sin el lodo. Sin el lodo, el loto no es posible. No hay felicidad sin sufrimiento. No hay vida sin muerte.

Cuando los biólogos observan el cuerpo de un ser humano, observan que la vida y la muerte ocurren a la vez. En este mismo momento, miles de células están muriendo. Cuando te rascas la piel así, muchas células muertas se caen. Han muerto. Muchas células mueren a cada momento de nuestro día a día. Debido a que estás tan ocupado, no te das cuenta de que estás muriendo. Si ellas mueren, tú mueres. Piensas que no has muerto todavía. Piensas que faltan 50 o 70 años todavía para que mueras: no es verdad. La muerte no está al final del camino. La muerte está aquí y ahora.

La muerte está ocurriendo aquí y ahora, a cada momento. Debido a que ciertas células están muriendo, el nacimiento de otras células es posible. Muchas células están naciendo en el momento presente, y no tenemos tiempo de cantarles feliz cumpleaños. El hecho es que, desde el punto de vista científico, puedes darte cuenta de que el nacimiento y la muerte están ocurriendo en el momento presente. Así que estás experimentando la muerte y el nacimiento en todo momento. No pienses que solamente naciste en ese momento que se escribió en tu acta de nacimiento. Ese no fue tu primer momento. Antes de ese momento, hubo momentos en que ya existías. Antes de que fueras concebido en el vientre de tu madre, ya estabas ahí, en tu padre y en tu madre, en otra forma. Así que no hay nacimiento, no hay inicio real. Y tampoco hay final.

MIEDO A MORIR

Las nubes no tienen miedo a morir.

Cuando sabemos que el nacimiento y la muerte van siempre juntos, ya no tenemos miedo de morir. Porque al momento de morir, también hay nacimiento. No pueden separarse. Esta es una meditación muy profunda. No hay que meditar solamente con el cerebro. Hay que observar la vida a través de todas las cosas; así puedes ver cómo la vida y la muerte se entrelazan en todas las cosas, en los árboles, los animales, el clima, la materia, la energía. Los científicos han declarado que no existe el nacimiento ni la muerte. Sólo hay transformación. Así que la transformación es posible, es real, y el nacimiento y la muerte no son reales. Lo que llamamos vida y muerte, es solamente transformación.

«Las nubes también son así. No tienen miedo a morir. Saben que si ellas no son nubes, pueden ser algo más igualmente hermoso, como la lluvia o la nieve.»

Así las olas no van a buscar el agua. No tienen que ir y buscar el agua, porque ellas son agua en el aquí y el ahora. Lo mismo es cierto para Dios. No tenemos que buscar a Dios. Somos Dios. Dios es nuestra verdadera naturaleza. No tenemos que ir a buscar el nirvana. El nirvana es nuestro suelo. Esa es la enseñanza del Buda. Algunos de nosotros hemos sido capaces de darnos cuenta de ello. Disfrutamos el momento presente. Sabemos que no es posible que muramos.

TRASCENDER LA EXISTENCIA

Trascendiendo el nacimiento y la muerte.

Normalmente creemos que el nacimiento es algo inexistente que empieza a existir y que la muerte es algo existente que deja de existir. Pero al observar a fondo las cosas que esta idea acerca del nacimiento y de la muerte es errónea en muchos sentidos. No hay ningún fenómeno que pueda nacer de la nada ni tampoco ningún fenómeno que pueda reducirse a nada. Las cosas se están transformando sin cesar. La nube no muere, solo se convierte en lluvia. La lluvia no nace, sólo es la transformación y la continuación de la nube. Las hojas, un par de zapatos, la alegría y el sufrimiento siguen todos este principio del no-nacimiento y de la no- muerte. Pensar que al morir dejamos de existir es una visión muy limitada que en el budismo se llama «visión nihilista». La limitada visión de creer que al morir seguimos existiendo sin haber cambiado en nada se llama «visión de la permanencia». La realidad trasciende tanto la permanencia como la aniquilación.

El Buda nos enseñó a observar directamente los elementos que combinados constituyen nuestro cuerpo a fin de ver la naturaleza de estos elementos y trascender la idea del «yo», ya sea la idea de un yo permanente e indestructible o la idea de un yo que con la muerte es objeto de una absoluta aniquilación. El sutra dice: «Cuando alguien estudia y aprende sobre el Despierto, sobre las enseñanzas del amor y la comprensión, y sobre la comunidad que vive en armonía y con plena conciencia; cuando esa persona conoce la existencia de los nobles maestros y de sus enseñanzas y practica estas enseñanzas, no piensa: “Este cuerpo es el yo, yo soy este cuerpo. Estas sensaciones son el yo, yo soy estas sensaciones. Estas percepciones son el yo, yo soy estas percepciones. Estos factores mentales son el yo, yo soy estos factores mentales. Esta conciencia es el yo, yo soy esta conciencia”, esa persona [no retrocede al pasado, ni piensa sobre el futuro] no está dejándose arrastrar por el presente».

Los cinco elementos combinados se convierten en aquello que llámanos el yo son la forma (el cuerpo), las sensaciones, las percepciones, los factores mentales y la conciencia. Si observamos de manera penetrante la sustancia de estos elementos percibimos su naturaleza impermanente e interdependiente, veremos sin duda que no existe una entidad que pueda llamarse el «yo». Los cinco elementos que la componen se están transformando continuamente. Nunca nacieron ni nunca morirán. No hay ningún elemento que pueda nacer de la nada ni ningún elemento que pueda reducirse a la nada. Aquello que nosotros consideramos el «yo» no nace ni muere. En la tradición budista no identificamos el «yo» con el cuerpo —tanto si se está desarrollando como si está decayendo—, ni con nuestras sensaciones, que están cambiando a cada momento. Y tampoco identificamos el yo con nuestras percepciones ni con nuestra conciencia. No estamos atados ni limitados por estos cinco elementos. Vemos que si estos elementos realmente no nacen ni se destruyen, no tenemos por qué sentirnos agobiados por la muerte. Esta nueva percepción nos permite trascender el nacimiento y la muerte.

Cuando el sutra habla de alguien «que practica según las enseñanzas de los nobles, significa que esta persona vive en el presente y observa a fondo las cosas para ver la naturaleza impermanente y vacía de yo de la vida. El Buda nos enseñó que hemos de «practicar a partir de hoy con diligencia, ya que si lo dejamos para mañana será demasiado tarde. La muerte llega sin avisar, y no hay forma de pactar con ella». Al observar a fondo las cosas, percibimos la naturaleza del no-nacimiento y de la no- muerte de todo cuanto existe, y ya nada puede asustarnos, ni siquiera la muerte. Trascendemos directamente el nacimiento y la muerte cuando, a través de una profunda observación y de la realización de la impermanencia y la ayoidad, penetramos las falsas ideas sobre la naturaleza de la existencia. Y una vez trascendida la muerte, «ya no necesitamos pactar con ella». Podemos sonreír, tomar la muerte de la mano y salir a pasear con ella.

La vida llamada «vida conducente al Brahman» de los monjes o monjas puede llevar a la realización de la naturaleza del no-nacimiento y de la no-muerte de todo cuanto existe. Esta realización es la esencia de la liberación. Por eso en el Sutra de Kaccana-Bhaddekaratta se pone de relieve que la práctica de vivir solos constituye la base de la vida que conduce al Brahman de los monjes o monjas. Y también la base de la vida para todos nosotros.

Articulo publicado por -La Iluminación Espiritual-
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