Síndrome de Peter pan - Reflexión

El escritor escocés James M. Barrie creó el personaje Peter Pan para una obra de teatro, por allá en 1904. Es un niño de 13 años que no quiere crecer.

GONZALO GALLO

Peter Pan

El escritor escocés James M. Barrie creó el personaje Peter Pan para una obra de teatro, por allá en 1904. Es un niño de 13 años que no quiere crecer y que dio pie al sicólogo Dan Kiley para hablar del 'síndrome de PeterPan': jóvenes egocéntricos y solteros, acaso exitosos en lo profesional, que evitan asumir responsabilidades como una relación estable o la paternidad. Son niños grandes que rehuyen cualquier tipo de compromiso, atrapados en la 'dulce tentación' de ser siempre jóvenes. Pretenden evitar el dolor de las pérdidas, no enfrentan la realidad ni maduran, soñando con 'el país del nunca jamás' de Peter Pan.

Ya grandes siguen en la casa de sus padres, no expresan fácilmente sus sentimientos y le temen al compromiso. No quieren emparejarse seriamente y juegan con relaciones transitorias. Si conoces a alguien así es un Peter Pan que necesita ayuda profesional y sus padres también. Los padres evitan males como ese con estas pautas:

  1. Haga todo con amor y sentido común y recuerde que amar es saber decir no con firmeza.
  2. Sea coherente y no ordene hoy una cosa y mañana otra, tampoco contradiga a su pareja, porque pierde credibilidad y autoridad.
  3. Sea congruente y dé ejemplo: exija a sus hijos lo que usted vive. ¿Cómo pide orden o rectitud si usted es un caos y un amoral?
  4. Tenga autocontrol. Domine la ira y no sea agresivo. Antes de hablar o corregir cálmese y actúe con amor.
  5. Sea tolerante con acciones secundarias como modo de vestir, tatuaje, piercing. Así puede exigir en lo fundamental.
  6. Muestre genuino interés por su hijo y su vida. En otras palabras dedique tiempo en calidad y cantidad. No se desentienda de su hijo.
  7. Sea paciente. El hijo quiere imponer sus criterios y explotar las debilidades paternas. No claudique y, en casos serios, pida ayuda profesional.

El educador francés, Yannik Bonnet, también aporta cuatro necesidades de un hijo:

  1. La confianza en sí mismo. Ayudar al hijo a identificar sus fortalezas y motivarlo para que las desarrolle. Ayudarle a conocerse a sí mismo y valorarse, que se sienta satisfecho de ser él mismo y encuentre el sentido de su vida.
  2. El manejo de la ansiedad. El porvenir conlleva riesgos y debe aprender a vencer el miedo y manejar la angustia. Que pueda discernir lo que está bien y mal, y tenga voluntad para tomar un buen rumbo.
  3. La autonomía. Que asuma el control de su vida y aproveche sus talentos. Hay que delegarle poder y responsabilidad, ayudándolo a crecer para que el alumno llegue a superar al maestro. Autonomía no es hacer lo que uno quiere, sino lo que es conveniente para uno y para los demás
  4. La aceptación de reglas y límites. Desde niño hay que aprender a respetar límites y normas de convivencia, comenzando por la familia. Un error es una fuente de aprendizaje, un error no se castiga, se corrige, pero hacer lo prohibido es una falta y exige una sanción. Educar es un arte que pide amor, paciencia y sabiduría.