Plena consciencia o Mindfulness no está a la venta

La plena consciencia o mindfulness no está a la venta, no podemos comprarla en las tiendas y llevárnosla a casa, hemos de producirlo nosotros mismos.

THICH NHAT HANH

MINDFULNESS IS NOT FOR SALE

La plena consciencia no está a la venta.

Hacer las cosas de acuerdo con el mindfulness significa que realizamos cada acción con clara consciencia de lo que está sucediendo y de lo que estamos haciendo en el instante presente, y también que nos sentimos felices mientras lo hacemos. La plena consciencia o atención plena es la capacidad de proyectar la luz de la consciencia y la atención sobre todo cuanto acontece aquí y ahora. El mindfulness es el corazón de la práctica de la meditación.

COMPRAR FELICIDAD

No podemos comprarla, hemos de producirlo nosotros mismos.

El mindfulness es el bien más preciado que tenemos; hace posible el amor, la felicidad y otros muchos dones para nosotros mismos y para los demás. Pero no está a la venta en las tiendas, no importa cuánto dinero estemos dispuestos a pagar por él. Hemos de producirlo nosotros mismos.

No podemos ir a la tienda, comprar un poco de plena consciencia y llevárnosla a casa; pero podemos y debemos llevar la atención plena con nosotros cuando vamos de compras. Sabemos que solo queremos consumir cosas que nos aporten alegría y salud tanto a nosotros mismos como a nuestra sociedad y que requerimos la energía de plena consciencia para mantenernos en el buen camino mientras pasamos de un artículo tentador a otro. La plena consciencia nos ayuda a reconocer —con mayor nitidez a medida que vamos practicando— lo que realmente necesitamos y queremos en nuestra vida, y de qué cosas nos podemos privar. Podemos gastar mucho menos dinero en cosas sin sacrificar un ápice nuestra felicidad. De hecho, dispondremos de más felicidad, porque podremos tener un trabajo menos estresante y más placentero si no estamos bajo la presión económica de comprar constantemente casas y coches nuevos, más grandes y lujosos, y otras cosas similares.

Así pues: tienes que comprar unas cuantas cosas y no tienes mucho tiempo para hacerlo. ¿Cómo estar atento y no dejarte seducir por la astuta publicidad? ¿Cómo elegir productos que no comprometan tu propia salud ni fomenten la explotación de las personas, de los animales y de nuestro planeta?

Tanto si compras en una tienda u on-line, intenta no hacerlo cuando estés hambriento, cansado o distraído. Haz una lista previa de las cosas que necesitas. El escaso tiempo que te llevará confeccionarla se verá compensado por el tiempo que ahorrarás al no tener que decidir si compras cosas adicionales que no necesitas y que tal vez nunca has deseado. Antes de pagar, tómate un momento para comprobar los artículos de tu cesta y preguntarte sinceramente: ¿Realmente necesito esto? ¿Comprar aquello me aportará más felicidad que dar el dinero para ayudar a aliviar el sufrimiento de otro ser vivo?.

HABITANDO FELIZMENTE EN EL PRESENTE

Respirar y caminar con consciencia genera la energía del mindfulness.

Esta energía hace que nuestra mente regrese a nuestro cuerpo a fin de habitar de veras el instante presente y así poder estar en contacto con las maravillas de la vida que hay en nuestro interior y que también nos rodean. Si podemos reconocer estas maravillas, la felicidad nos inundará de inmediato. Plenamente disponibles para el momento presente, descubrimos que ya contamos con suficientes condiciones para ser felices; más que suficientes, en realidad. No tenemos que buscar nada más en el futuro o en otro lugar. Es lo que llamamos permanecer o habitar felizmente en el presente.

Buda enseñó que todos nosotros podemos vivir felizmente aquí y ahora. Cuando en el instante presente nos inunda la felicidad, podemos detenernos; no debemos correr en pos de otros objetos de deseo. Nuestra mente está tranquila. Cuando nuestra mente aún no está en calma, cuando aún estamos agitados, no podemos ser realmente felices. Nuestra felicidad o falta de ella depende en gran medida del estado de nuestra mente, y no de nada externo. Es nuestra propia actitud, la forma en que observamos las cosas, nuestro modo de plantearnos la vida, lo que determina si somos felices o no. Ya disponemos de muchas condiciones para ser felices, ¿por qué deberíamos buscar más? Tenemos que parar y dejar de perseguir otros señuelos: es el rumbo más sabio. De otro modo, no dejamos de perseguir uno u otro objetivo, pero cada vez que lo alcanzamos descubrimos que todavía no somos felices.

Un día, cuando Buda se disponía a hablar en el monasterio del bosquecillo Jeta, uno de sus discípulos laicos, Anathapindika, hombre de negocios, llevó a cientos de compañeros consigo para que escucharan su palabra. Buda les enseñó la práctica de habitar felizmente en el presente. Evidentemente, podemos seguir haciendo negocios, podemos continuar aumentando nuestro éxito profesional, pero también deberíamos comprometernos a vivir con atención plena a fin de disfrutar el hecho de ser felices ahora y no desperdiciar las preciosas oportunidades que la vida nos ofrece para amar y cuidar a nuestros seres queridos y cercanos. Si malgastamos nuestro tiempo pensando en nuestros futuros éxitos, desperdiciaremos completamente la vida, porque la vida solo puede encontrarse en el instante presente.

EL REINO DE DIOS

El reino de Dios es ahora o nunca.

Deberíamos ser capaces de disfrutar de las maravillas de la vida en nosotros mismos y en todo cuanto nos rodea. Los susurros de las undulantes ramas de un pino. Las flores que brotan. El hermoso cielo azul. Las mullidas nubes blancas. La sonrisa de un vecino. Cada una de estas cosas es un pequeño milagro de vida que tiene la capacidad de alimentarnos y curarnos. Están ahí para nosotros ahora mismo. La pregunta es: ¿estamos nosotros para ellos? Si corremos de manera incesante de aquí para allá, llenos de preocupaciones, es como si todas esas maravillas ni siquiera existieran.

El reino de Dios, la Tierra Pura de Buda, está aquí mismo. Deberíamos practicar para disfrutar del reino a cada paso que damos. Tendríamos que disfrutar nuestra felicidad ahora mismo, hoy; mañana podría ser demasiado tarde. Hay una antigua canción francesa que pregunta: ¿A qué esperamos para ser felices? ¿A qué esperamos para celebrar?. La meditación es la práctica que consiste en vivir profundamente cada momento de la vida cotidiana. Para hacerlo, tenemos que ser capaces de generar la atención plena y la concentración con nuestra respiración y nuestros pasos.

El mindfulness consiste en ser conscientes de lo que ocurre en el instante presente; la concentración se basa en mantener esa atención. Con la plena consciencia y la concentración, podemos observar con detenimiento los acontecimientos y comprender lo que sucede. Somos capaces de rasgar el velo de la ignorancia, observar claramente la naturaleza de la realidad y liberarnos de la ansiedad, el miedo, la ira y la desesperación que hay en nosotros. Eso es la percepción. La plena consciencia, la concentración y la percepción son la esencia misma de la meditación.

CONCENTRAR LA MENTE

El undécimo ejercicio que Buda pregono es concentrar la mente.

En el Sutra de la plena consciencia de la respiración, Buda ofreció una serie de dieciséis ejercicios de profundización para practicar con nuestra respiración. El undécimo ejercicio es concentrar la mente. Cuando nuestra atención plena está bien establecida podemos ahondar en el proceso de concentración. La concentración consiste en centrar la mente. Es la energía que nos ayuda a observar con profundidad aquello que estamos contemplando, ya sea una flor, una nube, un guijarro, un ser amado, un enemigo o un sentimiento como la esperanza o la desesperación. La concentración nos permite ver la verdadera naturaleza y los orígenes del objeto de nuestra contemplación. Cuando somos capaces de centrar nuestra mente, ésta se transforma en una lente de aumento bajo la luz del sol, capaz de quemar muchas perspectivas erróneas que alimentan la ira, la ansiedad, el deseo y la desesperación.

Para ayudarnos a conseguir la liberación a través de la práctica de la observación profunda, Buda nos dio como herramientas la contemplación de la impermanencia, el no-yo y el vacío, la ausencia de signo y el no-nacimiento/no-muerte, la ausencia de objetivo y la ausencia de deseo, entre otros. Podemos elegir una o dos contemplaciones para empezar a practicar con ellas; por ejemplo, la impermanencia y el no-yo.

CONTEMPLAR LA IMPERMANENCIA

Significa mantener tu conciencia de la impermanencia todo el tiempo.

Tal vez ya hayas comprendido el concepto de impermanencia y lo hayas aceptado como realidad, pero ¿acaso ocurre solo en el nivel intelectual? Comprender la noción de impermanencia no basta para cambiar el modo en que experimentas y vives tu vida. Solo la percepción puede liberarte verdaderamente, y esa percepción no puede brotar a menos que practiques la observación profunda de la impermanencia. Eso significa mantener tu conciencia de la impermanencia todo el tiempo y no perderla nunca de vista, en nada de lo que hagas. Significa concentrarse en la impermanencia y mantener viva esa concentración a lo largo del día. A medida que la conciencia de la impermanencia se extienda por tu ser, iluminará cada uno de tus actos de un modo extraordinariamente nuevo y te aportará verdadera libertad y felicidad.

Por ejemplo, sabes que la persona que amas es impermanente, pero sigues actuando como si esa persona fuera permanente y esperas que él o ella estén ahí para siempre con la misma forma, la misma actitud y las mismas percepciones. Sin embargo, la realidad es justo la contraria: esa persona está cambiando, tanto en apariencia como interiormente. Alguien que está aquí hoy podría no estar mañana; alguien que hoy es fuerte y saludable podría caer enfermo mañana; alguien antipático hoy podría convertirse en una persona más agradable mañana; y así sucesivamente.

Solo cuando hemos asumido plenamente esta realidad somos capaces de vivir nuestras vidas con destreza y propiedad. Al tomar conciencia de que las personas que conocemos son impermanentes, hoy haremos cuanto esté en nuestra mano para hacerlas felices, porque no podemos saber si mañana estarán ahí. Aún están ahí, pero si no somos amables con ellas, tal vez un día se marchen.

Si estás irritado con alguien que te ha hecho sufrir y estás a punto de hacer o decir algo hiriente en represalia, por favor cierra los ojos, inspira larga y profundamente, y contempla la impermanencia:

Al sentir el calor de la ira en este momento,
cierro los ojos y miro al futuro.
Dentro de trescientos años,
¿dónde estarás, dónde estaré?

Ésta es una práctica de visualización. Observas lo que tanto tú como la persona a la que quieres castigar seréis dentro de trescientos años: polvo. Cuando sientes profundamente tu propia impermanencia y la del otro, cuando observas con claridad que dentro de trescientos años ambos seréis polvo, adviertes que enfadarse y hacer sufrir es un derroche trágico y estúpido. Ves que la presencia de esa persona en tu vida en ese mismo instante es un tesoro. Tu ira se disuelve y, cuando abres los ojos, ya no quieres castigar. Lo único que deseas es abrazar con fuerza a esa persona.

Contemplar la impermanencia te ayuda a liberarte de las cadenas de la ira. Al concentrar tu mente, puedes liberarla.