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LA ILUMINACIÓN DE LOS GNÓSTICOS CRISTIANOS

ELAINE PAGELS

FRASES ELAINE PAGELS

16/08/2020

Elaine Pagels, historiadora en religión, trae una importante información sobre la iluminación de los gnósticos cristianos en los manuscritos de Nag Hammadi.

La iluminación de los gnósticos cristianos - Escrito por Elaine Pagels

LOS GNÓSTICOS Y LA ILUMINACIÓN

Los gnósticos y la iluminación por medio de Jesús.

El «Jesús vivo» de los textos gnósticos habla de ilusión y de iluminación, no de pecado y arrepentimiento, como el Jesús del Nuevo Testamento. En lugar de venir a salvamos del pecado, viene como guía para abrir el acceso a la comprensión espiritual. Pero cuando el discípulo recibe la iluminación, Jesús deja de ser su amo espiritual: los dos se han vuelto iguales, incluso idénticos.

Esta enseñanza —la identidad de lo divino y lo humano, la preocupación por la ilusión y la iluminación, el fundador que se nos presenta no como Señor, sino como guía espiritual—, ¿no parece más oriental que occidental? Algunos estudiosos han sugerido que si se cambiasen los nombres, el «Buda vivo» podría decir con propiedad lo que el Evangelio de Tomás atribuye al «Jesús vivo».

LOS CRISTIANOS Y LA ILUMINACIÓN

Sin embargo, algunos cristianos disienten. Sin negar la resurrección, rechazan la interpretación literal; algunos la encuentran «extremadamente asquerosa, repugnante e imposible». Los cristianos gnósticos interpretan la resurrección de varias maneras. Algunos dicen que la persona que experimenta la resurrección no se encuentra con Jesús vuelto físicamente a la vida; sino más bien que encuentra a Cristo en un nivel espiritual. Esto puede ocurrir en sueños, en trance extático, en visiones o en momentos de iluminación espiritual. Pero los ortodoxos condenan todas las interpretaciones de esta índole; Tertuliano declara que cualquiera que niegue la resurrección de la carne es un hereje, no un cristiano.

Sin embargo, estos escritores gnósticos no rechazan las visiones por considerarlas fantasías o alucinaciones. Respetan —veneran incluso— tales experiencias, a través de las cuales la iluminación espiritual permite una percepción íntima de la naturaleza de la realidad.

RHEGINOS Y LA ILUMINACIÓN

Un maestro gnóstico, cuyo Tratado de la resurrección que es una carta dirigida a su alumno Rheginos, se encontró en los manuscritos de Nag Hammadi, dice: «No supongáis que la resurrección es una aparición. No es una aparición; más bien es algo real. En lugar de ello», continúa, «uno debería mantener que el mundo es una aparición, más que resurrección»

Al igual que un maestro budista, el maestro de Rheginos, que permanece en el anonimato, explica seguidamente que la existencia humana ordinaria es la muerte espiritual. Mas la resurrección es el momento de iluminación: «Es... la revelación de lo que existe verdaderamente... y una migración o cambio, transición hacia la novedad».

Quienquiera que entienda esto se convierte en un ser espiritualmente vivo. Ello significa, declara Rheginos, que puedes «resucitar de entre los muertos» ahora mismo. «¿Eres tú —el tú real— mera corrupción?... ¿Por qué no examinas tu propio ser y ves que has resucitado?».

Otros gnósticos explican que, más adelante, ciertos miembros de los Doce recibieron visiones y revelaciones especiales y de esta manera alcanzaron la iluminación.

PEDRO Y LA ILUMINACIÓN

El Apocalipsis de Pedro cuenta cómo este apóstol, sumido en profundo trance, experimenta la presencia de Cristo, que le abre los ojos a la percepción espiritual: «El Salvador me dijo..., “pon las manos sobre los ojos ¡y di qué ves!”. Mas cuando así hube hecho, no vi nada. Dije: “Nadie ve de esta manera”. De nuevo me dijo: “Hazlo otra vez”. Y entró en mi temor con alegría, pues vi una luz nueva, mayor que la luz del día. Luego descendió sobre el Salvador. Y yo le hablé de las cosas que vi».

El Apócrifo de Jaime cuenta que «los doce discípulos estaban sentados juntos y recordando lo que el Salvador había dicho a cada uno de ellos, ya fuese en secreto o abiertamente, y colocándolo en orden en los libros». Pero cuando apareció, Cristo eligió a Pedro y Jaime y los apartó del resto para contarles lo que los otros no debían saber.

El Apocalipsis de Pedro revela cómo Pedro, famoso por entender mal las cosas, recibe iluminación y descubre el verdadero secreto de la pasión de Jesús. Pero Pedro cae en trance extático y tiene una visión del Señor, quien le advierte que muchos que «aceptan nuestra enseñanza al principio» caerán en el error. Estos «falsos» creyentes (descritos, huelga decirlo, desde el punto de vista gnóstico) representan a los cristianos ortodoxos. Todos aquéllos que caen bajo su influencia «se convertirán en prisioneros suyos, ya que carecen de percepción».

Los cristianos gnósticos, por el contrario, afirman que lo que distingue a la iglesia falsa de la verdadera no es su relación con el clero, sino el nivel de comprensión de sus miembros y la calidad de la relación de unos con otros.

El Apocalipsis de Pedro declara que «aquéllos que son de la vida... habiendo sido iluminados», discriminan por cuenta propia entre lo que es verdadero y lo que es falso. Perteneciendo al «resto... llamado al conocimiento o gnosis», ni tratan de dominar a los otros ni se someten a los obispos y diáconos, esos «canales sin agua». En lugar de ello, participan en «la sabiduría de la hermandad que existe realmente... la compañía espiritual con aquellos unidos en la comunión».

GNÓSTICOS Y CRISTIANOS

Las dos versiones de esta teoría tienen la misma implicación: afirma la superioridad de las formas gnósticas de la tradición secreta —y, por ende, de los maestros gnósticos— sobre la de los sacerdotes y obispos, que solamente pueden ofrecer tradición «común». Además, porque, desde este punto de vista, las tradiciones anteriores son incompletas en el mejor de los casos y, en el peor, son sencillamente falsas, los cristianos gnósticos echaban mano continuamente de su propia experiencia espiritual —de su propia gnosis— para revisarlas y transformarlas.

Otro texto descubierto en el mismo códice de los manuscritos de Nag Hammadi, Sobre el origen del mundo, narra una variante de la misma historia: se jactaba continuamente, diciendo a los ángeles: «Yo soy Dios y ningún otro existe excepto yo». Pero cuando dijo estas cosas pecó contra todas las inmortales... cuando la Fe vio la impiedad el gobernante principal, se enfadó... dijo: «Yerras, Samad, esto es, “dios ciego”. ¡Una humanidad iluminada, inmortal existe antes que tú!».

Así pues, la Sabiduría conlleva varias connotaciones en las fuentes gnósticas. Aparte de ser «el primer creador universal», que pare a todas las criaturas, también ilumina a los seres humanos y los hace sabios. Otros seguidores, por lo tanto, rezaban a la Madre como el «Silencio eterno, místico» y a la «Gracia, Ella que está antes que todas las cosas» y como «Sabiduría incorruptible» para pedirle penetración o gnosis.

Otros gnósticos le atribuían los beneficios que Adán y Eva recibieron en el Paraíso. Primeramente, ella les enseñó a ser conscientes de sí mismos; en segundo lugar, los guio para que hallasen alimentos; en tercer lugar, les ayudó en la concepción de su tercer y cuarto hijos, los cuales, según esta crónica, eran su tercer hijo, Set, y su primera hija, Norea. Más aún: cuando el creador se enfadó con la raza humana... «porque no le rendía culto ni le honraba como Padre y Dios, envió una inundación contra ella, para que los destruyera a todos. Pero la Sabiduría se le opuso... Y Noé y su familia se salvaron en el arca por medio de la aspersión de la luz que procedía de ella, y a través de ella el mundo volvió a llenarse de humanidad».

Contra semejantes «mentiras» el gnóstico declara que «éste, por consiguiente, es el testimonio verdadero: cuando el hombre se conozca a sí mismo, y a Dios que está por encima de la verdad, se salvará». Sólo aquéllos que se dan cuenta de que han estado viviendo en la ignorancia y que aprenden a liberarse a sí mismos descubriendo quiénes son experimentan la iluminación como una nueva vida, como «la resurrección». Los ritos físicos como el bautismo dejan de ser pertinentes, porque «el bautismo de la verdad es otra cosa; es renunciando al mundo que se encuentra».

Las fuentes gnósticas ofrecen una perspectiva religiosa distinta: Según el Diálogo del Salvador, por ejemplo, cuando los discípulos hicieron la misma pregunta a Jesús «¿Cuál es el lugar al que debemos ir?», él respondió: «el lugar al que podéis llegar, ¡colocaros allí!». El Evangelio de Tomás relata que cuando los discípulos preguntaron a Jesús a dónde debían ir, él se limitó a decirles: «Hay luz dentro de un hombre de luz e ilumina el mundo entero. Si no brilla, es oscuridad». Lejos de legitimar institución alguna, ambos dichos lo que hacen es dirigirle a uno hada uno mismo: hacia la capacidad interior de uno mismo para encontrar su dirección propia, hacia la «luz de dentro».

Porque los cristianos ortodoxos insistían en que la humanidad necesita un camino más allá de su propio poder —un camino dado divinamente— para acercarse a Dios. Y esto, declararon, era lo que la iglesia católica brindaba a aquéllos que se hubieran perdido sin él: «Fuera de la iglesia no hay salvación».

Su convicción se basaba en la premisa de que Dios creó a la humanidad. Como dice Ireneo: «En este sentido Dios difiere de la humanidad; Dios hace, pero la humanidad es hecha». Uno es el agente que origina, el otro es el receptor pasivo; uno es «verdaderamente perfecto en todas las cosas», omnipotente, infinito; el otro, una criatura imperfecta y finita.

El filósofo Justino dice que cuando reconoció la gran diferencia que hay entre la mente humana y Dios abandonó a Platón y se convirtió en un filósofo cristiano. Relata que antes de su conversión un anciano puso en entredicho sus supuestos básicos diciendo: «Entonces, ¿qué afinidad hay entre nosotros y Dios? ¿Es el alma también divina e inmortal y parte de esa mente muy regia?». Justino, hablando como discípulo de Platón, contestó sin titubear: «Ciertamente». Pero cuando las nuevas preguntas del anciano le llevaron a dudar de esa certidumbre, dice que se dio cuenta de que el alma humana no podía encontrar a Dios dentro de sí misma y que, en vez de ello, necesitaba ser iluminada por la revelación divina: por medio de las Escrituras y de la fe proclamada en la iglesia.

EL DIALOGO DEL SALVADOR

¿Cuál es la fuente de la «luz» descubierta dentro? Al igual que Freud, que afirmaba seguir «la luz de la razón», la mayoría de las fuentes gnósticas coincidían en que «la lámpara del cuerpo es la mente» afirmación que se hace en el evangelio "El Diálogo del Salvador" atribuye a Jesús.

Silvano, el maestro, dice en "El Diálogo del Salvador": «Introducid a vuestro guía y a vuestro maestro. La mente es el guía, pero la razón es el maestro... Vivid de acuerdo con vuestra mente... Adquirid fuerza, pues la mente es fuerte... Iluminad vuestra mente... Encended la lámpara dentro de vosotros». Para hacerlo, prosigue Silvano: «Llamad a vosotros mismos como si fuerais una puerta y caminad sobre vosotros mismos como sobre un camino recto. Porque si camináis por el camino, es imposible que os extraviéis... Abriros la puerta a vosotros mismos para que podáis saber qué es... Abráis lo que abráis para vosotros, abierto estará».

El Evangelio de la verdad expresa el mismo pensamiento: «Si uno tiene conocimiento, recibe lo que es suyo y lo atrae hacia sí... Quienquiera que deba tener conocimiento de esta manera sabe de dónde viene y adónde va». Y esto mismo lo expresa también en forma de metáfora: cada persona debe recibir «su propio nombre», no, por supuesto, su nombre corriente, sino su identidad verdadera. Aquéllos que son «los hijos del conocimiento interior» adquieren la facultad de pronunciar sus propios nombres. El maestro gnóstico se dirige a ellos: «Decid, entonces, de corazón que sois el día perfecto y en vosotros mora la luz que no se apaga... Pues vosotros sois la comprensión que es extraída... Ocuparos de vosotros mismos; no os ocupéis de otras cosas que habéis rechazado de vosotros mismos».

ZOSTRIANOS Y LA ILUMINACIÓN

Las fuentes descubiertas en los manuscritos de Nag Hammadi sí describen técnicas de disciplina espiritual. Zostrianos, el texto más largo que se conserva en la Biblioteca de Nag Hammadi, nos cuenta de qué manera un maestro espiritual alcanzó la iluminación, estableciendo implícitamente un programa para que los demás lo siguieran.

Zostrianos relata que, primeramente, tuvo que eliminar de sí mismo los deseos físicos, cosa que probablemente hizo por medio de prácticas ascéticas. En segundo lugar, tuvo que reducir el «caos en la mente», tranquilizando ésta mediante la meditación. Luego, dice, «después de poner orden en mí mismo, vi al niño perfecto»: una visión de la presencia divina.

Más tarde, dice, «estaba reflexionando sobre estas cuestiones con el objeto de entenderlas... No cesé de buscar un lugar de descanso digno de mi espíritu...». Pero entonces, sintiéndose «profundamente turbado», desalentado ante sus progresos, se fue al desierto, casi esperando ser muerto por los animales salvajes. Allí, relata Zostrianos, primero recibió una visión «del mensajero del conocimiento de la Luz eterna» y siguió experimentando otras muchas visiones, que relata con la intención de alentar a los demás: «¿Por qué titubeáis? Buscad cuando sois buscados; cuando seáis invitados, escuchad... Mirad la Luz. Huid de la oscuridad. No os dejéis desviar hada vuestra destrucción».

APRENDIZAJE

Quienquiera que llegue a experimentar su propia naturaleza —la naturaleza humana— como la «fuente de todas las cosas», la realidad primaria, recibirá iluminación. Haciéndose cargo del Ser esencial, de lo divino que hay dentro, el gnóstico se reía de gozo al verse liberado de los constreñimientos externos para celebrar su identificación con el ser divino: «El evangelio de la verdad es una alegría para aquéllos que han recibido del Padre de la verdad la gracia de conocerle... Porque él los descubrió en sí mismo y ellos le descubrieron a él en sí mismos, el incomprensible, el inconcebible, el Padre, el perfecto, el que hizo todas las cosas».

Durante tal proceso los gnósticos celebraban —sus oponentes decían que exageraban excesivamente— la grandeza de la naturaleza humana. La humanidad misma, en su ser primordial, fue revelada como el «Dios sobre todo». El filósofo Plotino, que estaba de acuerdo con su maestro, Platón, en que el universo había sido creado por la divinidad y que las inteligencias no humanas, incluyendo las estrellas, comparten un alma inmortal, criticó a los gnósticos por «pensar muy bien de sí mismos y muy mal del universo».

Comparado con ése, todos los demás logros se desmoronan. Si «los muchos» —la gente iluminada— creyeran que encontrarían satisfacción en la vida de familia, las relaciones sexuales, los negocios, la política, la ocupación ordinaria o el ocio, el gnóstico rechazaba esta creencia por considerarla una ilusión.

Algunos radicales rechazaban todas las transacciones en las que interviniera la sexualidad o el dinero: afirmaban que quienquiera que rechace el comercio sexual y el becerro de oro «demuestra que es de la generación del Hijo del Hombre». Otros, al igual que los valentinianos, se casaban, educaban a sus hijos, trabajaban en ocupaciones corrientes, pero, al igual que los budistas devotos, consideraban todas estas cosas como secundarias al lado del sendero interior y solitario de la gnosis.

El sufrimiento humano se deriva de la flaqueza humana, los cristianos ortodoxos afirmaban el orden natural. Las llanuras de la tierra, sus desiertos, mares, montañas, estrellas y árboles forman un hogar apropiado pan la humanidad. Como parte de esa creación «buena», los ortodoxos reconocían los procesos de la biología humana: tendían a confiar y afirmar la sexualidad (al menos en el matrimonio), la procreación y el desarrollo humano.

Los cristianos ortodoxos no veían en Cristo al que conduce las almas fuera de este mundo para llevarlas a la iluminación, sino que veían en él la «plenitud de Dios» Dios que había bajado para introducirse en la experiencia humana —en la experiencia corporal— con el fin de sacralizarla.

Hay una luz dentro de cada persona, e ilumina todo el universo. Si no brilla, hay oscuridad.

Elaine Pagels

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