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EL COSMOS ESTÁ INMERSO EN UNA ENTROPÍA

PATROCINIO NAVARRO

CONJUNCIÓN DE ENTROPÍAS

El universo no para, sumido en una mutación constante.

La entropía puede ser definida en esencia como un proceso de transformación que sucede a un estado previo: la ruptura de un equilibrio, siempre inestable por lo demás, que va a conducir a otro estado diferente que volverá, con el tiempo, a ser nuevamente inestable y convulso… El universo no para, sumido en una mutación constante.

Si el Universo, el Cosmos entero, está sumergido en una entropía, es algo que nos atañe directamente ya que formamos parte del Universo en un doble sentido: como materia y como energía inteligente espiritual. Como materia, al fin y al cabo somos polvo de estrellas, una conjunción de sustancias presentes en todo el Cosmos material con sus infinitos astros, plantas y soles en diferentes densidades, estados vibratorios y ciclos evolutivos

Y en cuanto a nuestro equipaje energético, ya los griegos lo llamaron “ánima” o “alma”, la envoltura de la fuerza invisible cósmica que a la vez organiza y coordina nuestro organismo físico en cada átomo, en cada célula, órgano y aparato. Los creyentes llamamos Dios a esa energía que alimenta nuestro ser entero, presente en el núcleo del ser del alma, cerca de la glándula pituitaria.

No hay orden inteligente sin una inteligencia que lo organice (lo siento por los defensores de la Gran Casualidad Universal)

Bien sabemos que el universo obedece a reglas precisas, aunque no todas conocidas, que permite predecir su comportamiento hasta cierto punto, lo que demuestra que aunque su origen sea invisible al ojo humano, no por eso deja de existir. Argumento este muy adecuado para los que dicen que solo pueden creer lo que ven, pues en definitiva lo que los astrónomos ven en el Cosmos es orden inteligente, y no hay orden inteligente sin una inteligencia que lo ordene. Un orden de tal tamaño es impensable de otro modo. Afirmar que el azar rige inteligente y asiduamente el Universo o que este obedece a un conjunto de mecanismos automáticos aleatorios, pero finalistas, es tan poco creíble como las conclusiones de una asamblea de ciegos sobre los colores del arco iris.

La inteligencia Cósmica

Empujado por corrientes de energía universal (algunos la designamos con nombres sagrados, como Dios impersonal) el Universo material es empujado hacia nuevas formas de expresión cada vez más perfectas y más sutiles. En este proceso entrópico finalmente desaparecerá la materia, igual que desaparece la luz en un agujero negro, volviendo todo a su estado original tal como fue creado, puro y sutil, pues no hay que olvidar que la materia no existía hasta el Big Bang, y que se fue condensando tras millones de años hasta llegar a lo que es: energía densa, de baja vibración y diferentes niveles en el mundo visible desde la luz a la piedra a causa de su nivel de su frecuencia. Y el nivel de frecuencia energética es clave a la hora de comprender lo que Gabriele de Würzburg nos revela sobre la relación entre el Cosmos espiritual divino – de energía de alta frecuencia- y el Cosmos material, de frecuencias más bajas, con sus correspondientes mundos intermedios semimateriales. El nivel de frecuencias más altos corresponde al Reino de los Cielos, con sus siete esferas de siete dimensiones, donde solo pueden existir los seres puros y donde se halla nuestro Padre como Creador. Es el macro-cosmos espiritual.

A un nivel inferior, y dependiendo de su estado vibratorio se halla el macrocosmos de astros semimateriales – también conocidos como planetas de purificación, o de tránsito- donde habitan las almas de los humanos desencarnados según su propia evolución espiritual, también conocidos como “mundos astrales”.

Y por último, encontramos el macrocosmos material en el que nos hallamos los humanos a consecuencia de la Caída. De aquí es posible pasar tras la muerte al planeta que nos corresponde a cada uno según nuestro nivel evolutivo: al Reino de los Cielos o a uno de los planetas astrales. De ahí se sale más tarde hacia “arriba”, como seres nuevamente puros, o hacia “abajo”, a nuevas encarnaciones como humanos.

¿Y cómo empezó todo esto?

Para el mundo científico, en un alarde de irracionalidad, Big Bang fue algo casual; un hecho insólito sin explicación. Frente a esta posición se halla el mundo espiritual. Este niega la casualidad, defiende la causalidad -que al fin y al cabo es algo más científico- y afirma por su parte que la Gran Explosión fue consecuencia de la rebelión en el Reino de los Cielos de una parte de sus habitantes, entre los que estábamos los seres hoy humanos, entonces seres puros de energía inteligente espiritual a imagen y semejanza del Creador Universal, que es lo que somos en esencia.

El Universo se mueve, pues, inteligentemente según leyes estrictas. Y muchos de nosotros, olvidados a menudo de esas leyes que nos afectan y de nuestro propio proceso cósmico en relación a ellas, andamos perdidos en un mar de dudas sobre nuestro origen, nuestra identidad y nuestro destino tras la muerte. Sin embargo, existen respuestas. Respuestas de místicos y profetas de todos los tiempos desde Jesús el Cristo, e incluso antes con diversas interpretaciones en Oriente, Egipto y Grecia, actualmente validadas en gran medida por la física cuántica. Porque la nueva física está comenzando a sintonizar con la que siempre se llamó metafísica. Y aunque la ciencia avanzada no consiguiera acceder al lado místico de los fenómenos físicos, al menos una cosa es segura: la investigación muestra ya paisajes que Newton ni Descartes pudieron imaginar, lo que constituye un duro golpe tanto contra el viejo cientificismo como contra el anticuado racionalismo.

LA INTELIGENCIA UNIVERSAL DESMATERIALIZA

En el Cosmos nacen y mueren estrellas, planetas y galaxias enteras en un proceso continuo. La muerte afecta a las estrellas y a todo cuerpo celeste, como sabemos, y aunque le llamemos de esa manera, que solemos asociar a destrucción, muerte solo es transformación, entropía que desemboca en algo distinto. La muerte de una estrella libera energía, lo mismo que nuestra muerte física libera la nuestra. Y ni una ni otra desaparecen, sino que encuentran su lugar en el orden Universal material y espiritual.

El universo material se halla sumergido en un proceso de desmaterialización que le conducirá a formas de energía pura e inteligente como en su origen. Y nosotros, que formamos parte del universo, nos veremos afectados en la misma medida uno a uno y como especie, pues es fácil pensar que lo mismo que un día la Tierra dejará de ser lo que es hoy, sucederá a las especies que la pueblan, hasta que llegue el momento en que el Sol se apague y la Tierra deje de existir como la conocemos, transformado todo en materia cósmica más ligera y finalmente en un cuerpo etéreo, apto para ser habitado por seres de esa misma frecuencia vibratoria, como sucede hoy en nuestro Planeta, donde es posible vivir gracias a esa conjunción energética entre humanidad y Planeta.

Y cuando la Tierra alcance un grado de vibración diferente con una materia mas refinada, aquellos que no hayan seguido ese proceso, (por ejemplo, los que atentan contra la vida en ella, contra las leyes naturales, los destructores) serán entonces terrícolas desahuciados que no tendrán acceso a encarnar en el Planeta por no alcanzar su grado evolutivo, y estarán obligados a hacerlo en otros planetas de energía más densa, donde cada uno se sentirá como en casa aunque eso les suponga tener que seguir con su mochila de asuntos pendientes para ponerse al día con el orden que alteraron en el pasado: el karma..

Entre tanto esto ocurra iremos viniendo una y otra vez; todas las veces necesarias hasta conseguir estar al día con las leyes cósmicas y así regresar finalmente a nuestro origen energético en el mundo divino. El circulo se completa.

La entropía cósmica está, pues, destinada a un final feliz, a una utopía que incluirá a todas las formas de existencia. En ese proceso, el recubrimiento material del Cosmos y de todo ser -incluido el ser humano- dejará de existir finalmente, pues la materia no es eterna, pero la energía espiritual y sus formas etéreas, sí.

Si la energía precede a la materia del mismo modo que la idea de un arquitecto precede a una casa, la de un pensamiento a una acción, o la de un escritor a un libro, ya que el pensamiento es energía, no es tan difícil pensar que al desaparecer el sustrato material se libere la energía que lo sostiene desde el ser espiritual que piensa y siente en nuestro cuerpo físico a través de nuestro cerebro y nuestro sistema nervioso. Esto podría hacer comprensible por qué el alma, la sustancia energética inteligente que sostiene muestra materia y envuelve la chispa divina que somos, abandona al cuerpo material que no puede sostenerla por más tiempo, bien por vejez, enfermedad o accidente.

Al final será cumplida la utopía cósmica; simplemente ya no habrá cuerpos materiales y el reino del espíritu habrá ganado la batalla final de la evolución, y nos hallaremos en nuestra Casa original, en nuestro punto de partida, hijos pródigos regresados a su hogar. Entre tanto, nos informa el mundo espiritual, habitaremos los sucesivos planetas de energía correspondientes a nuestra propia frecuencia vibratoria, pues lo semejante atrae a lo semejante. Todo está inmerso en una entropía.

¿HACIA DONDE NOS DIRIGIMOS COMO HUMANIDAD?

Si intentamos contestar esta pregunta desde la perspectiva de la política o la economía, la respuesta no puede ser nada optimista: crisis y distopía se dan la mano hacia un horizonte de desempleo, pobreza, marginación social y asalto a las libertades más elementales. Y si pensamos en el Planeta, los negros nubarrones del cambio climático irán en aumento a no ser que se produzca un cambio radical en este mundo. Pero son tantos los aspectos y tan poco el tiempo por delante ante la velocidad con que aumenta la temperatura de la Tierra, que va a ser muy difícil evitar la catástrofe final.

No se trata, naturalmente, de una maldición divina, sino del maldito egocentrismo insolidario y consumista de gran parte del género humano, habituado a vivir sin amor a la naturaleza, a los animales y por supuesto al semejante. Absortos en la contemplación del propio ombligo, no percibimos que estamos ante un abismo.

Frecuentemente enredados en pensamientos negativos, una gran mayoría desprecia aquel principio básico tantas veces recordado por el Cristo: “Lo que quieras que te hagan a ti, hazlo tú primero a otros” Y “No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a ti”.

El pensamiento, esa energía poderosa.

Lo mismo que el alfarero modela con sus manos el barro, con nuestros pensamientos modelamos nuestra existencia y determinamos nuestro destino. Cada persona en uso de su libre albedrío, actúa a diario con su forma de pensar a favor o en contra de las leyes cósmicas resumidas en los Mandamientos y en el Sermón de la Montaña, que precisamente no gozan del fervor de las multitudes, incluidos los clanes sacerdotales como guías de conducta ética y moral.

Cumplir las leyes cósmicas y respetar la naturaleza y sus formas de vida, y la vida y libertad de los demás humanos es el trabajo diario personal de adaptación al Universo para vibrar en su sintonía y acoplarnos a él del modo que un astronauta se acopla a la madre nodriza en su paseo espacial. Y siguiendo el símil, lo mismo que le sucedería al astronauta si se rompiese el cordón que le mantiene unido a su nave, nos sucede a nosotros cuando abandonamos esos principios. Así que mucha gente anda perdida y desorientada por la vida y se siente sola.

Y lo mismo que la suma de muchos granos forma un granero, la de una mayoría que actúe en la dirección correcta hará que todo cambie en esa dirección: el comportamiento de la madre Tierra, y finalmente el comportamiento del mundo animal y de las sociedades todas. Esa es la utopía que un día veremos realizada y por la que muchos han trabajado y hasta han perdido su vida por ella. Cristo la profetizó; la llamó Su Reino de Paz, y para alcanzarlo nos prestó a cada uno una chispa de su propia energía que tendremos que devolverle en su momento. Es por ello que se convirtió en nuestro Redentor desde el “Está consumado” del Gólgota.

Todo es energía

Estamos inmersos en un Universo de energía. Todo es energía, bien sea densa o sutil. En diferentes grados, lo que determina la densidad de la materia es la frecuencia vibratoria de sus átomos. A mayor frecuencia energética, más sutil materia. Una alta frecuencia vibratoria llevada al extremo haría desaparecer la materia por completo, transformándola en energía pura.

Por lo que respecta al ser humano, la medida en que cada uno cumpla las citadas leyes cósmicas será la que determine la frecuencia vibratoria de su energía o alma. Y esta frecuencia energética es la que le conducirá tras la muerte física a los lugares del Universo correspondientes a esa frecuencia, hasta que tras varias existencias de encarnación en el mundo material, y superadas las causas que nos retienen aquí, podamos retornar al origen puro que el acto redentor de Cristo nos asegura. Este sería el final utópico de nuestra entropía personal. Entropía en la que estamos inmersos segundo a segundo en nuestra existencia, y que dependiendo de la calidad de lo que pensemos, sentimos o hagamos así nos resultará ir hacia la utopía universal o hacia la distopía personal. Esta que conocemos como “karma”, nos ata a este mundo, a la materia y a su fragilidad.

ENTROPÍA COLECTIVA

En las sociedades humanas, que son el resultado final de la forma de pensar, sentir y actuar de cada uno de nosotros, la entropía es igualmente activa y permanente y también puede desembocar en el final feliz de una utopía. Con esfuerzo personal sostenido puede conducirnos a sociedades donde la paz, la justicia y la armonía sean los frutos naturales del amor altruista entre las gentes, ya que amor es el nombre con que designamos la fuerza que nos mueve a todos y al Cosmos del que somos hijos. Y así sucederá.

Sin embargo, las sociedades pueden involucionar durante largo tiempo y sumergirse más y más en este agujero negro multiforme en que ya estamos instalados para desgracia nuestra y acabar todos viviendo durante ese tiempo en una distopía presidida por la violencia, la maldad y la injusticia. Una distopía cuya final será nefasto como no seamos capaces de encontrar el camino del retorno que no es político, ni económico, ni religioso, sino ético y moral.

Para quien la distopía le suene a concepto abstracto, que se asome al Sahel africano, al Mediterráneo cargado de gentes que huyen del hambre y la guerra, a la frontera de Méjico con los EEUU, a una favela, o a la Palestina asediada, por poner algún ejemplo sangrante.

Pero si quiere mirar el campo literario, las sociedades distópicas aparecen muy bien reflejadas en algunas novelas, como “1984”, de George Orwell, “Un mundo feliz” de Aldoux Huxley, o “Farenheit 451”, de Ray Bradbury. Y de no contar con una mayoría crítica, formada por personas suficientemente evolucionadas, viviremos en sociedades súper controladas y súper explotadas, manipuladas por los medios de desinformación y control mental y sometidas al imperio de la mentira como sostén de los poderosos. O sea: viviríamos en el infierno de sociedades distópicas cuyos dirigentes querrán disimular con noticias falsas, concursos y partidos de fútbol complementados con violencia institucional y policial justificadas por leyes represivas. La pregunta es: ¿Les suena?

Vivir mentiras tenidas por verdades son frecuentes en el común de las gentes, como nos aventuran las novelas mencionadas, cuando son ampliamente difundidas y machaconamente repetidas hasta calar en el imaginario colectivo. A la vez, las verdades y quienes las defienden se convierten en algo sospechoso que hay que neutralizar, olvidar u obviar, que es la forma de actuar de los medios de persuasión con quienes se enfrentan a sus dueños. En el terreno político, eso incluye la censura, Leyes Mordaza como la española, silencios sobre personajes históricos contrarios al presente orden, como Freud, Jung, Kafka, Marx, Engels, Alejandra Kolontai, Rosa Luxemburgo, Kropotkin, Tolstoi, Bakunin, y tantos otros que harían inacabable la lista sumada a los nombres de periodistas, defensores de derechos humanos, de los que se oponen hoy al saqueo de sus tierras, de los místicos de todos los tiempos, de los llamados herejes…. Una lista sin fin, pero cada uno de esa lista forma el ejército de la utopía que encabeza sin duda el ser más puro que pisó jamás este Planeta bajo la figura de Jesús de Nazaret, asesinado con más saña que cualquier otro de su época por los mismos poderes que dominan la nuestra con distintas apariencias. Pero si preguntamos a una persona de la calle por algunos de estos nombres, veríamos salir de su cabeza un enorme signo de interrogación que saldría volando al reino de la Inopia. Y si esto parece grave, probemos a repetir la experiencia con maestros, profesores de universidad o periodistas. El resultado podría ser desolador. Algunos nombres de disidentes utópicos suenan, de algunos se puede decir alguna generalidad, y el de Jesús, el Cristo, como se asocia a la Iglesia y las sectas evangélicas que usurpan su nombre, hace que muchos rechacen al sencillo carpintero de Nazaret, como si fuese un romántico embaucador, o que simplemente no existió.

Los efectos secundarios

La pérdida de memoria sobre las ideas que nos fueron legadas por los mejores de entre nosotros a lo largo del tiempo, por las que tantos sufrieron y hasta dieron la vida pensando en servirnos en el futuro como la humanidad en la que creyeron ; la pérdida de esas herencias o su alteración y “digestión” por el Sistema, a menudo hace imposible comprender el presente, y nos priva de elementos para poderlo cambiar. Un colectivo desmemoriado es una suerte de Alzheimer de consecuencias fatales, porque obliga a repetir lo mismo una y otra vez, y por tanto es un elemento que empuja al inmovilismo y a la involución. Y es esto justamente lo que pretenden quienes dirigen este mundo desde los sillones de poder: la involución. Y con ella la distopía. Tal propósito se opone a la salud mental, al orden universal y al progreso en cualquiera de sus aspectos, y para conseguirlo utilizan varios recursos: mentira, ocultación, descrédito al cambio y a quienes lo promueven, leyes “mordaza”, y no por último violencia en todas sus formas.

VIOLENCIA, MENTIRA, INVOLUCIÓN

Estamos hoy en lo que podríamos llamar una segunda fase en la que al control mediático con noticias falsas, acompaña el político, con pasos hacia un fascismo global de nuevo cuño. A este panorama ya de por sí siniestro, hay que añadir este cambio climático que los poderosos olvidan, obvian o niegan siguiendo su vieja táctica del avestruz malintencionado. Esto no les impide celebrar cumbres climáticas que no sirven para nada. Al fin y al cabo, el control mental para el control total de cada uno de nosotros es el propósito final y lo que realmente les interesa.

Quieren los programadores civiles y religiosos conducirnos a pensar lo que debemos pensar, sentir, hablar y consumir, y mostrarnos lo que no debemos hablar, hacer o pensar, expuesto ante nosotros como algo inconveniente que debemos rechazar. De ese modo pretenden conducirnos hacia la distopía. Pero esta de hoy es más grave de la que pensaron los inventores de mundos perversos en la literatura o el cine: es la distopía climática y es ya imparable. El Titánic Tierra ha decidido tomar por sí mismo el rumbo de su vida y le molesta lo que hemos puesto sobre la suya: una civilización insostenible y agresiva.

Una sociedad utópica, por el contrario, es la que consiga llevar a cabo las viejas aspiraciones de los mejores de entre nosotros, sean místicos cristianos, budistas, sufíes o de cualquier otra tendencia espiritual, sean pensadores y activistas sociales. Basta que practiquen el tratar a cualquier otro ser de la naturaleza del mismo modo que uno desea ser tratado. Esto tan sencillo haría imposible cualquier forma de explotación, cualquier forma de dominación o cualquier injusticia social, tal como nos mostró el Cristo en Su Sermón de la Montaña. Cristo nos prometió esa sociedad utópica del futuro que llamó “Reino de Paz”. A el se dirige cada vez más gente en este mundo aunque sea de un modo disperso e incluso sin ese fin consciente, como sucede con las múltiples Ongs.

Han habido utopías como la de Tomás Moro- que dio origen a la palabra misma o antiguamente la idea de la República de sabios de Platón o a la utopía quijotesca, por citar alguna. En nuestros tiempos tampoco la utopía comunista ha logrado realizarse. Y como ninguna llegó a hacerse realidad, la palabra “utopía” se convirtió en sinónimo de inalcanzable. ¿Será eso verdad? Ahondemos en este asunto.

Los malos conductores

«Entre tanto, el capitalismo como sistema explotador, competitivo y excluyente por un lado, y las religiones institucionales por otro, se muestran hostiles al cristianismo original y pugnan por conducirnos a sociedades abiertamente distópicas en ambos casos.»

Iglesias y capitalismo rigen hoy el mundo con diversas máscaras ideológicas o religiosas, y con diversas organizaciones relacionados con el poder, la libertad, el trabajo, la verdad, la justicia o los derechos humanos con el fin de minimizar o acabar con cada uno de ellos. Sin embargo, las jóvenes generaciones comienzan a despertar ante la urgencia de este cambio climático que perciben como amenazador para sus existencias. Será muy fácil que perciban prontamente que los ricos no están dispuestos a dejar de ser ricos contaminando y atentando contra el Planeta y que tampoco se trata de una maldición divina. Las manifestaciones mundiales simultáneas contra el cambio climático, el auge del feminismo mundial, los movimientos animalistas, ecologistas y la proliferación de organizaciones sociales en defensa de las libertades y derechos humanos, nos muestran el camino de la utopía que será un día ese Reino de Paz anunciado dos mil años atrás por el divino carpintero de Nazaret aplicando esa sencilla fórmula: “Trata a los demás como quieras que te traten, y no hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a ti”. Estamos en el alba de la utopía del Nuevo Mundo mientras los constructores de la distopia se afanan en evitarlo. Esta es la gran batalla de nuestro tiempo: la batalla final. Aquí comienza el caos, que será el prólogo de un nuevo principio.

LA ENTROPÍA EUROPEA

Europa ha dominado el mundo durante siglos. De una u otra manera, no hubo continente donde los soldados de Europa, justificados moralmente por la Iglesia, no ocuparan tierras y se adueñaran de bienes y haciendas y esclavizaran pobladores para gloria de sus príncipes, sus nobles y sus ricos. Pero hoy está en decadencia: los EEUU han tomado el mando para seguir haciendo lo mismo. Aquel proyecto colectivo imperial europeo nutrido por colonias en todos los continentes que tanto contribuyeron al bienestar de los europeos y a la construcción de este andamiaje que llamamos Europa, está llegando a su fin. No hay imperio ni nada en este mundo que no tenga un punto final. Y de pronto estamos siendo conscientes de que la palabra Europa define más al continente en ese punto final que al puzzle de países unidos entre sí por algo artificial, por un pegamento llamado Euro sostenido por un abigarrado clan de sujetos ávidos de poder que se refugian en lugares tan bien protegidos como sus paraísos fiscales. Y sin embargo, todo este andamiaje se halla en pleno proceso entrópico. Algunos socios del clan no están contentos con sus cuotas de ganancia y poder y quieren romper el pacto.

La entropía es implacable; y nuevos poderes mundiales- EEUU, Rusia, China- fueron tomando posiciones poco a poco y ejerciendo influencias en lugares antes reservados a los europeos o vigilados por ellos muy de cerca. Así hemos llegado a vivir en una Europa política y económica controlada por el poder de las grandes multinacionales que imponen sus reglas por medio del FMI, la OMC, el Banco Mundial y los poderes oscuros, siempre fuera de nuestro campo de visión, excepto sus consecuencias. Ahora estas son Atlánticas y de momento a favor de los ricos de allí, que forman parte de lo más tenebroso de la humanidad, y de lo más peligroso para la paz mundial.

Tal es el descaro con que ese conjunto de poderes mencionados se ejercen contra derechos humanos y conquistas y libertades sociales, que provocan cada vez más oposición popular, especialmente entre las mas jóvenes generaciones que ven peligrar no solo su futuro laboral cuando adultos, sino el de su vida en nuestro Planeta, debido a la perversión climática acelerada que soportamos. Las huelgas de estudiantes cada fin de semana, la revuelta de los llamados “chalecos amarillos” en Francia, y el posible contagio sostenido de ambos movimientos al resto del mundo, así como el auge del feminismo y la defensa de los migrantes en todas partes, están marcando nuevos rumbos a un sistema y una forma de vivir manifiestamente insostenible en todos los aspectos: el económico, el político, el ecológico y el de género. Esta nueva presión entrópica positiva se encuentra a todas luces enfrentada con la resistencia de los poderes negativos encarnados en fascismos y nacionalismos trasnochados que pretenden hacer girar la rueda de la entropía positiva de la Historia en sentido negativo y contrario a la flecha del tiempo, de la cordura y de las cualidades que marcan la diferencia entre seres humanos inteligentes y seres humanos alienados; entre mentes libres y mentes condicionadas.

Una vez perdida el “alma” espiritual de Europa, que fue el falso cristianismo, lo que puede venir a continuación como elemento aglutinador de europeos y no europeos, si somos capaces de eludir la trampa neoliberal por difícil que sea la tarea, no puede ser sino algo mucho mejor.

En el devenir de la entropía aparecen otros horizontes cada vez más compartidos por miles de personas: amor a la naturaleza, amor al mundo animal, amor a este Planeta asediado y hecho enfermar por la codicia, la ambición de poder y la maldad de tan solo unos pocos miles de egoístas protegidos por soldados y leyes.

Esto afecta de manera particular a lo que siempre fue el “alma” de Europa: sus religiones, y en especial la católica. La entropía católica se está desarrollando aceleradamente hacia su ocaso.

LA ENTROPÍA CATÓLICA

En otros trabajos aquí mismo he puesto de manifiesto la enorme distancia que separa al catolicismo del cristianismo, y mostrado cómo la religión católica ha usurpado las enseñanzas cristianas originales de Jesús el Cristo para convertirlas en un sucedáneo desnaturalizado para gloria y provecho de unas jerarquías principescas que disfrutan de mansiones, exenciones fiscales, ingresos privados de diversa índole, sostenimiento gubernamental y servicio gratuito a cargo de señoras monjas. Es difícil encontrar una industria o un negocio mejor organizado y más generosamente sostenido por otros a cambio de algunas ceremonias, vagas promesas celestiales y algunos toques de terror ante un llamado infierno. No sabemos cuántos siglos harán falta para borrar del imaginario colectivo el miedo de dos mil años de antigüedad incrustado en los corazones de la gente para tener atrapados a los creyentes ingenuos e ignorantes, pero aunque no exista como lugar físico, sus eminencias han hecho siempre lo posible para que exista en la Tierra. Tampoco para los organizadores existen sus ardientes calderas, lo que seguramente no les salvará de ardientes remordimientos cuando les llegue la hora.

En el devenir histórico, la religión en general, tanto la católica como la luterana ha sido para los poderes de Europa un poderoso agente motivador, una excusa para la acción y un elemento de cohesión interna en cada país, celosamente vigilada por los tribunales aliados con los gobiernos. La Internacional Vaticana ha sido – y lo sigue siendo- la más efectiva de todas las habidas, y sus ejércitos de ensotanados deambulan como verdaderos lobbies por todos los palacios del poder civil, militar y económico. Y eso a pesar de su historia pasada de crueldad inquisitorial y de las imposturas del clero, propagador de supersticiones y verdugo de indígenas y herejes, pues al fin y al cabo, ¿qué gobierno de este mundo está lejos de parecidas hazañas?

Tampoco la proliferación de pederastas y aliados de los fascismos que siguen implicando hasta a las cúpulas eclesiásticas, o su manifiesto machismo patriarcal parecen hacer mella en la alta consideración que al menos de puertas adentro, goza el mundo de las sotanas en la Europa supuestamente tan democrática como supuestamente cristiana son sus Iglesias católica o luterana.

A pesar de sus desmanes y alianzas con los poderes más agresivos contra los derechos humanos, la fe en la Iglesia profesada por los más ignorantes -la gran mayoría- ayudó históricamente a vertebrar el mundo europeo, y posteriormente el occidental. Pero desde el Renacimiento en adelante las gentes se fueron despabilando algo, y a pesar del temor al Infierno, poco a poco ha ido dejando de ser la Iglesia para muchos el elemento supranacional aglutinador de la conciencia de los pueblos, porque el miedo también forma parte de la entropía y no puede evitar el progreso de la conciencia espiritual más allá de las religiones, ni de la ciencia a pesar de los dogmas científicos, ni de la razón mas allá de los intelectuales integristas, por muchas hogueras, quema de brujas y de libros que ardan por el mundo y por muchos asesinatos o silencios despectivos hacia periodistas, defensores medioambientales, de los derechos humanos o de la vida espiritual sin religiones.

Sumergida en un acelerado proceso entrópico, la Iglesia -a pesar de ser un compinche privilegiado por los poderosos- encoge por abajo mientras se mantiene inalterable por arriba, donde aún cuenta con los apoyos de los ricos y de sus gobiernos. Pero llegará un día en que eso no bastará.

El que hoy mismo las vocaciones de cura lleven el mismo ritmo decreciente que el de monjas, con tantas iglesias sin párrocos y conventos sin novicias, -algo impensable hace tan solo un siglo- muestra la creciente desafección popular hacia la religión católica. Y cuando ya no sirva para dominar a las masas, seguramente dejará de ser útil a los gobiernos, y comenzará la cuenta atrás de su extinción. De hecho, ha sido sustituida con ventaja por la Tv. Como medio preferente de control mental.

Entre tanto, los ancianos del Vaticano, divididos entre dos grupos de poder -conservadores y ultras recalcitrantes- llevan a cabo una lucha sorda entre los intocables muros. Esto, unido a la increíble obstinación de la Institución en mantener el celibato forzoso y a su no menos increíble machismo patriarcal que margina a las mujeres al puesto de ayudantes y sirvientas, ha terminado por colocarla enfrentada a todo movimiento de liberación emergente: indígena, feminista, pacifista o ambientalista, aunque algo que viene durando dos mil años no sea fácil de erradicar.

Resulta bien extraño -y sería de atención siquiátrica- que individuos que eligieron el celibato y renunciaron a la familia para ejercer su trabajo, deseen controlar restrictivamente la vida sexual y familiar de los demás mientras practican la pederastia tan a menudo. Una enorme masa de sujetos de instintos sexuales reprimidos pretenden organizar negativamente la vida sexual libre de lo adultos mientras obstaculizan la de sus hijos, incluso interviniendo en sus inclinaciones sexuales para manipular sus mentes.

¿No resulta extraño que el foco de atención en cuanto a la vida social se refiere, sea para ellos precisamente aquello a lo que tienen que renunciar? No se puede comprender este fenómeno sino como una consecuencia negativa de algo más profundo: codicia, represión y fanatismo. Y esto es lo que está dejando al descubierto sus miserias: su avaricia, su rigidez doctrinal, su inmoralidad privada y su servilismo a los ricos para ser defendida y protegida por ellos, como sucedió en España en la última guerra civil, de la que tantos réditos y privilegios -que aún mantiene el Concordato de 1979- supo sacar del bando vencedor.

Debido a los apoyos políticos conservadores es difícil -pese a todo lo que está en contra- pensar que el Vaticano vaya a echar el cierre a medio plazo. Con su enorme poder económico, político y mediático, resistirá como resiste un enfermo terminal muy rico que dispone de los mejores médicos y remedios. Pero lo peor es que este moribundo rico no tiene nada espiritual que ofrecer, cuando lo espiritual era, precisamente, su razón de existir. Si se tratara de un huevo, seria un cascarón vacío; en este caso se trata de un cascarón de oro. Y si el oro pudiera pudrirse, sería un cascarón podrido.

Si somos creyentes espirituales, podemos agradecer a Dios esta lenta agonía de la religión católica y del falso cristianismo que va a liberar a más de una persona del miedo al inexistente Infierno, de la mentira programada, de la superstición, de la idolatría a imágenes, de la obligatoriedad de confesar sus pecados al cura y, por supuesto, de marcar la casilla de la Iglesia en la declaración de la Renta.

Se puede vislumbrar hoy que patriarcado, machismo, Iglesias y partidos políticos como pilares en que este mundo se ha venido sosteniendo durante siglos, están siendo sometidos a fuertes presiones entrópicas que habrán de desembocar en nuevas sociedades. Que estas sean mejores o peores desde el punto de vista ético va a depender de que prevalezca en ellas una de las dos fuerzas entrópicas: la que armoniza con el proceso evolutivo imparable del Universo siguiendo el Plan divino o las que se oponen a ese proceso. Por fortuna, ganan terreno las primeras, mientras estas últimas cada vez tienen menos que decir y menos que aportar; su ciclo ha concluido y solo les queda la violencia y el engaño, -cuando no la represión- que son las muestras de su debilidad y por ello son simplemente dañinas y destructivas. El grado que consigan su propósito va a depender de su capacidad de controlar el pensamiento, las emociones y el tiempo de la humanidad. Y en ello se están volcando loa grupos de poder de este mundo. ¿Lo conseguirán? Depende de usted, de mí, de cada uno de nosotros.

El paso de una civilización caduca, como la actual, hacia la siguiente va a ser duro, difícil, doloroso sin duda, y ya lo está siendo, pero finalmente culminará el proceso entrópico: los justos dominarán la Tierra, y la paz y la justicia reinarán en nuestros corazones, pero en esta generación no lo veremos viendo cómo van las cosas. Llevamos miles de años en la Caverna de Platón y cuando alguien eleva la antorcha en cada época para iluminar a otros y buscar juntos el camino de salida, suenan las sirenas de alarma general, y comienza la persecución. Pero el tiempo es un engaño más en la magia negra de la caverna, y la conciencia espiritual sigue haciendo su trabajo en la entropía positiva.

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