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EL TODO ES LA VERDAD LO DEMÁS SON SÓLO PALABRAS

24/05/2020

El gran místico Kabir nos enseña que el todo es la verdad y que lo demás son sólo palabras, palabras que crean una barrera y no te dejan ver la vida misma.

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LAS PALABRAS Y DIOS

Necesitas a Dios en persona, no la palabra «dios»

Y recuerda, la palabra puede inducirte a engaño. Si llega alguien y se pone a gritar: «¡Fuego! ¡Fuego!», saldrás corriendo. La propia palabra desencadena algo dentro de ti: miedo. La palabra «fuego» no es fuego, la palabra «dios» no es Dios y la palabra «amor» no es amor. Y la palabra «comida» no es comida; no te quitará el hambre. La palabra «agua» no saciará tu sed.

¿Qué es lo que hay en las sagradas escrituras? Palabras y más palabras. No te saciarán. Necesitas a Dios en persona, no la palabra «dios». Sólo así podrás sentirte satisfecho.

He ojeado sus portadas por encima.
Los libros sagrados sólo son palabras.

Sólo puedes hablar de lo que has vivido. Si no has vivido algo, no es verdad.

Sigue observando tu mente, lo pretenciosa que es. Dice cosas que no ha experimentado. Eso no es honesto, eso es engañar. Si no sabes algo es mejor decirte a ti mismo y a los demás: «No lo sé». El ser honesto te ayudará. Sólo cuando sabes algo puedes decir que sabes. Y así te quitarás un peso de encima, porque el noventa y nueve por ciento de los conocimientos que acarreas sólo son un lastre. No son tu propia experiencia, los has tomado prestados. Todo lo prestado es mentira, da igual quién te lo haya prestado. Te lo puede haber prestado una persona que sabe, te lo puede haber prestado Jesucristo o Krishna, pero eso no importa. No importa quién te lo haya prestado, en cuanto lo tomas prestado es falso.

LA VERDAD

La verdad no se puede tomar prestada

Yo veo algo. Pero si te lo cuento, lo que te llega son mis palabras y no mi visión. La visión está dentro de mí; sólo las palabras salen de mí. Pero esas palabras están vacías. Tú aceptas esas palabras creyendo que deben ser verdad ya que provienen de un hombre que sabe. Pero no lo son.

LA EXPERIENCIA

La verdad sólo llega con la experiencia

No voy solo contra de las antiguas escrituras, sino incluso de sus propias palabras. Tenlo presente también cuando estés conmigo. No podrás ver la verdad si te limitas a escuchar mis palabras. Y la tentación es muy grande. Cuando ves a alguien que sabe, sus palabras tienen tanta autenticidad, vigor y pasión que resulta contagioso. Cuídate de la tentación.

Cuando te digo algo, lo digo con una totalidad que puedes empezar a creerlo. Pero sólo es una creencia, sólo estás dejándote llevar por las palabras. Yo he visto la belleza, pero no es lo mismo si te hablo de ella. En primer lugar, podrías preguntarme por qué hablo. Si las palabras no pueden expresarlo, ¿de qué sirve hablar? Todavía hay motivos para hablar. Las palabras no pueden hacerte ver la verdad, pero pueden generar un anhelo. Yo no puedo transferirte mi verdad, pero puedo hacerte sentir que la verdad existe. Ahí es donde empieza el camino..., no creas que se acaba ahí. Las palabras pueden encaminarte, pero no pueden darte la verdad. Aunque cuando provienen de un hombre que sabe, son como llamas. Te queman. Originan dentro de ti un gran deseo de saber, de ver, de ser.

LA BÚSQUEDA

Esas palabras no son suficientes. ¡No te quedes parado!

Deja que te contagie en lo que se refiere a tu sed y tu hambre de la verdad. Pero mis palabras sólo son palabras. Las palabras de Buda sólo son palabras, las escrituras sólo son palabras. El que es sabio seguirá la indicación de que la verdad existe: «Ahora tengo que buscarla». La búsqueda tiene que ser individual.

Sólo puedes hablar de lo que has vivido. Si no has vivido algo, no es verdad.

He estado pensando en la diferencia entre el agua y las olas que surgen en ella.
El agua sigue siendo agua que vuelve a caer.
Es agua. ¿Puedes darme algún indicio para diferenciarlas?

Vete al mar y fíjate en las olas que se levantan. ¿Están separadas del mar? ¿Está el mar separado de las olas? ¿Alguien ha visto alguna ola separada del mar? ¿Alguien ha visto un mar sin olas? Van juntos. De hecho, no es correcto decir «juntos» porque son uno. ¿Qué es una ola? Un mar ondulante, un mar en movimiento. Y ¿qué es un mar? Un conjunto de olas que ondulan a la vez. El ondular es un aspecto de la realidad del mar.

LA SEPARACIÓN

Pero las palabras crean separación

Cuando dices «la ola», «el mar», hay diferencias. Si miras en el diccionario, el diccionario no dice que «la ola es el mar», o que «el mar es la ola». El diccionario se interesa por la etimología de las palabras «ola» y «mar»; son distintas. El diccionario las mantiene separadas, de lo contrario, las palabras se entrecruzarían y habría una gran confusión. Hay que mantenerlas separadas, compartimentadas. Pero sólo las palabras están separadas, en realidad no hay nada que esté separado. El árbol está separado, la tierra está separada, pero en realidad el árbol nunca está separado de la tierra y la tierra nunca está separada del árbol. Las palabras cielo y tierra están separadas, pero en realidad están juntas.

«La realidad es una unidad. Todas las cosas están juntas, entrelazadas, entretejidas, forman parte unas de otras. Si empiezas por una cosa acabarás en la totalidad».

Por eso se dice: «Si puedo entender en su totalidad una simple flor con raíces y todo, habré comprendido todo el universo». Tiene razón, ha tenido una gran percepción. Si consigues entender una sola flor en su totalidad, incluidas las raíces, habrás comprendido a todas las estrellas, soles, lunas, hombres, mujeres, Tierras y planetas. Porque si profundizas más, te darás cuenta de que todo el universo está implícito en una flor.

No se puede comprender por separado.

¿Qué es el universo sin la Tierra? ¿Qué es sin el sol? Sin el sol no hay colores, sin la Tierra no hay forma. ¿Quién sabe la cantidad de cosas que están implícitas en ella? Si no hubiera estrellas es posible que las rosas fueran diferentes. ¿Quién sabe qué pulsaciones reciben las rosas de las estrellas? Y es evidente que sin la vista humana la rosa no sería la misma. No tendría color, en el momento que dejas de mirar una rosa ya no es rosada, porque el color sólo existe en relación con la vista. Cuando hay ojos hay color, sin ojos no hay color.

Si vas a unas cataratas, te llegará el estruendo de las cataratas que antes no estaba y aparece cuando te acercas, porque sin los oídos no hay sonido. Si no hay nadie alrededor de las cataratas del Niágara no hay sonido, el agua cae en silencio. ¿Cómo puede haber sonido sin oídos? Durante miles y miles de años, el agua de las cataratas ha estado cayendo en silencio porque no había nadie que lo escuchara. Luego, debe de haber llegado algún primitivo audaz y, en cuanto se aproximó, la catarata estalló en un gran estruendo. El oído es necesario.

EL AMOR

Ahora las personas dicen, porque hasta ahora sólo lo habían dicho los poetas que si amas un rosal, las flores salen más grandes. El amor, de alguna manera, les da ternura, sustento.

Se ha experimentado el efecto de la música sobre las rosas. En cierta oportunidad realizaron un experimento y no se podían creer los resultados, estaban muy sorprendidos. Hicieron dos grupos con el mismo tipo de flores, a un lado una docena y al otro, la otra docena. A un grupo le pusieron música amorosa y al otro, ruidosa. Las plantas que oyeron la música amorosa empezaron a inclinarse todas hacia el instrumento, como si fueran sus admiradoras.

Por otra parte, las plantas que escuchaban la ruidos se inclinaron hacia el otro lado intentando huir; las raíces no les permitían escapar, pero lo intentaban. El tamaño de las flores de las plantas que escucharon la música amorosa era el doble, y su longitud también. Todas recibieron la misma cantidad de agua y de abono, y los mismos cuidados. Tenían el mismo tamaño cuando las plantaron, la misma luz, la misma tierra... todo. Sólo la música era distinta.

EL TODO

La vida está tan entrelazada que todo forma parte de lo demás

Las cosas sólo existen en las palabras pero, en realidad, no existe nada. Todo está unido, es una sola cosa. Cuando Buda lo llama «nada», tiene razón, porque nada existe. No puedes darle un nombre porque todo existe, todo va junto, hombres, mujeres, animales, pájaros, árboles, montañas y estrellas, todo es uno.

LAS PALABRAS

Ten cuidado con el lenguaje

He estado pensando en la diferencia entre el agua y las olas
que surgen en ella, el agua sigue siendo agua que vuelve a caer,
es agua. ¿Puedes darme algún indicio para diferenciarlas?
Simplemente porque a alguien se le haya ocurrido la palabra
«ola», ¿acaso tengo que diferenciarla del «agua»?

El lenguaje puede jugarte malas pasadas y puedes quedar atrapado en ese juego. Por eso todos los grandes místicos del mundo insisten en decir que la realidad se conoce a través del silencio. Cuando dejas el lenguaje puedes conocer la realidad, porque el lenguaje crea una barrera.

Simplemente porque a alguien se le haya ocurrido la palabra «ola», ¿acaso tengo que diferenciarla del «agua»? Dentro de todos nosotros hay un ser secreto.

EL SECRETO

Lo desconocido, lo secreto, lo misterioso.

Está dentro y está fuera. Ese ser secreto es una realidad inefable, un silencio, un profundo silencio. Vivo, pero sin sonido. Palpitante, pero no se le puede dar un nombre.

Dentro de todos nosotros hay un ser secreto.

¿Por qué se le llama «secreto»? Porque no le podemos aplicar el lenguaje. El lenguaje lo convierte todo en público.

En cuanto dices algo se convierte en público; decirlo significa hacerlo público. Si no puedes decir nada, si no hay forma de decirlo, seguirá siendo un secreto. Cuando puedes decir algo deja de ser un secreto. Las filosofías son públicas, las «religiones» son públicas, los textos religiosos son públicos. Y la verdad es un secreto. No es que alguien esté guardando un secreto, el hecho de no poder hablar de ello es su naturaleza intrínseca.

«No se puede decir nada del Tao. En el momento que dices algo, lo estás falseando».

Dentro de todos nosotros hay un ser secreto; los planetas de todas las galaxias pasan por sus manos como si fuesen cuentas.

LA UNIDAD

Tú no eres pequeño. No hay nada que sea pequeño.

Cuando todo está junto, nada es pequeño, todo es una puerta a la totalidad. Si profundizas más en ti mismo, llegarás a ese fondo que es el fondo de todo. Sólo estamos separados en la periferia; en el centro somos uno. El centro es uno, las periferias son distintas.

Tu nombre es distinto, mi nombre es distinto, pero mi realidad y la tuya no son distintas. Tu cuerpo es distinto al mío, pero el cuerpo sólo es un atuendo, una vestimenta. La realidad que yace bajo el atuendo no es distinta. Deja el lenguaje y observa. Descubrirás que dentro de ti palpita el ser secreto, respira en tu interior. Y descubrirás que respira también en el resto de las personas. Respira de diferente manera, pero sigue siendo uno. La vida es una. La vida es Dios; no la palabra «dios», sino la vida; no la palabra «vida», sino la vida misma.

Dentro de todos nosotros hay un ser secreto; los planetas de todas las galaxias pasan por sus manos como si fuesen cuentas. Es un rosario de cuentas que uno debería mirar con ojos resplandecientes.

Para ver esta realidad, para reconocer a ese ser secreto que hay dentro de ti, tendrás que tener unos ojos resplandecientes. Para darte cuenta de esa inmensidad, de esa totalidad, de esa unidad, tendrás que tener unos ojos resplandecientes. ¿Qué quiere decir con «ojos resplandecientes»? Tus ojos están llenos de polvo, polvo que se ha ido acumulando. Es como un espejo que ha acumulado tanto polvo que ya no refleja nada. ¿Qué clase de polvo? Creencias, religiones, ideales, ideologías, textos religiosos... –ismos. Tus ojos han ido acumulando todo tipo de polvo. Realmente es un milagro cómo puedes seguir viendo lo poco que ves, porque con tanto polvo... no deberías ver ni eso.

Sólo vemos el dos por ciento de la vida. El noventa y ocho por ciento sigue sin estar al alcance por culpa de nuestros propios prejuicios. Sólo vemos lo que queremos, sólo podemos ver lo que estamos preparados para ver, sólo podemos ver lo que no nos da miedo. No podemos ver lo que nos da miedo, lo que no queremos ver; lo evitamos. Poco a poco, la mente se va estrechando y al final sólo vemos un pedazo de la realidad. Pero seguimos afirmando que esa realidad es lo único, y diciendo que «mi verdad es la única verdad». Eso genera conflictos y controversias. «Tendrás que tener ojos resplandecientes». Los ojos vacíos son resplandecientes. Quítate ese polvo, ya sea santo o mundano; quítate ese polvo, ya sea sagrado o profano. Límpiate los ojos: de eso trata la meditación.

Deja que tu pasado desaparezca de tu ser. Estate aquí y ahora, así tendrás luminosidad y serás capaz de ver. Dios no está en ningún otro sitio, no tienes que irte al Himalaya, sólo tienes que estar limpio, no tener carga. Deja que el pasado desaparezca.

Jesucristo dice: «Deja que los muertos entierren a sus muertos». Desconéctate del pasado; deberás hacerlo todos los días, porque cada día que pasa crea más pasado. El hoy se convertirá en el pasado del mañana. En cuanto pase, suéltalo, no te aferres a él. Ya no tiene importancia ni valor. Si puedes dejar que se vaya el pasado, tú estarás al alcance.

Eso es luminosidad.

Tendrás ojos que pueden reflejar, que pueden ver; te habrás convertido en un espejo. La meditación es la forma de convertirse en un espejo. Todo lo que digo es para ayudarte a convertirte en un meditador. No tienes que preocuparte por Dios. Deja que en el fondo de tu corazón sólo quede una cosa: el tener que florecer como meditador. Todo lo demás será una consecuencia de esto.

«Dios es el aliento de todo cuanto respira y quien ha hallado el amor y la renuncia, jamás conoce la muerte».

Kabir

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