Pepe el musculoso

Ilustración del cuento: Pepe el musculoso

Sin la renuncia no hay manera de apaciguar el apego y el placer; para los seres sintientes atados al deseo, un buen comienzo sería practicar la renuncia.

Cuento zen sobre la renuncia

El marido que vuelve de la guerra, totalmente trastornado y completamente afligido.

Le dice a su mujer llorando:

La guerra es horrible. Quiero suicidarme.

Pero no digas eso Alfredo. Cuéntame: ¿Qué te pasó mientras estuviste prisionero en Somalia?

Todas las noches, Pepe el musculoso del bando enemigo, entraba en mi celda y me violaba.

No te preocupes, la vida continúa.

¡Sí, la vida continúa, yo aquí, y Pepito tan lejos!

MORALEJA

Sin la renuncia pura no hay manera de apaciguar el apego por los placeres; y dado que los seres sintientes están atados por el deseo, un buen comienzo sería practicar la renuncia.

La esclavitud surge del apego al deseo y ella cesa cuando el apego al deseo cesa.

El apego de esta persona permite que su deseo lo condicione. Para romper con este apego del modo más veloz y más efectivo, el espíritu debe liberarse por cuenta propia, tiene que ser puesto en acción.

El deseo mismo es venenoso. Cambias de objetos y entonces puedes crear nuevos objetos de deseo. Incluso la vida eterna puede convertirse en un objetivo; de nuevo se establece el círculo: el hecho de desear. Lo has deseado todo, has deseado demasiado y vuelves a envenenar tu alma.

Conocemos la vida de deseos y la muerte de los deseos. Pero si nos volvemos conscientes del mecanismo del deseo, podemos crear una distancia y en el momento en que la distancia es creada, la vida comienza a moverse hacia el verdadero amor, a un amor sin deseo. Esta es la paradoja del verdadero amor, en la que muchos no están dispuestos a entrar.


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