La iluminación espiritual

La rebelión

-Cuento zen con moraleja-

No nos deslumbremos por lo superfluo de la vida con el poder y el placer que nos convierte en esclavos y nos hacen perder el auténtico sentido de la vida.

Cuento zen # 267

Cuento zen sobre la rebelión

Y de pronto, el timbre sonó.

¿Estás ahí? Escuche, ¡Es la hora!

Ya voy, conteste automáticamente.

Ya es tarde. Abre la puerta.

Estaba harto...

Pensé en agarrar el martillo y hacerlo... Con un poco de suerte podría, de un solo golpe, terminar con el incesante martirio. Sería maravilloso: no más controles, no más urgencias, no más cárcel.

Sin embargo, tarde o temprano todos se enterarían de lo que hice, tarde o temprano alguien se animaría a imitarme. Y después... quizás otro y otro y muchos otros, tomarían coraje.

Una reacción en cadena que permita terminar para siempre con la opresión. Deshacernos definitivamente de ellos. Deshacernos de ellos en todas sus formas...

Sin embargo, pronto me di cuenta de que mi sueño era imposible. Nuestra esclavitud parece ser, a la vez, nuestra única posibilidad... Nosotros hemos creado a nuestros carceleros, y ahora sin ellos, la sociedad no existiría.

Es necesario que lo admita...

¡Ya no sabríamos vivir sin relojes!

MORALEJA

No nos dejemos deslumbrar por las cosas superfluas de la vida como el celular, el poder, el placer y los lujos, que nos convierten en esclavos y nos hacen perder el auténtico sentido de la vida.

El hombre se ha descarriado. No se puede reducir al hombre a la esclavitud si antes no se ha descarriado. Los políticos y los sacerdotes tienen una grave conspiración desde hace siglos. Han estado reduciendo la humanidad a un montón de esclavos. Están destruyendo cualquier posibilidad de rebelión por parte del hombre; y el amor es rebelión, porque el amor solo escucha al corazón y no le importa nada lo demás.

El amor es peligroso porque te convierte en un individuo. El Estado y la Iglesia no quieren individuos en absoluto. No quieren seres humanos, quieren un rebaño. Quieren personas que parezcan seres humanos, pero sus espíritus están tan demolidos, tan deteriorados, que el daño es casi irreparable.

El amor ha sido envenenado, pero no lo han destruido. Puedes arrojar el veneno fuera de tu organismo, puedes limpiarlo. Puedes vomitar todo lo que la sociedad te ha inculcado. Puedes perder todas tus creencias y condicionamientos y ser libre. Si decides ser libre, la sociedad no puede tenerte esclavizado toda la vida.

Ya es hora de que abandones todos los viejos patrones y empieces una vida nueva, una vida natural, una vida no represiva, una vida de júbilo y no de renunciación. Cada vez será más imposible odiar. El odio es el polo opuesto al amor, del mismo modo que la enfermedad es el polo opuesto a la salud. Pero no tienes que escoger la enfermedad.