LA ILUMINACION ESPIRITUAL
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A. H. ALMAAS

El corazón de diamante

EL CORAZÓN DE DIAMANTE

El establecerte por ti mismo en el mundo ser independiente significa construir el aspecto personal de la esencia y consolidarlo. Es un logro interior.

ALDO ALBERTO FRIAS

Mensaje física cuántica

MENSAJE FÍSICA CUÁNTICA

Sólo imagínate a ti mismo pensando que todo sale perfectamente bien. Que estás lleno de alegría porque todo volverá a la normalidad y a la paz.

ANTHONY DE MELLO

El sacerdote testarudo

EL SACERDOTE TESTARUDO

Cuando el sacerdote se ahogó y fue al cielo, lo primero que hizo fue quejarse ante Dios: Yo confiaba en ti. Por qué no hiciste nada por salvarme.

Sufi en la meca

SUFI EN LA MECA

No hay una sola persona a la que el cielo no cubra ni hay nadie a quien el suelo no sostenga. ¿Y no es Dios la tierra y el cielo para todos nosotros?.

El mendigo en el Támesis

EL MENDIGO EN EL TÁMESIS

Despierten, cuando estén dispuestos a cambiar ilusiones por realidad, cuando estén dispuestos a cambiar sueños por hechos, entonces encontrarán todo.

Mensajes sabios

MENSAJES SABIOS

Los mensajes de los sabios están aquí. Sólo hace falta que los escuchemos y sigamos sus consejos, abre la puerta a la luz de tu interior, ilumínate.

Mendigo y el califa de Bagdad

MENDIGO Y EL CALIFA DE BAGDAD

Un día puede haber un hombre realmente enfermo tendido al camino y si la gente se ha enterado de tu engaño tal vez pase de largo y no le preste ayuda.

El zapatero remendón

EL ZAPATERO REMENDÓN

Mi corazón suspira: Qué desgraciado soy, no hago mi oración de la mañana. Dijo el rabino: Si yo fuera Dios, apreciaría más ese suspiro que la oración.

Fábula del puerco espín

FÁBULA DEL PUERCO ESPÍN

La mejor relación no es la que une a personas perfectas, es donde el individuo aprende a vivir con los defectos de los demás y admirar sus cualidades.

La enseñanza de la zanahoria

LA ENSEÑANZA DE LA ZANAHORIA

El Juez descubrió que aquella mujer no había realizado un acto de caridad, a excepción de una ocasión en que había dado una zanahoria a un mendigo.

Una gigantesca rebanada de pan

UNA GIGANTESCA REBANADA DE PAN

El cuento de Anthony de Mello de la gigantesca rebanada de pan y la enseñanza que habla que el amor es la única necesidad que tiene el ser humano.

EL PELIGRO DEL DESEO

Cuando las cosas se resuelven existe Dios.

El deseo es la enfermedad más importante de la mente porque lo que lleva al bienestar de la mente es precisamente el no desear. Se puede desear tener dinero, tener poder y hasta desear a Dios, pero ese no es el camino de la transformación interior.

Cuando se deja de desear se siente por fin que uno está en casa, dichoso, tranquilo, que la vida está disponible para uno y uno para la vida. Desaparece la separación, la división y ese estado de unidad es llamado Dios.

«En lugar de buscar a Dios para que se resuelvan las cosas, mejor resuelve porque cuando las cosas se resuelven existe Dios».

El deseo es esencialmente mundano porque surge de la idea de que a uno le falta algo. Dios se ha transformado en algo mundano porque también se lo desea como una cosa.

Una persona verdaderamente espiritual puede ser no creyente, porque el que cree también desea algo, cree con la mente y esa no es una experiencia directa.

«La espiritualidad es fundirse en la totalidad, es dejar de ser uno para ser el todo».

El que tiene confianza en la vida no necesitan creencias, vive, porque la vida es el aquí y ahora y no hay que esperar a mañana para empezar a vivir. Cuando uno deja de desear a Dios de pronto aparece en todas partes, porque la vida es Dios.

Tres hombres estaban conversando y se planteó la hipótesis de qué harían si sólo les quedaran seis meses de vida.

El primero dijo que si le ocurriera eso se dedicaría a disfrutar de todos los placeres de la vida. El segundo afirmó que se dedicaría a viajar, conocer el mundo; y el tercero aseguró que si el médico le dijera que sólo le quedan seis meses de vida, consultaría a otro médico.

Los tres están esperando para vivir lo que desean cuando estén enfermos y seguramente no puedan disfrutar; mientras ahora, que están bien, no hacen nada de lo que quieren y siguen postergando. La esperanza es una forma de postergar la vida.

El Zen enseña a confiar en la vida no a creer.

El Zen no es un camino, porque no hay ningún camino, ningún método y tampoco hay que hacer nada ni dónde ir. La verdad ya está aquí. Todo es un proceso, un evento, nosotros también; y no hay nada que esperar.

La actitud Zen es ausencia de esfuerzo, es estar consciente de que no hay que hacer ningún esfuerzo. Los esfuerzos pueden servirle al ego para alcanzar algo que desea pero no para lograr la meta definitiva ni llevarnos a Dios, porque Dios está más allá del esfuerzo, en el silencio, en el vacío, en el espacio que no se puede definir.

Lo que hay que hacer es convertirse en testigo, no juzgar, comprender, ser más conscientes, estar más despiertos para entender cada momento, estar presente observando para poder darse cuenta que la única vida que hay es la común y corriente.

«Ser común y corriente es ser espiritual, porque todo lo que es extraordinario es religioso, una pretensión del ego».

Nadie quiere ser común y corriente de modo que la mayoría siempre está deseando ser otra cosa. Desprecian lo que hace en el presente y anhela un futuro imaginario; porque hacer una tarea común la hace sentir que está malgastando su vida porque cree estar destinada a cosas mejores.

Al aceptar ser común y corriente, de pronto lo que parecía no tener sentido para uno se convierte en un acto sagrado y cuando la acción se vuelve sagrada es una meditación, se logra penetrar en la profundidad de la vida y ésta revela todos sus misterios.

Se aprende en ese momento a recibir y cuanto más receptivos estemos, más disponible estará la vida para nosotros. Sólo de esta manera se puede vivir en el presente, de otro modo no se puede.

Deseamos otras cosas porque no sabemos disfrutar de lo que tenemos y nos alejamos de nosotros mismos porque no nos conocemos interiormente.

«El que es infeliz haciendo un trabajo será infeliz haciendo otro que cree más importante, porque las cosas externas no pueden cambiar tu interior».