¿Podemos cambiar nuestro futuro?

Hay que cambiar. Cuántos Iniciados, cuántos santos y profetas sufrieron también al reparar faltas que habían cometido en sus encarnaciones anteriores.

OMRAAM MIKHAEL

Cambiemos nuestro destino

Trabajar sin descanso y se convertirse en divinidad

Salvo algunas excepciones sumamente raras, ningún ser humano ha venido jamás a la tierra sin tener faltas que reparar, deudas que pagar. ¡Cuántos Iniciados, cuántos santos y profetas sufrieron también al reparar faltas que habían cometido en sus encarnaciones anteriores! Pero eso no impidió que su alma y su espíritu vivieran en el esplendor divino, porque trabajaron, trabajaron sin descanso, a pesar de su karma, y se convirtieron en divinidades.

No tienen que aceptar su Destino

El destino no se deja conmover, pero jamás es cruel; es justo: esto es todo. Todas las faltas que habéis cometido se han acumulado en un platillo de la balanza; pero, si decidís enderezar vuestra vida, todo lo bueno que hagáis pesará en el otro platillo. Entonces, cuando llegue el momento de pagar por las transgresiones, vuestros buenos pensamientos, vuestros buenos sentimientos, vuestras buenas acciones intervendrán para que el pago sea menos pesado.

Eso significa pues, que no hay que ser fatalista, diciendo: Puesto que mi destino es concretamente éste, no hay nada que hacer; hay que aceptarlo. No. No olviden jamás esto: el destino no pide jamás ahogar y extinguir el espíritu. Al contrario, el destino está ahí para obligarnos a despertar el espíritu, a trabajar con el espíritu a fin de crearnos un nuevo destino.

Escapen al mundo del Destino, y entren al mundo de la Providencia o Gracia

Debido a las faltas que ha cometido en sus encarnaciones precedentes, el ser humano debe padecer su destino; los hindús dicen que se tiene que pagar un karma. Pero esto no significa que no pueda reaccionar, porque quien no hace más que sufrir acaba un día siendo destruido. Por el contrario, debe combatir con las armas del amor y de la luz, a fin de triunfar sobre su destino y entrar en la orden de la Providencia.

Desde ese mismo momento, ya no hay destino para el ser humano que ha llegado a vivir en la luz. Ha cambiado de plano, las leyes ya no son las mismas, ha salido del mundo de la fatalidad para entrar en el de la gracia.

La Providencia está siempre ahí, es una elección

La mayoría de los humanos que tienen ideas muy frívolas sobre ese tema, emplean indiferentemente la palabra destino para todo lo que les sucede en la vida, tanto para lo bueno como para lo malo. No: llamemos, si quieren, destino a las consecuencias de nuestra ignorancia, de nuestras faltas, y Providencia a las consecuencias de nuestra luz y de todas aquellas cosas que hemos hecho bien.

Entonces, todo está claro: siempre está la Providencia para aquellos que viven en la luz y el amor divino, y el destino para aquellos que se obstinan en quedarse limitados y ser malos.