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LOS DÍAS DE FE HAN ACABADO

OSHO

20/11/2018

Los días de fe han acabado - Osho - Pensamientos - Religiones (GAA # 3061)

PENSAMIENTOS - RELIGIONES

LA CRISTIANDAD ES UNA CAJA VACÍA

Los cristianos modernos están haciendo esfuerzos desesperados por salvar a su religión de su pasado primitivo y supersticioso, ¡y de los fundamentalistas!

Por ejemplo, según se dice, un modernista de la Iglesia de Inglaterra cree en un Dios que sólo trabaja a través de un proceso evolutivo; no duda de la existencia de Jesucristo, pero no perdería su fe si se probara que Jesús nunca existió y afirma creer en lo sobrenatural, pero no en lo milagroso. Su Jesús no hizo milagros y no nació de una virgen. Su tumba no estaba vacía. Para el modernista, la ética es más importante que la doctrina.

Nuestro viejo amigo, el obispo de Durham, es uno de los que está siguiendo este camino y el año pasado tuvo problemas por sus comentarios sobre el nacimiento virginal y la resurrección. Recientemente ha declarado: «O Dios no existe o que él mismo establezca su propia existencia.»

LA RESURRECCIÓN

¿Es, de alguna forma, la resurrección de la cristiandad más probable que la de Jesucristo mismo?

La resurrección de Jesucristo puede ser posible, pero no la resurrección de la cristiandad.

De hecho Jesús nunca murió en la cruz. Se necesitan por lo menos cuarenta y ocho horas para que un hombre muera en una cruz judía; y se han dado casos de personas que han sobrevivido seis días en la cruz sin morir. Cómo a Jesús le bajaron de la cruz después de sólo seis horas, no es posible que muriera en la cruz. Hubo una conspiración entre un simpatizante rico de Jesús y Poncio Pilatos por la que le crucificaron un viernes, y todo lo tarde que pudieron; porque el sábado, los judíos lo detienen todo; su Sabbath no les permite hacer nada. El viernes por la tarde se para todo.

El arreglo era que Jesús sería crucificado a primera hora de la tarde, para que se le pudiera bajar después del crepúsculo. Quizá estuviera inconsciente porque había perdido mucha sangre, pero no estaba muerto. Entonces le tuvieron en una cueva y, antes de que acabara el sábado y los judíos quisieran colgarle de nuevo, su cuerpo había sido robado por sus seguidores. Encontraron la tumba vacía y a Jesús le sacaron de Judea todo lo rápido que pudieron. Recuperó la salud y, una vez curado, se trasladó a India donde vivió una larga vida –ciento doce años- en Cachemira.

Es una coincidencia, una coincidencia muy hermosa, que Moisés muriera en Cachemira y que Jesús también muriera en Cachemira; Yo he estado en las tumbas de ambos. Las tumbas mismas son prueba suficiente, porque sólo hay dos tumbas que no están dirigidas hacia la Meca. Los mahometanos orientan la cabecera de sus tumbas hacia la Meca, por eso, en todo el mundo, las tumbas de los musulmanes apuntan hacia la Meca; y Cachemira es musulmana.

Estas dos tumbas no apuntan hacia la Meca y sus inscripciones están en hebreo, lo que no puede ocurrir en una tumba musulmana; el hebreo no es su lengua. El nombre de Jesús está escrito exactamente tal como era pronunciado por los judíos, “Joshua”. «Jesús» es una traducción cristiana del nombre judío. Ciertamente es la tumba de Jesús.

Una familia ha estado cuidando de ambas tumbas -que están muy cerca una de la otra y en el mismo lugar, Pahalgam- y una única familia ha estado cuidándolas durante siglos. Son judíos -siguen siendo judíos- y tuve que pedirles ayuda para leer las inscripciones que había sobre las tumbas.

Moisés vino a Cachemira para encontrar una de las tribus judías que se perdió en el camino entre Egipto y Jerusalén. Cuando llegó a Jerusalén, estaba muy preocupado porque toda aquella tribu se había perdido en algún lugar del desierto. Una vez que su gente se estableció en Jerusalén, Moisés se fue a buscar la tribu perdida, y descubrió que se había establecido en Cachemira. Los habitantes de Cachemira son básicamente judíos -más adelante los musulmanes les convirtieron por la fuerza- y Moisés vivió con ellos y murió allí.

Jesús también fue allí porque para entonces ya se sabía que Moisés había encontrado en aquel lugar a la tribu perdida. Tenía cerradas las puertas de Judea -le volverían a colgar- y el único lugar en el que encontraría gente que hablara la misma lengua, gente con la misma mentalidad, el único lugar donde no se sentiría extranjero era en Cachemira. Por eso es natural que fuera a Cachemira.

Pero había aprendido la lección. Había abandonado la idea de ser el hijo unigénito de Dios, si no aquellos judíos volverían a crucificarle. Abandonó la idea de que era el Mesías. Vivió con unos pocos amigos íntimos y algunos seguidores en Pahalgam.

Pahalgam recibió este nombre gracias a Jesús, porque él solía llamarse a sí mismo «el pastor»; Pahalgam significa «la ciudad del pastor.» Así, había una pequeña colonia formada por Jesús y sus amigos alrededor de la tumba de su antepasado y fundador de la tradición judía. Jesús siguió siendo judío hasta el final; nunca oyó hablar de la cristiandad.

Pero los seguidores que se quedaron en Judea se las arreglaron para crear la historia de la resurrección. Y no había forma de probar nada en un sentido o en otro. Ni ellos podían presentar a Jesús; porque, si había resucitado, ¿entonces dónde estaba? Ni el otro bando podía explicar lo ocurrido.

Habían puesto una piedra tan grande en la puerta de la tumba que era imposible que Jesús la hubiera movido, y como había un soldado romano de guardia las veinticuatro horas del día, tampoco cabía ninguna posibilidad de que nadie la quitara, retirara... la roca y se llevara el cuerpo. Pero como Poncio Pilatos estaba desde el principio en contra de crucificar a Jesús... Él podía ver que aquel hombre era completamente inocente. Tenía algunas ideas locas, pero no era un criminal. ¿Y qué daño hacía? Si alguien piensa que es el unigénito de Dios, déjalo que lo disfrute. ¿Por qué molestarle y por qué molestarse? Si alguien piensa que es un mesías y que tiene un mensaje de Dios..., si quieres escucharle, escucha; si no quieres escucharle, no escuches. Pero no hace falta crucificarle.

Pero Jesús aprendió la lección; la aprendió a las duras. En Cachemira vivió con su grupo en silencio, rezando, vivía pacíficamente, ya no trataba de cambiar el mundo. Y Cachemira está tan lejos de Judea que en Judea la historia de la resurrección se hizo significativa entre sus seguidores.

Por eso digo que ocurrió cierto tipo de resurrección; pero fue una conspiración más que una resurrección. Pero es cierto que Jesús no murió en la cruz y tampoco murió en la cueva donde le llevaron; vivió durante largo tiempo.

Pero la cristiandad ni siquiera puede conspirar para revivirse, para resucitarse. Hay un gran movimiento entre los teólogos cristianos, están haciendo esfuerzos desesperados. Pero sus mismos esfuerzos muestran que van a fracasar. De hecho, sus esfuerzos son ridículos.

Hay un teólogo que dice: «No hay Dios, y tenemos que aceptar una cristiandad sin Dios.» Él sabe que es imposible probar la existencia de Dios a la generación siguiente; es imposible probar la existencia de Dios a las mentes jóvenes y frescas. Y los días de la fe se han acabado. Ésta es una era científica: debes probar las cosas, dar pruebas. Nadie va a aceptar algo sólo por que tú lo digas. Por eso, este teólogo está dispuesto a sacrificar a Dios para salvar a la cristiandad. ¿Qué será de la cristiandad sin Dios?

Hay otro teólogo dispuesto a creer que quizá Jesús sólo es un mito, nunca existió. Es tan difícil probar la existencia de Jesús como la existencia de Dios, porque la literatura contemporánea ni siquiera menciona su nombre. No hay más prueba que esos cuatro evangelios escritos por su propios discípulos; no se les puede considerar una prueba. Este teólogo está dispuesto a abandonar a Jesús para salvar la cristiandad, pero ¿que será de la cristiandad sin Dios, sin Jesús? Están tan desesperados por salvar a la cristiandad que no ven las implicaciones de lo que están haciendo.

Otro teólogo dice que no hubo milagros, que todos los milagros sólo fueron invenciones de los seguidores. Hasta ahora, y durante dos mil años, la cristiandad ha dependido de los milagros. Eran su fundamento para probar que la religión cristiana era superior a cualquier otra, porque Gautama Buda no caminaba sobre el agua, Mahavira no podía revivir a un muerto, Krishna no podía curar a los enfermos con sólo tocarlos y Mahoma no podía sacar vino del agua.

Estos milagros han indicado, durante dos mil años, la superioridad de los cristianos sobre todas las demás religiones; ¿qué tienen los cristianos aparte de los milagros? Pero él está dispuesto a olvidarlos porque ahora los milagros son denigrados constantemente. Nadie está dispuesto a creer en ellos; van en contra del orden de las cosas. Y la naturaleza no cambia sus leyes, sus reglas, por nadie; no considera a nadie como una excepción. Por eso el nuevo teólogo se siente avergonzado. Él mismo sabe que es imposible probar los milagros.

Yo le pregunté al arzobispo de Bombay: «Representas a Jesús, el papa representa a Jesús. Al menos deberíais hacer algún pequeño milagro como prueba de que realmente le representáis, si no, ¿cómo podéis probar que sois sus representantes? Camina sobre el agua, y todo el mundo se volverá cristiano. Y dices que la fe en Jesús puede hacer milagros: ¡entonces pruébalo! Debes tener fe.»

Pero ningún teólogo ni ningún papa están dispuestos a caminar sobre el agua. Ellos saben bien que la naturaleza no cambia sus leyes por cualquiera.

Por eso es un paso atrevido pero muy peligroso. Si te llevas los milagros de Jesús entonces queda un hombre muy pobre, sólo el hijo de un carpintero, no tiene nada comparable a Gautama Buda o a Mahavira o a Zarathustra. Realmente le quitas toda la gloria, que depende de los milagros. Pero, no puedes probar los milagros y como no puedes probarlos, levantas sospechas respecto a Jesús. Es mejor retirarlos, al menos así también se alejan las sospechas. Pero no entiendes las implicaciones: sin milagros, Jesús no significa nada.

Sin milagros, Buda sigue siendo el mismo, porque nunca hizo milagros. La gente no le quería por sus milagros. La gente le quería por su claridad de percepción, por ver la raíz misma de las cosas, porque hacía comprender a la gente cómo transformar su vida. Caminar sobre el agua es simplemente estúpido. Aunque puedas hacerlo, tampoco es un milagro, es simple estupidez, porque tú seguirás siendo el mismo. Al salir del agua no serás un ser humano transformado.

Sólo para darte una idea de cómo Gautama Buda y Jesús se comportarían en una situación similar... Lázaro había muerto. Sus hermanas eran grandes devotas; Lázaro era un gran amigo de Jesús. Le envían un mensaje: «¡Ven, Lázaro ha muerto!». Y mantienen su cuerpo dentro de una cueva. Jesús llega y llama a Lázaro desde fuera de la cueva: «¡Lázaro, sal fuera!».

Lázaro dice: «¿Has venido? ¡Genial, ahora voy!». Y sale. Parece algo dramático, parece que todo estaba planeado. Parece que el hombre no hubiera muerto. Era un amigo, sus hermanas eran devotas de Jesús; es como si simplemente hubiera estado allí sentado, esperando.

No fue un milagro. E incluso si lo fue, incluso si Lázaro volvió a la vida, no se transformó. No volvemos a oír nada más de Lázaro. Un hombre que ha muerto, que atravesando el proceso de la muerte ha ido al más allá y luego ha vuelto, no puede ser el mismo. Lázaro se habría convertido en un gran maestro, pero siguió siendo la misma persona; ningún cambio en absoluto.

En una situación similar, Gautama Buda se comporta de una manera diferente, y pienso que es la única forma de comportarse que tiene un hombre sabio. Una mujer, Krishagautami, sólo tenía un hijo. Su marido había muerto, los demás hijos también habían muerto; había visto la muerte en toda su brutal fealdad. Sólo le quedaba un hijo, y sólo vivía por él; no le quedaba otra cosa por la que vivir. Quería matarse, lo había perdido todo, toda la gente a la que había amado y por la que había vivido. Pero sus vecinos le sugirieron: «Uno de tus hijos está vivo, sin ti morirá. Cuida de él. Comprendemos tu dolor...».

Pero un día ese niño también murió, y Krishagautami se volvió completamente loca. Fue una coincidencia que Buda estuviera en ese momento en la misma ciudad, Shravasti. Alguien sugirió a Krishagautami: «Hay un gran místico en la ciudad. ¿Por qué no le llevas a tu hijo? Él puede hacer cualquier cosa; es un hombre con un tremendo poder. Viendo la situación, y sabiendo lo compasivo que es, es posible que haga algo. Quizá tu hijo pueda volver a la vida.»

Krishagautami fue con el cuerpo muerto de su hijo. Lo puso a los pies de Gautama Buda y dijo: «Lo he perdido todo, todos mis hijos, mi marido. Sólo vivía por este hijo pero ahora también ha muerto. He oído hablar mucho de tu compasión. Ahora es el momento de mostrarla. Haz que mi hijo se vuelva a levantar, resucítalo.»

Buda dijo: «Con una condición: ve a la ciudad... para resucitar a tu hijo necesito unas pocas semillas de mostaza, pero deben provenir de una familia en la que no haya muerto nunca nadie.»

Krishagautami no estaba en un estado mental que le permitiera ver que esto era imposible, que la condición no podía satisfacerse. Fue de casa en casa y la gente le decía: «Podemos darte todas las semillas de mostaza que desees. Podemos llenar nuestros carros de tiro de semillas y llevárselas a Gautama Buda para que reviva a tu hijo. Pero nuestras semillas no van a servir, porque no sólo uno, sino miles han muerto en nuestra familia. La gente ha estado muriendo durante generaciones y generaciones. Estas semillas no cumplirán la condición.»

Ella siguió adelante y obtuvo la misma respuesta en todas partes. Fue al rey de Shravasti y le dijo: «¿No podrías hacer una pequeña cosa por mí? Unas pocas semillas de mostaza y mi hijo puede volver a la vida.»

El rey le dijo: «Puedes tener todas las semillas de mostaza que quieras.»

Pero la mujer añadió: «Hay una condición, y la condición es que no debe haber muerto nadie de tu familia. Y tu familia es real, evidentemente cumples la condición.»

El rey, con lágrimas en los ojos, le dijo: «Real o no real, la muerte no hace distinciones. Mi padre ha muerto, mi hijo ha muerto, y un número incontable de personas deben haber muerto en mi familia antes de que yo naciera. Tienes que perdonarme; puedo daros lo que quieras, pero esa condición no puede satisfacerse.»

Tras estar todo el día dando vueltas por la ciudad, la mujer se dio cuenta de un hecho..., hoy o mañana, la muerte es inevitable.

Después de ver al rey volvió donde Buda, le tocó los pies y dijo: «Por favor, perdóname. Te estaba pidiendo que hicieras algo en contra de la naturaleza, y has sido lo suficientemente sabio como para decirme que no. Al mismo tiempo me has dado la oportunidad de darme cuenta de que lo pedía estaba equivocado. Por favor, iníciame. No tengo nada por lo que vivir, pero me gustaría saber qué es lo que vive y qué es lo que muere.» Buda la inició y ella se convirtió en una de las grandes meditadoras de entre sus seguidores.

Bien, ¿cuál de ellos crees que es un milagro, Lázaro o Krishagautami? ¿Cuál de los dos crees que está haciendo un milagro, Jesús o Gautama Buda?

Gautama Buda no está haciendo un milagro en absoluto, pero, si lo entiendes bien, él es el que está haciendo el milagro porque está haciendo que la mujer cambie de un estado de locura a un estado meditativo. Incluso volviendo a la vida, Lázaro sigue siendo Lázaro y un día volverá a morir, ¿qué sentido tiene?

Pero la cristiandad ha dependido de estos milagros para probar su superioridad sobre otras religiones; de hecho, esas religiones son muy superiores porque no dependen de unas ideas tan estúpidas, tan infantiles. Entonces hay teólogos que están dispuestos a renunciar a los milagros. Pero si se renuncia a los milagros, Jesús se queda desnudo; te has llevado todas sus vestiduras, no le queda nada que dar al mundo.

Un teólogo retira a Dios, otro teólogo hace del mismo Jesús un mito, otro teólogo retira los milagros y el cuarto teólogo retirará la religión misma: quiere una cristiandad sin religión, ¡pero la cristiandad tiene que permanecer! No comprendo: Cuando retiras todos los contenidos, ¿por qué aferrarte a la caja? Actualmente incluso la religión tiene que quedar atrás porque la mitad de la humanidad ya no tiene religión.

Los comunistas no creen en la religión y los comunistas no están sólo en los países comunistas, que suman la mitad de la humanidad; los comunistas también están en otros países. De hecho, las tres cuartas partes de la humanidad ya ha renunciado a la religión. Y los que quedan sólo son religiosos en apariencia. No les molesta mucho la idea de prescindir de la religión. Pero, entonces, ¿qué es lo que queda?

Parece que sólo te estás aferrando a la etiqueta, al nombre de “cristiandad”. Es un esfuerzo desesperado; y además estúpido. ¿Por qué no aceptar que la cristiandad ha muerto? Dios está muerto, los milagros están muertos, la religión está muerta, Jesús ya no nació de la virgen María, ¿qué es lo que queda?

Yo he estado examinando a todos esos eminentes teólogos del mundo cristiano. Se han llevado todo el contenido; solo queda una caja vacía... ¿Pero por qué seguir con ella? ¿Por qué razón? Sólo es un viejo hábito, un viejo apego.

Y además hay otro esfuerzo... porque no puedes llevar una caja vacía durante mucho tiempo; sentirás que estás haciendo algo estúpido. Y los demás, cuando miren a tu caja vacía, ¡sentirán que tu cristiandad es estupenda! falta Jesús, falta Dios, los milagros no están presentes, la virgen María tampoco está allí. Todo lo que era la cristiandad ya no está; ¿entonces por qué estás llevando esa caja vacía? Por eso hay otro esfuerzo paralelo para llenar la caja con algo.

Los teólogos cristianos están estudiando otras religiones para poder tener algo similar. Va a ser una imitación, algo falso, porque no forma parte de su experiencia. Lo llaman «religión comparativa»; en todas las universidades cristianas estudian religión comparativa.

Yo he preguntado a los profesores y a los directores de esos centros: «¿Por qué os preocupáis de otras religiones? Tenéis la cristiana.» Pero el problema es que tienen que llenar la caja con algo, por eso recogen ideas de otras religiones.

Están estudiando psicoanálisis. Ahora cada predicador cristiano tiene que estudiar psicoanálisis obligatoriamente. Pero, ¿qué tiene el psicoanálisis que ver con la religión? La cuestión es que lo que solía hacer la religión era consolar a la gente de sus desgracias. Como ahora ya no tienen esa religión, hay que buscar una forma contemporánea de consolar a la gente. Y el psicoanálisis es un negocio que está en alza en todo el mundo; los profesionales mejor pagados son los psicoanalistas. Por eso los cristianos piensan: «Deben estar haciendo algo por la gente. Aprendamos su arte y usémoslo para salvar a la cristiandad.» Pero no comprenden que Freud estaba en contra de la religión, todo el psicoanálisis está en contra de la religión. No pueden usarlo.

Están estudiando a Carlos Marx porque este hombre ha convertido a tres cuartas partes de la humanidad; debe de tener algo, la idea de la igualdad de los seres humanos. Aunque está en contra de la religión y en contra de Dios, tiene ciertos valores; esos valores pueden ser incorporados.

Están reuniendo todo tipo de cosas en la caja donde solía estar el cristianismo. Es tan ecléctico que no forma un todo orgánico. Si miras dentro de la caja te volverás loco, porque las cosas que están tomando pertenecen a distintos sistemas. Dentro de sus sistemas, esas cosas tienen viveza; fuera de ellos están muertas. Son los ojos de una persona, las manos de otra, las piernas de otra, el corazón de otra...

¿Y piensas que de tu caja saldrá un hombre porque has metido todos los componentes necesarios para hacer un hombre? Manos, cabeza, ojos, corazón. Todo está allí, pero es una tontería. Esos ojos eran capaces de ver dentro de una unidad orgánica, dentro de un cuerpo; ahora no pueden ver. No hay unidad orgánica y no puedes producirla.

LA CRISTIANDAD ESTÁ MUERTA

Sus esfuerzos desesperados por salvarla simplemente confirman que está muerta. Pero hace falta valor para aceptarlo.

Te sorprenderá saber que cuando murió José Stalin, el hecho no fue anunciado al mundo. El alto mando comunista tardó unos días... porque habían creído que aquel hombre era inmortal. Stalin, el hombre de acero, ¡no puede morir! Pero los hombres de acero, cualquiera que sea la idea que tengas de ellos, tienen que seguir la ley natural: murió. Tardaron unos días en informar al mundo. De hecho no podían creerlo, pero finalmente tuvieron que aceptar que Stalin había muerto.

Lo mismo ocurrió con Mao Tse-tung. Su muerte no fue anunciada al mundo de manera inmediata porque se había convertido en un dios.

Yo conozco la enseñanza de Sri Aurobindo, porque él mismo estuvo enseñando durante toda su vida que su tarea particular era proporcionar métodos a la gente para alcanzar la inmortalidad física. Todos los antiguos profesores han enseñado la inmortalidad espiritual; no es mucho problema porque el elemento espiritual en ti ya es inmortal.

Él solía decir: «Yo estoy resolviendo el problema real. El cuerpo físico -que no es inmortal-, yo voy a hacerlo inmortal.» Y un día murió.

Uno de mis amigos estaba allí, en Pondicherry, en su ashram. Y me dijo; «Ocultamos el hecho de que Aurobindo había muerto durante siete días. Nosotros mismos no podíamos creerlo, porque si él mismo no es inmortal, ¿qué pasa con nosotros que nos hemos reunido aquí para conseguir la inmortalidad física? ¡Y el hombre que nos iba a hacer físicamente inmortales ha muerto! Ahora ni siquiera podemos decirle: "Nos has engañado. ¿Qué ha ocurrido?". Declararlo al mundo resulta vergonzoso.»

La primera discípula, “La Madre” del ashram de Sri Aurobindo, finalmente encontró una solución. Ella dijo: «No está muerto, ha entrado en un profundo samadhi, el más profundo en el que nadie haya entrado jamás. Volverá a despertar, simplemente está dormido.»

Le hicieron una tumba de mármol con todo tipo de comodidades, porque sólo estaba dormido y un día iba a volver a despertar; éste fue su último experimento con la inmortalidad física. Después pasaron los años, pero no llamó desde la tumba.

La gente empezó a sospechar, pero la madre tenía más de noventa años, y todavía seguía predicando la inmortalidad física.

Entonces, un día ella también murió. Y fue muy difícil para los creyentes, porque los creyentes habían realizado una inversión; habían invertido en su propia inmortalidad. Si ambos líderes habían muerto, entonces no les quedaba ninguna esperanza. Y todavía no les habían revelado el verdadero secreto; les habían dicho que estaban trabajando en ello.

Sri Aurobindo sólo daba a sus discípulos una audiencia al año. El resto del año trabajaba constantemente, ese era el programa en el ashram de la inmortalidad física. Ahora ambos yacen en sus tumbas, y sigue habiendo idiotas viviendo en el ashram y creyendo que un día despertarán.

Los idiotas también son un milagro; siguen creyendo. Mi amigo, el que estaba allí y sigue estando allí, es un doctor en filosofía, pero aún sigue creyendo. Ha venido alguna vez a visitarme, pero no hay forma de convencerlo. Lo intenté de todas las maneras posibles, pero me dijo: «Patanjali mismo dice en los Yoga Sutras que samadhi y susupti -samadhi y el sueño profundo- son exactamente iguales. Han entrado en un sueño profundo para descubrir el secreto de la inmortalidad física.»

Yo dije: «¿Pero cuánto tiempo les va a tomar? ¡Para entonces ya estaréis todos muertos! Aunque vuelvan... Simplemente ve, abre la tumba y verás que ya no están soñando. Sólo hay esqueletos apestando a muerte, no la fragancia de la inmortalidad.»

Pero el creyente es de tal manera que sigue creyendo. Y cree básicamente por una razón: tiene miedo de que quizá estén muertos y, entonces, ¿qué pasa con él? Eso es lo que le detiene: la idea que estén muertos. ¿Puedes ver a qué me refiero? No puede aceptar que Sri Aurobindo y Madre hayan muerto porque entonces él tendrá que morir; y no quiere morir. Por eso ha ido allí y ha vivido allí durante años, esperando que el secreto se revele. Seguirá esperando y pensando: «Están dormidos y siguen trabajando.»

Esfuerzos desesperados... y sólo ocurren cuando algo se ha ido verdaderamente y ya no lo tienes. Entonces entras en un frenesí para encontrar la forma de seguir creyendo en ello. Por ejemplo, la Biblia cree que Dios creó el mundo cuatro mil cuatro años antes de Jesucristo, es decir, hace sólo seis mil años desde el presente. Hay tantas pruebas que falsean esa creencia que se sabe está completamente equivocada.

En India hemos encontrado ciudades ocultas bajo tierra que tenían siete mil años; y no eran ciudades ordinarias. He estado en Harrapur y en Mohanjodro -ambas están ahora en Pakistán- y son algo que merece la pena ver. Y siete mil años de antigüedad es la idea ortodoxa; hay estudiosos que dicen que deben tener más de quince mil. Pero aunque sólo tuvieran siete mil años, debe haberles precedido un largo pasado, porque ese tipo de ciudad no puede crearse inmediatamente.

Tienen caminos más anchos que Nueva York. Ahora bien, una ciudad de siete mil años que tiene caminos más anchos que Nueva York... significa que deben haber tenido vehículos, tráfico; si no, ¿para qué semejantes caminos?

Tenían unos baños preciosos y un sistema de agua corriente. Incluso si tienen siete mil años, el desarrollo previo debe haber durado miles de años para llegar a aquella tecnología, a aquellas instalaciones de fontanería que permitían poder tener agua en los baños y en las casas. Tenían piscinas...

En China se han encontrado cuerpos congelados en el hielo que tienen noventa mil años. Cuando todos estos datos les llegaron a los teólogos cristianos hubo un gran revuelo: ¿Qué hacer?, porque Dios creó el mundo hace seis mil años.

EL CREYENTE DESESPERADO

Te doy este ejemplo para que veas como funciona un creyente desesperado.

A un teólogo se le ocurrió una idea que llegó a ser aceptada por toda la cristiandad: que Dios había creado el mundo exactamente como lo dice la Biblia, hace seis mil años, con ciudades bajo tierra, con instalaciones de fontanería, con amplios caminos, con cuerpo de hace noventa mil años... ¡Sólo para probar tu fe! «Dios puede hacer cualquier cosa. ¿Si puede crear el mundo, no crees que puede crear algo que a los científicos les parezca que tiene noventa mil años? Pero el mundo fue creado hace seis mil años.»

¡Un esfuerzo desesperado para aferrarse a las supersticiones! Pero llega un momento en que se prueba que todas tus supersticiones son supersticiones. Entonces surge la situación en que empiezas a decir: «Todo son supersticiones; las podemos abandonar y aún salvar la cristiandad.»

No puedes. Esas supersticiones han sido la columna vertebral de la cristiandad. Sin ellas la cristiandad perderá la vida. Y será aún más absurdo creer en una cristiandad vacía de todas sus supersticiones, milagros, Dios; vacía incluso de religión.

Ahora dicen que sólo se trata de ética, no de doctrina. Pero la ética no tiene por qué ser cristiana; no tiene nada que ver con el cristianismo. La ética es una ciencia en sí misma. Yo he sido profesor de ética y nunca he pensado que la ética pudiera ser cristiana. La ética pregunta ¿qué es verdad?; ¿qué es bueno?; ¿qué es malo? No tiene nada que ver con la religión; tiene que ver con tus propias acciones. Y es la misma para todos. Es indiferente estar en Tíbet, en China o en América, la norma ética es la misma. La ética es una ciencia completa en sí misma.

Como ahora no encuentran nada en las doctrinas, están volviendo a la ética, diciendo que lo esencial no es la doctrina; tal vez sea porque se ha demostrado que todas las doctrinas están equivocadas. Hasta ahora era un doctrina; ahora, como todas las doctrinas han demostrado estar equivocadas, o al menos ser cuestionables, y ellos no han sido capaces de sustentar claramente la verdad de las doctrinas...

Éste es el último esfuerzo de una religión que se muere. Abandonas esas doctrinas -son peligrosas, te están matando- y saltas a otra cosa que pueda resucitarte. Pero la ética es un ciencia en sí misma: reflexiona sobre los valores, que no tienen nada que ver con ser hindú, musulmán o cristiano. La ética no va a salvar a la cristiandad; no la va a resucitar.

La cristiandad no tiene ninguna posibilidad; sería bueno que lo aceptaran y abandonaran el cadáver. Es una gran carga y estás perdiendo tu vida llevándola inútilmente. Si vives con una religión muerta acabarás muriendo tú también. Tus iglesias son tumbas. No hay una canción de la vida, no hay un baile de la existencia.

Es mejor salir del viejo hábito. No son más que viejos hábitos. No sé por qué a las vestimentas de los sacerdotes, monjas, y obispos cristianos se les llama hábitos; no lo sé. Pero hay una cosa que sí sé: ¡Sencillamente abandona el hábito!, sea cual sea el significado de esa palabra. Simplemente sé natural y humano.

Ésta no es únicamente una cuestión que atañe a la cristiandad. Me has preguntado por la cristiandad, pero la situación es la misma en las demás religiones.

El hombre ha madurado y ya no necesita las viejas religiones supersticiosas; necesita un planteamiento más científico para explorar su ser. Y eso sólo será posible si se libera de los viejos hábitos. Y están muy sucios, porque la gente ha estado usando los mismos hábitos durante miles de años. ¡Apestan! Sal de esos hábitos lo más rápido que puedas.

LA VERDADERA PREGUNTA

Esta mañana, mientras hablabas de la «pregunta sin respuesta», he observado cómo mis preguntas se disolvían en el silencio que he compartido durante un momento contigo. Pero una pregunta ha sobrevivido, y es: ¿Si no te hacemos preguntas, cómo vamos a jugar contigo?

Esa es una ¡verdadera pregunta!

Sería muy difícil, por eso, tengas preguntas o no, puedes seguir preguntando igualmente. No hace falta que la pregunta sea tuya, pero debe ser de alguien, debe venir de alguna parte, Y mi respuesta puede ayudar a alguien, en alguna parte, en algún momento. Por eso, continuemos con el juego.

Yo no puedo decir nada por mí mismo. A menos que haya una pregunta estoy en silencio. Gracias a la pregunta puedo responder. Por eso no importa si la pregunta es tuya, lo importante es que la pregunta tiene que ser de alguien, tiene que venir de alguna parte.

Y no sólo te estoy contestando a ti. A través de ti estoy contestando a toda la humanidad...; no sólo a la humanidad contemporánea, sino también a la humanidad que vendrá cuando yo no esté aquí para responder.

Por eso, averigua todos los ángulos y preguntas posibles, para que, incluso en el futuro, cuando yo no esté aquí, cualquiera que tenga preguntas pueda encontrar una respuesta en mis palabras.

Para nosotros es un juego. Para alguien puede convertirse en un asunto de vida; o muerte.

INTELIGENCIA VIVA Y ACTIVA

Las preguntas parecen ser hijas de la capacidad de dudar; y la duda, la chispa de una inteligencia viva y activa.

Sin preguntas -y por tanto sin dudas- ¿cómo puede seguir floreciendo la inteligencia? Y sin embargo dentro de Ti están el silencio último y la inteligencia última. Es verdad; al principio. La duda ayuda a tu inteligencia, la agudiza. Cuestionar te hace consciente de muchas posibilidades de las que puedes no haber sido consciente anteriormente. Pero esto sólo es el principio del viaje. Al final, cuando todas las preguntas han desaparecido... y el maestro real nunca te da la respuesta.

Déjame repetirlo: el maestro real nunca da la respuesta, así nunca puedes dudar de ella. Te lleva al punto en el que todas las preguntas desaparecen. Sus respuestas son asesinas, matan tus preguntas, las destruyen sin piedad, para llevarte al punto en el que no haya preguntas en tu consciencia.

El maestro nunca te da una respuesta que puedas poner en duda. La consciencia que no cuestiona es la respuesta. Y es una experiencia, está ahí, no puedes dudar de ella.

Desde este punto de vista, el silencio y la inteligencia son sólo dos aspectos de la misma cosa. Desde este punto, el desconocimiento, la inocencia, y el conocimiento son dos aspectos de lo mismo. Éste es el mundo misterioso que sólo esta a tu disposición si puedes atravesar la jungla de preguntas y dudas, y alcanzar el claro donde no hay preguntas ni dudas, ni tampoco respuestas.

Simplemente eres, en completo silencio, con una inmensa claridad, tremendamente afilado.

Por eso estoy en contra de las creencias, porque nunca te permitirán alcanzar tal estado. Te detendrán al principio mismo del viaje. No te ayudarán a ser más inteligente; te harán menos inteligente. Te harán más fanático, supersticioso, pero no te permitirán alcanzar la claridad que puede ser considerada el objetivo mismo de lo que sucede entre maestro y discípulo: el momento de silencio total, el momento en el que todo es claro como el cristal.

Pero tiene que ser ganado. La creencia es barata. Esto es algo completamente diferente, lo que yo denomino confianza en la existencia. Confianza, creencia y fe son sinónimos en los diccionarios, pero no en la realidad.

La creencia es el opuesto de la confianza. Crees porque tienes dudas; la creencia es un antídoto de la duda, es la necesidad de encubrir la duda. La confianza se da cuando no tienes dudas, por eso la confianza no es una creencia. La creencia siempre supone creer en algo: en alguna doctrina, en algún principio, en alguna filosofía.

Confianza es confiar en la totalidad del cosmos. No tiene nada que ver con libros -Sagradas Biblias, Gitas, Coranes-, no. Sólo hay una escritura que se extiende a tu alrededor por todas partes: en los árboles, en los ríos, en el mar, en las estrellas. Y no tienes que leerla; sólo tienes que estar en silencio y comienza a derramar sobre ti toda su sabiduría, que es eterna.

Yo estoy en contra de las creencias porque quiero que llegues al punto de la confianza.

FRASES DEL AUTOR OSHO

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