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LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL
| ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES | DIOS TODO Y ETERNO | AMOR - VERDAD - LIBERTAD - VIDA | 1997 - 2018 |
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EN EL NOMBRE DEL POBRE

PATROCINIO NAVARRO

PROLOGO PATROCINIO NAVARRO

I

En el nombre del pobre que muere en este instante

Que contengo el aliento que él exhala,
Escribo este poema a tu conciencia,
Con mi alma en pie de amor y no de guerra,
Y te hago juez, hermano, de esta causa.
Hablemos por ejemplo del suburbio
Que emergió por tierras y por mares
Como una avalancha ciega.
El suburbio es un grito que se tapa
Bajo la piel del mundo, pero rueda
Silencioso y voraz como carcoma
Y al final irrumpe en los salones,
Atraviesa las pantallas y salpica el mundo
De mugre casi fósil y sangre renovada,
A la par el dolor y la sonrisa
El escarnio a la par de la esperanza,
Y deja al descubierto el grito de unos niños
Que parecen nacer sin padres, sin padrinos
Y sin nada.
Se muestra sin piedad al suburbio
Fluyendo en las pantallas y mostrando
La fuga universal de gentes desterradas
Por el sol sin lluvia o la inclemencia
Que no saben del fisco ni sus leyes,
Que nunca fueron censadas,
Ni saben que la vida sin papeles
Del desprecio es pariente, y muy cercana
Al abuso, al desahucio o la redada;
Pero saben que la muerte
Espera paciente su regreso
Al lugar de partida de la nada.

II

Para ser del suburbio es necesario

Carecer de apellido u otro fundamento
Que ser hijo de Dios y la indigencia.
Tal vez fue niña soldado
(O por lo mismo, minera)
Desnuda por el frío de unas manos
Hechas a la muerte y a la tierra,
Que nunca pisó escuela
Y aprendió con sangre propia
La mala letra de vivir, es un decir,
Con algún tipo con alma de madera.
(O con suerte, es un decir, casada
Mal y de mala manera).

III

Para vivir en suburbio es necesario

Ser dueño de la propia sombra
En una esquina libre de sospecha;
Y no entrar en la noche
Como quien entra en la nada,
Esperando en cualquier puerta
Una muerte programada
Con su propia recompensa
Para el matador que mata.

IV

Escucha atentamente, hermano:

Tu juez es tu conciencia,
Pues el suburbio alcanza hasta las cejas
Si lo miras de frente y por derecho
Sin apartar la mirada y sin engaño,
Ni bajar resignado la cabeza.
Este grito que rueda te ha tocado:
Corta con su cuchillo las mareas,
Cabalga, jinete loco, las pateras
Riéndose a pulmón abierto del destino,
Pero llega mansamente al arrecife
Transformado en gigante malherido.
Tendido en la arena parece tan liviano,
Tan sutil, tan vivo o muerto, y se sabe
Nunca tuvo abogados ni supo defenderse;
Y sin embargo,
Cuando ves sus ojos mirándote de frente,
Sus ojos redondos de lunas y de hambres,
Sus ojos con preguntas que no responde nadie,
Casi puedes tocarlo, y te traspasa;
Sacude tus cimientos y levanta
Una corriente de dolor inexplicable,
Un clamor que atraviesa los milenios,
Un viento de verdad que no precisa verbos.
Su fuerza en tu corazón se esparce:
Una conciencia que te observa y examina
A no ser que estés muerto en carne viva
Y tu alma de antemano en el desguace.

V

Suplica el suburbio sin testigos

Mientras reza, parece, un rezo extraño;
Pinta sus labios de sangre y aún sonríe
Hipotérmico y exhausto, humildemente,
Y escribe en la arena torpemente
Antes de morir,- como sucede al cabo-
Un signo extraño que será su herencia
Dejado a merced de la próxima ola;
Tal vez era un anuncio que no se detiene
Hasta hallar en cada uno la respuesta.
Y no hay modo de hacerse el distraído,
No se puede eludir a la conciencia,
-Pues la toca-
Ni esperar otro milagro
Que el del amor que espera ser hallado,
Pues se acerca cabalgando
Toda el hambre de la Tierra.

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