LA ESPERANZA
Cuando no encuentro salida, tambi茅n hago algo.
Un desconocido me escribi贸 hace a帽os: Cuando no encuentro salida, tambi茅n hago algo. Este es un buen consejo para quien est茅 paralizado por la desesperaci贸n. Tenga fe en la esperanza. No se convenza de que los pesimistas tienen el monopolio de la verdad. Ellos prefieren vivir en la neblina del escepticismo antes que correr el riesgo de llevarse una desilusi贸n. Es el adulto que llevamos dentro, no el ni帽o, el que cuando cae en tierra se vuelve a levantar una vez tras otra y dice contra todo pron贸stico: Ma帽ana me ir谩 mejor. La esperanza no es falsa; es la verdad misma. En conclusi贸n, invoque la esperanza. Es tan necesaria como el sol en primavera. Es una meta en s铆, un ejercicio de valor, un estado de 谩nimo, una opci贸n de vida, una disposici贸n del coraz贸n.
MI VERDADERO TIEMPO
Cur茅 mis enfermedades con solo vivir mi verdadero tiempo, estoy sano desde que me dedico a lo que me interesa, haciendo lo que amo, que es lo que soy. Me salvo de la r铆gida sucesi贸n del pasado, presente y futuro viviendo intensamente el presente sin la melancol铆a del pasado ni la locura del futuro que nos inhabilitan para la vida que es ahora mismo, como esta manzana y esa flor.
La propia naturaleza de la que soy parte propone los cambios en mi tiempo, por eso no me distraigo de ella con el reloj que solo marca generalidades, el tiempo social, no el esencial. Por esta dependencia el hombre perdi贸 la percepci贸n de los ciclos que suceden en su interior, por eso no come cuando tiene hambre, dice que s铆 cuando quiere decir no, no se acuesta cuando esta cansado, hasta hace el amor por compromiso (el hombre primitivo se salvaba de esa carga suicida).
Se puede recuperar ese tiempo carente de duraci贸n estando en lo que realmente queremos estar (si hacemos esto no necesitamos la agenda donde anotamos lo que no nos interesa porque de lo contrario no lo olvidar铆amos). Esto lo consigue el m铆stico, el hombre religioso, es decir universal. No el dogm谩tico.
Es un maravilloso estado de conciencia a cargo de la 茅poca mental hist贸rica, prisi贸n donde se ahogan tantos ciudadanos (el ciudadano depende del Estado, pero el hombre de Dios, es decir del Amor, que es decir la Vida). Si no le presto atenci贸n el tiempo no existe, solo aparece por la cultura de la obligaci贸n. Si me dejo transcurrir en el fluir del tiempo presente, siento la quietud activa, creadora, de la que hablan los m铆sticos, ese 茅xtasis de la paz que es la poes铆a, el mejor espejo de la realidad que la mayor铆a desconoce.