Silencio interior

Ilustración del cuento: Silencio interior

Dios es lo que es. Se calla la mente y lo percibes en el silencio. En resumidas palabras, que tu mente no sea tu mente, que tu mente sea la mente de Dios.

Cuento zen sobre el silencio

Una noche, mientras se hallaba en meditación y silencio, el hermano Bruno se vio interrumpido por el croar de una rana. Pero, al ver que todos sus esfuerzos por ignorar aquel sonido resultaban inútiles, se asomó a la ventana y gritó: ¡Silencio! ¡Quiero silencio!

Y como el hermano Bruno era un santo, su orden fue obedecida de inmediato: todo ser viviente acalló su voz para crear un silencio que pudiera favorecer su meditación.

Pero otro sonido vino entonces a perturbar a Bruno: una voz interior que decía: Quizás a Dios le agrade tanto el croar de esa rana como el mismo silencio... ¿Qué puede haber en el croar de una rana que resulte agradable a los oídos de Dios?, fue la displicente respuesta de Bruno. Pero la voz siguió hablando: ¿Por qué crees tú que inventó Dios el sonido?

Bruno decidió averiguar el porque. Se asomó de nuevo a la ventana y ordenó: ¡Canta! Y el rítmico croar de la rana volvió a llenar el aire, con el acompañamiento de todas las ranas del lugar. Y cuando Bruno prestó atención al sonido, éste dejó de crisparle, porque descubrió que, si dejaba de resistirse a él, el croar de las ranas servía, de hecho, para enriquecer el silencio de la noche.

Y una vez descubierto esto, el corazón de Bruno se sintió en armonía con el universo, y por primera vez en su vida comprendió lo que significa meditar.

MORALEJA

Dios es... lo que es. Se calla la mente y lo percibes en el Silencio. En resumidas palabras... que tu mente no sea tu mente, que tu mente sea la mente de Dios.

Cuando te aproximas a Dios, él está en silencio debido a su inteligencia, está en silencio debido a su consciencia, está en silencio no porque se haya obligado a sí mismo a guardar silencio, sino que simplemente está en silencio porque ha comprendido la inutilidad de estar alterado. Está en silencio porque ha comprendido que no hay porque estar ni preocupado ni tenso. Su silencio nace de la comprensión. Rebosa comprensión. Cuando te aproximas a Dios percibes una fragancia absolutamente distinta: la fragancia de la consciencia.

Y no solamente descubrirás una frescura, una brisa que le envuelve, sino que sentirás que tú también te has vitalizado, te has inflamado. Con solo acercarte, tu propio ser se inflama, una luz empieza a arder en tu interior. Cuando te acercas a él, por pura proximidad, por simple afinidad, repentinamente notas que has dejado de estar deprimido. Su presencia tira de ti para sacarte del fango en el cual permanecías confortablemente. Su presencia misma es elevadora. Sentirás amor, vida, compasión, belleza, realidad.

Cuando llega el momento del silencio, cuando tu trabajo se ha completado y tu espera también se ha completado, entonces la gracia desciende. O bien, puedes decir que la gracia asciende. Ambas cosas quieren decir lo mismo porque ella proviene de lo más profundo de tu ser. Parece que fuera un descenso porque hasta ahora no has conocido lo más recóndito de tu ser. Parece como sí desde algún lugar más elevado que tú descendiera, pero realmente proviene de alguna parte en tu interior. El silencio interior está también más allá.


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