Los chiles picantes

Ilustración del cuento: Los chiles picantes

Los apegos son así de absurdos. A todo se puede renunciar, excepto a tu consciencia más interna. En lo profundo vive permaneciendo en constante renuncia.

Cuento zen sobre el ego

Nasrudín visita la India

El célebre y contradictorio personaje sufí Mulla Nasrudín visitó la India.

Llegó a Calcuta y comenzó a pasear por una de sus abigarradas calles. De repente vio a un hombre que estaba en cuclillas vendiendo lo que Nasrudín creyó que eran dulces, aunque en realidad se trataba de chiles picantes.

Nasrudín era muy goloso y compró una gran cantidad de los supuestos dulces, dispuesto a darse un gran atracón.

Estaba muy contento, se sentó en un parque y comenzó a comer chiles a dos carrillos.

Nada más morder el primero de los chiles sintió fuego en el paladar. Eran tan picantes aquellos dulces que se le puso roja la punta de la nariz y comenzó a soltar lágrimas hasta los pies.

No obstante, Nasrudín continuaba llevándose sin parar los chiles a la boca.

Estornudaba, lloraba, hacía muecas de malestar, pero seguía devorando los chiles.

Asombrado, un paseante se aproximó a él y le dijo: Amigo, ¿no sabe que los chiles solo se comen en pequeñas cantidades?

Casi sin poder hablar, Nasrudín comento: Buen hombre, créeme, yo pensaba que estaba comprando dulces.

Pero Nasrudín seguía comiendo chiles. El paseante dijo: Bueno, está bien, pero ahora ya sabes que no son dulces. ¿Por qué sigues comiéndolos?

Entre toses y sollozos, Nasrudín dijo: Ya que he invertido en ellos mi dinero, no los voy a tirar.

MORALEJA

El Maestro dice: No seas como Nasrudín. Toma lo mejor para tu Revolución interior y arroja lo innecesario o pernicioso, aunque hayas invertido años en ello. Nadie que pone su mano en el arado y luego mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios. Uno tiene que renunciar a todo lo que es fútil para obtener lo que tiene asignado.

La mente es muy inteligente. Si dices, abandona el dinero, la mente dice, de acuerdo. ¿Puedo aferrarme a la meditación? Si le dices a la mente, renuncia al mundo, la mente te dirá, de acuerdo. ¿Puedo tener experiencias espirituales? Si dices, renuncia al mundo, la mente te dirá, puedo renunciar al mundo, pero me aferraré a la idea de Dios.

Pero todos tus apegos son así de absurdos. A todo se puede renunciar, excepto a tu consciencia más interna. No se trata de decir: renuncia a ello. Pero en lo profundo uno debería vivir en renuncia: uno debiera estar en el mundo, pero permaneciendo en constante renuncia.

Puedes vivir con la familia, sin ser parte de ella; puedes vivir en la sociedad y, aun así, fuera de ella. Se trata de una actitud interna. No se trata de mudarte de lugar: se trata de cambiar la mente.

Las cosas a las cuales estás demasiado apegado no son malas en sí, recuerda. Padre, madre, familia, esposa, hijos, dinero, casa: no son malas en sí mismas. El apego no es malo debido a que estas cosas sean malas, o que estas personas o estas relaciones lo sean: el apego es en realidad lo malo.


CUENTOS RELACIONADOS


ego
Cuento Zen: El amor transforma

El amor transforma

Todos cambiamos en presencia del amor aun si el amor es duro. No olvidemos que el amor es clarividente y comprensivo. Siempre está de parte del otro.


Cuento Zen: Los siete tarros de oro

Los siete tarros de oro

Sin el apego hay felicidad. Utiliza lo que tengas, no seas posesivo. No reclames que es tuyo. No hay nada que sea tuyo; todo pertenece a la existencia.


Cuento Zen: Las puertas del cielo y del infierno

Las puertas del cielo y del infierno

La vida en sí es una celebración, un cielo, millones de felicidades en todo el universo, pero si eres egoísta, sufrirás, estarás en un constante infierno.


cuentos
Cuento Zen: El deseo de vida y muerte

El deseo de vida y muerte

El deseo de vivir y de morir van unidos, se unifican. Porque si la vida requiere deseo, la muerte también necesita del deseo. No decimos que Cristo murió.


Cuento Zen: La calma

La calma

En la superficie, hay caos y agitación. Practica la meditación, el silencio y la respiración, te llevarán a tu interior donde todo se encuentra en calma.


Cuento Zen: Dios y el Robot

Dios y el Robot

El verdadero buscador sabe que, si te disciplinas sin consciencia, te volverás un hipócrita. Si te disciplinas sin conciencia, te volverás un robot.