LA FUERZA DE LA PAZ INTERIOR Y LA GRATITUD

OMRAAM MIKHAEL

HUMANOS UNIDOS POR LA PAZ

La paz en el mundo son el resultado de las fuerzas que interactúan.

Cuando hablamos de la paz del alma y del espíritu, debemos ir mucho más alto: todos los distintos elementos que contribuyen a hacer ese otra totalidad, nuestro organismo psíquico, también deben vibrar al unísono, desinteresadamente, imparcialmente y sin fricción, tal como los órganos del cuerpo físico.

La paz, por lo tanto, es un estado más elevado de conciencia y, dado que nuestro estado de conciencia depende en gran manera de la salud de nuestro cuerpo físico, el menor problema en el plano físico encuentra un eco en el plano psíquico; los organismos físico y psíquico deben estar en armonía entre sí, antes que hallemos la paz interior verdadera.

Por lo tanto, no podemos hacer suficiente énfasis en la importancia de crear puntos focales de paz y luz para neutralizar las corrientes oscuras, caóticas, que circulan en el espacio. Es hora de que los seres humanos sepan cómo trabajan las fuerzas cósmicas. La física nos muestra cómo calcular el resultado de dos fuerzas interactivas, y esta ley es verdadera no sólo en el plano físico, sino también en el psíquico.

Si unos pocos miles de personas trabajan sinceramente por el bien de la humanidad en un lado, y por el otro, miles de millones están preocupados sólo de sus propios asuntos, son egoístas, celosas, vengativas, ¿cómo esperan que el bien y la paz triunfen? Tal como en la física, los eventos en el mundo son sencillamente el resultado de todas las fuerzas interiores que interactúan al unísono.

Ustedes pueden decir: “¡Pero hay más que unos pocos miles deseando el triunfo del bien!”. Sí, ¡pero tan débilmente, con tan poco corazón! Lo que realmente quieren es levantarse una mañana, y encontrar paz interior, abundancia y felicidad a sus pies, sin tener que hacer nada para que ello ocurra. Los seres humanos desean la paz, eso es cierto – al menos una mayoría lo hace – pero cuándo entenderán que a través de su propia codicia, egoísmo, estrechez de mente e inercia, sólo pueden traer guerra.

Así es como la Inteligencia Cósmica ha ordenado las cosas, pero los seres humanos constantemente trabajan en lo opuesto: toman todo para sí mismos y no dejan nada para sus vecinos. Bueno, esto puede durar por un corto tiempo, pero ninguna sociedad ha sobrevivido nunca demasiado tiempo basándose en el egoísmo, la injusticia y la crueldad.

LA PAZ INTERIOR

Muchas personas pasan su tiempo acusando a otras de fomentar la guerra. Piensan que de esta manera están contribuyendo a la paz mundial. Algunos culpan a los ricos, otros dicen que la culpa la tienen los banqueros o los políticos. Los creyentes acusan a quienes no comparten su fe o fanatismo particular. Miren alrededor y verán que todos piensan que si se pudieran deshacer de algo o alguien más, la paz reinaría en el mundo.

Y aquí es precisamente donde todos se equivocan. Incluso si la humanidad se las arreglara para deshacerse de todos sus ejércitos y todas sus armas, el mismo día siguiente la gente encontraría otros medios para exterminarse los unos a los otros. La paz interior es algo que existe en nuestro espíritu; es un estado interior, una actitud interior, y no puede establecerse en el mundo sencillamente deshaciéndose de manifestaciones externas. Primero y ante todo, debemos deshacernos de las causas de la guerra en nuestro interior.

La paz interior no es una condición que pueda ser alcanzada por medios externos, mecánicos. Si buscan la paz y, al mismo tiempo, siguen viviendo en un clima interno oscuro, turbulento, nunca la encontrarán. La paz es un resultado, una consecuencia de algo más; indica un estado de equilibrio y armonía perfectos entre todas las funciones y actividades internas y externas del ser humano.

LA FUERZA DE LA GRATITUD

Historia del pastor agradecido con Dios.

Un obispo quiso un día pasearse en barca en un gran lago de montaña. Al otro lado del lago, descubrió, a la orilla del agua, a un pastor que apacentaba su ganado, con un rostro iluminado por la gratitud, la paz y la alegría. El obispo le llama, le pregunta si cree en Dios y cómo reza.

El pastor, muy contento por este honor, responde muy humildemente: «Es muy sencillo, para dar gracias a Dios, coloco mi bastón sobre la hierba y salto por encima de un lado a otro». El obispo indignado, exclama: «¡ Pero esto es insensato! No se reza así. Te voy a enseñar cómo hay que hacerlo.» Y le explica extensamente al pastor cómo debe arrodillarse y qué frases debe pronunciar para expresar su gratitud al Señor.

El pastor escuchaba con mucha humildad y se sentía muy contento de aprender a rezar mejor. El obispo se marcha y sube de nuevo a la barca que se aleja de la orilla. Estaba ya lejos cuando vio correr hacia él al pastor gritando: «Padre mío, vuélvame a decir las palabras de la oración, que las he olvidado.» Viéndole caminar sobre el agua, el obispo, asustado, respondió: «Hijo mío, reza como quieras, pues sabes de eso más que yo».

MORALEJA DE LA HISTORIA

En la vida sucede que nos encontramos con personas simples que no tienen ningún saber filosófico o científico, pero que viven verdaderamente en completa paz y gratitud. Entiéndanme bien, no tengo nada contra los sabios, yo mismo procuro saber el máximo posible de cosas; pero quiero hacerles comprender que, a menudo, olvidamos lo que es más importante en la vida: es la gratitud hacia el Señor.

«La paz interior se logra cuando cada una de tus células se inunda con pensamientos de amor».

Omraam Mikhael

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Medellín - Colombia

2020