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¿QUE ES VERDAD?

PATROCINIO NAVARRO

11/06/2017

¿Que es verdad? - Patrocinio Navarro - Verdad - Conocimientos (GAA # 2469)

CATEGORÍA N° 2469
VERDAD - CONOCIMIENTOS

LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD

La búsqueda de la Verdad es consustancial al desarrollo de la conciencia. Por ello, aunque la Verdad absoluta es única, retazos de verdad alcanzan a cada buscador según su propia conciencia, y el éxito final dependerá de aprender a leer la vida con el corazón. Pero vivimos en un tipo de civilización que ha hecho del corazón un elemento sospechoso y ha deificado la razón, creyendo que esta herramienta es más de fiar. Pero ¿es así? Si lo fuera viviríamos en un mundo racional y no en un mundo como el que tenemos, tan alejado de la razón y con tantos problemas por esa causa como por andar alejados tantos miles de millones de las razones del corazón, como es el caso de los intelectuales.

¿QUÉ ES VERDAD?

EL PAPEL DE LOS INTELECTUALES

En estos días de profundos cambios, donde tan desconcertado anda el personal sobre cómo interpretar lo que ocurre en nuestro mundo y sobre qué hacer, resulta llamativo el silencio de tantos a los que se considera intelectuales interesados por la humanidad y se preocupan el mundo social, la política, etc. Otros insisten en sus críticas, pero callan las soluciones posibles porque las desconocen tanto como las causas profundas de los hechos que critican. Sin embargo, sí habla una profeta en Alemania profundizando en lo que ocurre con nuestro mundo y sus causas, así como apunta las soluciones si queremos que hayan cambios. Se trata de Gabriele de Würzburg.

Para quien anda anclado en la concepción social de la vida, esto de la profecía resultará tan difícil de aceptar como la existencia de su propia alma. De modo que existen dos posturas esenciales con respecto a la búsqueda de la verdad: la de los intelectuales, y la de los profetas, místicos o sabios.

Aunque por el momento se incide más en los intelectuales pensando en aquellos que usan su intelecto para comunicar sus ideas públicamente, el término "intelectual" tiene un sentido más amplio y próximo a la vez, y se refiere a las personas que creen que su intelecto es el instrumento superior de acceso al conocimiento, e incluso a la sabiduría; y la razón discursiva y la Ciencia, el modo de acceder al conocimiento que se busca.

Como es natural, la vía elegida lleva a la meta que se pretende, o sea, al conocimiento intelectual, el cual se pretende objetivo, real, imparcial, y a ser posible científicamente comprobable. Y este es el nivel más alto a que puede aspirar a cierta parte de la verdad el que trabaja con el intelecto y desprecia otras vías de acceso al conocimiento directo, como por ejemplo, a través de la meditación, la intuición o la revelación, que pueden darnos respuestas fiables sobre las grandes preguntas que viene haciéndose el género humano acerca de su identidad, su origen y su destino como seres espirituales que somos. Alcanzar este conocimiento trascendente y vivir según él es el mayor tesoro a que se puede aspirar en este mundo, pero no es este el conocimiento que buscan los intelectuales, que sitúan este mundo como lugar donde encontrar respuestas descartando la existencia de otros mundos sutiles o del "Más Allá". A ellos les interesa el "más acá", incluso aunque sean obispos, cardenales o Papas, intelectuales de pro todos ellos en su variante de teólogos descreídos.

"Comprende: el entendimiento del hombre no es el corazón del alma. Quien habla desde el entendimiento, habla desde los programas humanos, porque no está en casa en lo más interno, en el SER, que sabe acerca de todas las cosas, que lo ve todo, que lo oye todo, que se habla a sí mismo.

Las palabras habladas desde el intelecto, llegan a su vez tan solo al intelecto. No contienen fuerza alguna; por eso están limitadas y centradas en la materia, en la que también son activas"….La superficie es el intelecto, que a su vez reacciona superficialmente. De forma que el intelecto es solamente la superficie del lago, no el fondo. En la superficie hay solo reflejo, y no la verdad. Las grandes enseñanzas cósmicas de Jesús de Nazaret.

La Ciencia materialista basada en principios intelectuales racionalistas, todavía hoy es valorada mayoritariamente como fuente principal de validez de los conocimientos. Así se produce una especie de circuito cerrado intelecto-Ciencia-intelecto con el que sin embargo se pretende no solo conocer el universo tal como es, sino cómo y por qué causa se inició. Esto, a pesar de que su principal criterio de verdad- el conocimiento científico empírico –es relativo y mudable conforme van surgiendo nuevos descubrimientos.

Creen los intelectuales, como afirmaba Aristóteles, que nada puede llegar al intelecto sin haber penetrado por las ventanas de los sentidos. Así dicen "solo creo en lo que veo", y los más escépticos aún aconsejan: "de lo que veas, la mitad te creas". No está mal como prevención, ni tampoco como verdad a medias, pero no nos puede servir la vía de los sentidos como guía del conocimiento para llegar al fondo de las cosas. Y en el fondo de las cosas es donde precisamente se halla la clave de la existencia toda, incluida la de los propios sentidos como ventanas del alma para asomarse al mundo exterior.

Los sentidos humanos son limitados si se comparan con un animal como un felino, un perro o un caballo, pongamos por caso. Y por su parte, la Ciencia se ocupa de investigar unos campos eludiendo cuidadosamente otros, y guiada no por la búsqueda de la verdad, sino por la posible rentabilidad de sus averiguaciones. Es más: la mayoría de los científicos son cómplices o asalariados del Sistema y dejan a un lado o critican por mandato los descubrimientos de otros científicos independientes que supongan un problema para el patrono. Pensemos, por ejemplo, en Tesla. De haber existido una Ciencia independiente, hoy tendríamos energía gratis para iluminarnos, para comunicarnos, para conducir motores y otras aplicaciones. Y es bien sabido que la experiencia de Tesla es similar a la de otros investigadores, como por ejemplo, el doctor Hamer y su sistema de curación del cáncer. Y podríamos poner más ejemplos. Si añadimos a todas estas limitaciones del Poder político y económico el hecho de que los propios instrumentos científicos son igualmente limitados en su capacidad de penetrar el mundo material, y aún más los mundos sutiles, nos hallamos ante un serio techo en la búsqueda de datos fiables que nos permitan llegar al fondo de las cosas. Pues ¿cómo llegar al fondo de las cosas de este modo, si cuando se conoce algo verdaderamente importante se criminaliza al descubridor? Es más: ¿Cómo llegar al fondo de las cosas con gafas de ciego?

LAS LIMITACIONES TECNOLÓGICAS

Las anteriores limitaciones para acceder a la realidad, convencen a algunos racionalistas, pero pueden decir: sí, estoy de acuerdo, pero existen hoy medios tecnológicos que nos pueden mostrar científicamente el fondo de las cosas. Por ejemplo, lo que esconde la materia en su interior y lo que eso puede significar para conocer el universo. Entonces llegó el momento de acordarnos de Heinsenberg.

Heinsenberg demostró científicamente que a una escala inferior al átomo, el observador y el instrumento con que observa modifican aquello que se quiere observar. Este es el famoso Principio de Incertidumbre, que viene a añadir nuevos límites a la capacidad de la Ciencia para ver la realidad. Sin embargo, muchos científicos aspiran a conocer el universo, fijar sus límites, descubrir su origen y hasta descartan un posible Creador.

Y si volvemos la mirada de nuevo hacia los intelectuales que usan un instrumento de medida en niveles inferiores al átomo, vemos que al techo de la Ciencia y de sus instrumentos,- y al de los sentidos del observador -aún habría que añadir al menos el de su ideología, sus conocimientos, sus experiencias, y su ego o yo inferior que influirá en su visión de las cosas desde sus propios programas mentales. Todo ello limita grandemente la objetividad del intelectual que investiga y hace discutible su valor como portavoz de la verdad, pues ni él mismo la conoce. Si acaso conoce su propia verdad si es capaz de penetrar en su subconsciente y averiguar qué esconde. Pero el subconsciente no suele interesar al intelectual porque no es "científicamente correcto" y además puede mostrar lo feo de uno que no se quiere ver ni mucho menos eliminar. A nadie le gusta contar en sus libros de investigación las miserias de su alma.

El puente existente entre los científicos racionalistas y los intelectuales en general de su misma cuerda está construido, pues, con demasiadas limitaciones como para ser tomado en serio lo que dicen, más allá de lo que pueden abarcar con tan pobres medios. Pienso, por ejemplo, en sus opiniones sobre cuestiones espirituales, el alma, Dios, el Más allá y semejantes, pues dadas sus limitaciones teóricas y técnicas las opiniones sobre todo aquello que está fuera de su alcance no son más que eso, opiniones, especulaciones, juegos mentales al fin, que no tendrían mayor importancia si tantos de ellos no fuesen convertidos en oráculos por el sistema materialista de los mercachifles al que sirven y del que se sirven.

A través desu industria cultural, desus medios de comunicación, y desus escuelas y universidades, el Sistema presenta a personajes que encumbra como cimas de la verdad, les premia y ensalza, les construye monumentos y coloca su nombre en plazas públicas. En una palabra: los endiosa para que sirvan de ejemplo. Pero son dioses con pies de barro literalmente hablando. ¿Para qué sirven entonces?- cabría preguntarse. Como guías, no, desde luego. Y menos como profetas,, pero pretenden ser lo primero y desprecian a los verdaderos guías y a los verdaderos profetas porque afirman que son subjetivos, o sus fuentes no son fiables. Observen cómo proyectan sus propias miserias.

¿A DÓNDE NOS CONDUCEN?

Conocimiento no es sabiduría, sino ilustración. Y la ilustración no calma los anhelos del ser humano. Religión no es espiritualidad, sino ilustración, y tampoco calma las necesidades espirituales del ser humano.

Las comodidades y placeres de lasociedad del consumismo, han alejado a muchos de las inquietudes más relacionadas con su mundo interior, para centrarse en el exterior, en el mundo de los sentidos y en sus goces, a lo que ha contribuido en gran medida la existencia de religiones controladas por intelectuales – no solo la católica, sino las protestantes y ortodoxas, como las orientales- con sus jerarquías disfrazadas de sabios corderos siendo lobos cuyo juego sucio ha terminado por descubrirse, pues religión,- y más si es jerarquizada,- no tiene nada que ver con espiritualidad. Por ello muchos huyen de las Iglesias y grupos de falsa espiritualidad y rechazan todo lo que tenga alguna relación con sus prédicas religiosas que por desgracia ahora confunden con espiritualidad y reniegan de ambas, buscando respuestas en otros intelectuales "laicos", que les parecen sabios cuando no profetas. Se hacen ateos de un Dios del que están mal informados, y desde esta su creencia predican contra Él y las religiones aferrados al mundo de la materia.

En nuestro mundo, los intelectuales son considerados como pertenecientes a una escala superior de la inteligencia, personas tenidas por sabias y especialmente dotadas para expresar verdades de cuya validez se pretende hacer testigos a la sociedad que se acerca a sus obras. Por ellos, muchas personas cambian de opinión sobre la vida, les imitan en sus modos de pensar, y defienden como propias las ideas de las que han sido convencidos. Su importancia social llega a ser notable.

No sucede lo mismo con los sabios, los místicos, o los profetas. Una persona de cultura media hacia arriba puede saber a qué época pertenecían o cual era someramente el modo de pensar de Marx, Bakunin, Freud, Sartre, Camus, Unamuno, o Chomsky p.ej., pero tendría más dificultades para determinar si Buda, Gandhi, Krishnamurti, Isaías, Orígenes o la alemana Gabriele, por ejemplo, son místicos, sabios o profetas y qué dicen. De todos ellos hay obras o referencias escritas, y sin embargo, ninguno de estos es un intelectual en el sentido que les conocemos: no son personas conocidas por sus trabajos desde el intelecto, sino por su sabiduría. Vienen a este mundo a clarificar conciencias, no a vender libros ni a ser famosos y medrar o siquiera a intentar que las gentes piensen como ellos, sino a mostrar el camino de regreso a nuestro verdadero ser, que no es intelectual, sino espiritual, que no radica en las neuronas sino en el alma como forma de energía autoconsciente e imperecedera dentro de un Universo de energía que es el Cosmos. Por tanto nos muestran caminos de integración del alma en una gran Totalidad.

Para esta humanidad, que ha perdido el sentido de lo sagrado en su mayor parte, los intelectuales, al igual que los científicos, son los más dignos de interés y credibilidad. Por el contrario, sabios, místicos y profetas aparecen frecuentemente como sospechosos de sectarios o "iluminados" en sentido peyorativo.

Excepto para minorías, el interés por la sabiduría, la mística, y no hablemos de la profecía, está fuera de su campo de preocupaciones y, por tanto de su vida. Puede decirse que la humanidad actual ha ido perdiendo su interés por los asuntos de su alma y se dedica más y más a su cuerpo y a su intelecto. De ahí sus reverencias hacia los intelectuales, aunque no sean sabios, y ni siquiera modelos éticos como humanos, sino "opinadores" desde la subjetividad. El caso es que nadie ha conseguido hallar solución a sus problemas existenciales leyendo a los filósofos, siempre en continua disputa entre ellos.

Prevalece en nuestras sociedades una mezcla de agnosticismo, escepticismo, ateísmo, indiferencia, hedonismo, egolatría y otras flores del variado jardín del omnipresente "yo, mi me conmigo", producto de la desintegración espiritual del mundo contemporáneo. Y este es el alimento más frecuente del intelectual que busca el reconocimiento del público, la venta de sus obras o los premios, según los casos.

El papel de pensadores y científicos racionalistas ha sido decisivo durante muchos años, porque unos y otros han venido a decirnos que la vida material es la única existente, contribuyendo con sus diseños de un mundo sin Dios y sus especulaciones teóricas, al deterioro del pensamiento espiritual del mundo, confundiéndolo con el pensamiento religioso. Al dogmatismo y la cerrazón de las Iglesias no han sabido dar una respuesta espiritual, sino arremeter contra ellas desde una postura antirreligiosa igualmente intolerante, aunque con la razón y el laboratorio como herramientas. Y contra la herramienta de la razón y la medición científica las Iglesias, cogidas en su punto débil, apelan, para defenderse, al criterio de autoridad de sus libros supuestamente sagrados o amenazan con algún tipo de infierno, lo cual las sitúa en una posición de inferioridad muy merecida.

Hay que reconocer que en esta batalla, los intelectuales materialistas han tenido éxito. A medida que pasa el tiempo, un mayor número de personas dejan las Iglesias y son escépticos, ateos del dios de las iglesias, agnósticos, o racionalistas, y sitúan la razón por encima de la propia conciencia y el lenguaje del intelecto por encima del lenguaje del corazón.

Por otro lado, los intelectuales que programan el Sistema desde sus cargos de responsabilidad en los campos de la política, los medios de comunicación, la economía o las empresas, tienen un gran éxito y sus seguidores no cesan de crecer e imitan los modelos sociales que se les proponen, como por ejemplo, el de sumiso obrero, sumiso votante, sumiso ciudadano, o consumidor insaciable de aquello que se le ofrece como imprescindible... Pero el que imita no "es": sólo quiere ser; más no ser él mismo, sino ser otro: el modelo. Ha caído, en este caso, en las redes de los intelectuales del poder. Por tanto, se halla en conflicto en su interior, dividido y enfrentado a sí mismo y consiguientemente al mundo. Así que viven en conflicto, y quien vive en conflicto no puede tener paz, armonía ni cualquier otro componente espiritual que lleve a la felicidad que cada uno desea. Por eso las manifestaciones por la paz no sirven para traer la paz, y la felicidad resulta tan infrecuente en nuestro mundo.

Observamos entonces que el intelecto no nos sirve como herramienta de progreso espiritual – aunque puede llevarnos a pensar mejor o a conocer mejores opciones racionales- a causa del conflicto que se crea entre las necesidades cotidianas y las necesidades espirituales que todo el mundo tiene de amor, bondad, acogimiento, seguridad, tranquilidad, etc., que son frutos del corazón que se alimenta de sabiduría y deja atrás el conflicto.

Los intelectuales no ayudan a resolver el conflicto porque ellos mismos viven en él y de él, y de continuo lo manifiestan con bellas palabras para vender sus conflictos convertidos en productos de consumo.

El que quiere ser como uno de esos famosos impuestos por los creadores del marketing mundial, o como ese otro tipo de intelectuales que se dedican a orientar los gustos y modas, nunca podrá alcanzar a ser "el otro", el que se le propone como modelo (que puede ser un rico saciado, un consumidor afortunado o un intelectual premiado) y por lo tanto, vivirá frustrado, desazonado, y empequeñecido ante el modelo propuesto. Ha perdido la maravillosa experiencia de vivirse a sí mismo, de "vivirse por dentro" sustituida por el pensarse a sí mismo, y empeñado en vivir al otro o como el otro y vive de este modo en un vacío existencial, en una mentira. Por eso acepta con facilidad a los mentirosos, ya sea a los políticos que vota, a los jerarcas religiosos de sus Iglesias o a cualquier otro fariseo.

EL ASALTO AL YO

En toda la Historia del género humano tal vez jamás hubo una época en que la individualidad fuese atacada con tanta saña y desde tantos frentes a la vez como en nuestros días. Su objetivo: despersonalizar proporcionando identidades falsas, y sucedáneos de principios de transformación.

Es alarmante hoy el modo de vivir acrítico de las grandes masas que buscan su identidad en banderas, patrias, o Iglesias, y hasta en cantantes, o equipos deportivos de esto o lo otro. Esta despersonalización, esta "desprogramación" previa a ser programado a continuación por el Sistema en cualquiera de sus trampas despersonalizadoras (cultura oficial, medios de comunicación, escuelas y universidades, tradiciones, etc) conduce al consiguiente desarme de principios éticos, con lo que prevalece la apatía social y cultural con la consiguiente falta de ideas renovadoras, de espíritu comunitario y de empuje transformador. "Diviértete", "cultiva la sordera al sufrimiento ajeno", "primero yo, y después caiga quien caiga", forman parte del modo de entender la vida del despersonalizado convertido en conciencia apresada, que no en preso de conciencia. Y esta falta de identidad, este no saber quién es uno más allá del espejismo con que ha sido engañado y atrapado, y la indiferencia hacia los semejantes tantas veces descrita es la que prevalece en el mundo occidental.

En este proceso degradante ha tenido mucho que ver también la evolución de la economía de agraria a industrial, con la disgregación consecuente de las familias tradicionales, impuesta por las relaciones de producción del capitalismo que engendra y alimenta al individualismo insolidario en puga con sus vecinos.

Porque el individualismo no individualiza, sino que aborrega, convierte en gregario al individuo libre y lo lleva a someterse a la gran máquina Sistema, donde cada uno camina de espaldas al otro pero todos están en los mismos sitios a las mismas horas y viven en hacinados en edificios ignorándose mutuamente.

EL FARISEÍSMO

En el proceso de pérdida de identidad espiritual y de sentido cooperativo ha tenido mucho que ver el fariseísmo católico que ha mostrado al mundo una imagen falsa de espiritualidad predicando cristianismo y exhibiendo al Crucificado bien muerto para que no les moleste, o recién nacido para que no hable tampoco. Estos fariseos intelectuales llevan siglos atribuyéndose el derecho exclusivo de representar a la verdad, no solo ante las multitudes abducidas, sino de ser representantes de Dios y del cristianismo, pero no practicando Mandamiento divino alguno y poniendo en la prédica tantas mentiras sobre el cristianismo que cualquier persona que conozca el verdadero cristianismo huye de todo lo que huela a sacristía y convento. Por desgracia, muchos huyen también de Dios, porque los filisteos han convencido a las gentes que esa imagen fraudulenta del dios eclesiástico corresponde en verdad a Dios: castigador, indiferente, pendenciero, partidario de los ricos y tan alejado de la bondad.

Como se viene advirtiendo en anteriores escritos, este modelo de intelectuales es el más peligroso porque atrapan la conciencia y en cuanto naces ahí están para bautizarte y no dejarte en paz durante años con sus ritos, tradiciones y ceremonias entre las que sobresale la del casamiento. Casarse "por la Iglesia", o morirse con cura al lado dando bendiciones y cantandogori goris es una tradición tan inútil y estúpida como arraigada en las persona programadas, que piensan – son pensados para que piensen así- que esa es la forma de hacer las cosas bien: casarse por la Iglesia y morirse con cura al lado. Un cura al nacer, un cura al morir y un cura al que decirle tus pecados para que con su fuerza mágica transforme el pan y el vino en cuerpo y sangre de Cristo (el canibalismo más sutil conocido); un cura que perdone aunque sea tan pecador como cualquiera parece ser el talismán contra el miedo a la muerte tanto como contra el miedo a ser rechazado en el medio social de los abducidos.

LOS OTROS INTELECTUALES

Los intelectuales laicos también pretenden ser un modelo de inteligencia. Como los curas, creen saber y por eso se atreven a aparecer en público. Unos son políticos de este o aquel partido y creen tener la solución de los problemas del mundo pero – como los curas- sin solucionar los propios. Como los curas, creen tener la verdad y se sienten obligados a predicar, hasta aburrir, verdades que su "club" tampoco cumple, creyendo que es legítimo forzar las voluntades para hacer conversos y sacar partido de ello. Y como los curas, el club ( el Partido, el Sindicato, por ejemplo) por medio de sus líderes apoltronados y homologados manipula y conduce sus rebaños coreando consignas y realizando acciones de alcance calculado por los dirigentes para no molestar al patrono más allá de lo debido ni menos aún al Gobierno que compra su moderación con cuantiosas subvenciones.

Otros intelectuales, en fin, escriben en libros o periódicos larguísimas reflexiones sobre esto o lo otro. Fingen saber, pero ¿quién dice la verdad? Hablar de ellos es hablar de "su" verdad, pero ¿qué sucede si los confrontamos con la Verdad? Porque la cuestión es que ellos no creen en la Verdad Absoluta, pues niegan que exista lo absoluto excepto si le llamamos AZAR. El Azar sí que es absoluto. Han sustituido a Dios por el Azar, y han preferido instalarse en el mundo de los relativismos; incluido el relativismo moral y por supuesto el relativismo social y cultural. ¿Nos están engañando y son responsables por ello? Rotundamente, sí.

La maestría del intelectual consiste en eso: en hacer creer que lo que dice es cierto, lo crea él o no, (y esto lo separa del sabio) con la fluidez de su verbo cuidado con el esmero que un florista exhibe sus rosas. Y esto también lo separa del sabio, que desea hacer notar el fondo sobre la forma y lo hace altruistamente, a diferencia del intelectual.

De modo que los intelectuales, más que cualquier otra prueba, han de pasar la de la Verdad. Y de no hallarse en ellos la Verdad, sólo existe el entretenimiento, el juego mental, la complicidad con las ideas que este o aquel expone, y, por supuesto, la polémica y las envidias entre profesionales del intelecto defensores de distintas verdades.

Y aunque consigan hacer creíbles y verdaderas las cosas que sólo son producto de su imaginación, su arte, su ingenio, su cultura o cosas semejantes, si no hay Verdad en todo eso, sólo son humo, paja y viento. Así sucede que tantos y tantos libros son como bellos vestidos vacíos que llenan estanterías muertas. Quien haya podido ver alguna vez un almacén de una distribuidora de libros tardará tiempo en sobreponerse al impacto: en esas interminables hileras de estantes repletos no solo se ve lo insignificante que resulta cada libro, sino la imponente masa de conocimiento mayormente inútil que se almacena ahí y entre los que suele haber bien pocas obras, sin embargo, de místicos, profetas, o revolucionarios no solo de la conciencia espiritual: ni siquiera de la conciencia social.

¿A QUÉ LLAMAMOS VERDAD?

¿A qué llamar "Verdad" con mayúsculas? ¿Existe, acaso?

Todos los sabios, profetas y místicos de la humanidad en todas las culturas y religiones han coincidido a lo largo del tiempo en sentir, vivir y luego expresar ideas esenciales de permanente validez para evolucionar la conciencia de la humanidad. Esta serie de conceptos y vivencias se agrupan en torno a un tronco común del que nacen, un tronco-madre que es lo que se considera la Verdad con mayúsculas. Desde Lao Tse, Buda o Sócrates hasta Jesús el Cristo y desde los profetas de antes y después de Él mismo, pasando por místicos orientales y occidentales, el Espíritu ha ido dando a conocer la Verdad al género humano.

Cierto que hay muchas verdades relacionadas con el vivir cotidiano, las ciencias, las artes, etc. Todas ellas, sin embargo, son pasajeras, pertenecen al espacio-tiempo, y están sujetas a variaciones circunstanciales. Hasta un descubrimiento científico que se considere en su momento como verdad indiscutible deja de ser verdad cuando se descubre algo nuevo. Así, la Tierra dejó de ser el centro del universo, o era plana, según se creyó durante siglos; así Newton fue superado por Einstein, etc.

Sabios muy distantes en tiempo, cultura y geografía han dejado obras como El Tao Te King, El Baghavad Gita, El Dhammapada (O sendero de la Ley), El Kybalion o algunas partes de la Biblia, hasta llegar a hoy mismo con las manifestaciones proféticas de "Las Grandes Enseñanzas Cósmicas de Jesús de Nazaret", oEsta es Mi Palabra, enseñanzas de Cristo no reconocidas, y perseguidas actualmente por el clero y los políticos conservadores alemanes. En este último libro profético, Cristo nos vuelve a insistir sobre los Diez Mandamientos y el Sermón de la Montaña como el camino que conduce a la Verdad.

Pese a las diferencias entre el mensaje profético de Jesús y el de otras corrientes espirituales orientalistas, por ejemplo, es posible hallar un tronco común de verdades universales compartidas que nos hacen saber que la Verdad con mayúsculas es así exactamente: universal y de origen divino. Con algunas partes de esa Verdad universal, algunas castas sacerdotales, los llamados "maestros orientales", o grupos filosóficos han creado religiones y sectas con sus jerarquías, ritos y ceremonias correspondientes, lo cual ha empobrecido y limitado su visión de la Verdad.

En el caso del cristianismo originario, que es en la actualidad el cristianismo que predicó Jesús, no se trata de una religión externa, sino de una religión interna, un camino espiritual sin templos, sacerdotes, jerarquías, dogmas ni rito alguno, sino de una propuesta para seguir el camino señalado por los Diez Mandamientos y el Sermón de la Montaña, que expresan extractada la Verdad inmutable en la que están de acuerdo tanto las personas de buena voluntad como las corrientes espirituales y filosóficas citadas, e incluso- aunque solo en la teoría- la Iglesias que se dicen cristianas, aunque no lo son.

Lo que diferencia a unas Iglesias y creencias religiosas de otras son las variantes introducidas por sus propios intelectuales religiosos, los teólogos, "maestros" y semejantes que dirigen las diversas instituciones y buscan en ellas poder, riquezas o reconocimiento de devotos sumisos, lo que les lleva aceptar una parte de la Verdad, rechazar la que no les interesa, e inventar las fábulas que convienen a sus intereses particulares de jerarquía dirigente.

Sin embargo, cuanto más pura es un alma que piensa, más capacidad tendrá de comprender la Verdad con mayúsculas y menos necesita de "su verdad" o de la opinión de los otros, sean quienes sean, puesLa Verdad no es una opinión, es impersonal, no está adscrita a una religión ni se encierra en el intelecto, ni es patrimonio de nadie, sino de Dios, que es la Verdad.

La existencia del Ser Supremo, del Espíritu o Energía Universal, a la que pertenecemos por ser energía-vida de carácter inmortal; las leyes de la armonía cuerpo mente y espíritu con las leyes divinas y las leyes de la Naturaleza; el descubrimiento de los centros de conciencia o chakras como centros de recepción y distribución de la Energía Universal a nuestro cuerpo, la constitución atómica y sub-atómica de la materia y la forma en que los átomos reciben la energía cuántica, todos estos conocimientos procedentes de la sabiduría –y no de la opinión intelectual- son aspectos de Una Verdad inmutable. Todos ellos manifiestan la Verdad una y múltiple, y por ello han dado frutos positivos que traspasan los siglos y tendencias, nos han hecho conscientes de nuestro verdadero ser divino y ayudado mejorar y transformar nuestras vidas. De aquí que la Verdad sea el motor de la evolución.

Llegamos fácilmente a la conclusión de que la común Verdad, vivida predicada y practicada por místicos, profetas y sabios de todos los tiempos, como budistas, hinduistas, cristianos o sufís, forma parte de la Verdad Universal aunque incidan en distintos aspectos, del poliedro Verdad.

Ningún profeta, sabio, o místico iniciaría una guerra de religión contra otro; eso lo hacen los intelectuales religiosos que usurpan la Verdad y montan SU "aparato religioso", en forma de Iglesias, sectas, o religiones para defender las suyas, SUS verdades. Ellos son los que arrastran a los jóvenes a las guerras, a la ceguera ante la Verdad absoluta de Dios, a mentir, a buscar los bienes de este mundo o los propios de su alma por encima de sus seguidores, y a otras degeneraciones que intentan justificar llevando una doble moral.

Mi verdad, tu verdad, la de cualquiera, es eso: la de cualquiera, la de su ego, la verdad personal, circunstancial y pasajera, pero la Verdad que permanece es impersonal.

Los intelectuales del tipo que sean, como todos los seres humanos, sólo pueden expresar los dos tipos de verdad: la verdad inmutable o la verdad mudable; la universal o la personal. La verdad mudable no es una media verdad, sino mera opinión o una mentira tendenciosa disfrazada. Muy inclinados a ser diferentes a los demás (porque su trabajo será expuesto en el mercado), los siervos del intelecto buscan ser originales, distintos, llamativos, para sobresalir y ser aplaudidos y vendidos sus trabajos. Empujados por la necesidad de satisfacer su ego mental y social y cubrir sus necesidades vitales, trabajan espoleados por estos asuntos. Por tanto, caen fácilmente en la trampa del ego, tanto si son laicos como religiosos, curas de aldea o Papas.

Dios nos ha dicho que en sus filas no hay intelectuales, sino hombres de la Verdad, que son los hombres del corazón abierto al bien. ¿Y por qué dirá esto? Porque el intelectual es ante todo mental, reacio a lo espiritual, aunque pertenezca a una religión institucional. Orgulloso, egocéntrico, se manifiesta en posesión de la certeza. Otra cosa es que crea en ella de corazón. Así los hay escépticos, nihilistas, fatuos, obsesivos, pillos, mentirosos, imitadores, vengativos, vendedores de baratijas, oportunistas, y otras especies de "hombres de la pluma" con o sin hábito.

La diferencia entre un intelectual y un sabio es que el intelectual dice lo que piensa y el sabio vive como piensa y piensa lo que vive. Por ese motivo, las palabras del primero son escurridizas y cambiantes porque giran en torno a su ego mental, pero las del sabio están traspasadas por la Verdad inmutable.

Si alguna vez tienes la oportunidad de entrar en un almacén de libros, puedes quedarte petrificado ante la inmensidad de escritos que no son más que una mínima parte de los que existen en el mercado.

Sin embargo, la humanidad se halla en un grado elevado de retroceso espiritual y –por tanto, ético- que ha superado a todas las épocas, pese a la tecnología, a las nuevas ciencias físicas, médicas o psicológicas. Hay muchos libros, pero pocas verdades. Muchos intelectuales, pero pocos sabios.

Todo el mundo goza del libre albedrío, y puede hacer, decir o pensar lo que quiera, en su vida o en sus libros, incluidos, por supuesto, filósofos, novelistas, poetas, dramaturgos, y toda la variedad de personas que escriben o enseñan, asumiendo así ante aquellos a los que pueden influir con sus opiniones, una enorme responsabilidad personal si inducen a error, porque quien lo hace es responsable ante su conciencia y está sometido a la Ley de Causa y Efecto.

El daño que cualquiera pueda hacer a otros con sus propios pensamientos que son formas de energía, influyendo en ellos y desviándoles de su camino o creándoles preocupaciones innecesarias para satisfacer su ego, ese daño revertirá sobre él en esta existencia o en otra existencia posterior en forma de dolor, golpes de destino, etc. Por otra parte, el que se deja seducir por influencias de intelectuales religiosos o civiles ajenos a la Verdad divina también se daña a sí mismo, y se hace responsable de quedar atrapado en la red de pensamientos del seductor, que también sufrirá daño, y ambos se atan como almas a nivel de energía hasta que sean capaces de reconocerse y perdonarse. Por eso hay que tener mucho cuidado con las palabras, y preguntarnos: ¿Qué contienen de aparente verdad del ego y qué de Verdad universal? ¿Cuáles son sus contenidos de verdad, y sus sensaciones ocultas, más allá de la apariencia formal?

La función de los intelectuales, pues, es muy peligrosa para ellos y para la sociedad si no dicen la verdad, algo muy serio si no habla la sabiduría por su boca o sus escritos. Pero la sabiduría sólo habla por boca de los sabios, los místicos y los profetas. A través de Moisés, Dios nos ha transmitido los diez Mandamientos. A través de Cristo, nuestro Redentor y hermano, conocemos el Sermón de la Montaña. Esa es la doble propuesta de camino evolutivo que pocas personas de buena voluntad rechazarían teóricamente sea cual sea su credo religioso o sus ideales espirituales. Otra cosa muy distinta es seguir las pautas del camino, cosa que cada uno decide libremente, pero ahí están como indicadores de libertad y de evolución de la conciencia personal y de la humanidad.

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