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LA MENTE NECESITA A OTROS PARA EXISTIR

01/09/2019

La mente necesita a otros para existir - Articulos por Osho

LA MENTE ES UN FENÓMENO SOCIAL

La mente sólo puede existir en la sociedad; la mente es un fenómeno social, necesita a los otros para existir.

Cuando estás solo no puedes estar enfadado, o si te enfadas te sentirás muy tonto. Cuando estás solo no puedes estar triste, porque no tienes una excusa; cuando estás solo no puedes ser violento, porque se necesita al otro. No puedes hablar, no puedes seguir charlando. No puedes utilizar la mente, la mente no puede funcionar; y cuando la mente no puede funcionar se pone ansiosa, se preocupa. Necesita funcionar, necesita alguien con quien comunicarse.

La mente es un fenómeno social, un producto social. Y no solamente en la sociedad moderna, siempre ha sido así. Incluso en los tiempos antiguos, cuando un buscador se retiraba al bosque estaba ansioso, estaba preocupado, al principio estaba deprimido. La diferencia no está en la mente; la diferencia está en la paciencia. La mente permanece igual, moderna o antigua, pero en los tiempos antiguos la gente era más paciente, podían esperar. Tú no eres paciente; ese es el problema. Ellos no eran conscientes del tiempo y tú eres consciente del tiempo.

En la antigüedad, en el mundo antiguo (especialmente en Occidente) no había consciencia del tiempo. Por eso los relojes de pulsera y de pared no se inventaron en Oriente. Había más posibilidades de que se inventaran en China que en India, porque ellos habían hecho muchas cosas y era posible que inventaran los relojes, para medir el tiempo. Pero no estaban interesados en el tiempo. La mente moderna está demasiado interesada en el tiempo. ¿Por qué? Eso es parte de la influencia católica en el mundo. Con el catolicismo y el islam entró en el mundo la conciencia del tiempo. Hay razones para ello.

En Oriente siempre se ha creído que la vida dura eternamente. Es eterna, está fuera del tiempo; así que no hay prisa; estarás aquí una y otra vez. Has estado aquí millones de veces y volverás a estar aquí millones de veces; no hay prisa. Esta vida no es la primera ni la última, es una larga procesión y tú siempre estás en el medio; no hay principio ni final. Así que no puede haber prisa por el tiempo; hay suficiente tiempo disponible, más que suficiente.

En el catolicismo solamente hay una vida; esta es la primera y la última. Una vez que te mueres ya no tienes ningún tiempo; así que tienes un tiempo de vida de setenta años como máximo. Hay tanto que hacer, y tan poco tiempo. Esa es la razón por la que en Occidente haya tanta prisa; todo el mundo está corriendo porque la vida se está yendo. Cada momento la vida se está haciendo más y más corta. El tiempo está pasando, te estás muriendo, tienes muchos deseos que satisfacer y no hay tiempo para satisfacerlos, así que se crea la ansiedad.

En Oriente era completamente diferente. En una de las escrituras tibetanas se dice que incluso si tienes prisa, ve despacio; aunque tengas prisa, ve despacio. Se dice que si corres nunca llegarás; si te sientas puedes llegar, pero si corres no lo conseguirás. Una procesión eterna, muchas vidas, millones de vidas, suficiente tiempo; la paciencia era posible. En Occidente sólo hay una vida, y a cada momento la vida está cambiando en la muerte; no se satisface nada, no se cumple ningún deseo, todo queda incompleto; ¿Cómo vas a poder ser paciente? ¿Cómo vas a poder esperar? Esperar se ha vuelto imposible. Con la idea de una vida, y con una idea de tiempo lineal, el catolicismo ha creado la ansiedad en la mente; y ahora el catolicismo se ha convertido en una influencia global.

El catolicismo dice que el tiempo no se mueve en un círculo, sino en línea recta. Nada se repetirá de nuevo, así que todo es único. Cada evento sucede una vez y nada más, no puede repetirse. No es un círculo; no es como una rueda de carro moviéndose donde cada radio volverá de nuevo, donde una y otra vez se repetirá el mismo radio.

En Oriente el tiempo es un concepto circular, se mueve en círculo exactamente igual que las estaciones. Viene el verano y luego volverá a venir, siempre ha sido así y siempre lo será. Y el concepto oriental está más cerca de la verdad que el concepto occidental, porque todo movimiento es en círculo. La Tierra se mueve en círculos, el sol se mueve en círculos, las estrellas se mueven en círculos, la vida se mueve en círculos; todo movimiento es circular. Así que el tiempo no puede ser una excepción; si el tiempo se mueve, se mueve en círculos. El concepto lineal de tiempo es absolutamente erróneo.

Por eso en Oriente nunca nos ha interesado la historia. Nos han interesado los mitos, pero nunca la historia. La historia fue introducida en el mundo por Occidente. Por eso Jesús se convirtió en el centro de la historia, en el principio del calendario. Seguimos midiendo el tiempo con «antes de Cristo» y «después de Cristo». Cristo se convirtió en el centro de toda la historia, la primera persona histórica.

Buda no es histórico, Krishna no lo es en absoluto; nunca podrás estar seguro de si Krishna existió o no, si todo fue tan sólo una fábula o verdadera historia. Pero Oriente nunca se ha preocupado por ello. Ellos dicen que todo es una fábula, que ha sido contada muchas veces y será contada una y otra vez. No hace falta preocuparse por los hechos, porque los hechos son repetitivos. Es mejor preocuparse por el tema, no por los hechos. Así que quizá no puedas comprender muchas cosas...

Se cuenta que antes de que Rama naciera, uno de los avatares de India, Valmiki, escribió su historia; ¡antes de que naciera! Es imposible. ¿Cómo puedes escribir la historia de un hombre que todavía no ha nacido? Pero la escribió antes, y luego Rama tuvo que seguir esa historia, todo lo que Valmiki había dicho. ¿Cómo ocurrió esto? Parece misterioso, pero no lo es en absoluto si tienes en cuenta el concepto oriental del tiempo. Valmiki dijo: «Yo conozco a Rama, porque en muchas épocas él ha estado ante mí; yo conozco el tema en sí. Así que yo creé la historia porque conozco el tema, yo sé lo esencial. Lo que no sea esencial me lo inventaré.» Y Rama debe haber pensado: «¿Por qué contradecir a Valmiki? ¿Por qué contradecir a ese viejo? Síguelo.» Y lo siguió.

Oriente vive en un mito; mito significa un tema repetitivo, lo esencial siempre está ahí. En Occidente los mitos no tienen importancia. Hay que demostrar que es historia, que ha ocurrido en el tiempo; hay que ser exacto acerca de ello.

Este concepto lineal de vida no repetitiva crea ansiedad, así que cuando entras en silencio, solo, te preocupas. Algo te está diciendo: el tiempo se desperdicia. No estás haciendo nada, simplemente estás sentado. ¿Por qué estás desperdiciando tu vida? Además, este tiempo no puede ser recuperado, porque en Occidente se sigue enseñando que «el tiempo es oro». Eso es absolutamente erróneo, porque la riqueza se crea por la escasez, y el tiempo no es escaso. Toda la economía depende de la escasez: si algo escasea, se vuelve valioso. El tiempo no es escaso, siempre hay. No puedes acabarlo; siempre habrá; así que el tiempo no puede ser económico. No es escaso; no puede ser riqueza.

Pero seguimos enseñando: «El tiempo es oro; no lo malgastes. Una vez que lo has malgastado nunca vuelve de nuevo.» Así que si entras en soledad y te sientas, no puedes quedarte sentado durante tres años. No puedes quedarte sentado durante tres meses, incluso tres días seria demasiado; habrías malgastado tres días.

¿Y qué estás haciendo? Surge el segundo problema (porque en Occidente el ser no está muy valorado, hacer está valorado. Te preguntan: ¿Qué has hecho?) porque el tiempo tiene que aprovecharse para hacer algo. En Occidente dicen que una mente vacía es el taller del diablo. Y tú lo sabes, tu mente también lo sabe, así que cuando estás sentado solo te da miedo. Estoy malgastando el tiempo, no estoy haciendo nada, sigues cuestionándote a ti mismo: ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Sólo sentarte? ¿Malgastando el tiempo?; ¡Como si simplemente «ser» fuera un desperdicio! Tienes que hacer algo para demostrar que has aprovechado tu tiempo. Esa es la diferencia.

En la antigüedad, particularmente en Oriente, simplemente ser era suficiente; no hacía falta demostrar nada más. Nadie te preguntaba: «¿Qué has hecho?» Tu ser era suficiente, y aceptado. Si estabas en silencio, en paz, bendito, estaba bien. Por eso en Oriente nunca hemos exigido que los sannyasin trabajaran; no, no hace falta. Y, además, siempre hemos pensado que los sannyasin, aquellos que han abandonado todo trabajo, eran mejores que aquellos que estaban ocupados en un trabajo.

Esto no puede suceder en Occidente. Si no estás trabajando eres un vagabundo, un vago. Los hippies son un fenómeno reciente, pero Oriente siempre ha tenido una tendencia hippie. ¡Hemos creado los mejores hippies del mundo!, un Buda, un Mahavira, sin hacer nada, simplemente sentados y meditando, disfrutando de su ser, simplemente siendo benditos tal como son, sin hacer nada. Pero nosotros los respetamos; ellos eran lo supremo, lo más elevado, lo más respetable. Buda mendigaba, pero incluso reyes vinieron a inclinarse a sus pies.

Una vez ocurrió que Buda estaba pasando por un pueblo y el primer ministro del rey de esa localidad le dijo al rey: «Buda está llegando, así que tendremos que recibirle, tocar sus pies y presentarle nuestros respetos.»
El rey dijo: «¿Pero es necesario con un mendigo? Él no es más que un mendigo, y yo soy un gran rey. ¿Por qué debería ir a presentarle mis respetos e inclinarme ante él? Si él quiere verme, puede venir y pedir una audiencia conmigo.»
El primer ministro, que era un hombre sabio, inmediatamente presentó su dimisión. Le dijo: «Si ese es el caso, no puedo seguir aquí ni un minuto más.»
El rey se preocupó, porque este hombre era demasiado valioso para perderlo, así que le preguntó: «¿Pero por qué?»
El anciano dijo: «Esto es completamente erróneo. Puede que vos seáis un gran rey, puede que os convirtáis en emperador de toda la Tierra, pero vos no podéis llegar a ser más grande que Buda. Él ha abandonado todos los reinos, y vos todavía estáis obsesionado con la abundancia, la riqueza, el prestigio, el poder. Él ha abandonado todo eso, no tiene nada; sólo una persona que no tiene nada puede ser elevada, porque no desea. Vos tendréis que ir y presentarle vuestros respetos a él; de no ser así, aceptad mi dimisión. No puedo permanecer en este lugar profano ni un solo momento.» El rey tuvo que ir.

Oriente era completamente diferente; había un ambiente diferente. El ser era respetado. No se preguntaba: «¿Qué has hecho?» Se preguntaba: «¿Qué eres tú?» ¡Suficiente! Si estabas en silencio, en paz, si eras amoroso, si tenías compasión, si habías florecido, era suficiente. Entonces era deber de la sociedad ayudarte y servirte. Nadie te decía que tenías que trabajar, o que debías crear algo, que debías ser creativo. En Oriente se ha enseñado que ser uno mismo es la más elevada creatividad, y la presencia de un hombre así era valorada. Podía entrar en silencio durante años.

Mahavira estuvo en silencio durante doce años. No hablaba, no entraba en los pueblos, no veía a nadie. Y cuando empezó a hablar, alguien le preguntó: «¿Por qué no hablabas antes?» Él contestó: «Hablar sólo es valioso cuando has alcanzado el silencio, de otra forma es fútil; y no sólo fútil, además es peligroso, porque estás metiendo basura en la cabeza de los demás. Por eso mi compromiso era que sólo hablaría cuando la conversación interior se hubiera acabado por completo. Cuando la conversación interior hubiera desaparecido, y sólo entonces, hablaría yo. Entonces no es una enfermedad.»

Y ellos podían esperar, porque Oriente cree en la reencarnación. Podían esperar. Hay historias que cuentan que un discípulo se acercaba a un maestro y esperaba durante treinta años, no preguntaba nada sino que esperaba a que el maestro le preguntara: «¿Para qué has venido?» Treinta años es demasiado (una vida desperdiciada por completo), pero esperar durante treinta años había hecho el trabajo.

Personas de Occidente vienen a mí y me dicen: «Nos vamos esta misma tarde, así que danos alguna clave. ¿Cómo podemos quedarnos en silencio? Pero no tenemos tiempo para quedarnos; nos tenemos que ir.» Ellos están pensando en términos que les son familiares (café instantáneo), así que creen que debe haber alguna meditación instantánea, una clave que yo les puedo pasar y se acabó. No, no hay ninguna clave. Se trata de un largo esfuerzo, de una profunda paciencia. Y cuanta más prisa tengas, más tiempo necesitarás. Así que recuerda esto: si no tienes prisa puede suceder en este mismo momento. Cuando no tienes prisa, aparece la correcta cualidad de la mente, aparece el silencio.

Te contaré una historia. Una vez ocurrió que dos monjes iban viajando. Cruzaron un río en una barca, y el barquero les dijo: «¿Dónde vais? Si vais a la ciudad que hay más allá de este valle, id despacio.»
Pero el monje viejo dijo: «Si vamos despacio nunca llegaremos, porque hemos oído que las puertas de esa ciudad se cierran después del atardecer, sólo tenemos una o dos horas como mucho, y hay una gran distancia. Si vamos despacio nunca llegaremos, y tendremos que esperar fuera de la ciudad. Además, el exterior de la ciudad es peligroso (hay animales salvajes por todas partes), así que tendremos que darnos prisa.»
El barquero les dijo: «Está bien, pero según mi experiencia, aquellos que van despacio, llegan.»
El otro monje le escuchó. Era un hombre joven y pensó: «No conozco esta parte del país, y puede que este barquero tenga razón, así que será mejor seguir su consejo.» Así que él caminó lentamente, relajadamente, como si no fuera a ninguna parte, sin prisas, dando un paseo.
El viejo se apresuró, empezó a correr. Llevaba muchas escrituras a sus espaldas. Así que se cayó: iba tan cansado, cargando peso, viejo, con tal prisa, tan tenso, que se cayó. El hombre que no tenía prisa simplemente caminó y llegó.
El barquero les estaba siguiendo y se acercó al viejo. Estaba tumbado a un lado del camino; su pierna estaba rota y sangraba. El barquero le dijo: «Ya te había dicho que siempre ha sido así: aquellos que caminan despacio llegan, aquellos que tienen prisa siempre se las arreglan para tropezar en un lugar u otro. Estos lugares son peligrosos. El camino es difícil y tú eres un hombre viejo. Te lo había avisado, pero tú no me hiciste caso.»

Esta es una de las historias del zen coreano, y eso es lo que pasa en la vida. Ve despacio, con paciencia, sin prisas, porque la meta no está en ningún otro lugar; está dentro de ti. Cuando no tengas prisa la sentirás; cuando tienes prisa no puedes sentirla porque estás demasiado tenso. Si no vas a ninguna parte, puedes sentirla inmediatamente.

En Japón a la meditación la llaman zazen. Zazen significa simplemente sentarse sin hacer nada. Así que los sacerdotes zen, los monjes, tienen que sentarse durante seis horas e incluso más, el maestro nunca les da nada que hacer, simplemente tienen que sentarse, sin pedir ni hacer nada, ni siquiera un mantra; solamente sentados.

Es muy duro. Parece fácil pero es muy duro, porque la mente pide algún trabajo, algo que hacer. La mente continúa diciendo: «¿Por qué? ¿Por qué malgastar el tiempo? ¿Por qué seguir solamente sentado? ¿Qué va a ocurrir estando simplemente sentado?» Pero durante tres años, o incluso más, el buscador se sienta. Luego, poco a poco, la mente deja de preguntar. Ahora es inútil, tú no la escuchas. Se ha enfadado contigo, así que la mente deja de preguntar. Poco a poco, cuando la mente no está preguntando, empiezas a ser consciente de una nueva fuerza de la vida dentro de ti que siempre había estado ahí, pero como tú estabas tan ocupado no podías oír, no podías sentir. Al estar desocupado, empiezas a sentirla.

La mente siempre ha estado creando problemas y soledad. Entra en la soledad por lo menos durante tres meses, y decide de antemano que, ocurra lo que ocurra, no escucharás a la mente. Decide de antemano que estás dispuesto a desperdiciar tres meses, así que no hay necesidad de pensar una y otra vez que estás perdiendo el tiempo. Has decidido que vas a desperdiciar tres meses, y que no vas a hacer nada; simplemente te sentarás y esperarás. Es posible que ocurra un milagro.

Sólo en tres meses, un día de repente te volverás consciente de tu ser. Cuando no hay acción, te haces consciente del ser. Cuando hay demasiada acción, olvidas el ser que está oculto detrás.





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