La idea divina de la felicidad

Los verdaderos espiritualistas trabajan por una idea divina la que sostiene y recompensa. Ellos poseerán felicidad porque están en unión con el Cielo.

OMRAAM MIKHAEL

LAS FUERZAS LUMINOSAS

Pensar, sentir y actuar en armonía con las fuerzas luminosas y los seres de la naturaleza y el universo entero. La mejor forma de medicina es aquella practicada cada día con la forma en que viven, la manera en que piensan, sienten, creen, aman y se alimentan ustedes mismos.

Los verdaderos espiritualistas trabajan por una idea divina, y es esta idea la que los sostiene y recompensa. Sí, porque está directamente unida al Cielo: es un mundo en sí misma y basta ella para llenarles de alegría, entusiasmo y esperanza. Si no trabajan para una idea divina, incluso si sus otras actividades les traen mucho dinero, no poseerán alegría o felicidad porque no tendrán esta unión con el Cielo. Pero si trabajan por una idea divina, incluso si nadie les agradece o reconoce lo que hacen, siempre se sentirán realizados.

Es importante que entiendan esto. Fijen una idea divina en sus cabezas, trabajen por una idea divina, y verán lo que esta idea puede hacer por ustedes: mejorará sus existencias enteras, ¡incluso prolongará sus vidas!

Las leyes de la Armonía son las leyes más solemnes del universo. Piensen sobre eso, mediten y obsérvense a sí mismos y sus reacciones, y vean en el estado en que se encuentran cuando actúan: entonces entenderán por qué, en ciertos casos, fracasan en lograr buenos resultados.

No es difícil saber si han tenido éxito o no en alcanzar la armonía: vuestro ser completo se los dirá. Cuando todas sus células vibren juntos al unísono, no pueden equivocarse en sentirlo. Si beben un vaso de agua cuando están sedientos, no necesitan a nadie que les diga que su sed se ha satisfecho, ¿no es cierto? Similarmente, cuando alcanzan un estado de armonía, no es necesario que alguien se los diga: sienten el influjo de fuerzas tremendas, sus auras pulsan y vibran, están en un estado de maravilla y deleite. Y si, al contrario, se encuentran en un estado de desorden y caos, ¿necesitan que alguien les diga en que estado lamentable se encuentran?

Pero, por supuesto, hay algo que deben recordar, y es que a fin de atraer armonía, a fin de construirla, deben amarla. Cuando vivimos en esta armonía no solo comenzamos a probar el sabor de la realidad del Reino de Dios, pero, sobre todo, nos proyectamos en el mundo, e incluso tan lejos como las estrellas en los cielos, corrientes, ondas y fuerzas de tal poder que, tarde o temprano, toda la humanidad se sentirá obligada a mejorar y transformarse a sí misma, y a vivir en paz y prosperidad.

La felicidad es un estado de conciencia, de armonía y paz entre todos los elementos de un ser humano: entre sus pensamientos, sentimientos, poder de voluntad, e incluso su cuerpo físico.