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FRASES Y CITAS SPINOZA

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ALBERT EINSTEIN

MAS FRASES DE ALBERT EINSTEIN

  • Creo en el Dios de Spinoza, quien se reveló así mismo en la armonía de todo lo que existe. No en el Dios que se esconde tras la fe y acciones de los hombres.

BARUCH SPINOZA

MAS FRASES DE BARUCH SPINOZA

  • Las cosas cognoscibles son infinitas.
  • Comprender es el principio de aprobar.
  • La devoción es el amor hacia aquel que admiramos.
  • Respuesta a una pregunta formulada por Jaris Jelles.
  • Existe tanta diferencia entre las cabezas como entre los paladares.
  • La alegría es el paso del hombre de una menor perfección a una mayor.
  • La tristeza es el paso del hombre de una perfección mayor a una menor.
  • El que se arrepiente de una acción es doblemente miserable e impotente.
  • Pues, como Dios es causa de sí mismo, basta que lo demostremos por sí mismo,.
  • Nadie que haya leído el Nuevo testamento puede dudar que los apóstoles fueron profetas.
  • La causa que hace surgir, que conserva y que fomenta la superstición es, pues, el miedo.
  • Sé también que es tan imposible que el vulgo se libere de la superstición como del miedo.
  • Si el hombre tiene una idea de Dios, Dios debe existir formalmente El hombre tiene una idea de Dios.
  • El derecho natural de cada hombre no se determina, pues, por la sana razón, sino por el deseo y el poder.
  • La experiencia nos ha demostrado que a la persona no le resulta nada más difícil de dominar que su lengua.
  • Quinto Curcio ha señalado con acierto, no hay medio más eficaz para gobernar a la masa que la superstición.
  • La suprema ley es la salvación del estado, a la que deben responder todas las demás, tanto humanas como divinas.
  • He cuidado atentamente de no burlarme de las acciones humanas, no deplorarlas, ni detestarlas, sino entenderlas.
  • La actividad más importante que un ser humano puede lograr es aprender para entender, porque entender es ser libre.
  • Por lo tanto, esclavo es quien esta obligado a obedecer las órdenes del señor y sólo busca la utilidad del que manda.
  • La paz es una virtud, un estado mental, una disposición constante en pro de la Benevolencia, la Confianza y la Justicia.
  • Las ideas no son unas pinturas mudas sobre una pizarra; una idea, en tanto que es idea, incluye una afirmación o una negación.
  • Es sumamente raro que los hombres cuenten una cosa simplemente como ha sucedido, sin mezclar al relato nada de su propio juicio.
  • Los adivinos sólo infunden el máximo respeto a la plebe y el máximo temor a los reyes en los momentos más críticos para un Estado.
  • Sólo es libre aquello que existe por las necesidades de su propia naturaleza y cuyos actos se originan exclusivamente dentro de si.
  • La esperanza es una alegría insegura surgida de la idea de una cosa futura o pretérita de cuya realización dudamos en alguna medida.
  • Los judíos solían referir a Dios todas aquellas cosas que superaban su capacidad y cuyas causas naturales ignoraban en aquella época.
  • Si hay una idea de Dios, la causa de esta idea debe existir formalmente, y contener en sí misma todo lo que la idea contiene objetivamente.
  • Si no quieres repetir el pasado, estúdialo sin la ayuda mutua, los hombres viven necesariamente en la miseria y sin poder cultivar la razón.
  • Lo único por lo que se distinguen las naciones entre sí es por la forma de su sociedad y de las leyes bajo las cuales viven y son gobernadas.
  • Según el derecho de naturaleza, nadie está obligado a vivir según el criterio de otros, sino que cada cual es el garante de su propia libertad.
  • Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito... ¡No encontrarás a Dios en ningún libro!
  • El deseo es la esencia mima del hombre, en cuanto se concibe determinada a actuar sobre algo, merced a cualquier afección dada a la propia esencia.
  • Luego, una inteligencia que sea de hecho finita o de hecho infinita, debe comprender los atributos de Dios y las modificaciones de Dios, y no otra cosa.
  • Nosotros no podemos demostrar por la razón si es verdadero o falso el fundamento de la teología, a saber, que los hombres se salvan por la sola obediencia.
  • La Escritura suele pintar a Dios a imagen del hombre y atribuirle alma, ánimo, afectos e incluso cuerpo y aliento a causa de la débil inteligencia del vulgo.
  • Si los hombres pudieran conducir todos sus asuntos según un criterio firme, o si la fortuna les fuera siempre favorable, nunca serían víctimas de la superstición.
  • Dios no tiene derecha ni izquierda, ni se mueve ni está parado, ni se halla en un lugar, sino que es absolutamente infinito y contiene en sí todas las perfecciones.
  • Todas las cosas que hay en la naturaleza son cosas o acciones Ahora bien, el bien y el mal no son cosas ni acciones Luego el bien y el mal no existen en la naturaleza.
  • Por Dios entiendo un ser absolutamente infinito, esto es, una substancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita.
  • Ahora bien, que el hombre tenga la idea de Dios está claro, puesto que él entiende sus atributos y estos atributos, no pueden ser producidos por él, ya que es imperfecto.
  • Los teólogos se han afanado, las más de las veces, por hallar la forma de arrancar de las Sagradas Escrituras sus ficciones y antojos y avalarlos con la autoridad divina.
  • Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno. Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar, de existir.
  • De donde resulta que ninguna sociedad puede subsistir sin autoridad, sin fuerza y, por tanto, sin leyes que moderen y controlen el ansia de placer y los impulsos desenfrenados.
  • Dado, pues, que la ley no es nada más que la forma de vida que los hombres se imponen a sí mismos o a otros por algún fin, parece que hay que distinguir ley humana y ley divina.
  • Los hombres se creen libres porque ellos son conscientes de sus voluntades y deseos, pero son ignorantes de las causas por las cuales ellos son llevados al deseo y a la esperanza.
  • Vemos que casi todos quieren hacer pasar sus invenciones por palabra de Dios y que no pretenden otra cosa que, so pretexto de religión, forzar a los demás a que piensen como ellos.
  • Quien es llevado por sus apetitos y es incapaz de ver y ni hacer nada que le sea útil es esclavo al máximo; y sólo es libre aquel que vive con sinceridad bajo la sola guía de la razón.
  • Los hebreos creyeron que su reinado era el reino de Dios y que sólo ellos eran hijos de Dios, mientras que las otras naciones eran enemigos de Dios, hacia las que sentían el odio más violento.
  • El Estado más violento será, pues aquel en que se niega a cada uno la libertad de decir y enseñar lo que piensa, y será, en cambio, moderado aquel en que se concede a todos esa misma libertad.
  • Nadie, en efecto, podrá jamás transferir a otro su poder ni, por tanto, su derecho, hasta el punto de dejar de ser hombre; ni existirá jamás una potestad suprema que pueda hacerlo todo tal como quiera.
  • Ningún milagro nos permite entender ni la esencia ni la existencia ni la providencia de Dios, sino que, por el contrario, estas cosas se perciben mucho mejor por el orden fijo e inmutable de la Naturaleza.
  • El método de interpretar la Escritura no es diferente del método de interpretar la naturaleza, sino que concuerda completamente con él entre la fe o teología y la filosofía no existe comunicación ni afinidad alguna.
  • Nota: Spinoza mantiene que los milagros, incluso los bíblicos, son meras construcciones mentales de los hombres sin ninguna realidad objetiva Al no ser construcciones divinas , sino del hombre, no permiten entender a Dios.
  • Tampoco hay nadie que no desee vivir con seguridad y sin miedo Pero esto es imposible que suceda, mientras esté permitido que cada uno lo haga todo a su antojo y no se concedan más derechos a la razón que al odio y a la ira.
  • El hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría consiste en una meditación no sobre la muerte, sino a propósito de la vida el odio a las otras naciones, era fomentada y alimentada mediante el culto diario.
  • La justicia y la injusticia reciben los nombres de equidad e iniquidad, porque quienes están encargados de dirimir los pleitos, están obligados a tratar a todos por igual, sin acepción de personas, y a defender por igual el derecho.
  • Todo cuanto deseamos honestamente se reduce a estos tres objetos principales, a saber, entender las cosas por sus primeras causas, dominar las pasiones o adquirir el hábito de la virtud y, finalmente, vivir en seguridad y con un cuerpo sano.
  • Cuanto mas se concede a los hombres la libertad de pensar, más se le acerca a su natural estado, y por consecuencia, más pacíficamente se reina.
  • Es imposible arrebatar a los hombres la libertad de decir aquello que piensan porque cada uno de los hombres busca su propia liberación de expresión.

GEORGE SANTAYANA

MAS FRASES DE GEORGE SANTAYANA

  • Mi ateísmo, como el de Spinoza, es la verdadera piedad hacia el universo y niega únicos dioses modeladas por el hombre a su imagen, a ser servidores de los intereses humanos.

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LIBERTAD DE PENSAR Y DECIR LO QUE SE PIENSA

BARUCH SPINOZA

EL PENSADOR LIBRE

Spinoza es un libre pensador nato

Gracias a su pensamiento libre Spinoza establece una serie de proposiciones que conducen a la conclusión de que Dios es la única sustancia. El argumento se basa en gran medida en la caracterización de "sustancia" y de "Dios".

«Una sustancia se define como aquello que tiene sus propias características, que definen justo lo que es».

Una sustancia puede tener "afectos", que son características no esenciales. Dios se define como la sustancia que tiene características infinitas, una de las cuales es la existencia.

Las proposiciones relevantes al monismo se pueden resumir en el siguiente argumento filosófico. Y para los lectores modernos, la noción de "conciencia" o "universo" puede ser sustituida por el "Dios" de Spinoza.

Por otros libre pensadores se han realizado argumentos similares en las enseñanzas orientales que dicen que dos sustancias no pueden compartir ninguna característica y que Dios es una sustancia con características infinitas y que todas expresan la esencia eterna e infinita. Con tales características, Dios existe, y no puede no existir. Por lo tanto, Dios es la única sustancia.

Veamos como Baruch Spinoza defendía al libre pensador...

LIBRE DE PENSAR Y DE DECIR

Cada cual es el garante de su libertad

Si fuese igualmente fácil mandar a los espíritus que a las lenguas, cada poder reinaría en absoluto y ningún imperio llegaría a ser violento. En efecto, cada uno viviría según el carácter de sus soberanos, y juzgaría por la sola voluntad de éstos lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto.

Cada uno, pues, cede su derecho de obrar con arreglo a la voluntad propia, pero no el de juzgar y razonar; por esto ninguno, salvo el derecho de los poderes soberanos, puede obrar contra sus decretos, pero cada uno puede sentir y pensar, y por consiguiente también decir sencillamente lo que diga o lo que enseñe por la sola razón y no por el engaño, la cólera o el odio, prohibiéndosele introducir, por autoridad suya, modificación alguna en el estado.

Por ejemplo, si algún libre pensador demuestra que cierta ley repugna a la sana razón, y piensa que debe ser por esta causa derogada, si somete esta su sentencia al juicio del soberano (en quien reside la potestad de establecer y derogar las leyes) y nada trabaja durante este tiempo contra lo prescrito en las leyes, merece bien de la república y es un excelente ciudadano. Pero si al contrario, hace acusar al magistrado de iniquidad y atrae contra él los odios del vulgo o intenta sediciosamente derogar él mismo aquella ley, en vez del magistrado, es seguramente un perturbador y un rebelde.

Vemos, pues, por qué razón cada uno, sin herir el poder y la autoridad de los poderes supremos, esto es, dejando a salvo la paz del estado, puede decir y enseñar aquello que piense; es decir, dejando a los soberanos el derecho de arreglar por decreto todas las cosas que deben ser ejecutadas y no haciendo nada contra sus disposiciones, aunque se encuentre más de una vez obligado a obrar contra su conciencia, cosa que puede hacerse sin ultrajar la piedad, ni la justicia y aun debe hacerse si se quiere aparecer como ciudadano justo y piadoso.

En el gobierno democrático (que se aproxima más al estado natural) hemos visto que todos se obligan con su pacto a obrar según la voluntad común, pero no a juzgar y a pensar de ese modo; esto es, porque los hombres no pueden todos pensar del mismo modo, y pactan que tenga fuerza de ley aquella que reúna más sufragios, conservando, sin embargo, autoridad bastante para derogarlas si encontrasen otras disposiciones mejores. Por lo tanto, cuanto menos se concede a los hombres la libertad de pensar, más se les aparta de su natural estado, y por consecuencia, más violentamente se reina.

Además quiero que conste que de esta libertad no se origina inconveniente alguno que no pueda ser evitado por la autoridad del soberano, y que sólo con ella se contiene fácilmente a los hombres divididos por sus opiniones para que no se perjudiquen mutuamente; los ejemplos abundan y no necesito buscarlos muy lejos.

«Sirva de ejemplo la ciudad de Ámsterdam, en que se observa un crecimiento, admiración de todas las naciones y fruto únicamente de esta libertad».

En esta tan floreciente república y ciudad eminente viven en la mayor concordia todos los libre pensadores de cualquier secta y de cualquier opinión que sean, y para confiar a alguno sus bienes cuidan únicamente de saber si es pobre o rico, si está acostumbrado a vivir de buena o de mala fe. Por lo demás, nada les importa la religión o la secta, porque tampoco significa nada delante del juez para favorecer o perjudicar al acusado; y no hay secta alguna tan odiosa cuyos adeptos (mientras vivan honradamente sin hacer daño a nadie y dando a cada uno su derecho) no se encuentren protegidos por la vigilancia y la autoridad pública de los magistrados.

Al contrario, cuando comenzó la controversia de los representantes y de los contra representantes a penetrar la religión en la política y a agitar los estados, se vio la religión destrozada por los cismas y se dieron muchos ejemplos de que las leyes que intentan dirimir contiendas religiosas más bien irritan a los hombres que los corrigen; que a muchos sirven para un desenfreno sin límites, y que además los cismas no nacen de un gran estudio de la verdad (fuente de mansedumbre y de tolerancia) sino de un apetito inmoderado de gobierno.

De todo ello consta más claramente que la luz del mediodía que los verdaderos cismáticos son aquellos que condenan los escritos de los demás e instigan al vulgo presuntuoso contra los escritores; que estos escritores mismos, que las más de las veces sólo a los doctos se dirigen y sólo a la razón llaman en su auxilio; y por último, que aquellos son realmente perturbadores que en un estado libre pretenden destruir la libertad del pensamiento, que jamás puede ser disminuida.

Hemos demostrado:

  1. Que es imposible arrebatar a los hombres la libertad de decir aquello que piensan.
  2. Que esta libertad puede ser concedida a cada uno dejando a salvo el derecho y la autoridad de los poderes soberanos, y que puede, salvo este mismo derecho, conservarla cada uno si de ella no toma licencia alguna para introducir, como derecho, alguna novedad en la república o para ejecutar algo contra las leyes recibidas.
  3. Que cada uno puede gozar de esta misma libertad sin daño para la paz del estado, y que no nacen de ella inconvenientes, que no puedan ser fácilmente resueltos.
  4. Que puede también disfrutarse sin perjuicio alguno para la piedad.
  5. Que las leyes que se refieren a cosas especulativas son absolutamente inútiles.
  6. Hemos demostrado finalmente que esta libertad puede poseerse, no sólo manteniendo la paz del estado, la piedad y el derecho de los sumos poderes, sino que debe mantenerse para conservar estas mismas cosas.

En efecto, allí donde por el contrario se trabaja para arrebatar esta libertad a los hombres, y se llevan a juicio las opiniones de los disidentes, no sus almas, únicas que pueden pecar, allí se dan ejemplos en los hombres honrados, cuyos suplicios los hacen aparecer mártires, con lo cual los demás se irritan, y más que amedrentados se sienten movidos a misericordia y muchas veces a venganza.

Entonces se corrompen la fe y las buenas costumbres, se ensalza a los aduladores y a los pérfidos y triunfan los adversarios, por lo que se dispensa a su cólera, y porque los que poseen el imperio se hacen sectarios de aquellas doctrinas de que ellos se declararon intérpretes; de donde nace que se atrevan a usurpar el derecho y la autoridad de éstos y no enrojezcan, al vanagloriarse, de que ellos son inmediatamente elegidos por Dios y sus divinos decretos, y puramente humanas, al contrario, las potestades soberanas, a quienes, por lo tanto, quieren obligar con los decretos divinos, es decir, con sus decretos: nadie puede ignorar cuánto repugnan todas estas cosas a la felicidad del estado.

Por esto concluyo, como ya lo he afirmado, que nada hay más seguro para el estado que encerrar la religión y la piedad en el solo ejercicio de la caridad y la justicia, y limitar el derecho de los poderes soberanos, tanto en las cosas sagradas como en las profanas, a los actos únicamente; por lo demás concédase a cada uno, no sólo libertad de pensar como quiera, sino también de decir cómo piensa.

He concluido lo que me había propuesto desenvolver en este Tratado. Fáltame advertir únicamente que nada hay escrito en él que de buen grado no someta al examen y al juicio de los soberanos de mi patria. Si juzgaran algunas de las cosas que he dicho contrarias a las leyes o al bien de todos, quiero que se dé por no dicha. Sé que soy hombre y que he podido equivocarme; he procurado, sin embargo, cuidadosamente no hacerlo, y sobre todo, que aquello que escribía fuese perfectamente conforme a las leyes de mi patria, a la piedad y a las buenas costumbres.

«Cuanto menos se concede a los hombres la libertad de pensar, más se les aparta de su natural estado, y por consecuencia, más violentamente se reina».

Baruch Spinoza

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