El trozo de la verdad

Ilustración del cuento: El trozo de la verdad

La verdad libera, lo demás esclaviza. Y la verdad no se puede encontrar mediante el esfuerzo intelectual, la verdad no es una teoría, es una experiencia.

Cuento zen sobre la verdad

Seguramente recordarán la historia, cuando el diablo y un amigo caminaban por una calle y vieron frente a ellos cómo un hombre se detenía y recogía algo del suelo, lo miró y lo guardó en su bolsillo.

El amigo le preguntó al diablo:

¿Qué recogió ese hombre?

Recogió un trozo de la Verdad, le contestó el diablo.

Eso es entonces mal negocio para ti, dijo su amigo.

Oh, no, en absoluto, replicó el diablo, voy a dejar que la convierta en religión.

MORALEJA

La verdad, al ser ilimitada, incondicionada, inabordable por ningún camino, no puede organizarse; ni puede formarse organización alguna para conducir o forzar a la gente a seguir un sendero particular. Si desde el principio entienden eso, entonces verán lo imposible que es organizar una creencia.

Una creencia es un asunto puramente individual, y no pueden ni deben organizarla. Si lo hacen, se convertirá en algo muerto, cristalizado, en un credo, en una secta, en una religión que debe imponerse a los demás. Ninguna organización puede conducir al hombre a la espiritualidad.

Las organizaciones no pueden hacernos libres. Ningún hombre desde fuera puede hacernos libres; ningún culto organizado ni el propio sacrificio para una causa puede hacernos libres; ni formar parte de una organización o dedicarse a un trabajo puede hacerles libres.

La verdad sin manipulación y sin ser organizada nos hará libres.

La verdad libera, y nada más. Todo lo demás crea una atadura, una carga. Y la verdad no se puede encontrar mediante el esfuerzo intelectual, porque la verdad no es una teoría, es una experiencia. Para conocerla tienes que vivirla, y en eso es donde millones de personas yerran. Piensan que si pueden aferrarse a una creencia, les ayudará a encontrar la verdad. Poco a poco se asientan en la creencia, y la creencia no es la verdad. Es una teoría sobre la verdad: como si alguien se contentase solo con palabras, escrituras, doctrinas, dogmas; como si un ciego empieza a creer que la luz existe, o alguien hambriento lee un libro de cocina, y cree en esto o en aquello, pero sigue hambriento. Esa no es la forma de satisfacer el hambre.

La verdad es un alimento. Hay que digerirlo, asimilarlo; hay que permitir que circule por la propia sangre, que lata en el propio corazón. La verdad tiene que ser asimilada en tu unidad orgánica. La creencia nunca se asimila, sigue siendo siempre un fenómeno sin relacionar.

Un hombre con confianza verdadera no tiene creencias, sencillamente confía, porque ha llegado a saber lo bella que es la vida. Y ha llegado a saber lo eterna que es la vida. Ha llegado a saber que dentro de sí mismo está el reino de Dios.


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