El sacerdote terco

Ilustraci贸n del cuento: El sacerdote terco

Aprender a orar no significa dejar todo en manos de Dios. No debes volverte inactivo; por el contrario, la acci贸n solo puede surgir de la oraci贸n sincera.

Cuento zen sobre la oraci贸n

Se hallaba un sacerdote sentado en su escritorio, junto a la ventana, preparando un serm贸n sobre la oraci贸n. De pronto oy贸 algo que le pareci贸 una explosi贸n, y a continuaci贸n vio c贸mo la gente corr铆a enloquecida de un lado para otro, y supo que hab铆a reventado una presa, que el r铆o se hab铆a desbordado y que la gente estaba siendo evacuada.

El sacerdote comprob贸 que el agua hab铆a alcanzado ya a la calle en la que 茅l viv铆a, y tuvo cierta dificultad en evitar dejarse dominar por el p谩nico. Pero consigui贸 decirse a s铆 mismo: Aqu铆 estoy yo, preparando un serm贸n sobre la oraci贸n, y se me ofrece la oportunidad de practicar lo que predico. No debo huir con los dem谩s, sino quedarme aqu铆 y confiar en que la oraci贸n a Dios me ha de salvar.

Cuando el agua llegaba ya a la altura de su ventana, pas贸 por all铆 una barca llena de gente. 隆Salte adentro, Padre!, le gritaron. No, hijos m铆os, respondi贸 el sacerdote lleno de confianza, yo conf铆o en que me salve la oraci贸n a Dios.

El sacerdote subi贸 al tejado y, cuando el agua lleg贸 hasta all铆, pas贸 otra barca llena de gente que volvi贸 a animar encarecidamente al sacerdote a que subiera. Pero 茅l volvi贸 a negarse. Entonces se encaram贸 a lo alto del campanario. Y cuando el agua le llegaba ya a las rodillas, lleg贸 un agente de polic铆a a rescatarlo con una motora. Muchas gracias, agente, le dijo el sacerdote sonriendo tranquilamente, Pero ya sabe usted que yo conf铆o en Dios, que nunca habr谩 de defraudarme.

Cuando el sacerdote se ahog贸 y fue al cielo, lo primero que hizo fue quejarse ante Dios: 隆Yo confiaba en ti! 驴Por qu茅 no hiciste nada por salvarme? Bueno, le dijo Dios, la verdad es que envi茅 tres botes 驴no lo recuerdas?

MORALEJA

Muchos que oran son testarudos ante la realidad.

Ve y observa en los templos a las personas que oran, solo est谩n enga帽谩ndose a s铆 mismas porque no tienen la cualidad de la acci贸n, porque si tuvieran esta cualidad, el mundo ser铆a distinto. La mayor铆a de los que salen de los templos, salen con las mejores intenciones, pero de la intenci贸n a la acci贸n, hay mucho trecho.

El orar es una cualidad que pertenece a la esencia y no a la personalidad. La personalidad es lo que haces, son tus acciones, es una relaci贸n activa con la existencia. La esencia es lo que te mueve, es lo que se te ha dado, es un regalo de Dios.

Por lo general, creemos que orar es pedir algo, quejarnos, tenemos deseos y creemos que Dios nos puede ayudar, la plegaria se ha convertido en petici贸n, muy lejana a la acci贸n, sin embargo, la plegaria solo puede ser un agradecimiento, una gratitud.

Es cierto: Aprende a orar. Eso no significa dejar todo en manos de Dios. No debes volverte inactivo; por el contrario, la acci贸n solo puede surgir de la oraci贸n. Si no sabes c贸mo orar, en profunda meditaci贸n y luego pasar a la acci贸n, lo que sea que hagas ser谩 est煤pido, no acci贸n.

Algo pasa, y t煤 reaccionar谩s con oraci贸n. Pones todo en manos de Dios; 驴y a eso lo llamas acci贸n? No lo es aunque lo creas, es una gran estupidez. Las tragedias suceden en la vida y t煤 has funcionado como una m谩quina. Igual que cuando aprietas un interruptor y se enciende la luz, y aprietas otra vez y se apaga; eso es lo que la gente hace: son testarudos ante la realidad.


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