La iluminación espiritual

Semillas de amor

-Cuento zen con moraleja-

Ama al extraño. No se trata de dar algo valioso, basta con echar una mano. Da y descubrirás que la gente que ni te miraba se muestra amorosa contigo.

Cuento zen # 200

Cuento zen sobre las semillas de amor

Un sacerdote soñó que entraba en una tienda recién inaugurada en la plaza del mercado y, para su sorpresa, descubrió que su Maestro se encontraba tras el mostrador.

¿Qué vendes aquí?, le preguntó.

Todo lo que tu corazón desee, respondió su Maestro.

Sin atreverse casi a creer lo que estaba oyendo, el sacerdote se decidió a pedir lo mejor que un ser humano podría desear: «Deseo Amor», dijo. Y luego, tras un instante de vacilación, añadió: No solo para mí, sino para todo el mundo.

El maestro se sonrió y dijo: Creo que no me has comprendido...

Aquí no vendemos frutos. Únicamente vendemos semillas.

MORALEJA

Las semillas del amor son como semillas de flores que se esparcen a ciegas y sin saber donde caerán. Cuando vengan las lluvias, las semillas se harán plantas. Pronto habrá millones de flores. Nunca sabrás donde las sembraste y no podrás verlas, pero miles de personas las verán y disfrutarán de su fragancia. Y la gente dirá: Si no vas a volver a verlas, ¿a qué viene tu alegría?

Y les dirás: «Mi alegría es que muchas personas se sentirán alegres. No soy avaro. Haré todo lo que pueda para hacer feliz a la gente; es parte de mi amor».

Da tu amor a cualquiera, al extraño. No se trata de dar algo valioso, basta con echar una mano. Aprende a dar y descubrirás que mucha gente que ni te miraba se muestra amorosa contigo.