Jesús y María Magdalena

Ilustración del cuento: Jesús y María Magdalena

Recuerda: A menos que te conviertas en Jesús o Buda, no podrás amar, porque aquel para el cual ha desaparecido la necesidad de ser necesitado puede amar.

Cuento zen sobre amar

Khalil Gibran, en su maravilloso libro Jesús, el Hijo del Hombre, cuenta una historia ficticia, pero bellísima; en ocasiones, la ficción supera a la realidad.

María Magdalena mira a través de la ventana y ve que Jesús está sentado en su jardín bajo un árbol. El hombre es guapísimo. Ella había conocido a muchos hombres, era una prostituta famosa, incluso los reyes acudían a su puerta; era una de las flores más deseadas.

Sin embargo, nunca había conocido a un hombre como él, porque a una persona como Jesús le rodea un aura invisible que le confiere una belleza que no es de este mundo. Le rodeaba una especie de luz, un aura, la manera en que caminaba, la manera en que se sentaba, como si fuera un emperador vestido de mendigo. Parecía tan de otro mundo que Magdalena les pidió a sus criados que le invitaran, pero Jesús no aceptó. Les contestó:

—Estoy bien aquí. Este árbol es muy bello y da una buena sombra.

Entonces Magdalena tuvo que ir en persona y pedirle, rogarle a Jesús; no podía creer que nadie rechazara una invitación suya. Le dijo:

—Entra en mi casa y sé mi invitado.

Jesús le contestó:

—Ya he entrado en tu casa, ya me he convertido en tu invitado. Ahora no hace falta ya nada más.

Ella no podía entender. Le dijo:

—No, ven y no me rechaces; nadie me ha rechazado nunca. ¿No puedes hacerme ese pequeño favor? Sé mi invitado. Come hoy conmigo, quédate conmigo esta noche.

Jesús le contestó:

—Acepto tu invitación. Pero recuerda: aquellos que dicen que te aceptan, nunca te han aceptado; y ninguno de aquellos que dicen que te aman, te han amado nunca. Además, te digo: yo te amo y solo yo puedo amarte.

Pero no entró en la casa; después de descansar un rato se marchó.

MORALEJA

¿Qué es lo que dijo Jesús?

Dijo: «Solo yo puedo amarte. Aquellos que no hacen más que decirte que te aman no te pueden amar, porque el amor no es algo que puedas hacer, es una característica de tu ser».

El amor tiene lugar cuando consigues un alma cristalina, un ser. Con ego nunca puede tener lugar; el ego quiere ser amado, porque ese es el alimento que necesita. Tú amas para convertirte en una persona necesitada. Traes al mundo hijos no para amar a los hijos, sino para ser necesitado, para poder ir por ahí y decir: «¡Mira con cuántas responsabilidades estoy cumpliendo, ¡cuántos deberes estoy llevando a cabo! Soy un padre, soy una madre...». Lo haces simplemente para glorificar tu ego.

A menos que abandones esta necesidad de ser necesitado no podrás ser un solitario. Ve al Himalaya; crearás una sociedad. Pero si desaparece la necesidad de ser necesitado, dondequiera que estés, aunque vivas en el mercado, en pleno centro de la ciudad, estarás solo.

Ahora intenta entender las palabras de Jesús:

«Bienaventurados sean los solitarios y los elegidos porque de ellos será el reino de los cielos; volveréis a él porque procedéis de él».

Recuerda: A menos que te conviertas en Jesús o en Buda, no podrás amar, porque solo aquel para el cual ha desaparecido la necesidad de ser necesitado puede amar.


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Recuerda: A menos que te conviertas en Jesús o Buda, no podrás amar, porque aquel para el cual ha desaparecido la necesidad de ser necesitado puede amar.