La iluminación espiritual

El amor transforma

-Cuento zen con moraleja-

Todos cambiamos en presencia del amor aun si el amor es duro. No olvidemos que el amor es clarividente y comprensivo. Siempre está de parte del otro.

Cuento zen # 337

Cuento zen sobre el amor

En cierta ocasión, Buda se vio amenazado de muerte por un bandido.

Sé bueno, le dijo Buda, y ayúdame a cumplir mi último deseo. Corta una rama de ese árbol.

Con un golpe de su espada, el bandido hizo lo que le pedía Buda. ¿Y ahora, qué?

Ponla de nuevo en su sitio, dijo Buda.

El bandido soltó una carcajada: ¡Debes de estar loco si piensas que alguien puede hacer semejante cosa!

Al contrario, le dijo Buda. Eres tú el loco al pensar que eres poderoso porque puedes herir y destruir. Eso es demasiado elemental. El amor es el que sabe crear y sanar.

Desde entonces, el bandido se transformó y no volvió a delinquir.

MORALEJA

Todos cambiamos en presencia del amor, aun cuando el amor puede ser muy duro. No olvidemos que la respuesta del amor es siempre la que el otro necesita, porque el amor verdadero es clarividente y comprensivo. Siempre está de parte del otro.

«Haced lo que os digo», dice Jesús. Pero no podremos hacerlo si antes no nos transformamos en el hombre nuevo, despierto, libre, que ya puede amar.

Hay un proverbio chino que dice:

«Cuando el espíritu no está bloqueado, el resultado es el amor».

Ser transformado en amor, eso es amar a Dios.

¿Qué mérito tendría si saludaras tan solo a los que te saludan? ¿Y si amaras tan solo a los que te aman? Tú tienes que ser amor total, como Dios que es todo amor.

Cuanto más amas a los otros, más puedes hacer sin ellos. Cuanto más amas a los otros, más puedes hacer con ellos.

¡Solo hay una necesidad! Esa necesidad es amar. Cuando alguien descubre eso, es transformado. Cuando la vida se vuelve amorosa... la espiritualidad se traslada a nuestros actos. Cuando sabes amar es señal de que has llegado a percibir a las personas como semejantes a ti. Nadie hay mejor ni peor que tú.

El amor de verdad es un estado de sensibilidad que te capacita para abrirte a todas las personas y a la vida. Tú no puedes exigir a nadie que te quiera, pero en cuanto no seas exigente y sueltes los apegos, podrás reconocer cuántas personas te quieren así como eres, sin exigirte nada, y comenzarás a saber lo que es amor.

Cuando amas de verdad a una persona, ese amor despierta el amor a tu alrededor. Te sensibiliza para amar y comienzas a descubrir belleza y amor en todo.

Somos analfabetos en la expresión de sentimientos.

Hasta que no veas inocentes a las personas, no sabrás amar como Jesús.

El amor es: yo estoy de tu lado, no estoy en contra de ti.

El amor de verdad es algo no personal, pues se ama cuando el yo programado no existe ya.

El que ama, termina siempre por vivir en el mundo del amor, porque los demás no tienen más remedio que reaccionar por lo que él los impacta.

Amar es como oír una sinfonía. Ser sensible a toda esa sinfonía. Significa tener un corazón sensible a todos y a todo.

Dios es Padre, pero un buen padre que ama en libertad, y quiere y propicia que su hijo crezca en fuerza, sabiduría y amor.

El egoísmo es exigir que el otro haga lo que tú quieras. El dejar que cada uno haga lo que quiera es amor. En el amor no puede haber exigencias ni chantajes. El amor desinteresado existe, es el único al que se puede dar el nombre de amor.

Amar significa ver al otro claramente como es.

El amor no es deseo, no es fijación. Apasionarse es el exacto opuesto al amor.

Cada uno va buscándose a sí mismo, porque si no nos encontramos a nosotros mismos, no podremos salir hacia los demás.