El sapo

Ilustración del cuento: El sapo

El hombre no puede ser perfecto pero puede experimentar. Hasta que el hombre corriente no experimente algo de lo divino, no podrá conocer la perfección.

Cuento zen sobre la perfección

Un hombre le ofreció a su hija de doce años una propina si cortaba el césped del jardín. La muchacha puso manos a la obra con todo entusiasmo, y al anochecer había quedado perfectamente cortado todo el césped... a excepción de una de las esquinas del mismo.

Cuando el padre le dijo que no podía darle la propina convenida, porque no había cortado todo el césped, ella le replicó que no le importaba, pero que no cortaría aquel trozo de césped.

Intrigado por conocer el motivo, el padre se acercó a examinar el lugar en cuestión y vio que, justamente en el centro de la zona que había quedado sin cortar, había un enorme sapo. La muchacha había sentido demasiada compasión como para atropellarlo con el cortacésped.

MORALEJA

Donde hay amor hay desorden. El orden perfecto haría del mundo un cementerio.

El otro día leí esta declaración: “Perfeccionista es el que recibe un gran dolor y devuelve un dolor aún mayor”.

¡Y el resultado es un mundo desgraciado!

Nuestra educación misma es tan neurótica, tan psicológicamente enferma que destruye toda posibilidad de crecimiento interior. Desde el principio te enseñan a ser perfeccionista y naturalmente le vas aplicando tu perfeccionismo a todo, hasta al amor.

Todo el mundo trata de ser perfecto. Y cuando alguien empieza a tratar de ser perfecto, también empieza a esperar que todos los demás sean perfectos. Se convierte en un censor; empieza a humillar a la gente. Eso es lo que vuestros mal llamados santos han estado haciendo a través de los tiempos. Eso es lo que vuestras religiones os han estado haciendo: envenenando vuestro ser con la idea de la perfección.

Al no poder ser perfecto, empiezas a sentirte culpable, te pierdes el respeto a ti mismo. Y el hombre que se ha perdido el respeto a sí mismo pierde toda dignidad de ser humano. Tu orgullo ha sido aplastado, tu humanidad ha sido destruida por bonitas palabras como perfección.

El hombre no puede ser perfecto.

Sí, hay algo que el hombre puede experimentar, pero está más allá de la concepción del hombre corriente. Hasta que el hombre corriente no experimente también algo de lo divino, no podrá conocer la perfección.


CUENTOS RELACIONADOS


hombres
Cuento Zen: El anacoreta que quería domarse

El anacoreta que quería domarse

Un anacoreta es una de esas personas que por amor a Dios se refugian en la soledad para solamente dedicarse plenamente a la oración y a la penitencia.


Cuento Zen: Las pertenencias

Las pertenencias

Abandónate y acércate a la existencia en silencio y en paz, en meditación, y un día verás que estás tan lleno, más que lleno, rebosas de alegría, de dicha, de bendición.


Cuento Zen: El valor del ser humano

El valor del ser humano

Cuidémonos del hombre sin principios para no tener que preocuparnos por la falta de ética. Intenta no volverte un hombre de éxito sino un hombre de valor.


perfeccion
Cuento Zen: La mujer perfecta

La mujer perfecta

Con el amor no podemos jugar a la perfección. El amor es el valor supremo, la plenitud final. No hay nada más allá de él. Por eso no puedes perfeccionarlo.


Cuento Zen: El sapo

El sapo

El hombre no puede ser perfecto pero puede experimentar. Hasta que el hombre corriente no experimente algo de lo divino, no podrá conocer la perfección.


Cuento Zen: La perfecta escucha

La perfecta escucha

La perfecta escucha es escuchar no tanto a los demás cuanto a uno mismo. La perfecta visión consiste en mirar no tanto a los demás cuanto a uno mismo.


cuentos
Cuento Zen: El tropezón del ciego

El tropezón del ciego

Entendamos el verdadero propósito de la mente para no tener el tropezón del ciego. La mente no es el problema. No sabes cómo manejarla, ese es el problema.


Cuento Zen: Dios sin intermediario

Dios sin intermediario

Si no están los intermediarios, las personas tardarían mucho menos en encontrar a Dios, en darse cuenta de que pueden hacerlo sin la ayuda de los demás.


Cuento Zen: El pasajero

El pasajero

Si el miedo te rodea, recuerda que en la vida hay solamente una cosa segura, y esta es la muerte. De ahí, que aquellos que lo entiendan abandonen el miedo.