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TUS CREENCIAS NACIERON DE VOS

ANTHONY DE MELLO

27/09/2018

Tus creencias nacieron de vos - Anthony de Mello - Cuentos - Leyendas (GAA # 3016)

CUENTOS - LEYENDAS

CUENTOS POPULARES

Donde se mezclan la fantasía y la realidad.

Generalmente están relacionados con la vida cotidiana; con leyendas, conceptos religiosos, añoranzas y acontecimientos tristes o alegres del pasado y situaciones del presente. Expresan la fe en Dios y en la salvación que, a pesar de su demora, llegará, si estamos dispuestos a esperarla con fidelidad.

EL GATO ATADO

El maestro de zen y sus discípulos comenzaron su meditación de la tarde.

El gato que vivía en el monasterio hacía tanto ruido que distrajo los monjes de su práctica, así que el maestro dio ordenes atar al gato durante toda la práctica de la tarde.

Cuando el profesor murió años más tarde, el gato continuó siendo atado durante la sesión de meditación. Y cuando, a la larga, el gato murió, otro gato fue traído al monasterio y siendo atado durante las sesiones de práctica.

Siglos más tarde, eruditos descendientes del maestro de zen escribieron tratados sobre la significación espiritual de atar un gato para la práctica de la meditación.

Rituales que nacen accidentalmente pueden convertirse en creencias absurdas que se traspasan de generación a generación. ¿Y vos?.. ¿tenéis algún gato atado en tu vida?

EL HECHIZO DEL OLVIDO

¿Estas atrapado por este hechizo?

En un momento del tiempo, Devindra, el Señor de los Celestiales, había nacido como cerdo en la Tierra. Luego de haberlo hecho pasaba todo su tiempo llevando una vida de familia metido en agua sucia y lodosa.

Una vez que acertó a pasar por allí el sabio Narada y vio a este cerdo y a su familia, reconoció a Devindra reducido a aquella forma y se compadeció sinceramente por él. Le habló así: “Devindra, mira hasta qué estado has degenerado. ¿Qué te ha pasado? Déjame sacarte de aquí. Puedo usar todos mis poderes de penitente para ayudarte”.

Le siguió hablando con gran conmiseración, diciéndole que uno que debería estar gozando de todos los deleites de los cielos había sido llevado a una vida tan miserable.

Cuán infortunada se había vuelto su vida. A ello Devindra, en la forma de cerdo, le respondió: “Narada, ¿por qué te interpones en mi alegría? La alegría de que gozo en este charco de agua sucia no la lograría en ninguna otra parte. La alegría de que gozo aquí en este charco, con mi mujer y mis hijos, no creo poder lograrla siquiera en los cielos. Te ruego que no la interrumpas. Por favor sigue tu camino”.

Ello muestra que Devindra, al encontrarse bajo el hechizo de la ilusión y del apego a la forma física, no se daba cuenta de su lamentable condición.

Aquel que se encuentra bajo el hechizo del olvido de su divinidad, se encuentra sumido en el engaño.

Nosotros también vivimos atrapados por objetos mundanos que nos atan y nos hacen estar cautivos por afectos enfermizos o posesivos, desde el dominio y la castración, y no desde la genuina libertad del ser, que es no esperar nada a cambio por nuestras acciones. Nos olvidamos de nuestra esencia fundamental. Caímos en el adormecimiento de nuestra luz, de nuestros potenciales más extraordinarios y elegimos, muchas veces, vivir en lo más bajo de nosotros mismos.

No caigas en el hechizo, recuerda tu verdad, eres un ser divino que nació para brillar!

¿TENÉIS CODICIA?

El árbol embrujado.

Al pasar un comerciante debajo de un árbol embrujado, oyó una voz que le decía:

  • ¿Te gustaría poseer las siete tinajas de oro?
  • El comerciante miró alrededor suyo y no vio a nadie.
  • Pero su codicia se había despertado y respondió con avidez:
  • Sí, me gustaría mucho.
  • Entonces ve a tu casa enseguida, – dijo la voz y allí las encontrarás.

El comerciante retornó a su casa con grandes pasos. Y, en efecto, allí estaban las siete tinajas, todas llenas de oro, menos una que no estaba llena. Entonces el comerciante no pudo soportar la idea que una tinaja no estuviera llena del todo. Sintió un violento deseo de llenarla porqué de lo contrario no sería feliz.

Fundió todas las joyas de la familia en monedas y las puso en la tinaja. Pero esta continuaba igual que antes: medio llena. ¡Aquello lo exasperaba! Se puso a ahorrar y economizar como un loco, hasta el punto de hacer pasar hambre a la familia. Todo era inútil. Por mucho oro que introdujera en la tinaja, ésta continuaba siempre medio llena.

Por suerte un día consiguió trabajo con el Rey y redobló su sueldo. Así recomenzó su lucha por llenar la tinaja. Incluso llegó a mendigar. Y la tinaja engullía tantas piezas de oro como le introducían, pero rehusaba obstinadamente a llenarse.

El Rey se dio cuenta del famélico aspecto de su empleado. Y le preguntó:

  • ¿Qué te pasa?
  • Cuando tu sueldo era más pequeño, eras tan feliz.
  • Y ahora que has doblado el sueldo estás destrozado y abatido
  • ¿No será que te han dado las siete tinajas de oro?

El comerciante quedo muy sorprendido:

  • ¿Quién os lo ha dicho, Majestad?, – preguntó.

El Rey se rió.

  • Es evidente que tienes los síntomas de la persona a quien el fantasma ha dado las siete tinajas. Una vez me las ofreció a mí. Cuando le pregunté si el oro podía ser gastado o era únicamente para ser atesorado, él se esfumó sin decir ni un vocablo. Aquel oro no podía ser gastado. Lo único que hace es producir el vehemente impulso de amasar más oro cada día.

Ve, pues, y devuélvelo al fantasma ahora mismo y serás de nuevo un hombre feliz.

¿SABES QUIEN SOS?

Cuando una mujer murió, fue llevada al tribunal celestial.

  • ¿Quién eres? Pregunto una voz.
  • Soy la mujer del alcalde. Dijo ella.
  • Te he preguntado quién eres y no con quien estas casada.
  • Soy la madre de cuatro hijos.
  • Te he preguntado quién eres y no cuantos hijos tienes.
  • Soy maestra de escuela.
  • Te he preguntado quién eres y no cual es tu profesión.
  • Soy cristiana.
  • Te he preguntado quién eres y no tu religión.
  • Soy una persona que iba todos los días a la iglesia y ayudaba a los pobres.
  • Te he preguntado quién eres y no lo que hacías.

Algunas personas no se dan cuenta de quiénes son verdaderamente, ya que solo se apoyan en las cosas que tienen fuera y no se animan a miran dentro de su interior.

¿TE MATA LA INDECISIÓN?

El camello, llamado “Indecisión”.

Cuentan que aquella noche era especialmente fría en el desierto. Abdalá montó su pequeña tienda de campaña, tan pequeña que apenas cabía él acostado. Se despidió de su camello, llamado “Indecisión”, acariciándole la cabeza, pero dejándolo fuera, y se dispuso a pasar una noche tranquila y reparadora.

Apenas había conciliado el sueño cuando el camello lo llamó con voz suave, pero insistente. “Déjame meter la nariz en tu tienda, hace mucho frío y la tengo completamente helada…” Abdalá, que era un hombre bueno, accedió a la petición.

Pero ocurrió que en cuanto se durmió profundamente, el camello empujó un poco y metió la cabeza completa. Como la tienda era tan pequeña, al hacer esto topó con la cabeza del hombre y lo corrió hasta que éste sacó los pies por el otro extremo. Abdalá protestó, pero “Indecisión” le hizo ver que eso no era en realidad gran cosa. Pasó poco tiempo para el camello metiera los hombros y empujara a su patrón afuera, hasta las rodillas. Para hacer el cuento corto, “Indecisión” siguió introduciéndose en la tienda, llenándola por completo y sacando a Abdalá por el otro extremo, hasta que finalmente quedó completamente fuera.

¿Les suena esto conocido? ¿No te ha ocurrido alguna vez que al dejar entrar un poco de indecisión ésta lo abarcó todo, sacándote de las cosas buenas de la vida?

Por ejemplo, le ocurre a los estudiantes cuando se están preparando para un examen, pero frente al televisor dejan que indecisión les pida ver “un poquito más”. Y le ocurre también a los vendedores, cuando les pide “posponer para la semana que entra” la visita a ese cliente importante. Y por supuesto le sucede a aquel que quiere bajar de peso, pero deja que el entrometido camello le solicite “empezar después de…”.

Cuando dejamos a la indecisión meter la nariz en nuestra vida, no importa si somos amas de casa o ejecutivos de empresa, acabará por llenarla toda, y prácticamente sacarnos de ella.

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