Perfecciones de las personas iluminadas - Iluminación

La persona que comprende se convierte en Boddhisattva, el que siente comprometido con la total iluminación y con la ayuda desinteresada al prójimo.

JBN LIE

SERES ILUMINADOS

La verdadera salud mental requiere intensa determinación y esfuerzo para lograrla. Como una bella flor, brillante y fragante, son las palabras finas y veraces del hombre que dice lo que piensa. El Buda

Theravadin, la escuela más antigua del budismo describe diez características, cualidades o atributos, que según dicen, caracterizan a la gente iluminada, sana.

Todos poseemos estas cualidades en grado diferente y somos capaces de cultivarlas practicando un estilo de vida basado en la ética, la meditación y el desarrollo de la sabiduría. Estas diez cualidades son:

La determinación y esfuerzo: Ningún agente externo puede intervenir por nosotros. A medida que uno progresa se van consolidando, de forma que la determinación se desarrolla con la práctica.

La energía: La energía y el esfuerzo son esenciales para superar la tendencia a la pereza y a la inercia.

La ética: no debe confundirse con la moralidad. El comportamiento poco ético tiene efectos nefastos sobre la actividad y el control mental. La falta de ética viene motivada por emociones poderosas como la avaricia, la ira y la aversión que aprisionan la mente y la hacen incontrolable, ocasionando estados aún más disruptivos como la agitación o la culpabilidad. La práctica de la ética invierte este proceso y extingue esas emociones y adiciones, poniendo de manifiesto que las dicotomías entre el egoísmo y el sacrificio, el tú y el yo, la ganancia y la perdida no tienen sentido.

La veracidad: La mentira, al igual que la falta de ética, de la cual forma parte, consolida las adicciones, temores y torpes comportamientos que la motivan y trae consigo más emociones destructivas. Además para justificar la primera mentira hay que seguir mintiendo. Libera la mente de la culpabilidad y del temor de ser descubierta y por consiguiente hace que disminuya la agitación y la preocupación.

La renuncia: La renuncia es un atributo algo extraño en nuestra manera occidental de pensar pues tiene connotaciones de ascetismo, sacrificio y renuncia al placer. Sin embargo en la psicología budista quiere decir que, en realidad, se renuncia voluntariamente a la fuente del placer con objeto de tener acceso a placeres de una naturaleza más profunda y permanente. La psicología budista reconoce cuatro tipos de placer: el placer sensorial, el placer que proporcionan los estados extremos de concentración, el placer de la intuición, es decir, el que procede de la claridad mental y el placer del Nirvana.

Los modelos occidentales reconocen los del primer tipo, los del reino sensorial, entre los cuales la psicología budista incluye los placeres mentales, como la memoria y la fantasía ya que los considera como entradas sensoriales. La renuncia se considera, como el abandono de los placeres sensoriales para cultivar los tres restante, algo que coincide con la prioridad de necesidades de Maslow. La renuncia conlleva también un estado de vida voluntariamente sencillo.

La paciencia: La impaciencia es la consecuencia de la insatisfacción causada por la experiencia presente y por el ansia de la experiencia anticipada. El resultado es un estado mental de inquietud caracterizado por el desasosiego y la fantasía. La palabra paciencia, la relacionan los budistas con la tolerancia, la indulgencia y la clemencia. La mente paciente no se irrita con facilidad, perdona rápidamente, es ética, indulgente consigo mismo e incluso perdona a aquellos que no lo son; dicho de otro modo, es paciente no solo con situaciones y cosas, sino también con las personas y sus dificultades.

La ecuanimidad: La mente que reacciona mediante condicionamientos automáticos de agrado y desagrado está dominada por el placer y el dolor. Dicha mente está a merced del entorno, es turbulenta, difícil de controlar, no tiene poder de concentración, es inconstante en el propósito y la orientación. Se vuelve insensible a la percepción y a la intuición. A fuerza de entrenamiento, la reactividad condicionada por fuertes impulsos afectivos disminuye y poco a poco la mente se vuelve menos susceptible y más serena.De esta forma, es más fácil controlarla y permanece imperturbable frente a múltiples experiencias, es capaz de ser ecuánime.

La generosidad: Desde tiempos inmemoriales se ha considerado la generosidad como el medio y el fin de todas las disciplinas más importantes de la conciencia y de todas las grandes religiones. Parece ser que es un poderoso inhibidor de hábitos mentales como la avaricia, la ansiedad y el odio. Según las investigaciones contemporáneas, las personas psicológicamente maduras son más caritativas y ayudan más al prójimo que las inmaduras.

El ser totalmente iluminado actúa espontáneamente y de la mejor manera para servir al prójimo. Por lo tanto, el dar ya no es un sacrificio, sino una expresión natural y alegre de la perfecciones de bondad, renuncia y ética que comúnmente están relacionadas entre sí.

La bondad: La psicología budista describe varias prácticas para cultivar la bondad. Algunas son similares a ciertas técnicas de cambio de comportamiento, como la insensibilización sistémica. Sin embargo en lugar de que la serenidad reemplace a la ansiedad, en las prácticas budistas de bondad se reemplazan los estados perniciosos como la ira y el odio. Estas prácticas están basadas en los poderes estrictos de la concentración, donde uno puede percatarse de la experiencia de la bondad u otras cualidades deseadas.

Se recomiendan cuatro cualidades: la bondad universal, la misericordia universal, la alegría de conocer el bienestar de los demás y la ecuanimidad. Cuando la mente totalmente concentrada está en posesión de estas cualidades sin vacilaciones, se dice que produce estados sumamente positivos y beneficiosos. Cuando la estricta concentración se relaja, estas cualidades tienden, en parte, a disiparse aunque queda la predisposición para el futuro y desaparece la ira. Cuando la bondad se ha perfeccionado, ya no depende de los estados específicos de conciencia, sino que surge espontáneamente.

La sabiduría: La sabiduría tiene muchos niveles, se necesita una cierta cantidad de ella para iniciar cualquier ejercicio mental. Estos ejercicios disminuyen las distorsiones perceptivas, los hábitos, los sentimientos y el comportamiento pernicioso y conducen a una percepción más clara y a una mayor concentración. El resultado es un ciclo de retroalimentación positivo, en el cual se reconoce, gracias a la sabiduría, la necesidad de desechar los hábitos perniciosos y cultivar los buenos, que a su vez conducen a una mayor sabiduría. Llegando así, a una profunda intuición y entendimiento, y a una comprensión de la naturaleza contraproducente de los medios a través de los cuales buscamos la felicidad.

La persona que así lo comprende se convierte en Boddhisattva, o sea el que siente comprometido con la total iluminación y con la ayuda desinteresada al prójimo.