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TRANSFORMAR LA ATENCIÓN EN LUZ Y AMOR

SIMONE WEIL

EL AMOR Y LA LUZ

La luz es en realidad el puente entre lo Divino y el mundo.

Lo Divino crea al mundo al crear la luz. La luz es la primera creación, y luego la luz se condensa y sobreviene la materia; luego la luz crece; y luego aparece la vida; entonces la vida crece y aparece el amor.

Luz, vida, amor, esas son las tres capas. No te quedes en la segunda. Te debes transformar, o retrocede a las raíces o asciende hasta la semilla otra vez, a las flores. Desciende hasta la luz o asciende hasta las flores. Y hay dos caminos. Uno es el camino del conocimiento. Conocimiento significa descender hasta la luz. En el sendero del conocimiento, el verdadero secreto que se oculta es éste: descender hasta la luz. Y luego está el sendero de la pura conciencia, el camino de la devoción, que significa ascender hasta el amor.

Dos caminos para poderte transformar: o bien ser bañado en la luz interior o ser bañado en el amor interno. Y entonces estarás en el umbral, en los límites dónde la gracia empieza a ejercer su acción. Entra, y halla la fuente, o sal, y descubre al amado.

Recuerda esto también: si has de encontrar la fuente, entra. Si has de encontrar al amado, sal. Para buscar las cosas, has de salir; para buscar al amado, también has de salir. La actitud es distinta, pero el movimiento es el mismo. Encontrar al amado quiere decir descubrir eso en todo lo que te encuentras. Sal y sigue indagando y llegará un momento en que nada queda excepto tu amado. Entonces eres bañado en amor, y éste será el resultado.

¡Muévete! Te puedes transformar. ¡Ve hacia la luz o hacia el amor!

Veamos que dice la filósofa francesa Simone Weil sobre la atención, el amor y la luz...

La pensadora Simone Weil, es la mujer que defendió a los niños Judíos de los nazis...

VE HACIA EL AMOR

La luz y la atención se puede transformar en amor, ve hacia el amor.

Amar es adorar la distancia con lo que se ama. El amor mundano es un indicio de nuestra miseria. Dios no puede sino amarse a sí mismo. Nosotros con nuestro amor condicional no podemos sino amar algo distinto de nosotros. Pero el amor se tiende a transformar a llegar cada vez más lejos. Pero tiene un límite. Cuando ese límite se sobrepasa, el amor se vuelve odio. Para evitar ese cambio, el amor debe hacerse diferente, hacerse real.

El amor tiene necesidad de realidad. ¿Hay algo más tremendo que descubrir un día que se ama a un ser imaginario (Dios mental) a través de una apariencia corporal? Es mucho más tremendo que la muerte, porque la muerte no impide al amado haberlo sido. Ese es el castigo consistente en haber alimentado al amor con la imaginación.

«Es mas sensato preferir lo realmente mundano a un paraíso imaginario».

Todo cuanto es vil y mediocre en nosotros se rebela contra la pureza y tiene necesidad de mancillar esa pureza para salvar su vida. Mancillar es modificar, es tocar. Lo bello es lo que no cabe querer cambiar. Dominar es manchar. Poseer es manchar. Amar puramente es consentir en la distancia, es adorar la distancia entre uno y lo que se ama.

«Es un error desear ser comprendido antes de explicarse uno ante sí mismo».

No dejes encarcelarte por ningún apego. Preserva tu soledad. Si alguna vez ocurre que se te ofrezca un amor verdadero, aquél día no habrá oposición entre la soledad interior y la amistad, sino al contrario. Precisamente lo reconocerás por ese indicio infalible y real.

La verdad no es un objeto de amor. Lo que se ama es algo que existe, que se piensa, y que por tal motivo puede ser ocasión de verdad o de error. Una verdad es siempre la verdad de algo. La verdad es la luz de la realidad, el objeto del amor no es la verdad, sino la realidad. Desear un contacto con una realidad es amarla. No se desea la verdad sino para amar en la verdad. Se desea conocer la verdad de aquello que se ama. En lugar de hablar de «Amor a la Verdad» es preferible hablar de un espíritu de verdad en el amor.

«Amor a la verdad» es una expresión impropia. La verdad no es objeto de amor, no es un objeto. Lo que amamos es algo que existe, y que pensamos y por eso puede ser la ocasión de producir verdad o error. Una verdad es siempre la verdad de algo. La verdad es el esplendor de la realidad. El objeto del amor no es la verdad, sino la realidad. Desear la verdad es desear y transformar un contacto con una realidad, es amarla. No deseamos la verdad nada más que para amar en la verdad.

Deseamos conocer la verdad de lo que amamos. En lugar de hablar de amor a la verdad, sería mejor hablar de un espíritu de veracidad en el amor. El amor real y puro desea siempre y por encima de todo mantenerse entero en la verdad, sea cual sea, incondicionalmente. Toda otra expectativa de amor desea sobre todo satisfacciones, y por ello es un principio de error y de mentira. Es el Espíritu* Santo.

* La palabra griega que traducimos por espíritu significa literalmente soplo ígneo, soplo (aliento) mezclado con luz, y designaba en la antigüedad, la noción que la ciencia designa hoy con la palabra energía. Lo que traducimos por «Espíritu de Veracidad» significa la energía de la verdad, la verdad como fuerza agente.

«El amor puro es esa fuerza activa, el amor que no quiere, a ningún precio, en ningún caso, ni la mentira ni el error».

El único contacto con la existencia es la aceptación, el amor. Por esa razón, belleza y realidad son idénticas. Por esa razón, el gozo y la sensación de realidad son idénticos. Amor puro de las criaturas: no amor en Dios, sino amor que, pasando por Dios, comienza en la luz.

LA ATENCIÓN

La atención te deja libre para amar y ser transformado por la luz.

La atención consiste en suspender el pensamiento, en dejarlo disponible, vacío, y penetrable al objeto, manteniendo próximos al pensamiento, pero en un nivel inferior y sin contacto con él, los diversos conocimientos adquiridos que deban ser utilizados. [...] Y sobre todo la mente debe estar vacía, a la espera, sin buscar nada, pero dispuesta a transformar y a recibir su verdad desnuda, la luz que va a penetrar en ella.

En el orgulloso se da una falta de gracia (en el doble sentido del término). Por efecto de un error. En su grado más alto, la atención es lo mismo que la oración. Presupone la fe y el amor. La atención absolutamente pura y sin mezcla es oración.

Todos los días, antes del trabajo, recitaba el Padrenuestro en griego y lo repetía con frecuencia en la viña [...] Si durante la recitación mi atención se distrae o adormece, aunque sea de forma infinitesimal, vuelvo a empezar hasta transformar todo en una atención absolutamente pura.

Un cuento esquimal explica así el origen de la luz: El cuervo, que en la noche eterna no podía encontrar alimento, deseó la luz y la tierra se iluminó. Si hay verdadero deseo, si el objeto del deseo es realmente la luz, el deseo de luz produce luz. Hay verdadero deseo cuando hay esfuerzo de atención.

Todos los esfuerzos por los valores auténticos y puros de lo verdadero, lo bello y lo bueno en la actividad de un ser humano se originan a partir de un único y mismo acto, por una determinada aplicación de la plenitud de la atención al objeto. La enseñanza no debería tener otro fin que el de hacer posible la existencia de un acto como ése mediante el ejercicio de la atención. Todos los demás beneficios de la instrucción carecen de interés.

Lo que cuenta en una vida humana no son los sucesos que la dominan a través de los años -o incluso de los meses- o incluso de los días. Es el modo en que se encadena cada minuto con el siguiente, y lo que le cuesta a cada cual en su cuerpo, en su corazón, en su alma -y por encima de todo, en el ejercicio de su facultad de atención- para efectuar minuto por minuto este encadenamiento.

Tratar, no de interpretar sino de mirar hasta que la luz se haga. En la percepción sensible, cuando uno no está seguro de lo que ve, se mueve de lugar sin dejar de seguir mirando. Con el tiempo va uno cambiando y si, a través de las modificaciones, se mantiene la mirada orientada hacia lo mismo, a fin de cuentas la ilusión se disipa y lo real aparece. La condición es que la atención sea observar conscientemente y no un apego.

«Un método para comprender las imágenes, los símbolos, etc. No tratar de interpretarlos, sino simplemente mirarlos hasta que brote de ellos la luz».

Simone Weil

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