Las leyes de Dios

El conocimiento de los más grandes científicos y de los más elevados espiritualistas. Seguro que no conocemos todas las leyes de Dios, ni cómo actúan.

MAHATMA GANDHI

DIOS ES MUCHO MAS

No conocemos todas las leyes de Dios, ni cómo actúan. El conocimiento de los más grandes científicos y de los más elevados espiritualistas es como un grano de polvo. Para mi, Dios no es un ser personal, como mi padre terreno. Es infinitamente más: Él me dirige en el más ínfimo pormenor de mi vida. Creo literalmente, que ninguna hoja se mueve sin Su Voluntad. Cada bocanada de aire que respiro depende de su consentimiento.

La verdad es cual árbol frondoso que, cuanto más cultivado más frutos produce. Cuanto más profunda sea la búsqueda en la mina de la verdad, más rico será el descubrimiento de las gemas allí enterradas, en forma de puertas hacia una siempre variedad de servicios.

Un investigador de la Verdad, un seguidor de la ley del Amor, nada puede guardar para el mañana. Dios nunca provee para el futuro; no crea más que lo estrictamente necesario para el día. No obstante si confiamos en su providencia, podemos estar seguros de que Él nos dará el pan de cada día, proveyéndonos de todo cuanto precisamos.

La no violencia es la mayor fuerza a disposición de la humanidad. Es más poderosa que la más potente arma de destrucción imaginada por el ingenio humano. La destrucción no es ley de los hombres. Tanto más libre es el Hombre cuanto mayor sea su disposición de morir. - si es necesario- por las manos de su hermano, sin jamás matarlo. Todo asesinato, cualquier ofensa, no importa la causa es un crimen contra la humanidad.

Hagáis lo que hagáis, sed sinceros con vosotros y con el mundo. No escondáis vuestros pensamientos: si es vergonzoso revelarlos, más vergonzoso aún es pensarlos.

  • La oración es la llave de la mañana y el cerrojo de la noche.
  • La verdad no necesita más publicidad que ella misma.
  • Donde está el amor allí también está Dios.

LOS DOS PRINCIPIOS DE GANDHI

LA NO-VIOLENCIA Y LA IGUALDAD HUMANA

Gandhi había rehusado cualquier maniobra de los altos jefes militares británicos y no quería ni oír hablar de partición de la India. Quería en una patria, la convivencia, el diálogo político y de religiones, sin violencia. En su vida alentó grandes esperanzas mientras (años 20) veía que los soldados ingleses de la Corona disparaban por igual a musulmanes e hindúes. Todos eran iguales para el Imperio, pero la matanza de Chaun-Chaura años después, en que un grupo de hindúes enfurecidos hizo frente con armas de fuego a la policía inglesa, le hizo suspender la campaña de desobediencia civil, para predicar a los hindúes y musulmanes, por igual, la necesidad de coordinar esfuerzos contra el colonizador inglés y demostrar que la independencia se podía lograr con la no violencia de todos. No confundamos no violencia con pacifismo.

En realidad millares de personas le adoraban y hasta había campesinos que se arrodillaban para besar la arena que habían pisado sus pies. Hoy le reverencian millones a lo largo del mundo. Su gran aportación a la India y al mundo es la no-violencia por medio de la desobediencia civil, el ayuno o la no cooperación, elementos activos. Cada vez que en la cárcel se declaraba en ayuno hasta la muerte, los británicos le ponían en libertad por miedo a que empezara una guerra de independencia por la fuerza en la India. Gandhi siempre se había portado bien con Londres y su actitud se debía a una situación planteada por la Corona que empieza históricamente a partir del próximo párrafo, si bien falle algo en una cronología atípica.

La verdadera violencia del colonialista en la India comenzó ya en 1857, en que Londres sofocó de forma implacable intentos de rebelión y la tendencia del pueblo hindú fue pensar que si algún día podía liberarse del poder de la Reina Victoria, sería por la fuerza. Pero en 1870 apareció Gandhi condenando -basado en la tradición hindú- toda violencia y terrorismo y justificando esta posición, no solo desde un punto de vista moral sino porque la diferencia de poder físico y de fuego era tal, que el resultado de la confrontación sería siempre más dolor y más sufrimiento. Es decir, también desde el punto de vista táctico.

Había algunos que consideraban la no respuesta violenta del pueblo a los virreyes, como una cobardía, pero él prefería llamarla impotencia y buscaba armas que no mataran, Aunque encabezaba el Partido del Congreso comprendía que la presión parlamentaria legal era tan inútil como el terrorismo para sus fines: libertad de hombres y patria. Desde el lado religioso se acercaba en mucho a los cristianos, en la creencia de un Ser Supremo y la existencia del alma, etc. de que todos los hombres son hijos del mismo Dios o sea iguales... parientes y amigos con lo que se oponía a las clases imperantes de la India, a la existencia de los intocables o a cualquier otra creencia de tipo racista o de clase.

Por otro lado el uso de la violencia para justificar la eliminación física de los que habían degradado a la sociedad india tratando de britanizarla, requería la posesión de la verdad absoluta y de que el adversario estuviera totalmente equivocado. Era enemigo del Talión. Había razones plausibles para discutir o dialogar, pero no para matar. Matar -decía- es algo irreversible y el hombre no puede tener un conocimiento tan infalible de los hechos como para arrogarse el papel de juez y verdugo. ¿Y si se equivoca? Desde el lado de la eficacia, el enfrentarse con el Imperio y sus colaboradores o colaboracionistas -que los había- era algo estéril porque la reserva de poder y medios de Londres y aliados era casi infinita. O sea que ya Gandhi introducía la no-violencia no como valor abstracto sino en el contexto de la India para lograr la independencia, lo cual significaba para él el fin de la dominación y esclavitud extranjera. Esclavitud. La perla de la corona estaba engarzada en ella no con lazos de amor sino con cadenas. ¿Cómo romperlas? Esclavitud.

El lavado de cerebro, la India ha sido hipnotizada

No creo fuera él el que introdujo el término lavado de cerebro, tan utilizado siempre por los intelectuales y más con el progreso de los medios de comunicación, especialmente hoy en día, pero el colonialismo inglés -como muchos otros- se servía de él para dominar. Gandhi lo consideraba incompatible con la historia y el espíritu indios y decía que Inglaterra había convertido a los hindúes en esquizofrénicos culturales, imponiendo su esquema de vida y proponía la Independencia no por raza sino para recuperar lo perdido: el carácter, la historia, la cultura y civilización indias. No eran separatistas sino anticolonialistas o devolucionistas, término que luego usó Quebec. Devolución era el quid, la palabra clave que el opresor devolviera lo robado.

Quizá, conociendo como conocía, no solo a su pueblo sino al colonizador, introdujo el término swaraj, que es un concepto en que así como el término independencia era para un inglés algo casi mítico-social, el swaraj es un concepto moral indio, que incluye el respeto a toda una civilización, que él veía se estaba perdiendo y tenía razón, pero el inglés no lo captaba. Los terroristas en general, según él, querían expulsar a los británicos, pero no le hacían ascos a la civilización británica y sus comodidades en virtud de un internacionalismo mal entendido. Querían obtener el poder y mandar ellos. No establecer una democracia india igualitaria que exigiera sacrificios de todos para todos.

Es incierto que Gandhi pensara que la industrialización era el demonio de forma absoluta, pero la industrialización impuesta en Europa y el concepto del estado moderno, tal como lo habían impuesto ellos en Inglaterra, llevaba al delirio del maquinismo. Querían ahorrar trabajo cuando en India había millones sin trabajo y se morían de hambre en las calles, verdaderas cloacas llenas de mendigos y hasta leprosos. El Imperio es la codicia de unos pocos que dominan las fuerzas del trabajo decía. De ahí la adopción de la rueca que se basa en el hecho de que hay millones en situación de paro. Si hubiera empleo para todos, la rueca que produce hilados en cada casa sería innecesaria.

Gandhi y Charlie Chaplin

Por cierto que Tiempo Modernos de Charlie Chaplin tiene algo de eso: el ahorro de mano de obra y de tiempo y convertir al trabajador en hormiga que trabaja para la reina de la colmena. En Londres Gandhi conoció a Charlie Chaplin y lo encontró fascinante, pero no hay noticias de que la relación siguiera ni que Gandhi soltara una carcajada al ver El Gran Dictador, porque no creo que la llegara a ver y es difícil especular de la semejanza de Chaplin y Gandhi. Pero en cierto modo sí sobre lo que les empujaba, la motivación. Eran almas casi gemelas.

No era socialista, pero la igualdad económica significaba abolir el eterno conflicto entre capital y trabajo. Un sistema de gobierno no-violento era imposible mientras existiera la brecha de clases que imponían los ingleses, siendo ellos los que daban el ejemplo desde sus mansiones o los que protegían a los marajás y a la tremenda burocracia inglesa o pagada desde Londres.

Pronto Londres se alarmó al ver que Gandhi predicaba algo nuevo y estaba comiendo el terreno al gobierno de la Reina Victoria. Pero como él, ya desde que estudiaba en Inglaterra, sabía que al inglés en cuanto se le introducía en la discusión un idioma oriental o algo no anglosajón se veía perdido, Gandhi desde los años 20 empezó a elaborar su doctrina del swaraj independencia para la India, según mi interpretación informal, y sus modus operandi, el satyagraha, (fuerza de alma), basado en tres principios: el satya (la verdad), ahimsa (la no-violencia o el amor al prójimo) y tapas o sufrimiento. Eso era sánscrito para el ocupante.

EL EGO

LA conciencia Y EL AHIMSA DE GANDHI

EL EGO es ese tirano que dirige nuestras vidas sin consultarnos. La consciencia en este caso es solo la capacidad de abstraernos para poder ver ese EGO y así combatirlo, porque si no eres consciente de algo, no puedes luchar contra ello, y nos puede llevar a la violencia.

Una persona consciente sabe que el ego forma parte de sí mismo. En la persona no consciente el ego imagina y la dirige, no dejandola ser consciente de la realidad. Para controlarlo es necesario hacer un trabajo muy sincero y constante sobre uno mismo A continuación os dejo una explicación sobre Gandhi y su Ahimsa -No violencia-.

A-Himsa es el pensamiento puro de la India: La No-Violencia. El A-Himsa está realmente inspirado por AMOR UNIVERSAL. HIMSA significa querer matar, querer perjudicar, etc.A-Himsa es, pues, el renunciamiento a toda intención o daño, ocasionado por la violencia. A-Himsa es recta acción. El Mahatma Gandhi hizo del A-Himsa el báculo de su doctrina, y la definió así:

La No-Violencia no consiste en renunciar a toda lucha real contra el mal. La No-Violencia, tal como yo la concibo, entabla, (al revés), una campaña más activa y mas real contra el mal que la Ley del Talión, cuya naturaleza misma da por resultado el desarrollo de la perversidad. Yo levanto, frente a lo inmoral, una oposición mental, y por consiguiente moral. Trato de enmohecer la espada del tirano, no cruzándola con un acero mejor afilado, sino defraudando su esperanza al no ofrecer ninguna resistencia física. El encontrará en mí una resistencia del Alma que escapará a su asalto. Esta resistencia, primeramente, lo cegará y enseguida lo obligará a doblegarse. Y el hecho de doblegarse no humillara al agresor sino que lo dignificará. Este podría llegar a ser un estado ideal, y lo es...

El A-Himsa, secuencialmente, es No-Violencia en pensamientos, palabras y obras; el A-Himsa es cooperación, es respeto a las idea ajenas, respeto a todas las religiones, escuelas, organizaciones, etc.

Sin embargo, el Yo, el Ego, el Mí Mismo (egoísmo, odio, rencor, frustración, envidia, celos, ira, miedo, etc.) es contrario al A-Himsa. Ciertamente, el personalismo, el deseo revanchista, la auto-suficiencia, el querer resaltar como Ego, es la ponzoña maldita que conspira contra la Paz, contra la Cooperación, contra el Amor.

El A-Himsa, ya está dicho por el Mahatma Gandhi, es una RESISTENCIA DEL ALMA. Pero el falso sentimiento del Yo, la crueldad que llevamos dentro la sed de venganza etc., detiene todo progreso interior del Alma, impiden la aplicación del A-Himsa, solo producen anarquía, confusión, dolor. La Ley del Talión o Ley del hombre violento (ojo por ojo y diente por diente) es un círculo vicioso y absurdo. El A-Himsa (que podríamos denominar LEY DE LA MISERICORDIA), por el contrario nos coloca bajo nuevas influencias, nos ayuda a vivir consciente y inteligentemente.

Gandhi logró mucho para su país utilizando la No-Violencia

  • Sé firme en tus actitudes y perseverante en tu ideal.
  • Pero sé paciente, no pretendiendo que todo te llegue de inmediato.
  • Haz tiempo para todo, y todo lo que es tuyo, vendrá a tus manos en el momento oportuno.
  • Aprende a esperar el momento exacto para recibir los beneficios que reclamas.
  • Espera con paciencia a que maduren los frutos para poder apreciar debidamente su dulzura.
  • No seas esclavo del pasado y los recuerdos tristes.
  • No revuelvas una herida que está cicatrizada.
  • No rememores dolores y sufrimientos antiguos.
  • ¡Lo que pasó, pasó! De ahora en adelante procura construir una vida nueva, dirigida hacia lo alto y camina hacia delante, sin mirar hacia atrás.
  • Haz como el sol que nace cada día, sin acordarse de la noche que pasó.
  • Solo contempla la meta y no veas que tan difícil es alcanzarla.
  • No te detengas en lo malo que has hecho; camina en lo bueno que puedes hacer.
  • No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar.
  • No trates que otros cambien; sé tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar tú.
  • Deja que el amor te toque y no te defiendas de él.
  • Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro llegue a su tiempo.
  • No sufras por lo que viene, recuerda que cada día tiene su propio afán.
  • Busca a alguien con quien compartir tus luchas hacia la libertad; una persona que te entienda, te apoye y te acompañe en ella.
  • Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona, despréndete de ella y ámala, sin pedirle nada a cambio.
  • Aprende a mirarte con amor y respeto, piensa en ti como en algo precioso.
  • Desparrama en todas partes la alegría que hay dentro de ti.
  • Que tu alegría sea contagiosa y viva para expulsar la tristeza de todos los que te rodean.
  • La alegría es un rayo de luz que debe permanecer siempre encendido, iluminando todos nuestros actos y sirviendo de guía a todos los que se acercan a nosotros.
  • Si en tu interior hay luz y dejas abiertas las ventanas de tu alma, por medio de la alegría, todos los que pasan por la calle en tinieblas, serán iluminados por tu luz.
  • Trabajo es sinónimo de nobleza.
  • No desprecies el trabajo que te toca realizar en la vida.
  • El trabajo ennoblece a aquellos que lo realizan con entusiasmo y amor.
  • No existen trabajos humildes.
  • Sólo se distinguen por ser bien o mal realizados.
  • Da valor a tu trabajo, cumpliéndolo con amor y cariño y así te valorarás a ti mismo.
  • Dios nos ha creado para realizar un sueño.
  • Vivamos por él, intentemos alcanzarlo.
  • Pongamos la vida en ello y si nos damos cuenta que no podemos, quizás entonces necesitemos hacer un alto en el camino y experimentar un cambio radical en nuestras vidas.
  • Así, con otro aspecto, con otras posibilidades y con la gracia de Dios, lo haremos.
  • No te des por vencido, piensa que si Dios te ha dado la vida, es porque sabe que tú puedes con ella.
  • El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado, sino por los obstáculos que has tenido que enfrentar en el camino.
  • Tú y solo tú escoges la manera en que vas a afectar el corazón de otros y esas decisiones son de lo que se trata la vida.
  • Que este día sea el mejor de tu vida.


Quizás su vestimenta decía lo que su alma quería reflejar.
la gran riqueza de los pobres

Su esfuerzo fue apoyado por muchos.
Al punto de lograr un triunfo por la vía de la paz.

Muchos lo valoran como el hombre de la resistencia civil.

Pero pensamos que el valor más grande que se le puede dar.
Fue su iniciativa de lograr la libertad plena.

Mahatma Gandhi
La resistencia del pobre

Frases imborrables de Mahatma Gandhi

  • Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.
  • Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permita ponerles remedio.
  • La verdad es totalmente interior. No hay que buscarla fuera de nosotros ni querer realizarla luchando con violencia con enemigos exteriores.
  • La violencia es el miedo a los ideales de los demás.
  • Un error no se convierte en verdad por el hecho de que todo el mundo crea en él.
  • No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás el mismo respeto que se tiene por la propia.
  • Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego.
  • Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia.
  • Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena.
  • Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo.

Nunca desvirtúen el pensamiento de un pueblo,
no importa que ideología o posición política tengas
...todos coincidimos en algo
Queremos Paz...

La base moral del vegetarianismo
Por: Mohandas Karamchand (Mahatma) Gandhi
Discurso de Gandhi en una reunión social organizada
por la Sociedad Vegetariana de Londres el 20 de noviembre de 1931


Gandhi en la reunión de la LVS, con Henry Salt a su derecha.

Señor presidente, compañeros vegetarianos y amigos:

No tengo que decirles que tan complacido estuve cuando recibí la invitación para estar presente en esta reunión, pues reviví viejos recuerdos y agradables reminiscencias de amistades que establecí con vegetarianos. Me siento especialmente distinguido al encontrar a mi derecha al señor Henry Salt. Fue el libro del señor Salt Una petición por el vegetarianismo, el que me mostró porqué aparte de un hábito heredado, y de la adhesión a un voto que me fue impartido por mi madre, tenía razones para ser vegetariano. Me enseñó porqué era un deber moral concerniente a los vegetarianos el no vivir por la muerte de nuestros amigos los animales. Por tal motivo, para mí es de mucho agrado tener al señor Salt entre nosotros.

No pretendo ocupar su tiempo expresándoles mis experiencias con el vegetarianismo, ni tampoco quiero hablarles de la gran dificultad que enfrenté en el propio Londres para permanecer firme en él, pero sí me gustaría compartir con ustedes algunos de los pensamientos que he desarrollado con respecto a este. Hace cuarenta años solía mezclarme libremente con vegetarianos. En ese momento había apenas un restaurante vegetariano en Londres que no había visitado. Y me propuse por curiosidad, y para estudiar las posibilidades del vegetarianismo y de los restaurantes vegetarianos en Londres, visitar cada uno de ellos. Naturalmente, entré en estrecho contacto con muchos vegetarianos. Al estar en las mesas, me di cuenta que la conversación trataba en su mayor parte sobre la alimentación y las enfermedades. También pude ver que los vegetarianos que se esforzaban para mantenerse en su vegetarianismo, encontraban muy difícil hacerlo desde el punto de vista de la salud.

No sé si hoy en día ustedes tengan ese tipo de debates, pero yo acostumbraba a asistir en esa época a discusiones sostenidas entre los propios vegetarianos, y entre vegetarianos y no-vegetarianos. Recuerdo un debate similar entre el Dr. Densmore y el fallecido Dr. T. R. Allinson. En ese entonces, los vegetarianos tenían el hábito de hablar nada más que sobre la alimentación y las enfermedades. Yo condisero que esa es la peor manera de ocuparse de este asunto. También veo que aquellas personas que se vuelven vegetarianas porque están padeciendo alguna enfermedad o algo parecido —es decir, solamente desde el punto de vista de la salud—, son las que se retiran en mayor medida. Descubrí que para permanecer firme en el vegetarianismo, un hombre requiere una base moral.

Para mí, ese fue un gran descubrimiento en mi búsqueda de la verdad. A temprana edad, en el curso de mis experimentos, me di cuenta que una base egoísta no serviría para conducir a un hombre hacia lo más alto en los caminos de la evolución. Lo que se requería era un propósito altruista. También me di cuenta que la salud no era un monopolio exclusivo de los vegetarianos. Encontré que muchas personas no se inclinaban hacia una u otra dirección, y que los no-vegetarianos mostraban, generalmente hablando, una buena salud. Igualmente pude observar que para algunos vegetarianos era imposible seguir siéndolo porque habían hecho de la comida un fetiche y porque pensaban que volviéndose vegetarianos podrían comer tantas lentejas, judías, fríjoles y queso como quisieran. Pero desde luego, aquellas personas quizá no podrían mantenerse saludables.

Al observar a lo largo de estas líneas, me percaté que un hombre debe comer con moderación y de vez en cuando ayunar. Ningún hombre o mujer comió realmente con moderación o consumió simplemente aquella cantidad que el cuerpo requiere y nada más. Fácilmente caemos víctimas de las tentaciones del paladar y, por consiguiente, cuando algo sabe delicioso, no nos importa tomar uno o dos bocados más. Pero ustedes no pueden mantenerse saludables bajo esas circunstancias. Por lo tanto, descubrí que para mantener la salud, sin importar lo que comieran, era necesario reducir la cantidad de alimento y el número de comidas. Vuélvanse moderado: fallen en el lado de lo menos, en vez de hacerlo en el lado de lo más. Cuando invito amigos a participar de mis comidas nunca los presiono para que tomen algo, excepto lo que ellos exijan. Al contrario, les digo que no tomen algo si no lo desean.

Lo que quiero que comprendan es que los vegetarianos necesitan ser tolerantes si quieren convertir a otros al vegetarianismo. Tengan un poco de humildad. Debemos apelar al sentido moral de las personas que no están de acuerdo con nosotros. Si un vegetariano enfermara y un doctor le prescribiera caldo de carne, entonces no lo llamaría un vegetariano. Un vegetariano se hace de un material más fuerte. ¿Por qué? Porque es para la edificación del espíritu y no del cuerpo. El hombre es más que carne. El espíritu del hombre es lo que nos interesa. Por lo tanto, los vegetarianos deberían tener esa base moral, porque un hombre no nació como un animal carnívoro, sino que nació para vivir de las frutas y las hierbas que la tierra produce. Sé que todos debemos cometer errores. Yo dejaría la leche si pudiera, pero no puedo. Lo he intentando cientos de veces. Después de una seria enfermedad no pude recobrar mis fuerzas a menos que volviera a tomar leche. Ésa ha sido la tragedia de mi vida. Pero la base de mi vegetarianismo no es física, sino moral. Si alguien dijera que voy a morir si no como caldo de carne o carne de cordero, incluso por consejo médico, preferiría morir. Ésa es la base de mi vegetarianismo.

Me gustaría opinar que todos aquellos que nos autonombramos vegetarianos deberíamos tener esa base. Había miles de carnívoros que no continuaron comiendo carne. Debe haber una razón clara para que hagamos ese cambio en nuestras vidas, para que adoptemos hábitos y costumbres diferentes a los de la sociedad, aunque a veces ese cambio pueda molestar a nuestros más allegados y queridos. Por nada del mundo deberían sacrificar un principio moral. Por consiguiente, la única base para tener una sociedad vegetariana y para proclamar un principio vegetariano es, y debe ser, una base moral. No voy a decirles, según lo que he visto y he recorrido por el mundo, que los vegetarianos, en general, disfruten de una mejor salud que los carnívoros. Pertenezco a un país que en su mayoría es vegetariano por hábito o por necesidad. Por lo tanto, no puedo declarar que eso demuestre una mayor resistencia, un mayor ánimo, o una mayor inmunidad contra las enfermedades, ya que eso es algo particular y personal. Requiere obediencia, y una escrupulosa obediencia, a todas las leyes de higiene.

De hecho, pienso que lo que los vegetarianos deben hacer es no destacar las implicaciones físicas del vegetarianismo, sino observar las implicaciones morales. Aunque todavía no hemos olvidado que tenemos muchas cosas en común con los animales, no tenemos completamente en cuenta que hay ciertas cosas que nos diferencian de ellos. Claro está que tenemos animales vegetarianos como la vaca y el toro —los cuales son mejores vegetarianos que nosotros—, pero hay algo mucho más noble que nos llama al vegetarianismo. Por consiguiente, pensé darle énfasis únicamente a la base moral del vegetarianismo durante los pocos minutos en que tendría el privilegio de hablarles. Y diría que he comprobado por mi propia experiencia y por la experiencia de miles de amigos y compañeros, que ellos encuentran satisfacción, hasta donde concierne al vegetarianismo, de la base moral que han escogido para mantenerlo. Para terminar, les agradezco a todos por venir aquí y permitirme ver personas vegetarianas cara a cara. No puedo decir que solía reunirme con ustedes hace 40 o 42 años. Supongo que los rostros de la Sociedad Vegetariana de Londres han cambiado. Hay muy pocos miembros que como el Señor Salt pueden afirmar que su relación con la Sociedad se extiende por más de 40 años.

El Señor Henry S. Salt fue Maestro Auxiliar en Eaton entre 1875 y 1884, Secretario Honorario de la Liga Humanitaria entre 1891 y 1919. Ha sido vegetariano por más de 50 años y nunca ha tenido razón para dudar de la superioridad de esta dieta. Tenía ochenta años en el momento del discurso de Gandhi y era una escritor cuya opinión de la actual civilización puede apreciarse en el título de su libro Setenta años entre salvajes.

Citas

No considero la carne como necesaria para nosotros en ningún momento ni en ningún clima en el que es posible para los seres humanos vivir normalmente. Opino que la carne no es adecuada para nuestra especie. Erramos al copiar al mundo animal inferior - si somos superiores a él. - Mahatma Gandhi, su Misión y Mensaje

Mantengo actualmente la misma opinión que entonces. Para mí, la vida de un cordero no es menos preciosa que la de un ser humano. No estaría dispuesto a quitarle la vida a un cordero en interés del cuerpo humano. Opino que, cuanto más indefensa sea un criatura, más merecedora es de protección por parte del hombre frente a la crueldad del hombre. - Una Autobiografía, la Historia de Mis Experimentos

La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados según la forma en que trata a sus animales.

La vivisección es el más sucio de todos los crímenes sucios que el hombre está cometiendo actualmente contra Dios y su hermosa creación. Es irreflexivo invocar en nuestras oraciones diarias las bendiciones de Dios, el Compasivo, si a la vez no practicamos la compasión elemental hacia nuestras criaturas prójimas. - La Base Moral del Vegetarianismo (ver el enlace arriba)

Yo deseo llevar a cabo la fraternidad o identidad no solo con los seres llamados humanos, sino que quiero llevar a cabo la identidad con toda la vida, incluso con lo que se arrastra sobre la tierra. - citado en Palabras de Gandhi

Aborrezco la vivisección con toda mi alma. Todos los descubrimientos científicos manchados con sangre inocente considero que no tienen importancia. - Semanario Young India, 17/12/1925

La no cooperación con el mal es tanto un deber como lo es la cooperación con el bien.


2 de octubre de 1869 - 30 de enero de 1948

Entre los grandes teóricos que modificaron la configuración política e ideológica del mundo en el siglo XX, figura este hombre de austeridad inflexible y absoluta modestia, que se quejaba del título de Mahatma ('Gran Alma') que le había dado, contra su voluntad, el poeta Rabindranath Tagore. En un país en que la política era sinónimo de corrupción, Gandhi introdujo la ética en ese dominio a través de la prédica y el ejemplo. Vivió en una pobreza sin paliativos, jamás concedió prebendas a sus familiares, y rechazó siempre el poder político, antes y después de la liberación de la India. Este rechazo convirtió al líder de la no-violencia en un caso único entre los revolucionarios de todos los tiempos.

El descubrimiento de Oriente

Mohandas Karamchand Gandhi nació el 26 de octubre de 1869 en un remoto lugar de la India, en la ciudad costera de Porbandar, del distrito de Gujarat. Éste era entonces un mosaico de minúsculos principados, cuyos gobernantes tenían un poder absoluto sobre la vida de sus súbditos. Su padre, Karamchand Gandhi, era el primer ministro de Porbandar y pertenecía a la casta de los banias, mercaderes de proverbial astucia y habilidad en el comercio. Su madre, llamada Putlibai, procedía de la secta de los pranamis, quienes mezclaban el hinduismo con las enseñanzas del Corán. Era una mujer profundamente religiosa y austera que dividía su tiempo entre el templo y el cuidado de los suyos, amén de practicar frecuentes ayunos. En la formación espiritual de Mohandas, que sentía un ilimitado amor por sus padres, además de la adoración a la diosa Visnú que profesaba la familia, concurrieron una serie de culturas y credos amalgamados: el hindú, el musulmán, el jain. Este último tuvo especial influencia en su filosofía: los jains practicaban la no-violencia no solo con los animales y los seres humanos, sino incluso con las plantas, los microbios, el agua, el fuego y el viento.

Ejemplo típico de tardía genialidad, Mohandas fue un adolescente silencioso, retraído y nada brillante en los estudios, que pasó sin llamar la atención por las escuelas de Rajkot. A los trece años, siguiendo la costumbre hindú, lo casaron con una niña de su edad llamada Kasturbai, de quien estaba prometido desde los seis años sin saberlo. El joven esposo se enamoró apasionadamente de la muchacha, y por hacer el amor con ella abandonó el lecho de su padre moribundo la misma noche en que éste murió. El suceso dejó una culpa imborrable en Gandhi, que más tarde se declararía en contra del matrimonio entre niños y a favor de la continencia sexual.

Como sus calificaciones no mejoraron en el instituto, la familia decidió enviarlo a Londres para seguir los cursos de abogacía del Inner Temple, cuyas exigencias eran menores que las de las universidades indias. Con tanto miedo como excitación, el muchacho se embarcó en Bombay en septiembre de 1888. Tenía diecinueve años y acababa de ser padre por primera vez. Antes de partir había prometido solemnemente a su madre no seguir la costumbre inglesa de comer carne, dado que el visnuismo lo prohibía. Varias veces en su adolescencia había transgredido tal norma, impulsado por un amigo que le aconsejaba la carne para parecerse en fortaleza a los ingleses.

En Londres vivió tres años, entre 1888 y 1891, período en que se produjo uno de los hechos más determinantes de su vocación: el descubrimiento de Oriente a través de Occidente. En efecto, en la capital inglesa comenzó a frecuentar a los teósofos, quienes lo iniciaron en la lectura del primer clásico indio, el Bhagavad Gita, al que llegaría a considerar el libro por excelencia para el conocimiento de la verdad. También allí entró en contacto con las enseñanzas de Cristo, y durante un tiempo se sintió tan atraído por la ética cristiana que dudó entre ésta y el hinduismo. De esa época son sus intentos de sintetizar los preceptos del budismo, el cristianismo, el islamismo y su religión natal, a través de lo que señaló como el principio unificador de todos ellos: la idea de renunciación.

En estos años decisivos para su formación intelectual leyó a Tolstói, en quien más tarde encontraría el guía para el perfeccionamiento de la práctica y la teoría de la no-violencia. Y cuando regresó a la India con el título de abogado, lo hizo con sus señas de identidad orientales: había ido en busca de la sabiduría occidental y retornaba con el secreto que había hecho sabios a los hindúes.

Los primeros experimentos de la resistencia gandhista

Al volver a Porbandar encontró a su familia desintegrada: la madre había muerto poco antes y los Gandhi habían perdido toda influencia en la corte principesca. Como abogado no halló muchas perspectivas, ya que su primera actuación profesional terminó en un humillante fracaso, pues enmudeció al dirigirse al tribunal y no pudo continuar. Fue entonces cuando una factoría comercial musulmana le ofreció un contrato para atender un caso de la empresa en Durban, y Gandhi no dejó pasar la oportunidad. Se embarcó hacia Sudáfrica en 1893.

En el país de los antiguos colonos holandeses vivía una colonia hindú formada en su mayoría por trabajadores, a quienes los ingleses llamaban despectivamente sami. Carecían de todo derecho, se les despreciaba y discriminaba racialmente, como pudo comprobar en carne propia el joven abogado durante algunos de sus viajes en ferrocarril. Pero la situación era más grave aún de lo que parecía. Terminado su trabajo, Gandhi estaba a punto de regresar a la India cuando se enteró de la existencia de un proyecto de ley para retirar el derecho de sufragio a los hindúes. Decidió entonces aplazar la partida un mes para organizar la resistencia de sus compatriotas, y el mes se convirtió en veintidós años.

Gandhi

Durante esa larga etapa de su vida, su mayor preocupación fue la liberación de la comunidad india, y en ella fue dando forma a las armas de lucha que más tarde utilizaría e su país. En los primeros años, convencido de las buenas intenciones del colonialismo británico, abrió un bufete para defender a sus compatriotas ante los tribunales en Johannesburgo y se propuso articular un movimiento dedicado a la agitación por medios legales. Fundó el periódico The Indian Opinion, para aglutinar a la comunidad india y, como instrumento de agitación legal, creó el Congreso Indio de Natal. Sus simpatías anglófilas le llevaron durante la guerra contra los bóers a organizar el Cuerpo Indio de Ambulancias, acción que mereció duras críticas por parte de los nacionalistas indios.

A partir de 1904 la actividad de Gandhi sufrió un cambio notable: después de leer la crítica del capitalismo contenida en Unto The Last, de John Ruskin, modificó su estilo de vida y pasó a llevar una sencilla existencia comunitaria en las afueras de Johannesburgo donde fundó una comuna llamada Tolstói. En esa época bosquejó la teoría del activismo no-violento, que puso en marcha por primera vez para oponerse a la ley de registro. Esta ley obligaba a todos los indios a inscribirse en un registro especial con sus huellas dactilares. Gandhi ordenó a sus compatriotas que no se inscribieran, que comerciaran en las calles sin licencia y, más tarde, que quemaran sus tarjetas de registro frente a la mezquita de Johannesburgo. Como muchos de sus seguidores, fue a parar a la cárcel varias veces, pero el movimiento de resistencia civil obtuvo varios éxitos parciales.

En 1913 la protesta contra un impuesto considerado injusto se tradujo en una marcha a través del Transvaal, hasta Natal. Al año siguiente las autoridades británicas dieron marcha atrás con dicho impuesto y autorizaron a los asiáticos a residir en Natal como trabajadores libres. La victoria parecía total, y Gandhi, que había abandonado las vestimentas europeas en señal de protesta, partió definitivamente de Sudáfrica con su mujer y sus hijos. A largo plazo todos los logros de la comunidad india se perdieron y las autoridades de aquel país endurecieron aún más su política racista, pero Sudáfrica había sido el banco de pruebas donde Gandhi desarrolló y comprobó las tácticas que más tarde habría de utilizar en su tierra natal.

El Mahatma

Gandhi llegó a la India en 1915 como un verdadero héroe, con la aureola de sus campañas en el extranjero. Las masas de Bombay le tributaron un caluroso recibimiento, el gobernador inglés acudió a saludarlo y el poeta Rabindranath Tagore le dio la bienvenida en su Universidad Libre de Santiniketan. A poco de llegar, en la ciudad de Ahmedabad fundó una comunidad casi monástica en la que estaban prohibidas las vestimentas extranjeras, las comidas con especias y la propiedad privada. Sus miembros se dedicaban únicamente a dos trabajos materiales: la agricultura, para obtener el sustento, y el tejido a mano, para procurarse el abrigo. Aquí dio comienzo a una lucha que Gandhi habría de sostener durante toda su vida: la batalla contra las lacras del hinduismo y a favor de los intocables. El primer paso fue admitirlos como miembros de la comunidad.

En esos primeros años Gandhi abandonó toda agitación política a fin de apoyar los esfuerzos bélicos de Gran Bretaña en la Primera Guerra Mundial, llegando incluso al reclutamiento de soldados para el ejército inglés. Su entrada en la política india no se produjo hasta febrero de 1919, cuando la aprobación de la Ley Rowlatt, que establecía la censura y señalaba duras penas para cualquier sospechoso de terrorismo o sedición, le abrió los ojos acerca de las verdaderas intenciones de los imperialistas ingleses en su país. Gandhi pasó entonces a encabezar la oposición a la ley. Organizó una campaña de propaganda a nivel nacional mediante la no-violencia, que comenzó con una huelga general. Ésta pronto se extendió a todo el país y las protestas se sucedieron en las principales ciudades, donde se registraron algunos focos de violencia pese a la insistencia del líder en el carácter pacífico de las manifestaciones. Cuando acudía a Delhi a apaciguar la población, Gandhi fue detenido. Días después, el 13 de abril, el brigadier general Dyer ordenaba disparar a sus gurkas sobre la multitud reunida en el Jallianwala Bagh de la ciudad de Amritsar. La dominación inglesa había mostrado su verdadero rostro sanguinario y brutal: casi cuatrocientas personas fueron asesinadas y otras miles heridas. Pero las autoridades británicas se vieron obligadas a reconsiderar sus tácticas y la Ley Rowlatt jamás entró en vigor.

En los años siguientes a la masacre de Amritsar, Gandhi se convirtió en el líder nacionalista indiscutido, alcanzando la presidencia del Congreso Nacional Indio -partido fundado por Alan Octavius Hume en 1885-, que él supo convertir en un instrumento efectivo en pro de la independencia. De una agrupación de las clases medias urbanas, pasó a ser una organización de masas enraizada en los pueblos y en el campesinado. Se pusieron en marcha las grandes campañas de desobediencia civil, que iban desde la negativa masiva a pagar impuestos hasta el boicot a las autoridades. Miles de indios llenaron las cárceles y el mismo Gandhi fue detenido en marzo de 1922. Diez días más tarde comenzaba el Gran Juicio, en que el Mahatma se declaró culpable y consideró la sentencia a seis años de prisión como un honor, con lo que la sesión terminó con una reverencia mutua entre juez y acusado.

Cuando salió de la cárcel -una apendicitis hizo que las autoridades coloniales lo liberaran en 1924-, encontró que el panorama político se había modificado en su ausencia: el Partido del Congreso se había dividido en dos facciones y la unidad entre hindúes y musulmanes, conseguida con el movimiento de desobediencia civil, había desaparecido. Gandhi decidió entonces retirarse de la política, para vivir como un anacoreta, en absoluta pobreza y buscando el silencio como fuerza regenerativa. Retirado en su Ashram se convirtió en esos años en el jefe espiritual de la India, en el dirigente religioso de fama internacional que muchos occidentales en busca de la paz espiritual trataban como un gurú.

Su retiro finalizó de manera brusca en 1927, cuando el gobierno británico nombró una comisión encargada de la reforma de la Constitución, en la que no participaba ningún nativo. A la cabeza de la lucha política, Gandhi consiguió que todos los partidos del país hicieran el boicot a dicha comisión. Poco después, la huelga de Bardoli, en apoyo a la negativa a pagar impuestos, terminaba en un éxito total. La victoria del movimiento animó al Congreso a declarar la independencia de la India, el 26 de enero de 1930, y se encargó al Mahatma la dirección de la campaña de no violencia para llevar a la práctica la resolución. Éste eligió como objetivo de la misma el monopolio de la sal que afectaba particularmente a los pobres-, y partió de Sabartami el 12 de marzo con 79 voluntarios con rumbo a Dandi, población costera distante 385 kilómetros. El pequeño movimiento se extendió como las olas de un estanque hasta alcanzar toda la India: los campesinos sembraban de ramas verdes los caminos por donde pasaría ese hombre pequeño y semidesnudo, con un bastón de bambú, camino del mar y al frente de un enorme ejército pacífico. El día del aniversario de la masacre de Amritsar, Gandhi llegó a orillas del mar y cogió un puñado de sal. Desde ese momento la desobediencia civil fue imparable: diputados y funcionarios locales dimitieron, los prohombres locales abandonaron sus puestos, los soldados del ejército indio se negaron a disparar sobre los manifestantes, las mujeres se adhirieron al movimiento, mientras los seguidores de Gandhi invadían pacíficamente las fábricas de sal.

Nehru y Gandhi

La campaña terminó con un pacto de compromiso entre Gandhi y el virrey de su majestad británica, en virtud del cual se legalizaba la producción de sal y se liberaban los cerca de 100.000 presos detenidos durante las movilizaciones. Por otra parte, Gandhi era enviado a Londres para participar en la conferencia que discutía los pasos a seguir para establecer un gobierno constitucional en la India. La presencia del Mahatma en Inglaterra, al margen de la gran acogida popular que le dispensaron los barrios londinenses, no supuso resultados favorables para la causa, y al regresar a su país se encontró con que Nehru y otros líderes del Congreso se hallaban una vez más en prisión.

Hacia la independencia

Varias veces en su vida Gandhi recurrió a los ayunos como medio de presión contra el poder, como forma de lucha espectacular y dramática para detener la violencia o llamar la atención de las masas. La falta de humanidad del sistema de castas, que condenaba a los parias a la absoluta indigencia y ostracismo, hizo que Gandhi convirtiera la abolición de la intocabilidad en una meta fundamental de sus esfuerzos. Y desde la prisión de Yervada, donde había sido confinado nuevamente, realizó un ayuno hasta la muerte en contra de la celebración de elecciones separadas de hindúes y parias. Ello obligó a todos los líderes políticos a acudir junto a su lecho de prisionero para firmar un pacto con el consentimiento inglés. La labor de pedagogía popular para curar a la sociedad hindú de sus llagas no terminó aquí. Distanciado del Congreso ante la decepción que le provocaban las maniobras de los políticos, se dedicó a visitar pueblos lejanos, insistiendo en la educación popular, en la prohibición del alcohol, en la liberación espiritual del hombre.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial fue el motivo de que Gandhi, una vez más, retornara al primer plano político. Su oposición al conflicto bélico era absoluta y no compartía la opinión de Nehru y otros líderes del Congreso, proclives a apoyar la lucha contra el fascismo. Pero la decisión del virrey de incorporar el subcontinente a los preparativos bélicos de Gran Bretaña sin consultar con los políticos locales, clarificó las aguas, provocando la dimisión en masa de los ministros pertenecientes al Congreso. Tras la toma de Rangún por los japoneses, Gandhi exigió la completa independencia de la India, para que el país pudiera escoger libremente sus decisiones. Al día siguiente, el 9 de agosto de 1942, era arrestado junto a otros miembros del Congreso, lo que produjo una sublevación en masa de los nativos, seguida por una serie de revueltas violentas en todo el territorio indio. Ésta fue la última prisión del Mahatma y quizá la más dolorosa, porque desde su presidio en Poona se enteró de la muerte de su mujer, Kasturbai. Era ya un anciano frágil y debilitado cuando salió en libertad en el año 1944.

Finalizada la guerra, y tras la subida al poder de los laboristas en Inglaterra, Gandhi desempeñó un rol fundamental en las negociaciones que llevaron a la liberación. Sin embargo, su postura opuesta a la partición del subcontinente nada pudo contra la determinación del líder de la Liga Musulmana, Jinnah, defensor de la separación del Pakistán. Dolido por lo que consideró una traición, en 1946 el Mahatma vio con horror cómo los antiguos fantasmas indios resurgían durante la celebración del Nombramiento de Nehru como primer jefe de gobierno, que fue pretexto de violentos disturbios motivados por la pugna entre hindúes y musulmanes.

Gandhi se trasladó a Noakhali, donde habían comenzado los enfrentamientos, y caminó de pueblo en pueblo, descalzo, tratando de detener las masacres que acompañaron a la partición en Bengala, Calcuta, Bihar, Cachemira y Delhi. Pero sus esfuerzos solo sirvieron para acrecentar el odio que sentían por él los fanáticos extremistas de ambos pueblos: los hindúes atentaron contra su vida en Calcuta y los musulmanes hicieron lo propio en Noakhali. Durante sus últimos días en Delhi llevó a cabo un ayuno para reconciliar a las dos comunidades, lo cual afectó gravemente su salud. Aun así, apareció de nuevo ante el público unos días antes de su muerte.

El 30 de enero de 1948, cuando al anochecer se dirigía a la plegaria comunitaria, fue alcanzado por las balas de un joven hindú. Tal como lo había predicho a su nieta, murió como un verdadero Mahatma, con la palabra Rama ('Dios') en sus labios. Como dijo Einstein, quizá las generaciones venideras duden alguna vez de que un hombre semejante fuese una realidad de carne y hueso en este mundo.