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FRASES SOCRATES

FRASES Y CITAS SOCRATES

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Isocrates: Sed lentos en resolver y prontos en ejecutar.

Isocrates: La constitución es el alma de los Estados.

Isocrates: Mantente ávido por saber y tal vez llegarás a ser sabio.

Isocrates: Reflexiona con lentitud, pero ejecuta rápidamente tus decisiones.

Isocrates: Una colección de bellas máximas es un tesoro más apreciable que las riquezas.

Isocrates: Probamos el oro en el fuego, distinguimos a nuestros amigos en la adversidad.

Isocrates: Aquel que reconoce la verdad del cuerpo puede entonces conocer la verdad del Universo.

Isocrates: Lo que juzgares por torpe y deshonesto de hacer, no creas que puede decirse con honestidad.

Isocrates: Morir es el destino común de los hombres; morir con gloria es el privilegio del hombre virtuoso.

Isocrates: Justa y decente cosa es que juntamente con la hacienda hereden los hijos las amistades de sus padres.

Isocrates: Reine en vuestro vestido el aseo, mas no el lujo.Este no es a propósito sino de una vana ostentación; el otro, de la decencia.

Isocrates: Si llevas a cabo una acción vergonzosa, no esperes mantenerla oculta.Aunque lograras esconderla para los demás, tu conciencia sabría dónde está.

Isocrates: Me contaron que a los peces no les importa ser pescados, pues tienen la sangre fría y no sienten dolor, pero no fue un pez el que me contó esto.

Isocrates: Así como el cuerpo cobra fuerza y se calienta con el trabajo moderado, así se fortifica y confirma el ánimo con los ejercicios y actos virtuosos.

Isocrates: Si cometieres una acción vergonzosa, no creas que podrás ocultarla; y aunque lograras esconderla a los ojos de los demás, tu conciencia la descubriría.

Isocrates: Has de tener por constante verdad que ninguna firmeza hay en las cosas humanas, y así no te alegrarás demasiado en la prosperidad ni desmayarás en las adversidades.

Isocrates: Lo que dices en presencia nuestra, piénsalo en ausencia nuestra.

Isocrates: No tomes por amigo a hombre de quien no tengas experiencia primero cómo ha guardado la amistad con otros, porque debes esperar que será contigo tal cual ha sido con ellos.

Isocrates: Contempla y considera las cosas inmortales poniendo ante ti la inmortalidad y grandeza de tu ánimo, y goza moderadamente de las cosas presentes teniendo respeto a que eres mortal.

Isocrates: Cuando quisieres pedir consejo a otro, primero has de saber cómo se ha gobernado él en sus negocios propios, porque el que mal hubiere administrado sus cosas, no aconsejará bien en las ajenas.

Socrates: Ningún hombre tiene el derecho de ser un aficionado en materia de entrenamiento físico. Es una vergüenza para un hombre llegar a viejo sin ver la belleza y la fuerza de la que su cuerpo es capaz.

Socrates: El verdadero defensor de la justicia, si tiene la intención de sobrevivir aunque sea por un corto período de tiempo, debe limitarse necesariamente a sí mismo, a la vida privada y dejar la política.

Socrates: Pues bien, aunque no creo que ninguno de los dos sepa nada realmente hermoso y bueno, estoy mejor de lo que está usted. Pues usted no sabe nada y piensa que sabe; mientras que yo ni sé, ni creo saber.

Socrates: Si no consigues lo que quieres, sufres; si obtienes lo que no quieres, sufres; incluso cuando obtienes exactamente lo que quieres, todavía sufres porque no puedes tenerlo para siempre. Tu mente es tu situación.

Socrates: Y así se hacen más y más ricos, pues cuanto más se piensa en hacer una fortuna, menos se piensa en la virtud. Cuando la riqueza y la virtud se colocan juntos en la balanza, siempre una aumenta a medida que la otra baja.

Socrates: Ahora, los niños son unos tiranos. Tienen malos modales, desacatan a la autoridad; muestran una falta de respeto hacia los mayores y les encanta la charla en lugar del ejercicio.

Socrates: Una vez igualada al hombre, la mujer se convierte en su superior.

Socrates: La verdadera sabiduría viene a cada uno de nosotros, cuando nos damos cuenta de lo poco que entendemos acerca de la vida, de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.

Socrates: Nos acercamos a la verdad sólo en la medida en que nos alejamos de la vida. El hombre sabio, busca la muerte toda su vida, y por lo tanto la muerte no es terrible para él.

Socrates: Lo realmente importante no es vivir, sino vivir bien. Y vivir bien significa, junto con las cosas más agradables de la vida, vivir de acuerdo a nuestros propios principios.

Socrates: Recuerda que no hay nada estable en los asuntos humanos; por lo tanto, evita la euforia excesiva en la prosperidad o la depresión indebida en la adversidad.

Socrates: Un sistema de moralidad que se basa en valores emocionales relativos, es una mera ilusión, una concepción totalmente vulgar que no tiene nada sano ni nada cierto.

Socrates: Intenté convencer a cada uno de vosotros de preocuparse menos por lo que tiene y más por lo que es, a fin de hacer de sí mismo lo más excelente y racional posible.

Socrates: Sócrates en la cárcel esperando a ser ejecutado. Un día oyó cómo otro prisionero cantaba una difícil y poco conocida canción del poeta Stesichoros.

Socrates: ¿Hay alguien a quien le confíes un mayor número de asuntos serios que a tu mujer? Y ¿hay alguien con quien tengas un menor número de conversaciones?

Socrates: Ten buen ánimo ante la muerte y ten en cuenta esta verdad: que ningún mal le puede pasar a un buen hombre, ya sea en la vida o después de la muerte.

Socrates: Emplea tu tiempo en mejorarte a ti mismo leyendo los escritos de otros hombres, así aprenderás fácilmente lo que otros han aprendido con trabajo duro.

Socrates: El secreto de la felicidad no se encuentra en la búsqueda de más, sino en el desarrollo de la capacidad de disfrutar con menos.

Socrates: La dificultad, amigos míos, no está en evitar la muerte, sino en evitar la injusticia, que se ejecuta más rápido que la muerte.

Socrates: Mi amigo… cuida ru psique… conócete a tí mismo, porque una vez nos conocemos a nosotros mismos, podemos aprender cómo cuidarnos.

Socrates: No voy a ceder ante cualquier hombre en contra de lo que es correcto, por temor a la muerte, incluso si he de morir por no ceder.

Socrates: En cuanto al matrimonio o el celibato, deja que el hombre tome el camino que desee seguir, así estará seguro de qué arrepentirse.

Socrates: Desciende a las profundidades de ti mismo, y logra ver tu alma buena. La felicidad la hace solamente uno mismo con la buena conducta.

Socrates: La humanidad está hecha de dos tipos de personas: las personas sabias que saben que son tontas, y los tontos que piensan que son sabios.

Socrates: Cuatro características corresponden al juez: escuchar cortésmente, responder sabiamente, ponderar prudentemente y decidir imparcialmente.

Socrates: A veces, construyes muros no para mantener afuera a otras personas, sino para ver a quién le importa lo suficiente como para descomponerlos.

Socrates: Las mentes brillantes discuten ideas poderosas; las mentes promedio discuten sobre eventos; las mentes débiles discuten sobre otras personas.

Socrates: Quien no es capaz de vivir en sociedad o que no tiene ninguna necesidad de ella porque es autosuficiente, tiene que ser una bestia o un Dios.

Socrates: Todas las almas de los hombres son inmortales, pero las almas de los justos son inmortales y divinas.

Socrates: Uno nunca debe hacer mal, ni maltratar a ningún hombre, no importa cuánto daño se nos haya infringido.

Socrates: No sólo está en reposo quien no hace nada, también está inactivo aquel que podría estar mejor empleado.

Socrates: La mayor bendición concedida a la humanidad es llevada a cabo por medio de la locura, que es un don divino.

Socrates: La vida no contiene más que dos tragedias. Una es no conseguir el deseo de tu corazón; la otra es conseguirlo.

Socrates: Lo que más nos daña en la vida, es la imagen que tenemos en nuestras cabezas de lo que se supone que debe ser.

Socrates: La sencillez de mi discurso hace que me odien, y qué es el odio sino una prueba de que estoy diciendo la verdad.

Socrates: En todos nosotros, incluso en los hombres buenos, hay una naturaleza salvaje y sin ley, que se asoma en el sueño.

Socrates: Los reinos más altos de pensamiento son imposibles de alcanzar sin lograr primero una comprensión de la compasión.

Socrates: Piensa no en los fieles que alaban todas tus palabras y acciones; sino en los que amablemente reprenden tus faltas.

Socrates: Nadie está calificado para convertirse en un hombre de Estado cuando es totalmente ignorante del problema del trigo.

Socrates: Sé que no me van a creer, pero la forma más alta de la excelencia humana, es cuestionarse a uno mismo y a los demás.

Socrates: El secreto del cambio es enfocar toda tu energía, no en luchar contra lo viejo, sino en la construcción de lo nuevo.

Socrates: Prefiero el conocimiento que la riqueza, pues esta es pasajera, mientras que lo otro es perpetuo.

Socrates: Cuando desees la sabiduría y la visión tanto como quieres respirar, es entonces cuando la tendrás.

Socrates: La forma más fácil y más noble de andar no es aplastando a los demás, sino mejorándose a uno mismo.

Socrates: No es perezoso sólo el que no hace nada, sino también el que pudiendo hacer algo mejor, no lo hace.

Socrates: Creo que hay dioses, y en un sentido mucho más alto que aquel de cualquiera de mis acusadores.

Socrates: Un hombre desenfrenado no puede inspirar afecto; es insociable y cierra la puerta a la amistad.

Socrates: ¿Es algo bueno porque los dioses lo aprueban? ¿O es que los dioses lo aprueban porque es bueno?

Socrates: Cásate. Si obtienes una buena mujer, serás feliz. Si obtienes una mujer mala, serás un filósofo.

Socrates: Cuando se pierde el debate, la difamación se convierte en la herramienta del perdedor.

Socrates: El amigo ha de ser como el dinero, que antes de necesitarlo, se sabe el valor que tiene.

Socrates: Dame belleza en el alma interior; que el exterior y el interior del hombre sea uno solo.

Socrates: La respuesta que doy a mí mismo y al oráculo, es que es una ventaja para mí ser como soy.

Socrates: Conócete a ti mismo.

Socrates: Sé lo que deseas parecer.

Socrates: Yo sólo sé que no sé nada.

Socrates: Habla para que yo te conozca.

Socrates: La envidia es la úlcera del alma.

Socrates: En cualquier dirección que recorras el alma, nunca tropezarás con sus límites.

Socrates: Sólo con la muerte estamos verdaderamente curados de la “enfermedad de la vida”.

Socrates: La multitud, cuando ejerce su autoridad, es más cruel que los tiranos de Oriente.

Socrates: Las palabras falsas no son malas por si mismas, pero infectan el alma con maldad.

Socrates: Aquel que no es feliz con lo que tiene, no será feliz con lo que le gustaría tener.

Socrates: La alegría del alma forma los días más bellos de la vida en cualquier época que sea.

Socrates: Sé lento para crear una amistad, pero cuando estés en ella, sigue firme y constante.

Socrates: Existen dos cosas mayores que todas las cosas. Una es el amor y la otra es la guerra.

Socrates: La manera más grande de vivir con honor en este mundo, es ser lo que pretendemos ser.

Socrates: De los deseos más profundos, vienen a menudo los odios más letales.

Socrates: Sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia.

Socrates: La muerte puede ser la más grande de todas las bendiciones humanas.

Socrates: No hay mayor mal que uno puede sufrir, que odiar un discurso razonable.

Socrates: Obsérvate sin ceguera y di con precisión y coraje lo que estás sintiendo.

Socrates: Sé bueno, porque todos a quienes conoces están luchando una dura batalla.

Socrates: La educación es el encendido de una llama, no el llenado de un recipiente.

Socrates: Reyes o gobernantes no son los que llevan cetro, sino los que saben mandar.

Socrates: La ciencia humana consiste más en destruir errores que en descubrir verdades.

Socrates: La verdadera sabiduría está en saber que no se sabe nada.

Socrates: No puedo enseñar nada a nadie. Sólo puedo hacerles pensar.

Socrates: No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran.

Socrates: Sólo hay un bien: el conocimiento. Y un mal: la ignorancia.

Socrates: Las nociones de bien y de mal son innatas en el alma humana.

Socrates: Es mejor cambiar de opinión, que persistir en una equivocada.

Socrates: La alegría es riqueza natural, el lujo es pobreza artificial.

Socrates: Quien quiera mover al mundo, debe moverse primero a sí mismo.

Socrates: El principio de la sabiduría es la definición de los términos.

Socrates: Solo sé que no sé nada y esa nada ni siquiera sé que no la sé.

Socrates: La duda es el inicio de la sabiduría.

Socrates: Come para vivir; no vivas para comer.

Socrates: A través de sus trapos, veo su vanidad.

Socrates: El pasado tiene sus códigos y costumbres.

Socrates: Cada acción tiene sus placeres y su precio.

Socrates: Para decir la verdad, poca elocuencia basta.

Socrates: La belleza es una tiranía de corta duración.

Socrates: El saber es la parte principal de la felicidad.

Socrates: El amor más ardiente, tiene el final más gélido.

Socrates: El grado sumo del saber es contemplar el por qué.

Socrates: Para encontrarte a ti mismo, piensa por ti mismo.

Socrates: El mal uso del lenguaje induce el mal en el alma.

Socrates: La vida no examinada no merece la pena ser vivida.

Socrates: Solo es útil el conocimiento que nos hace mejores.

Socrates: Ten cuidado con la esterilidad de una vida ocupada.

Socrates: La mentira gana bazas, pero la verdad gana el juego.

Socrates: Las penas de la vida deben consolarnos de la muerte.

Socrates: Habla para que yo pueda verte con los ojos del alma.

Socrates: La buena conciencia es la mejor almohada para dormir.

Socrates: La mente lo es todo; en lo que piensas te conviertes.

Socrates: Si me hubiese pegado una coz un asno, ¿le denunciaría?

Socrates: Vivir de manera buena, bella y justa es una sola cosa.

Socrates: Las almas ruines sólo se dejan conquistar con regalos.

Socrates: No podemos vivir mejor, sino en la búsqueda de ser mejores.

Socrates: La comprensión de una pregunta es la mitad de la respuesta.

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EL TRIPLE FILTRO

SOCRATES

LA SABIDURÍA DE SÓCRATES

En la antigua Grecia, Sócrates, fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos. Un día, un conocido se encontró con el gran Filósofo, y le dijo:

¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?

Espera un minuto, replicó Sócrates. Antes de decirme nada, quisiera que pasaras un pequeño examen. Yo lo llamo examen del triple filtro.

¿Triple Filtro?

Correcto, continuo Sócrates. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo el examen del triple Filtro.

El primer Filtro es la Verdad.

  • ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?
  • No, dijo el hombre, realmente sólo escuché sobre eso y...
  • Bien, dijo Sócrates, entonces realmente no sabes si es cierto o no.

El segundo Filtro, el de la Bondad.

  • ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?
  • No, por el contrario...
  • Entonces, deseas decirme algo malo de él, pero no estás seguro que sea cierto.
  • Pero podría querer escucharlo porque queda un filtro,

El tercer Filtro, el de la Utilidad.

  • ¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?
  • No, la verdad, que no.
  • Bien, concluyó Sócrates, si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno e incluso no me es útil, ¿Para que querría yo saberlo?

MORALEJA

La amistad es algo invaluable, nunca pierdas a un amigo por algún malentendido o comentario sin fundamento. Cuando quieran decirte algo de un amigo, usa este Triple Filtro.

Sócrates, la sabiduría de la ignorancia

¿A dónde puede ir uno si quiere hacerse sabio? (Pero sabio, no en ordenadores o en zapatillas, sino sabio en… la vida, digamos). Si uno quería hacerse sabio en la Atenas de Sócrates podía encaminarse a la escuela de algún sofista (bueno, necesita dinero también).

Pero a Sócrates no le dejaba satisfecho lo que esos sabios querían o podían enseñarle... (además, no andaba muy bien de fondos para costearse el curso avanzado) ¿Por qué?

¿Qué te enseñaban estos grandes hombres? La mayor de las habilidades, aseguraban, la que las usa a las demás, y la que te puede hacer más poderoso: la de convencer.

Para explicarle el gran poder de la retórica a Sócrates, Gorgias le cuenta cómo muchas veces él, que no sabe ni jota de medicina, acompaña a su hermano, que es un gran médico, y sólo él, Gorgias, con su saber hablar, convence al enfermo de que se tome la medicina o se deje amputar. Y lo mismo podría decirse de la política (¿habría llegado Hitler tan lejos si no hubiesen tenido ese poder de atracción?) o de cualquier otro asunto.

Pero ¿cómo puede ser, preguntaba entonces Sócrates, que convenza más alguien que no sabe de un asunto que el que sí sabe? ¿Por qué la simple y desnuda verdad no convence a algunos? ¿A quienes convence más la apariencia que la verdad?

A ver, ¿haría falta Gorgias en un congreso de medicina para convencer a los médicos de un nuevo descubrimiento? ¿O en un congreso de herreros, o de matemáticos? No, porque estos no se dejarán convencer por la retórica (bueno, aquí hay mucho que decir, pero digamos que, en la medida en que sean médicos, herreros, matemáticos… se fiarán sólo de argumentos veraces). Entonces... es sólo a los ignorantes a los que convence la retórica.

De todas formas, sería muy útil esa técnica allí donde nadie es más sabio que los demás, por ejemplo, en una junta de vecinos. O... en una campaña electoral.

Aquí viene la segunda pega de Sócrates. ¿Es útil tener ese poder? ¿Útil para qué? Por supuesto, para conseguir nuestros fines. Pero ¿cuáles? ¿Sabemos cuáles son esos?

No, para eso necesitaríamos antes saber qué es un ser humano y qué nos conviene.

¿Qué es el hombre? (según Kant esta es la pregunta que encierra a todas las preguntas filosóficas):

Conócete a ti mismo (gnothi seauton, en griego), decía la inscripción del templo de Apolo en Delfos, y Sócrates lo consideró siempre el primer (y quizás último) mandamiento.

Pero en la búsqueda de uno mismo la retórica no sirve para nada. Sería engañarse a sí mismo.

Y ¿sabe el sofista qué es lo bueno?

Los sofistas solían contestar a Sócrates una de dos:

  • o que todo el mundo lo sabe
  • o que nadie lo sabe, porque si no hay una verdades absolutas, menos aún las hay en el tema de lo bueno y malo.

Pero, creía Sócrates que es evidente que no todo el mundo lo sabe ni cree saberlo, porque ni siquiera están de acuerdo. ¿Será, entonces, que no hay nada en sí bueno o malo, sino lo que uno decida o prefiera?

Lo bueno es lo que quiere cada uno, y quien más poder tiene impone sus gustos (pensaba un sofista, llamado Trasímaco). Pero, objeta Sócrates ¿y si el poderoso es ignorante, y manda algo que le perjudica?

Supongamos que unos extraterrestres te hacen el mejor regalo: una máquina con la que puedes controlar a todas las personas. Puedes destruir o dañar a quien no te obedezca, y nadie te la puede arrebatar, porque detecta a los intrusos y los daña. ¿Esa máquina te acercaría más a la felicidad?

Sócrates, en cambio, confesaba abiertamente que no sabía realmente nada, porque no sabía quién era y qué le convenía. Lo que sí sabía es que no lo sabía, y que debía dedicar todo el tiempo que pudiese a saber eso antes que nada, si no quería vivir (como, por desgracia, le pasa a la mayoría) siguiendo ciegamente el camino trazado.

Así lo cuenta él en su defensa ante el jurado (según la versión de Platón):

De mi sabiduría, si hay alguna y cuál es, os voy a presentar como testigo al dios que está en Delfos. Pues bien, una vez mi amigo Querefonte fue a Delfos y tuvo la audacia de preguntar al oráculo si había alguien más sabio que yo. La Pitia le respondió que nadie era más sabio. Durante mucho tiempo estuve yo confuso sobre lo que en verdad quería decir el oráculo. Más tarde, a regañadientes, me puse a investigarlo del modo siguiente. Me dirigí a uno de los que parecían ser sabios. Ahora bien, al examinarle, me pareció que otras muchas personas creían que ese hombre era sabio, y especialmente lo creía él mismo, pero que no lo era.

A continuación intentaba yo demostrarle que el creía ser sabio, pero que no lo era. Así me gané la enemistad de él y de muchos de los presentes. Después de esto iba yo uno tras otro y, ¡por el perro!, me pareció que los de mayor reputación estaban casi carentes de lo más importante para el que investiga según el dios. A causa de esta investigación, atenienses, me he creado muchas enemistades, y han surgido muchas tergiversaciones y el renombre de que soy sabio. Es probable que el dios sea en realidad sabio y que en este oráculo diga que la sabiduría humana es digna de poco o de nada. Y parece que habla de Sócrates como si dijera: es el más sabio, el que, de entre vosotros, hombres, conoce, como Sócrates, que en verdad es digno de nada respecto a la sabiduría.

O sea, los que no saben, y ni siquiera saben que no saben, enseñan (y cobran sus enseñanzas, sus discursos llenos de afirmaciones contundentes). Quien sabe que no sabe y busca el saber, no adoctrina, sino que dialoga, y nunca cobra nada por sus palabras. ¿Te suena este fenómeno?

Más curioso aún: los que no saben ni siquiera su ignorancia de lo que es valioso, sostienen que no hay nada que averiguar sobre lo que es bueno (o lo saben ya todos o nunca lo podrá saber nadie); sin embargo, quien sabe que no sabe, cree que se podría llegar a saber qué es lo bueno.

¿Sabe la gente lo que es bueno?

¿Quiénes lo saben?

¿Qué relación tiene esta cuestión con la de la utilidad?

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