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FRASES SIMONE WEIL



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SIMONE WEIL

MAS FRASES DE SIMONE WEIL

  • Yo no soy católica, aunque nada católico, nada cristiano me haya parecido nunca ajeno.
  • La compasión es la forma más rara y más pura de generosidad.
  • La desdicha encierra la verdad de nuestra condición.
  • El espíritu de justicia no es más que la flor suprema y perfecta de la locura de amor.
  • En la fábrica recibí para siempre la marca de la esclavitud.
  • Al ponerse ante una máquina en la fábrica, hay que matar el alma durante ocho horas al día, el pensamiento, los sentimientos, todo.
  • Un ser que tenga el corazón en su sitio debe llorar lágrimas de sangre si se encuentra metido en este engranaje de la fábrica.
  • Nada es más difícil de conocer que la desgracia; siempre es un misterio.
  • Nada paraliza más el pensamiento que el sentimiento de inferioridad impuesto necesariamente por los golpes cotidianos de la pobreza, de la subordinación, de la dependencia.
  • Una sola cosa hace soportable la monotonía, y es una luz de eternidad, es la belleza.
  • El pueblo tiene tanta necesidad de poesía como de pan. No de la poesía encerrada en palabras; esa, por sí misma, no puede serle de ninguna utilidad. Tiene la necesidad de que la propia sustancia de su vida sea poesía.
  • La esperanza de revolución es siempre un estupefaciente.
  • En cada hombre hay algo sagrado.
  • La necesidad de verdad es la más sagrada de todas.
  • Todo esfuerzo del pensamiento consiste en pensar la experiencia.
  • El único obstáculo para la idolatría del totalitarismo consiste en una vida espiritual auténtica.
  • El arraigo es la necesidad más importantes e ignorada del alma humana.
  • Preferiría morir a vivir sin la verdad.
  • Los locos son los únicos personajes que dicen la verdad.
  • La política me parece una broma siniestra.
  • El mal es ilimitado, pero no infinito. Sólo lo infinito limita lo ilimitado.
  • La belleza seduce a la carne con el fin de obtener permiso para pasar al alma.
  • Ser inocente es soportar el peso del universo entero. Es arrojar el contrapeso.
  • Todo crimen es una transferencia del mal de aquél que actúa sobre aquél que padece.
  • No tratar de no sufrir ni de sufrir menos, sino de no alterarse por el sufrimiento.
  • Si en este mundo no hubiera desgracia, podríamos pensar que estábamos en el paraíso.
  • La relación pertenece al espíritu solitario. Ninguna muchedumbre concibe la relación.
  • De todos los seres humanos, sólo reconocemos la existencia de aquéllos a los que amamos.
  • El pecado contra el Espíritu consiste en conocer algo como bueno y odiarlo en cuanto bueno.
  • La obediencia a un hombre cuya autoridad no está alumbrada con legitimidad es una pesadilla.
  • Cuando se ha pecado por injusticia, no basta sufrir justamente, hay que sufrir la injusticia.
  • Amar a un extraño como a sí mismo entraña como contrapartida: amarse a sí mismo como a un extraño.
  • Es preciso desarraigarse. Talar el árbol y hacer con él una cruz para luego llevarla todos los días.
  • Al sucumbir bajo el peso de la cantidad, al espíritu no le queda otro criterio que el de la eficacia.
  • Esa vulnerabilidad de las cosas valiosas es hermosa porque la vulnerabilidad es una marca de existencia.
  • Al igual que el poder, el dinero es puro medio. Tiene por único valor la posibilidad de procurarse cosas.
  • Lo que en el criminal no es sensible, es el crimen. Lo que en el inocente no es sensible, es la inocencia.
  • El infierno es superficial. El infierno es una nada que tiene la pretensión y produce la ilusión de que existe.
  • La desgracia extrema que acomete a los seres humanos no crea la miseria humana; simplemente la pone de manifiesto.
  • ¿Por qué he de preocuparme? No es asunto mío pensar en mí. Asunto mío es pensar en Dios. Es cosa de Dios pensar en mí.
  • La verdad se produce al contacto de dos proposiciones, ninguna de las cuales es cierta; la relación entre ambas es cierta.
  • Algunos crímenes que nos han hecho malditos hemos debido cometer para que ahora hayamos perdido toda la poesía del universo.
  • La apariencia posee la plenitud de la realidad, pero sólo en cuanto apariencia. En cuanto cosa distinta de apariencia, es error.
  • Únicamente las cosas relativas a la inspiración se nutren de plazos. Las relativas al deber natural, a la voluntad, no sufren dilación.
  • El humanismo y lo que del mismo se desprende no es un regreso a la antigüedad, sino un desarrollo de venenos anteriores al cristianismo.
  • Estrellas y árboles frutales en flor. La completa permanencia y la extrema fragilidad proporcionan por igual el sentimiento de la eternidad.
  • Un método para comprender las imágenes, los símbolos, etc. No tratar de interpretarlos, sino simplemente mirarlos hasta que brote de ellos la luz.
  • Una mujer que se mira al espejo y se arregla no siente vergüenza de reducirse a sí misma, a ese ser infinito que mira todas las cosas, a un pequeño espacio.
  • El hombre es esclavo en la medida en que entre la acción y su efecto, entre su esfuerzo y la obra, se encuentra interpuesta la intervención de voluntades ajenas.
  • El amor tiende a llegar cada vez más lejos. Pero tiene un límite. Cuando ese límite se sobrepasa, el amor se vuelve odio. Para evitar ese cambio, el amor debe hacerse diferente.
  • El totalitarismo moderno es al totalitarismo católico del siglo XII lo que el espíritu laico y francmasón al humanismo del Renacimiento. Con cada vaivén, la humanidad se degrada.
  • Entre las características del mundo moderno no hay que olvidar la imposibilidad de apreciar en concreto la relación entre el esfuerzo y el efecto del esfuerzo. Demasiados intermediarios.
  • La gruesa bestia tiene como fin la existencia. "Yo soy el que soy". Ella también lo dice. Le basta con existir, pero no puede concebir ni admitir que otra cosa exista. Siempre es totalitaria.
  • En todo aquello que nos provoca una auténtica y pura sensación de lo bello existe realmente presencia de Dios. Hay como una especie de encarnación de Dios en el mundo, cuya marca es la belleza.
  • Una sociedad bien hecha sería aquélla en la cual el Estado ejercería tan solo una acción negativa, del orden del timonel: una ligera presión del movimiento oportuno para compensar un comienzo de desequilibrio.
  • Dado que el pensamiento colectivo no puede existir como tal pensamiento, pasa a las cosas signos, máquinas... De ahí la paradoja: es la cosa la que piensa y el hombre quien queda reducido al estado de cosa.
  • Dos prisioneros, en celdas vecinas, se comunican por medio de golpes contra el muro. El muro es lo que los separa, pero también lo que les permite comunicarse. Así nosotros con Dios. Toda separación es un nexo.
  • El espejismo constante de la Revolución consiste en creer que si a las víctimas de la fuerza, que son inocentes de las violencias que se producen, se les pone en las manos esa misma fuerza, la utilizarán justamente.
  • Puesto que no se puede esperar de un hombre que no posee la gracia que sea justo, es preciso que la sociedad esté organizada de tal manera que las injusticias se vayan corrigiendo unas a otras en una perpetua oscilación.
  • El capitalismo ha consumado la liberación de la colectividad humana en relación con la naturaleza. Pero esa misma colectividad ha heredado inmediatamente frente al individuo la función opresiva que antes ejercía la naturaleza.
  • La Providencia divina no es un desarreglo, una anomalía en el orden del mundo. Es el orden del mundo en sí. O, más bien, es el principio ordenador de este universo, extendido a través de toda una red subterránea de relaciones.
  • Lo enormemente doloroso del trabajo manual es que se está obligado a esforzarse durante largas horas simplemente para existir. El esclavo es aquél al que no se le propone bien alguno cómo objeto de sus fatigas, sino la mera existencia.
  • Dios y la creación son uno, Dios y la creación están infinitamente distantes; esta contradicción fundamental se refleja en la contradicción que existe entre lo que es necesario y el bien. Sentir la distancia, esta separación, es crucifixión.
  • Toda obra de arte tiene un autor, pero cuando es perfecta, sin embargo, tiene algo de anónima. Imita el anonimato del arte divino. La belleza del mundo, por ejemplo, es muestra de un Dios a la vez personal e impersonal, y ni lo uno ni lo otro.
  • Si se desea solamente el bien, se está en oposición a la ley que une al bien real con el mal del mismo modo que al objeto iluminado con la sombra; y, estando en oposición a la ley universal del mundo, es inevitable que se caiga en la desgracia.
  • Nada poseemos en el mundo porque el azar puede quitárnoslo todo, salvo el poder de decir yo. Eso es lo que hay que entregar a Dios, o sea destruir. No hay en absoluto ningún otro acto libre que nos esté permitido, salvo el de la destrucción del yo.
  • La belleza de un paisaje en el momento cuando nadie lo ve, absolutamente nadie...Ver un paisaje tal cual es cuando no estoy en él. Cuando estoy en algún lugar, enturbio el silencio del cielo y de la tierra con mi respiración y el latir de mi corazón.
  • El avaro, por ansia de su tesoro, se priva de él.
  • El orden social no puede ser más que un equilibrio de fuerzas.
  • La creación: el bien hecho trozos y esparcido a través del mal.
  • El mal es ilimitado, pero no infinito.
  • Solo lo infinito limita lo ilimitado.
  • El movimiento descendente, espejo de la gracia, es la esencia de toda música.
  • Amar la verdad supone soportar la vida, y por consiguiente aceptar la muerte. La verdad está al lado de la muerte.
  • De acuerdo al testimonio del mayor matemático de nuestro siglo, la matemática no es más que un lenguaje cómodo.
  • El verdadero primer precursor de Hitler desde la antigüedad es sin duda Richelieu. Él inventó el Estado.
  • Es dudoso que se pueda remediar esta lepra que nos mata sin antes suprimir los partidos políticos.
  • La cultura es un instrumento manejado por profesores para manufacturar profesores, que, a su vez, manufacturarán profesores.
  • La desgracia de los otros entró en mi carne.
  • Lo que un país llama sus intereses vitales no son las cosas que hacen posible la vida de sus ciudadanos, sino las que le capacitan para la guerra. Como el petróleo.
  • Quien toma la espada perecerá por la espada. Pero quien no toma la espada o la suelta, perecerá en la cruz.
  • Sólo el equilibrio aniquila la fuerza.
  • Todas las tragedias que se puedan imaginar confluyen en una sola y única tragedia: el paso del tiempo.
  • Todos los pecados son intentos de llenar vacíos.
  • La energía necesaria reside en mí, ya que con ella tengo para vivir.
  • La creencia en la existencia de otros seres humanos como tales es amor.
  • ¿Por qué he de preocuparme? No es asunto mío pensar en mi. Asunto mío es pensar en Dios. Es cosa de Dios pensar en mi.
  • Para que tu mano derecha ignore lo que hace la izquierda, habrá que esconderla de la conciencia.
  • Cuando una contradicción es imposible de resolver salvo por una mentira, entonces sabemos que se trata de una puerta.
  • Al luchar contra la angustia uno nunca produce serenidad; la lucha contra la angustia sólo produce nuevas formas de angustia.
  • Todos los dolores que nos alejan son dolores perdidos.
  • Desear la amistad es un gran error. La amistad debe ser un goce gratuito, como los que proporcionan el arte o la vida.
  • El tiempo nos conduce —siempre— adonde no queremos ir. Amemos el tiempo.
  • El amor no es consuelo. Es luz.
  • Hay que realizar lo posible para alcanzar lo imposible.
  • La belleza es la armonía entre el azar y el bien.
  • Matar con el pensamiento todo cuanto se ama: única manera de morir.
  • Dinero, maquinización, álgebra. Los tres monstruos de la civilización actual. Analogía perfecta.
  • La grandeza del hombre está siempre en el hecho de recrear su vida. Recrear lo que le ha sido dado. Fraguar aquello mismo que padece. Con el trabajo produce su propia existencia natural.
  • El Amor responde al Bien.
  • Cuando uno intenta acabar con la duda, aparece la tiranía.
  • El deseo es un anhelo del pensamiento hacia el porvenir.
  • La amistad no se busca, no se sueña, no se desea; se ejerce es una virtud.
  • Nada en este mundo puede impedir a una persona sentir que ha nacido para ser libre. Jamás, pase lo que pase, puede aceptar su servidumbre, porque piensa.
  • Para comprender como la atención se transforma en luz y amor, no trates de interpretar los objetos, simplemente obsérvalos hasta que brote de ellos la luz.
  • La atención absolutamente pura y sin mezcla es oración.
  • Ver la luz es observar conscientemente, libre y sin apego.

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TRANSFORMAR LA ATENCIÓN EN LUZ Y AMOR

SIMONE WEIL

EL AMOR Y LA LUZ

La luz es en realidad el puente entre lo Divino y el mundo.

Lo Divino crea al mundo al crear la luz. La luz es la primera creación, y luego la luz se condensa y sobreviene la materia; luego la luz crece; y luego aparece la vida; entonces la vida crece y aparece el amor.

Luz, vida, amor, esas son las tres capas. No te quedes en la segunda. Te debes transformar, o retrocede a las raíces o asciende hasta la semilla otra vez, a las flores. Desciende hasta la luz o asciende hasta las flores. Y hay dos caminos. Uno es el camino del conocimiento. Conocimiento significa descender hasta la luz. En el sendero del conocimiento, el verdadero secreto que se oculta es éste: descender hasta la luz. Y luego está el sendero de la pura conciencia, el camino de la devoción, que significa ascender hasta el amor.

Dos caminos para poderte transformar: o bien ser bañado en la luz interior o ser bañado en el amor interno. Y entonces estarás en el umbral, en los límites dónde la gracia empieza a ejercer su acción. Entra, y halla la fuente, o sal, y descubre al amado.

Recuerda esto también: si has de encontrar la fuente, entra. Si has de encontrar al amado, sal. Para buscar las cosas, has de salir; para buscar al amado, también has de salir. La actitud es distinta, pero el movimiento es el mismo. Encontrar al amado quiere decir descubrir eso en todo lo que te encuentras. Sal y sigue indagando y llegará un momento en que nada queda excepto tu amado. Entonces eres bañado en amor, y éste será el resultado.

¡Muévete! Te puedes transformar. ¡Ve hacia la luz o hacia el amor!

Veamos que dice la filósofa francesa Simone Weil sobre la atención, el amor y la luz...

La pensadora Simone Weil, es la mujer que defendió a los niños Judíos de los nazis...

VE HACIA EL AMOR

La luz y la atención se puede transformar en amor, ve hacia el amor.

Amar es adorar la distancia con lo que se ama. El amor mundano es un indicio de nuestra miseria. Dios no puede sino amarse a sí mismo. Nosotros con nuestro amor condicional no podemos sino amar algo distinto de nosotros. Pero el amor se tiende a transformar a llegar cada vez más lejos. Pero tiene un límite. Cuando ese límite se sobrepasa, el amor se vuelve odio. Para evitar ese cambio, el amor debe hacerse diferente, hacerse real.

El amor tiene necesidad de realidad. ¿Hay algo más tremendo que descubrir un día que se ama a un ser imaginario (Dios mental) a través de una apariencia corporal? Es mucho más tremendo que la muerte, porque la muerte no impide al amado haberlo sido. Ese es el castigo consistente en haber alimentado al amor con la imaginación.

«Es mas sensato preferir lo realmente mundano a un paraíso imaginario».

Todo cuanto es vil y mediocre en nosotros se rebela contra la pureza y tiene necesidad de mancillar esa pureza para salvar su vida. Mancillar es modificar, es tocar. Lo bello es lo que no cabe querer cambiar. Dominar es manchar. Poseer es manchar. Amar puramente es consentir en la distancia, es adorar la distancia entre uno y lo que se ama.

«Es un error desear ser comprendido antes de explicarse uno ante sí mismo».

No dejes encarcelarte por ningún apego. Preserva tu soledad. Si alguna vez ocurre que se te ofrezca un amor verdadero, aquél día no habrá oposición entre la soledad interior y la amistad, sino al contrario. Precisamente lo reconocerás por ese indicio infalible y real.

La verdad no es un objeto de amor. Lo que se ama es algo que existe, que se piensa, y que por tal motivo puede ser ocasión de verdad o de error. Una verdad es siempre la verdad de algo. La verdad es la luz de la realidad, el objeto del amor no es la verdad, sino la realidad. Desear un contacto con una realidad es amarla. No se desea la verdad sino para amar en la verdad. Se desea conocer la verdad de aquello que se ama. En lugar de hablar de «Amor a la Verdad» es preferible hablar de un espíritu de verdad en el amor.

«Amor a la verdad» es una expresión impropia. La verdad no es objeto de amor, no es un objeto. Lo que amamos es algo que existe, y que pensamos y por eso puede ser la ocasión de producir verdad o error. Una verdad es siempre la verdad de algo. La verdad es el esplendor de la realidad. El objeto del amor no es la verdad, sino la realidad. Desear la verdad es desear y transformar un contacto con una realidad, es amarla. No deseamos la verdad nada más que para amar en la verdad.

Deseamos conocer la verdad de lo que amamos. En lugar de hablar de amor a la verdad, sería mejor hablar de un espíritu de veracidad en el amor. El amor real y puro desea siempre y por encima de todo mantenerse entero en la verdad, sea cual sea, incondicionalmente. Toda otra expectativa de amor desea sobre todo satisfacciones, y por ello es un principio de error y de mentira. Es el Espíritu* Santo.

* La palabra griega que traducimos por espíritu significa literalmente soplo ígneo, soplo (aliento) mezclado con luz, y designaba en la antigüedad, la noción que la ciencia designa hoy con la palabra energía. Lo que traducimos por «Espíritu de Veracidad» significa la energía de la verdad, la verdad como fuerza agente.

«El amor puro es esa fuerza activa, el amor que no quiere, a ningún precio, en ningún caso, ni la mentira ni el error».

El único contacto con la existencia es la aceptación, el amor. Por esa razón, belleza y realidad son idénticas. Por esa razón, el gozo y la sensación de realidad son idénticos. Amor puro de las criaturas: no amor en Dios, sino amor que, pasando por Dios, comienza en la luz.

LA ATENCIÓN

La atención te deja libre para amar y ser transformado por la luz.

La atención consiste en suspender el pensamiento, en dejarlo disponible, vacío, y penetrable al objeto, manteniendo próximos al pensamiento, pero en un nivel inferior y sin contacto con él, los diversos conocimientos adquiridos que deban ser utilizados. [...] Y sobre todo la mente debe estar vacía, a la espera, sin buscar nada, pero dispuesta a transformar y a recibir su verdad desnuda, la luz que va a penetrar en ella.

En el orgulloso se da una falta de gracia (en el doble sentido del término). Por efecto de un error. En su grado más alto, la atención es lo mismo que la oración. Presupone la fe y el amor. La atención absolutamente pura y sin mezcla es oración.

Todos los días, antes del trabajo, recitaba el Padrenuestro en griego y lo repetía con frecuencia en la viña [...] Si durante la recitación mi atención se distrae o adormece, aunque sea de forma infinitesimal, vuelvo a empezar hasta transformar todo en una atención absolutamente pura.

Un cuento esquimal explica así el origen de la luz: El cuervo, que en la noche eterna no podía encontrar alimento, deseó la luz y la tierra se iluminó. Si hay verdadero deseo, si el objeto del deseo es realmente la luz, el deseo de luz produce luz. Hay verdadero deseo cuando hay esfuerzo de atención.

Todos los esfuerzos por los valores auténticos y puros de lo verdadero, lo bello y lo bueno en la actividad de un ser humano se originan a partir de un único y mismo acto, por una determinada aplicación de la plenitud de la atención al objeto. La enseñanza no debería tener otro fin que el de hacer posible la existencia de un acto como ése mediante el ejercicio de la atención. Todos los demás beneficios de la instrucción carecen de interés.

Lo que cuenta en una vida humana no son los sucesos que la dominan a través de los años -o incluso de los meses- o incluso de los días. Es el modo en que se encadena cada minuto con el siguiente, y lo que le cuesta a cada cual en su cuerpo, en su corazón, en su alma -y por encima de todo, en el ejercicio de su facultad de atención- para efectuar minuto por minuto este encadenamiento.

Tratar, no de interpretar sino de mirar hasta que la luz se haga. En la percepción sensible, cuando uno no está seguro de lo que ve, se mueve de lugar sin dejar de seguir mirando. Con el tiempo va uno cambiando y si, a través de las modificaciones, se mantiene la mirada orientada hacia lo mismo, a fin de cuentas la ilusión se disipa y lo real aparece. La condición es que la atención sea observar conscientemente y no un apego.

«Un método para comprender las imágenes, los símbolos, etc. No tratar de interpretarlos, sino simplemente mirarlos hasta que brote de ellos la luz».

Simone Weil

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