La iluminación espiritual

Todo cambia

Cuento zen # 478

Cuento zen sobre el cambio constante.

Había un hombre que tenía cuatro hijos. Como parte de su educación, él quería que ellos aprendieran a ver que las personas y las cosas cambian rápidamente. Entonces los envió a cada uno, por turnos, a ver un árbol de peras que estaba a gran distancia de su casa.

En su país había estaciones, así que el primer hijo fue en invierno; el segundo en primavera; el tercero en verano y el cuarto en otoño. Cuando todos habían ido y regresado, el padre los llamó y les pidió que describieran lo que habían visto.

El primer hijo dijo que el árbol era horrible, giboso y retorcido, parecía seco y sin vida.

El segundo dijo que no, que el árbol estaba cubierto de brotes verdes y lleno de retoños que prometían flores.

El tercer hijo no estuvo de acuerdo: él dijo que estaba cargado de flores, que emanaba un aroma muy dulce y se veía hermoso; era el árbol más lleno de gracia que jamás había visto.

El último de los hijos tampoco estuvo de acuerdo con ninguno de ellos. Dijo que el árbol estaba cargado de peras maduras, lleno de savia y bienestar. Como los pájaros acudían al peral para comer de los frutos que se estaban marchitando, todo a su alrededor se llenaba de un exquisito aroma.

Entonces el padre les explicó a sus hijos que todos tenían la razón, porque ellos sólo habían visto una de las estaciones de la vida del árbol. Y añadió que por eso no se podía juzgar a una persona por sólo ver una de sus temporadas: La esencia de lo que son los hombres, el placer, la tristeza, el regocijo y el amor que vienen con la vida sólo pueden ser justamente apreciadas al final, cuando todas las estaciones hayan pasado.

MORALEJA

La palabra estación es una palabra vacía, porque en la vida no hay una situación que se corresponda con ella. Todo se está moviendo, nada está sin movimiento.

Las estrellas se mueven, la tierra se mueve, el sol se mueve, la vida se mueve, el árbol se mueve, todo está en movimiento. Nunca, ni en un solo momento, hay descanso. Incluso cuando estás dormido y dices Estoy descansando, no es cierto; todo se está moviendo. Después de ocho horas serás ocho horas más viejo. Incluso durante tu sueño profundo se suceden los sueños, tu consciencia se está moviendo, tu cuerpo está cambiando, tu mente está cambiando. Todo es movimiento, la vida es movimiento, de modo que no hay forma de seguir siendo el mismo.

¿No será por esta razón que nos quedamos con una idea prefijada de una determinada estación de una persona, a partir de la cual la juzgamos el resto del tiempo?

¿No será que debemos entender a las personas como móviles y no como estacionarias?

Es un error encasillar a las personas por un comportamiento o comportamientos que han tenido en ciertos momentos de su vida, debemos ver siempre con ojos nuevos. Porque los seres humanos estamos en continua evolución, y vamos cambiando según las experiencias que nos surgen por el camino. Lo que uno es hoy, puede que dentro de unos años no lo sea. Por eso, no podemos etiquetar a otros de ser de una u otra manera.