La iluminación espiritual

El tartamudo infeliz

-Cuento zen con moraleja-

La felicidad es muy sencilla, no necesitas nada para crearla, necesitas estar presente y ser feliz. Si no aceptas lo que tienes, lo que hay, serás infeliz.

Cuento zen # 376

Cuento zen sobre la felicidad

Un psiquiatra refiere el caso de un cliente que tartamudeaba y quería dejar de hacerlo. Le había sucedido toda la vida, desde que era capaz de recordar.

El psiquiatra le preguntó si podía recordar, al menos, una ocasión en su vida en la que hubiese hablado sin tartamudear.

El tartamudo infeliz contó cómo una vez, cuando era joven, se había montado en un autobús a toda prisa, sin sacar el billete y estaba preocupado pensando qué pasaría cuando viniera el revisor. Pensó que le explicaría lo ocurrido y como tartamudeaba tanto, se compadecería y lo dejaría en paz. De hecho, pensaba exagerar el tartamudeo.

Al acercarse el revisor, se preparó el tartamudo, abrió la boca, y salieron las palabras con una claridad nítida y una pronunciación exacta, sin titubeo alguno. El revisor le puso la multa de rigor.

Nuestro hombre no pudo quedar más sorprendido. Para una vez en la vida en que su tartamudeo le podía haber servido de algo, ¡le había fallado!

Ahí estaba precisamente la esencia de la cuestión. Cuanto más se oponía al tartamudeo. ¿Por qué me ha de pasar esto a mí? ¿Cómo puedo vivir así? ¿Cómo puedo conseguir trabajo mientras hable así? ¿Hasta cuándo va a durar esto? ¿Cómo podré aguantar toda la vida?, más tartamudeaba y era infeliz cada vez más. Círculo vicioso que no era fácil romper.

Solo una vez en su vida se alegró de ser tartamudo, se felicitó por serlo, quiso exagerar su defecto, y se desvaneció el tartamudeo. En la única ocasión de su vida en que aceptó el ser tartamudo, dejó de serlo.

MORALEJA

La naturaleza humana se resiste cuando alguien intenta cambiarla. Cuando la dejan en paz cambia por sí misma. Cuando nos resistimos a un rasgo negativo de nuestro carácter, no hacemos más que agravarlo.

Piénsalo, en el momento en que armonizas con la existencia, toda preocupación desaparece. Surge una gran aceptación, y así es como tiene que estar tu mente, esa es la naturaleza de la mente; y no es tu problema, porque tú no eres la mente. Si fueras tú con el todo, no habría habido ningún problema en absoluto, tal vez no existiría el tartamudeo.

Si aceptas lo que tienes, no hay ninguna posibilidad de ser infeliz. Nadie parece interesarse por sentirse feliz porque están dispuestos a sacrificar toda su felicidad por cualquier tontería: por celos, por posesividad, por ira, por odio, por un tartamudeo, etc., sin embargo, no están dispuestos a sacrificar estas pasiones por su felicidad, en resumen, solo les interesa su infelicidad.

La felicidad es algo sencillo, no necesitas nada para crearla, solo necesitas estar presente y ser feliz. Si no aceptas lo que tienes y lo que hay, serás infeliz. Dices que quieres ser feliz, pero sigues rechazándolo todo. ¿Cómo vas a ser feliz? Simplemente, acepta las cosas y entonces fíjate en donde surge la infelicidad. Puedes esperar durante varias vidas, pero la infelicidad no aparecerá porque habrás cortado sus mismas raíces.

La felicidad es una función del aceptar lo que hay.