Poder desprogramarse

Ilustración del cuento: Poder desprogramarse

El cuento Zen «Desprogramarse», enseña a liberarte de la programación para responder por ti. Lo que nace y se decide adentro es auténtico y te hace libre.

Cuento zen sobre la programación

LA FRONTERA

A alguien que viajaba en avión, le dijeron:

Mira, ya salimos de la India, ahí está la frontera.

Se asomó y por más que miraba no vio ni una línea, ni una barrera natural de separación.

MORALEJA

¿Es que existen las fronteras en la naturaleza? No están más que en nuestra mente. Todo el planeta es de todos, y toda cultura no es más que ideas que nos separan.

LAS CULTURAS

Hubo un niño blanco que se perdió en la selva y se crio en una tribu con cultura distinta. Cuando creció se casó con una nativa de aquella cultura. Ocurrió que a una amiga de su mujer se le murió su marido en la guerra, y aquella noche, al pensar en su amiga sola, la mujer nativa le dijo al marido blanco:

Oye, me gustaría que fueses a consolar a mi amiga, que está sola, y como ya no tiene marido ve acostarte con ella.

El marido, que recordaba aún rasgos de su cultura, se negaba, horrorizado, pero al final complació a su mujer. Cuando volvió, la mujer le dijo:

Ya sabía que eras un buen hombre y ahora te quiero más, porque eres compasivo y me siento orgullosa de ti.

MORALEJA

¡Qué bella su cultura, pero qué difícil de entender y seguir para nosotros! No existe separación de razas, solo distintas culturas programadas en nuestras mentes. En la naturaleza no existen fronteras. El honor, el éxito y el fracaso no existen, como tampoco la belleza ni la fealdad, porque todo consiste en una manera de ver de cada cultura. Es lo cultural lo que provoca esas emociones ante el nombre de patria, raza, idioma o pueblo. Son distintas formas de ver que están programadas en nuestra mente. La patria es el producto de la política, y la cultura es la manera de adoctrinar.

Cuando eres un producto de tu cultura, sin cuestionarte nada, te conviertes en un robot. Tu cultura, tu religiosidad y las diferencias raciales, nacionales o regionales te han sido estampadas como un sello y las tomas como algo real. Te enseñaron una religiosidad y una forma de comportarte que no has elegido, sino que te vinieron impuestas desde fuera, antes de que tuvieses edad o discernimiento para decidir, y sigues así, con ellas colgadas, como una piedra al cuello.

Solo lo que nace y se decide adentro es auténtico y te hace libre. Lo que haces como hábito y que no puedes dejar de hacer porque te domina, te hace dependiente, esclavo de lo que crees, porque te lo han programado. Solo lo que surge de dentro lo analizas, lo pasas por tu criterio y te decides a ponerlo en práctica asumiéndolo; es tuyo y te hace libre.

Tienes que liberarte de tu historia y su programación para responder por ti mismo y no de personaje a personaje.

Lo mismo ocurre con lo que creemos amor y que no es más que un modelo cultural aceptado por la mente. No se puede vivir influenciado por el pasado. Lo menos que se puede hacer por el amor es ser sincero, tener claridad de percepción y llamar a cada cosa por su nombre. Ser capaz de dar la respuesta precisa sin engañar ni engañarte. Porque te amo te doy la respuesta, desde mi realidad, que te corresponde a ti y a tu realidad, en este momento. Más tarde no sé lo que puede ocurrir, y por ello no te hago promesas que no sé si podría cumplir.

Esto es lo menos que puedes exigirle al amor: sinceridad. La espiritualidad consiste en ver las cosas, no a través de cristales de color, sino tal como son. La espiritualidad ha de nacer de ti mismo; y cuanto más seas tú mismo, serás más espiritual.

Lo cierto es que el dolor existe porque rechazamos que lo único sustancial es el amor, la felicidad, el gozo.


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