La hormiga y la cigarra

Ilustración del cuento: La hormiga y la cigarra

Trabajar demasiado solo trae bienes en las fábulas. Trabaja, pero disfruta de la vida que es única. Aprovecha la vida: dosifica el trabajo y la diversión.

Cuento zen sobre la vida

Había una vez una hormiga y una cigarra que eran muy amigas.

Durante el verano y el otoño la hormiga trabajó sin parar almacenando comida para el invierno.

No aprovechó el sol, ni la brisa suave del atardecer, ni charló con los amigos tomando una cervecita después de un día de trabajo.

Mientras, la cigarra, que andaba cantando y bailando con los amigos en los bares de la ciudad, aprovechó el sol y disfrutó muchísimo sin preocuparse por el invierno.

Pasados unos días, empezó a hacer frío. La hormiga, exhausta de tanto trabajar, se metió en su pobre hormiguero repleto hasta el techo de comida. Alguien la llamó desde fuera y cuando abrió la puerta, se sorprendió al ver a su amiga la cigarra dentro de un Ferrari y con un valioso abrigo de pieles.

La cigarra le dijo: ¡Hola amiga! Voy a pasar el invierno en París ¿podrías cuidar de mi casa?

La hormiga respondió: Sí, claro, desde luego. Pero ¿dónde conseguiste el dinero para ir a París, comprar este Ferrari y ese abrigo tan bonito y caro?

Y la cigarra respondió: Estaba cantando en un bar la semana pasada y a un productor le gustó mi voz. Firmé un contrato para hacer actuaciones en París. A propósito, ¿necesitas algo de allí? Sí, dijo la hormiga. Si te encuentras con La Fontaine (autor de la fábula original), ¡mándalo a hacer puñetas de mi parte!

MORALEJA

Trabajar demasiado solo trae beneficios en las fábulas de La Fontaine. Trabaja, pero disfruta de la vida que es única. Aprovecha la vida: dosifica el trabajo y la diversión.

Sucede cada día: podías haber disfrutado, pero no lo hiciste, y pones la excusa de La Fontaine. Haces algo y luego esperas el resultado, esperas, y el resultado no llega nunca. Entonces te enfadas, como si te hubieran engañado, como si la vida te hubiera traicionado, como si ella estuviera en tu contra, de forma parcial, interesada, injusta. Y entonces surge una gran queja en tu mente. Se pierde el equilibrio.

Por lo tanto, si te sientes infeliz, significa que has estado haciendo algo malo contigo mismo. Si no puedes disfrutar, si aparece algún tipo de vacilación, si sientes temor o culpa, quiere decir que la sombra de tu desequilibrio aún acecha desde algún rincón. Puede que estés disfrutando o tratando de disfrutar un helado, pero en lo profundo del inconsciente acecha la sombra del desequilibrio. Piensas que debes conseguir y guardar, que debes trabajar para la vejez. Estás acumulando, pero el desequilibrio está allí. Te perdiste de vivir.

Deja de lado esa vida. Toda la existencia te invita a cada instante a que disfrutes realmente de la vida. Entra en el mundo de lo divino, entra con equilibrio, ahí podrás disfrutar de la belleza, de las cosas simples: una luna llena, el ondular de un lago, el fluir de un río, es ahora donde puedes disfrutar del todo y el todo se abre y te invita a pasar.

La invitación siempre estuvo, está y estará ahí, pero tú no tienes tiempo de tomarla en cuenta, siempre estás ocupado dándole el 100% a lo mundano y a lo espiritual, nada de nada.

Permanece en el medio. Este es el oficio, el arte más elevado: estar justo en el medio, sin elegir, sin irse a la izquierda ni a la derecha. No seas ni de derechas ni de izquierdas; quédate justo en el medio. Si estás exactamente en el medio transciendes el mundo. Entonces ya ni eres un ser materialista ni un ser espiritual. Entonces ya ni estás vivo ni estarás muerto. Ni esto ni aquello; el puente ha sido cruzado. Has alcanzado la meta. Y la meta no está en algún lugar en el futuro, está aquí entre los dos extremos.

Recuerda, siempre que te encuentres con dos extremos, no elijas. Trata de encontrar un equilibrio entre ambos. Al principio, debido al hábito, será difícil.


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