La iluminación espiritual

La existencia y el ahora

-Cuento zen con moraleja-

Un ser que vive el ahora flota en la existencia, sin tiempo, porque carece de futuro y mente. Es aquí y ahora. Cada momento constituye la eternidad total.

Cuento zen # 333

Cuento zen sobre la existencia y el ahora

Érase un rabino que vivía en una aldea de la estepa rusa.

Durante veinte años. Todas y cada una de las mañanas cruzaba la plaza de la aldea para ir a orar a la sinagoga y todas y cada una de las mañanas lo observaba un policía que odiaba a los Judíos

Al fin, una mañana, el policía se acercó al rabino y le preguntó adónde iba.

No lo sé, respondió el rabino

¿Qué significa eso de que no lo sabes? Durante los últimos veinte años, te he visto todas las mañanas acudir a esa sinagoga que está al otro lado de la plaza. Y ahora vienes con que no lo sabes. ¡Voy a darte una lección, para que te enteres!

Y, dicho esto, agarró al viejo rabino de la barba y lo condujo así hasta el calabozo. Mientras el policía abría la cerradura de la puerta del calabozo, el rabino, mirándolo maliciosamente, le dijo:

¿Ves ahora lo que quería decir cuando te dije que no lo sabía?

MORALEJA

Todo ser que vive el ahora existe sin raíz alguna. Es un fenómeno desarraigado, que no se apoya en ningún lugar, o bien se apoya en el no lugar.

Pero, aun así, existe. Toda la existencia es como un ser desarraigado: carece de raíces, de causalidad, de causa final, pero igual existe. Existe como un misterio.

Un ser que vive el ahora en realidad no tiene un camino propio. Anda a la deriva. No tiene un lugar al cual llegar, un objetivo, un destino que realizar, un fin. No es posible frustrar a un ser que vive el ahora porque, dondequiera que llegue, esa será su meta. Si uno tiene un objetivo, seguro que habrá de frustrarse.

Cuanto más orientada hacia una meta sea una mente, más angustia, ansiedad y frustración habrá que soportar pues, cuando uno tiene un objetivo, se mueve con un destino predeterminado. Y el todo existe sin destino alguno, sin dirigirse a ningún lugar en particular; carece de objetivos y de propósitos.

Una vez que tienes un propósito, te mueves en sentido opuesto al de la totalidad; y entonces, te sentirás frustrado. No puedes derrotar al todo. Tu existencia es tan diminuta que no puedes combatir, no puedes vencer. Es imposible concebir cómo un ente individual podría conquistar al todo. Y, si el todo carece de propósitos y tú los tienes, serás derrotado.

La meta es aquí y ahora. Cuando la meta está en otra parte, la mente inicia su travesía. Entonces, empieza a pensar y así comienza el proceso. Si el futuro está allí, entonces la mente puede fluir, puede encontrar su curso y tener espacio para moverse. Un objetivo implica futuro, y el futuro, a su vez, implica tiempo.

Un ser que vive el ahora flota en la existencia, sin tiempo, porque carece de futuro y de mente. Es aquí y ahora. Cada momento constituye la eternidad total. Pero, como la mente no puede existir sin objetivos, sigue creando objetivos. Si los así llamados objetivos mundanos se pierden, la mente crea objetivos religiosos, objetivos de otro mundo. Si el dinero ya no sirve, entonces resulta útil la meditación.

Si el así llamado mundo de la competencia, de la política, ya no sirve, entonces adquiere importancia otro mundo de nueva competencia, de religión, de logros. Pero la mente siempre aspira a encontrar algún sentido, algún objetivo. Y, para mí, solo puede ser espiritual una mente que no tiene objetivos.

Pero eso significa que la mente ha dejado de ser una mente.

Piénsate a ti mismo como ser que vive el ahora flotando en la existencia, sin mente. Sin pensar, sino estando allí. Sin oponer resistencia, sin luchar, sin que haya nada que conseguir, ni nada que perder Solo disfrutando la existencia misma, celebrando el momento: el placer, el éxtasis de la vida.