La iluminación espiritual

Buscando idiotas

-Cuento zen con moraleja-

Si logras imaginarte lo que vive otra persona, te sentirás menos inclinado a juzgarla. Inténtalo con firmeza y comprenderás por qué razón se comporta así.

Cuento zen # 393

Cuento zen sobre juzgar

Un día, el emperador Akbar mandó llamar a Birbal, su ministro favorito, porque necesitaba ayuda:

Birbal, necesito que me busques a cinco idiotas.

Sí, majestad, contestó el consejero.

Mientras salía de palacio, Birbal iba pensando:

He dicho que sí a su petición, pero ¿cómo voy a encontrar a cinco idiotas? ¿Por qué he accedido a hacerlo? ¡No va a ser nada fácil!

Birbal dejó a un lado las demás obligaciones y fue a la calle en busca de idiotas. Se preguntaba cómo abordar la tarea, cuando vio a un hombre tendido en el suelo, moviendo las piernas frenéticamente mientras tenía muy separadas las manos.

¿Qué estás haciendo? Preguntó Birbal.

Mi mujer va a cambiar las cortinas del comedor y ha medido la ventana para ver cuánta tela necesita. Me ha pedido que vaya al mercado y compre exactamente esta cantidad, dijo, señalando con la cabeza la distancia que había entre sus manos, pero me he caído y llevo tiempo en el suelo intentando levantarme sin ayudarme con las manos.

Creo que he encontrado al primer idiota, pensó Birbal.

Al cabo de aproximadamente una hora, vio a un hombre montado en un burro con un enorme cesto en la cabeza.

¿Qué está haciendo?, preguntó Birbal.

Quiero mucho a mi burro y no quiero ponerle encima esta pesada carga, así que la llevo yo en la cabeza.

Birbal estaba encantado. Había encontrado otro idiota.

Empezó a oscurecer y Birbal vio a un hombre a cuatro patas, buscando algo en el suelo.

¿Qué estás haciendo?, preguntó Birbal.

Esta tarde estuve con mis amigos en el bosque, explicó el hombre, y se me perdió el anillo.

¿Y no debería buscarlo en el bosque?, dijo Birbal.

¿Está loco?, dijo el hombre. ¡No hay luz en el bosque a estas horas!

Birbal, muy contento, se frotó las manos.

Al día siguiente, Birbal llevó a los tres hombres ante el emperador y le explicó lo que estaban haciendo cuando se los encontró.

Birbal, pero yo pedí cinco idiotas, dijo Akbar.

Señor, el cuarto idiota soy yo por desperdiciar el día de ayer buscando idiotas, respondió Birbal.

¿Y quién es el quinto idiota?, preguntó el emperador.

Birbal se limitó a sonreír, a lo que el emperador comprendió su idiotez y echo a reír.

MORALEJA

Perdemos el tiempo juzgando a otras personas cuando no nos miramos a nosotros mismos.

¿Cómo podemos romper con el hábito de juzgar a los demás?

Si logras imaginarte la situación que vive otra persona, te sentirás menos inclinado a juzgarla. ¡Inténtalo con firmeza!, «ahora comprendo por qué razón esa persona se comporta así». En lugar de añadir más separación y coraje en el mundo, estarás cultivando la conexión y el entendimiento.

Una mujer que trataba con clientes molestos todo el día. Con frecuencia se escuchaba decir suavemente: «que la existencia te favorezca». En cierta ocasión dijo: «decirles esto es mejor que decirles lo que estoy tentada a decir». Y su técnica funcionó muy bien. Siempre estaba serena, y los clientes molestos ya no le preocupaban.

Cuando descubras que actúas como juez, comienza a meditar por la persona a la que estás juzgando. Pídele a la existencia que le dé a esa persona lo que deseas para ti y para los que amas. Después de todo, la existencia acoge a esta persona tanto como a ti. ¿Por qué no seguir el ejemplo de la existencia e intentar acoger también a la otra persona?

Si te está molestando algún rasgo o actitud de otra persona, probablemente haya algo en ti de ese rasgo o actitud. Cuando alguien más acapara la atención, esto puede amenazar tu necesidad de atención. Quien está dominando emite una luz que opaca tu propio deseo de controlar la situación. En lugar de juzgar a los demás por su comportamiento, intenta examinar qué es lo que turba tu interior. Pídele a la existencia que te sane y transforme por medio de su gracia amorosa.

Cuando alguien te saca el coraje, o como se dice: «te sacan la piedra» y te sientes tentando a poner a esa persona en su lugar, sigue el juramento que realizan los practicantes de medicina de no hacer daño a nadie. Si no puedes musitar una bendición, manifestar tu empatía, o el amor, por lo menos puedes apartarte de esa situación y centrar tu atención en algo distinto. Tranquilízate un momento antes de juzgar. Dale a la existencia la oportunidad de que haga surgir algo nuevo para la persona que quieres juzgar y para ti mismo.