La iluminación espiritual

El barquero ignorante

-Cuento zen con moraleja-

Si alguien se identifica con el intelecto, nace el intelecto; Si alguien es dueño de sí mismo sin identificarse con el intelecto, nace la inteligencia.

Cuento zen # 388

Cuento zen sobre el intelecto

Se trataba de un joven erudito, arrogante y engreído. Para cruzar un caudaloso río de una a otra orilla tomó una barca. Silente y sumiso, el barquero comenzó a remar con diligencia. De repente, una bandada de aves surcó el cielo y el joven preguntó al barquero:

Buen hombre, ¿has estudiado la vida de las aves?

No, señor, repuso el barquero.

Entonces, amigo, has perdido la cuarta parte de tu vida.

Pasados unos minutos, la barca se deslizó junto a unas exóticas plantas que flotaban en las aguas del río. El joven preguntó al barquero:

Dime, barquero, ¿has estudiado botánica?

No, señor, no sé nada de plantas.

Pues debo decirte que has perdido la mitad de tu vida, comentó el petulante joven.

El barquero seguía remando pacientemente. El sol del mediodía se reflejaba luminosamente sobre las aguas del río. Entonces el joven preguntó:

Sin duda, barquero, llevas muchos años deslizándote por las aguas. ¿Sabes, por cierto, algo de la naturaleza del agua?

No, señor, nada sé al respecto. No sé nada de estas aguas ni de otras.

¡Oh, amigo! Exclamó el joven. De verdad que has perdido las tres cuartas partes de tu vida.

Súbitamente, la barca comenzó a hacer agua. No había forma de achicar tanta agua y la barca comenzó a hundirse. El barquero preguntó al joven:

Señor, ¿sabes nadar?

No, repuso el joven.

Pues me temo, señor, que pronto perderás toda tu vida.

MORALEJA

No es a través del intelecto como se alcanza el Ser: el pensamiento no puede comprender al pensador y el conocimiento erudito no tiene nada que ver con la inteligencia.

Cuando alguien se identifica con el intelecto, nace la intelectualidad; cuando alguien sigue siendo el dueño de sí mismo sin identificarse con el intelecto, nace la inteligencia. El intelecto es el mismo. Todo depende si te identificas con él o lo trasciendes. Si te identificas es intelectualidad, si no lo haces es inteligencia.

La inteligencia tiene una importancia tremenda, la intelectualidad es una barrera. La intelectualidad, a lo sumo puede producir eruditos, personas prolijas que siguen sin parar, tramando y urdiendo sistemas de pensamientos que no tienen ninguna sustancia en absoluto.

En el cometido científico, la inteligencia hay que enfocarla en el mundo objetivo, en la exploración espiritual, la inteligencia tiene que ir hacia dentro. Es la misma inteligencia, solo cambia de dirección. En la ciencia, el objeto, el objeto externo, es la meta de la investigación; en el ámbito espiritual, tu aventura es tu subjetividad, tu interioridad. La inteligencia es la misma.

Si te vuelves un intelectual, entonces no serás un científico, escribirás historias de la ciencia o filosofía de la ciencia, pero no serás un científico, un explorador, un inventor, un descubridor por ti mismo. Estarás simplemente acumulando información. Sí, eso también tiene cierta utilidad, en lo que respecta al mundo externo, incluso la información tiene una cierta utilidad limitada. Pero en el mundo interno, no tiene utilidad en absoluto, es una barrera, tiene un efecto negativo sobre la experiencia interna.

En la ciencia, la concentración es suficiente, a lo sumo es necesaria la contemplación. En el mundo interno, la meditación, es el único camino; la concentración no es necesaria, no es una ayuda, es un obstáculo positivo, así, solo la meditación puede traer consigo la revolución interna.

Meditación significa salirse de la mente, mirar a la mente desde afuera. Ese es exactamente el significado de la palabra éxtasis: estar fuera. Estar fuera de la mente te trae éxtasis, te trae gozo y se libera una gran inteligencia. Cuando estás identificado con la mente no puedes ser muy inteligente, porque te identificas con un instrumento y, por lo tanto, quedas confinado a un instrumento y sus limitaciones. Y tú, eres ilimitado, eres conciencia.

Usa la mente, pero no te vuelvas ella, úsala como usas otras máquinas. La mente es una hermosa máquina, si puedes usarla te servirá, si no puedes usarla y ella empieza a usarte a ti, es destructiva, es peligrosa, te causará inevitablemente algún problema, alguna calamidad, alguna desventura, porque una máquina es algo ciego, no tiene ojos, no tiene visión.

La mente solo puede seguir repitiendo lo que ha sido introducida en ella, es como un ordenador, primero hay que introducir los datos y entonces se convierte en un gran depósito de información dentro de ti. Pero tú, deberías seguir siendo el amo para poder usarla, de lo contrario te gobernará.