El amor y las flores de Blavatsky

Ilustración del cuento: El amor y las flores de Blavatsky

Da tu amor a cualquiera, al extraño a quien sea. No se trata de dar algo valioso, basta con echar una mano. Aprende a dar de corazón y descubrirás el amor.

Cuento zen sobre el amor

La fundadora del movimiento teosófico, la señora Blavatsky, tuvo un extraño hábito durante toda su vida. Y vivió mucho tiempo, viajó por todo el mundo y creó un movimiento mundial... De hecho, no ha habido otra mujer tan poderosa en toda la historia humana, ni con tanta influencia a nivel mundial.

Ella solía llevar con ella muchas bolsas llenas de semillas de flores. Todo su equipaje no era otra cosa que semillas de flores. Mientras iba sentada en el tren, junto a una ventana, derramaba las semillas por la ventana, y la gente le preguntaba: ¿Qué estás haciendo? Llevas mucho equipaje innecesario y después vas tirando semillas por la ventana, durante miles de kilómetros.

Ella dijo: Estas son semillas de flores, flores preciosas. Cuando acabe el verano y vengan las lluvias, las semillas se harán plantas. Pronto habrá millones de flores. Nunca volveré a pasar por esta ruta y no podré verlas, pero miles de personas las verán y disfrutarán de su fragancia.

En realidad llenó de flores casi todas las vías de ferrocarril de India, y la gente decía: Si no vas a volver a verlas, ¿a qué viene tu alegría?

Ella dijo: Mi alegría es que muchas personas se sentirán alegres. No soy avara. Haré todo lo que pueda para hacer feliz a la gente; es parte de mi amor. Verdaderamente, amaba a la humanidad e hizo todo lo que sentía que era correcto.

MORALEJA

Da tu amor a cualquiera, al extraño. No se trata de dar algo valioso, basta con echar una mano. Aprende a dar y descubrirás que mucha gente que ni te miraba se muestra amorosa contigo.

El problema es que tienes un corazón lleno de amor, pero has sido avaro; el amor, se ha convertido en una carga para tu corazón. En lugar de hacer florecer tu corazón, has estado acaparándolo, por eso, de vez en cuando; cuando sientes un momento de amor, sientes que algún dolor desaparece. ¿Pero por qué ha de ser solo un momento? ¿Por qué no a cada momento? Ni siquiera ha de tratarse de un ser vivo. Puedes tocar esta silla con una mano amorosa. Es algo que depende de ti, no del objeto.

Entonces descubrirás una gran relajación y una gran desaparición de tú yo, que es una carga, y la fusión con el todo.

Quizá tengas más amor que los demás, quizás seas más afortunado y estás haciendo de tu fortuna una gran miseria.

Comparte tu amor, sin preocuparte de a quién se lo estás dando. Simplemente, da, y encontrarás una paz y un silencio tremendos. Esto se convertirá en tu meditación. Uno puede llegar a la meditación por diversas vías; quizá esta sea la tuya.


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