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AMOR SABIO

OSHO

27/05/2017

Amor sabio - Osho - Crecimiento - Amor (GAA # 2299)

CATEGORÍA N° 2299
CRECIMIENTO - AMOR

Amor

Durante toda mi vida, siempre pensé que amaba a alguien. Ahora al estar aquí contigo por primera vez, me pregunto: ¿He estado enamorado realmente alguna vez? ¿Incluso soy capaz de amar? ¿Soy capaz de amarte? ¿O la vida me ha llevodo a un punto donde la felicidad en el amor ya no sucede?

La mentira fundamental que estás llevando dentro de ti es que siempre amaste a alguien.

Esta es una de las cosas más importantes sobre los seres humanos: su amor es siempre por alguien, está dirigido, y cuando diriges tu amor, lo destruyes. Es como si dijeras: “Respiraré sólo por ti, y cuando no estás ahí, ¿entonces cómo puedo respirar?”.

El amor debería ser como respirar. Debería ser sólo una cualidad en ti, dondequiera que estés, con quienquiera que estés o aún si estás solo, el amor continúa brotando de ti a raudales. No es un asunto de amar a alguien, es un asunto de ser amor.

Las personas se sienten frustradas en sus experiencias amorosas, no porque haya algo mal en el amor… restringen el amor a tal punto que el océano del amor no puede permanecer allí. No puedes contener al océano, no es un riachuelo, el amor está en todo tu ser, el amor es tu divinidad. Uno debe pensar en términos de si uno es amoroso o no. El asunto del objeto del amor no surge. Con tu esposa, amas a tu esposa, con tus niños, amas a tus niños, con tus sirvientes, amas a tus sirvientes, con tus amigos, amas a tus amigos, con los árboles, amas a los árboles, con el océano, amas al océano.

Eres amor

El amor no depende del objeto, sino que es un fulgor de tu subjetividad, un fulgor de tu alma. Y entre más amplio sea el fulgor, más grande es tu alma. Entre más amplias sean las alas de tu amor, más grande es el cielo de tu ser.

Has vivido bajo una mentira común a todos los seres humanos. Ahora estás preguntando: “¿Soy capaz de amarte?”. Otra vez, la misma mentira.

Simplemente pregunta: ¿Soy capaz de convertirme en amor?

Cuando estás en mi presencia, no necesitas pensar en amarme, de otra forma, no has salido de tus mentiras normales. Aquí, tienes que aprender… simplemente siendo amoroso. Por supuesto, tu amor también me alcanzará, alcanzará a otros también. Será un buen ambiente a tu alrededor, extendiéndose por todas partes y si tantas personas están simplemente transmitiendo su amor, su canción, su éxtasis, todo el lugar se convierte en un templo. No hay otra manera de hacer un templo. Entonces toda la zona se llena con un nuevo tipo de energía y nadie sale perdiendo porque sobre ti se está vertiendo el amor de tantas personas: sobre cada persona en particular, el amor de tanta gente se está vertiendo.

Abandona esa mentira. Y debido a esa mentira, otra pregunta surge en ti: “… ¿o la vida me ha traído al punto donde la felicidad en el amor ya no sucede?”. La vida no es otra cosa más que una oportunidad para que florezca el amor. Si estás vivo, la oportunidad está ahí, aún hasta en el último suspiro. Puede que hayas perdido toda la vida: simplemente en el último suspiro, en el último momento sobre la tierra, si puedes ser amor, no has perdido nada porque un sólo momento de amor es igual a toda la eternidad del amor.

La dimensión del amor

El amor, la verdad, la dicha, hay un núcleo intrínseco en ellos: Tienen que ser compartidos, no son suficientes en sí mismos. Compartir es una parte, pero ellos no son posesivos. EL motivo es totalmente diferente. El motivo es que el amor básicamente da libertad: le da libertad a uno, le da libertad a otros. Un amor que se convierte en esclavitud no es amor, es lujuria, es animal, no es humano. El amor da libertad, entonces se convierte en humano, pero todavía es una especie de relación.

Hay una dimensión más en el amor. En la primera, el amor es una necesidad biológica, en la segunda, es un compartir sicológico, en la tercera, eres amor. En la primera es una relación, una posesividad; en la segunda es una relación, una amistad, cordialidad; en la tercera, eres el amor en sí mismo. Tu propio ser es amor, irradias amor. Sólo entonces el amor ha llegado a su punto culminante, ha alcanzado lo supremo, lo último; puedes llamarlo divinidad.

¿Qué es amor?

Eso depende. Hay tantos amores como personas. El amor es una jerarquía, desde el peldaño más bajo hasta el más alto, del sexo a la súper consciencia. Hay muchas, muchas capas, muchos planos de amor. Todo depende de ti. Si existes en el peldaño más bajo, tendrás una idea totalmente diferente del amor respecto a la persona que existe en el peldaño más alto. Adolfo Hitler tendrá una idea del amor, Gautama el Buda otra, y ellos serán diametralmente opuestos porque están en los dos extremos.

En lo más bajo, el amor es una forma de política, la política del poder. Cada vez que el amor es contaminado por la idea de dominar, esto se llama política. Que lo llames política o no, no es el punto, es algo político. Y millones de personas nunca saben nada sobre el amor, excepto esta política, la política que existe entre esposos y esposas, novios y novias. Esto es política, todo el asunto es político: quieres dominar al otro, disfrutas dominando.

Y el amor no es sino la política cubierta de azúcar, una píldora amarga cubierta de azúcar. Hablas sobre el amor, pero el deseo profundo es explotar al otro. Y no estoy diciendo que vas a hacerlo deliberadamente o conscientemente, todavía no eres tan consciente. No puedes hacerlo deliberadamente; es un mecanismo inconsciente.

De ahí que tanta posesividad y tanta envidia se conviertan en una parte, una parte intrínseca, de tu amor. Es por eso que el amor crea más sufrimiento que alegría. El noventa y nueve por ciento de él es amargo, sólo queda ese uno por ciento de azúcar que le has puesto encima. Y tarde que temprano ese azúcar desaparece.

Cuando estás en el comienzo de una historia de amor, en esos días de luna de miel, saboreas algo dulce. Pronto ese azúcar se desvanece y las realidades empiezan a aparecer en su cruda desnudez y todo el asunto se vuelve feo.

Millones de personas han decidido no amar más a los seres humanos. Es mejor amar a un perro, a un gato, a una lora, es mejor amar a un coche porque puedes dominarlos mejor y el otro nunca trata de dominarte. Es simple, no es tan complejo como habría de serlo con los seres humanos.

En un cóctel la anfitriona no pudo evitar oír la conversación de un caballero afable:

“Oh, la adoro, la venero”, declaró el caballero.

“Yo también lo haría si ella fuera mía”, respondió su amigo.

“La forma como ella camina y sus chasquidos. Sus bellos y grandes ojos marrón, su cabeza tan orgullosa y erguida…”.

“Eres muy afortunado”, comentó su amigo.

“Y sabes qué es lo que realmente me emociona? La forma como me mordisquea mi oreja”.

“Señor”, intervino la anfitriona, “No podía dejar de escuchar estas emocionadas palabras. Hoy en día con tantos divorcios admiro a un hombre que ame tan apasionadamente a su esposa”.

“¿Mi esposa?” dijo el caballero, sorprendido. “No, ¡mi campeona en las carreras de caballos!”.

Las personas se están enamorando de los caballos, de los perros, de los animales, de las máquinas, de las cosas. ¿Por qué? Porque enamorarse de los seres humanos se ha convertido en un profundo infierno, un conflicto continuo, una riña, un llevarse siempre a matar.

Esta es la forma más baja del amor. Nada es incorrecto con él si puedes usarlo como un escalón, si puedes usarlo como una meditación. Si puedes observarlo, si puedes tratar de entenderlo, en ese mismo entendimiento alcanzarás otro peldaño, empezarás a moverte hacia arriba.

Sólo en el punto más alto, cuando el amor ya no es más una relación, cuando el amor se convierte en un estado de tu ser, el loto se abre totalmente y un gran perfume se libera, pero sólo en el punto más alto. En el más bajo, el amor es sólo una relación política. En el más alto, el amor es un estado religioso de la consciencia.

Yo también te amo. Buda, ama, Jesús, ama, pero su amor no exige nada a cambio. Su amor se da por el puro placer de darlo, no es una ganga. De ahí su radiante belleza, de ahí su trascendental belleza. Sobrepasa todas las alegrías que has conocido.

Cuando hablo del amor, estoy hablando del amor como un estado. No está dirigido a alguien: no amas a esta o a esa persona, simplemente amas. Eres amor. En vez de decir que amas a alguien, será mejor decir que eres amor. Así que quien sea capaz de formar parte de él, puede formar parte de él. Para quien sea capaz de beber en tus fuentes infinitas de ser, estás disponible, estás disponible incondicionalmente.

.Esto es posible sólo si el amor se vuelve más y más meditativo.

Medicina y meditación vienen de la misma raíz. El amor, como sabes, es una especie de enfermedad: necesita la medicina de la meditación. Si pasa a través de la meditación, se purifica. Y entre más puro esté, más extático.

El zen es amor

Anoche escuché que te referiste al zen como “el gran romance”. Sin embargo, casi nunca el amor o la compasión se mencionan en anécdotas Zen o discursos de los maestros. ¿Por qué ocurre esto?

Anando, cuando amas a una persona, no lo acosas diciéndole “te amo” una y otra vez, de lo contrario te mataría. Hay un límite para cuánto puedes escuchar “te amo”. Uno se cansa.

Simplemente inténtalo con cualquier amante y verás cuánto dura el amor. El novio o la novia desaparecerá porque puedes comer dulces, pero hay un límite, de lo contrario, lo que sigue es la enfermedad.

El zen nunca menciona el amor. Mi propia opinión es que el hombre zen simplemente ama como respira. No es nada especial, no hay necesidad de mencionarlo. ¿No sientes mi amor aunque nunca lo digo? ¿Quieres que te lo diga una y otra vez?

El zen no lo dice, es un gran indicio de que lo entiende. El amor no debe mencionarse, sino mostrarse en cada gesto, a través de tus ojos, a través de tus manos, a través de tu silencio. Debe irradiar a tu alrededor. Es lo mismo con la compasión. Tampoco se menciona.

El zen no nació en América, donde hay grandes pensadores que pueden ser grandes sólo in América, como Dale Carnegie y Napoleon Hill…

Los libros de Dale Carnegie han sido best sellers en Estados Unidos, superados solamente por la sagrada biblia. Acostumbraba dar clases e ir a escuelas donde se enseñaba a las personas que el que amaras o no, no era importante. Lo importante es la palabra, la expresión. ¿Quién puede hablar de lo interior? Antes de salir de casa, besas a tu esposa y le dices: “te quiero, cariño, te voy a extrañar mucho”.

Puedes tener otros pensamientos interiormente, absolutamente contrarios a esto: “Ahora es el momento para disfrutar…” ¡O puedes estar pensando en tu novia! Pero todo esto está dentro, tu esposa no lee la mente. Sólo lo dices y no te cuesta nada darle un beso, por lo menos tres veces al día. Cuando regresas de la oficina, besas a tu esposa nuevamente y le dices: “Te quiero, cariño”. Y nuevamente antes de ir a la cama, no lo olvides. Se cree que estos idiotas como Dale Carnegie son grandes filósofos que están ayudando a las personas en sus relaciones.

El amor verdadero no tiene palabras para expresarse. El amor verdadero es una presencia, puedes sentirlo. Te rodea como el viento, llueve sobre ti como la lluvia. Una rosa no dice: “¡Qué bella soy!”. Y si las rosas comienzan a estudiar a Dale Carnegie y empiezan a decirte: “¿A dónde vas, cariño? Te quiero mucho. Y soy tan linda”, tendrás que decir: “¡Cállate! Sé sólo una flor, no me molestes!” ¿Qué más puedes hacer?

Tu pregunta es muy exacta. El zen es amor y el zen es compasión, pero no hay necesidad de hacer un manifiesto, una declaración de ello. En profundo silencio: La transmisión de la lámpara.

El amor es la única esperanza del mundo

Lo real no es tener una relación, sino que es una manera de estar; uno no está enamorado, sino que uno es amor. Cada vez que hable sobre el amor, recuerda esto: Estoy hablando sobre estar en amor. Sí, tener una relación está perfectamente bien, pero la relación va a ser falsa si no has alcanzado el estado del amor. Entonces la relación no es solamente una pretensión, es una pretensión peligrosa porque puede continuar engañándote. Puede continuar dándote el sentido que ya conoces qué es el amor y no lo sabes. El amor básicamente es un estado de ser: uno no está enamorado, uno es amor.

Y ese amor no surge para enamorarse de alguien. Ese amor llega yendo para dentro, no en descenso sino en ascenso, elevándose por encima de ti. Es algo incomparable. Un hombre es amor cuando su ser está en silencio, es la canción del silencio. Un Buda es amor, un Jesús es amor, no enamorado de una persona en particular sino simple amor. Su mismo clima es amor. No está dirigido a alguien en particular, se está esparciendo en todas las direcciones. Cualquier persona que se acerque a Buda lo sentirá, será cubierto por él, será bañado en él. Y es incondicionalmente así.

El amor no pone condiciones, ni peros ni excusas.. El amor nunca dice: “Cumple estos requisitos, luego te amaré”. El amor es como la respiración: cuando sucede eres simplemente amor. No importa quién se acerca a ti, el pecador o el santo. Cualquier persona que se acerque a ti, comienza a sentir la vibración del amor, se regocija. El amor es una entrega incondicional, pero sólo aquellos son capaces de dar lo que poseen.

Una de las cosas más misteriosas sobre el ser humano es que continúa dando cosas que no tiene. Continúas dando amor y en primer lugar no lo tienes y continúas pidiendo amor de los demás que no lo tienen en primer lugar. Mendigos pidiendo limosna a mendigos.

El amor primero tiene que suceder en el núcleo más profundo de tu ser. Es la cualidad de estar solo, felizmente solo, gozosamente solo. Es la cualidad de ser sin mente, de estar en silencio. La consciencia sin contenido es el espacio, el contexto en el cual el amor surge en ti.

Y cuando aparece en ti, es demasiado, es insoportable. Su placer es tan insoportable que llega a ser casi doloroso. Es pesado como las nubes cuando están llenas de lluvia; tienen que descargarse, tienen que aligerarse. Cuando el amor surge en el corazón silencioso, tiene que ser compartido, tiene que darse. No lo puedes evitar.

Y la persona a quien le das tu amor no está obligada contigo de ninguna forma. De hecho, tú estás obligado con la persona porque te ayudó a liberarte, compartió algo que fue demasiado para ti. Y la economía del amor es: cuanto más das, tienes más porque estando en silencio estás unido con el océano, la fuente divina de todo. Y puedes seguir compartiendo… sigue fluyendo en ti más y más, sigue brotando.

Sí, tienes razón, el amor es la única esperanza del mundo. Estamos llegando cerca a ese momento crucial: o la guerra total o el amor total. Y es un asunto de, o uno o lo otro, no hay una tercera alternativa. No hay algo que se parezca a un compromiso ahora, no puedes estar en el medio. El hombre tiene que escoger. Y es un asunto de vida o muerte: la guerra es muerte, el amor es vida.

FRASES DEL AUTOR OSHO

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