La iluminación espiritual

¿Se puede detener la mente?

-Cuento zen con moraleja-

No puedes detener la mente, porque no la has puesto a funcionar. Observa, y al observarla se detiene. No es que tú la detengas: al observarla, se detiene.

Cuento zen # 457

Cuento zen para detener la mente

Se aproximó el discípulo al maestro y le preguntó:

Maestro, ¿hago bien en no tener ideas?

El maestro rio y le dijo:

¡Deshecha esa idea!

Pero si te he dicho que no tengo ideas, ¿qué podría desechar?

Y el maestro dijo:

Naturalmente, eres libre de seguir con esa idea inútil.

¡Allá tú!

MORALEJA

No puedes detener la mente, porque no la has puesto a funcionar. No puedes detener lo que no has iniciado. No lo intentes: de lo contrario, simplemente estarás perdiendo tiempo, energía, vida. Puedes simplemente observar, y al observarla se detiene. No es que tú la detengas: al observarla, se detiene. La detención es una función de observar, es una consecuencia de observar.

No es que tú la detengas; no hay manera de detener la mente. Si tratas de detenerla, irá más de prisa; si tratas de pararla, luchará contra ti y te creará mil y un problemas. Nunca trates de detenerla. La mente ha llegado a través de tu inconsciencia; se irá a través de tu consciencia.

Con la mente, el problema surge porque piensas que tú estás pensando; la mente se ha transformado en el foco de la identidad. Simplemente, esa identidad debe romperse. No es que cuando la mente se ha detenido, no volverá a pensar nunca más, no. Pensará solamente cuando sea necesario; y no pensará cuando no sea necesario. El pensamiento estará ahí, pero ahora será natural: una respuesta, una actividad espontánea, no una obsesión.

Te has identificado con la mente, eso es todo. Es natural, porque la mente está muy cerca de ti y es mucho lo que tienes que usarla. Uno está constantemente en la mente.

Recuerda: Tú solo eres el conductor de la mente. Es un mecanismo a tu alrededor, tu conciencia la utiliza. Pero nunca has salido fuera de tu cabeza. Por eso, insisto: sal un poco fuera de la cabeza, ve a tu espíritu. Desde el espíritu tendrás una mejor perspectiva de que la mente está separada de ti. Te será posible ver que no eres ni el cuerpo ni el corazón ni la mente; tú estás separado.