La iluminación espiritual

El amor es clarividente y es fuego de felicidad

Anthony de Mello dice que el amor es clarividente y es fuego de felicidad, es la forma de amar la belleza y a las personas, es la forma de captar a Dios.

ANTHONY DE MELLO

Imagen; El amor es clarividente y es fuego de felicidad; Anthony De Mello

EL AMOR ES CLARIVIDENTE

Solo el amor es clarividente porque así puedes captar a Dios

Le preguntaron a Beethoven lo que quería expresar con la Tercera Sinfonía, y el gran músico contestó: Si yo pudiera expresar lo que significa con palabras, no necesitaría expresarlo con música. Sólo los sensibles son capaces de disfrutar de la belleza. Sólo los que tienen sentido del humor pueden comprender el aparente despropósito de la vida. Precisamente porque tenemos la palabra Dios y asociamos a esa palabra las ideas con las que nos han programado, somos incapaces de descubrirlo en la vida corriente y cotidiana, y en las personas que están pasando a nuestro lado. Los que aman la belleza son capaces de captar a Dios, porque aman la vida y a las personas. Sólo el amor es clarividente. Cuando ya no te haga falta agarrarte a las palabras de la Biblia, entonces es cuando ésta se convertirá para ti en algo muy bello y revelador de la vida y su mensaje.

Lo triste es que la Iglesia oficial se ha dedicado a enmarcar el ídolo, encerrarlo, defenderlo, cosificándolo sin saber mirar lo que realmente significa.

La mejor manera de acercarte a la verdad es que pases un tiempo mirando el mar, el campo, la naturaleza y, sobre todo, que repares en las personas como seres nuevos, sin conceptos, sin memoria, y que las escuches desde adentro con tu corazón abierto de par en par, comprendiéndolas, amándolas. Ésta es la mejor oración. Un día sentirás el asombro de haber estado prisionero de los conceptos y de tu ego. Entonces verás lo bella que se te hace la Biblia, que te acerca a la vida y no te aleja de ella ya. Entonces habrás encontrado la interpretación de la Biblia y, en ella, el manual para comprender mejor la vida.

Una vez había un cachorro de león que se perdió y se metió en un rebaño de ovejas. Creció allí y se creía una oveja como ellas. Pero un día un león adulto llegó por allí y las ovejas corrieron espantadas a ponerse a salvo y, entre ellas, el pequeño león también corrió asustado. Pero el león, que lo había descubierto, le da alcance y el cachorro asustado le dice: ¡No me comas, por favor! Mas el león, sin decir nada, lo arrastra hasta el borde de una charca y lo obliga a que mire las dos imágenes reflejadas en el agua. El cachorro, al verse como en realidad era, como un león, despertó y, desde ese momento, ya fue todo un león.

Esto es lo que nos tiene que ocurrir al leer este estas enseñanzas: que despertemos para ver claramente que somos leones y no ovejas.

EL FUEGO ES EL AMOR

Pocos son los que saben hacer fuego. El fuego es el amor.

Lo que la sociedad nos enseñó a atesorar no vale nada. Lo que la historia nos legó como honor, patria, deber, etc., no vale nada, porque tú tienes que vivir libremente el ahora, separado de los recuerdos que están muertos; solo está vivo el presente y lo que tú vas descubriendo en él como real. Lo que tú llamas yo no eres tú, ni eres tampoco tu parentela, ni tu padre, ni tu madre, porque eres hijo de la vida. En donde quiera que haya sufrimiento hay identificación con el yo, con una cosa, y en donde hay conflicto es que existe identificación del yo con un problema, con un obstáculo que pone la mente. Esto es matemático. Tomamos de la vida lo no real. Le tenemos mucho miedo a la verdad, y preferimos hacer ídolos con la mentira.

Dicen que hubo un señor que descubrió en la antigüedad el arte de hacer fuego. Lleno de alegría quiso comunicar su arte a las demás tribus. Se fue a una tribu del norte, en que hacía mucho frío, y les enseñó el invento. Lo aprendieron en seguida y estaban tan contentos que fueron a darle las gracias al maestro. Pero éste ya se había ido, porque era un hombre grande que solo le importaba el bien del prójimo. Entonces siguió a otro lugar a enseñar el arte de hacer fuego, pero en esta tribu, primero lo recibieron los sacerdotes, que se quedaron perplejos, ¿De dónde venia la magia con la cual hacía este hombre el fuego?. Al ver el éxito que el fuego tenía en la tribu, los sacerdotes tuvieron celos y asesinaron al maestro, pero — para que el pueblo no los culpase — hicieron una gran escultura de él y, junto con el invento de hacer fuego, lo subieron a un pedestal para que toda la tribu lo venerase. Y en aquel pueblo ya nunca hubo fuego, sino veneración y alabanzas.

Tenéis que comprender que la verdadera oración es el fuego, y no la veneración ni la adoración de una imagen. ¿Donde está el fuego?

Yo he venido a traer fuego para que arda, dijo Jesús.

Hay muchos sacerdotes, pero pocos que sepan hacer fuego. El fuego es el amor. Tú no puedes tener el amor, es el amor el que te tiene a ti, y te cambia y te acrisola. La felicidad y el amor van juntos; pero no producen emociones, ni excitación, porque esto es enemigo de la felicidad. Tampoco producen aburrimiento, porque la felicidad nunca te harta cuando es, de verdad, felicidad. Y no te harta porque existe donde no existe el yo. La felicidad es un estado de continua consciencia. Si tú eres consciente de una cosa, la puedes controlar siempre y verla tal cual es. Si no eres consciente, esa cosa te domina.

Sólo si amas serás feliz, y solo serás feliz si amas. Y amar es un estado que no elige a quien amar, sino que ama porque no puede hacer otra cosa: porque es amor.


Si oyes un solo instrumento en la sinfonía del amor, es privarte de la armonía del concierto. Amar es escucharlos todos.

Anthony de Mello