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Tiempo ahora y espacio aquí - Articulos por Michael James

LA ILUSIÓN DEL TIEMPO Y EL ESPACIO

Aunque discutíamos la formación y disolución de cada uno de nuestros pensamientos consecutivos, dijimos que cada pensamiento individual surge y se sumerge en un período infinitamente pequeño de tiempo, esto no es toda la verdad, debido a que el tiempo es él mismo una ilusión creada por el surgimiento y la submersión de nuestros pensamientos.

De la misma manera que imaginamos la dimensión física del espacio para crear en la mente una imagen conceptual de un universo consistente en objetos separados de formas diversas, así también imaginamos la dimensión física y psicológica del tiempo, no solo para crear en la mente una imagen conceptual de acontecimientos y cambios que ocurren constantemente dentro de ese universo, sino también y más importante, para crear la ilusión de que los pensamientos que pensamos y las subsiguientes experiencias que padecemos, son formadas y disueltas de una manera consecutiva. Sin imaginar primero las dimensiones básicas del tiempo y el espacio, no podemos formar ninguna imagen o pensamiento en la mente, y, por consiguiente, estas dimensiones son inherentes a todos y cada uno de los pensamientos que pensamos.

Pensamos que percibimos el tiempo y el espacio fuera de nosotros, y que somos solo criaturas limitadas que existen por un breve período dentro de la vasta duración del tiempo y que ocupamos una parte muy pequeña de la vasta extensión del espacio. Esta percepción, sin embargo, es solo una ilusión, debido a que como todas las otras percepciones, experimentamos la percepción del tiempo y el espacio solo dentro de nosotros, en la mente o consciencia.

Aunque el tiempo y el espacio parecen existir fuera de nosotros, no tenemos ninguna manera de saber si ellos existen efectivamente fuera de o independientes de nosotros, debido a que todo lo que sabemos o podemos saber del tiempo y el espacio, son solo las imágenes de ellos que hemos formado dentro de la mente por nuestro poder de imaginación. Por lo tanto, como todo lo que percibimos dentro del tiempo y el espacio, el tiempo y el espacio mismos, son meramente imágenes, concepciones o pensamientos mentales.

Las dimensiones conceptuales del tiempo y el espacio están centradas respectivamente en torno a las ideas del momento presente, «ahora», y el lugar presente, «aquí».

Los conceptos de pasado y futuro existen solo en referencia al concepto del momento presente, que es el punto central en el tiempo. Lo que fue una vez presente es ahora pasado, y lo que será una vez presente es ahora futuro. Tanto el pasado como el futuro son el presente cuando acontecen. Pero lo más importante, el pasado y el futuro son ambos conceptos que existen solo en el momento presente. Por lo tanto, hablando relativamente, el presente es el único punto en el tiempo que es real. Aunque todo lo que pasa por él está cambiando constantemente, el momento presente mismo permanece siempre sin padecer ningún cambio, y, por consiguiente, es la puerta estática a través de la cual podemos pasar de la ilusión del tiempo siempre cambiante a la realidad de nuestro ser siempre sin cambio.

Como Sri Ramana dice en el verso 15 de Ulladu Narpadu:

El pasado y el futuro subsisten [solo] aferrándose al presente. Mientras acontecen, ellos también son solo el presente. El presente [es] el solo uno [punto en el tiempo que existe verdaderamente]. [Por lo tanto] tratar de conocer el pasado y el futuro sin conocer la verdad del presente [es como] tratar de contar sin [conocer el número fundamental, la unidad] el uno [del que todos los otros números son meramente múltiplos o fracciones].

La tercera sentencia de este verso, «nihazhvu ondre», que significa literalmente «presente [es] uno», con un énfasis (la letra final e) añadida a la palabra ondru o «uno» implicando así «solo uno», puede ser interpretada de varias maneras. Puede tomarse como que significa, «El presente es el único tiempo», «Solo el presente existe verdaderamente», o «Estos tres tiempos son solo el único presente». Sin embargo, en efecto, todas estas interpretaciones significan la misma cosa.

Puesto que mientras acontece cada momento en el tiempo, es el presente, todos los momentos en el tiempo, ya sea el pasado, el presente o el futuro, son solo el momento presente. El presente es por lo tanto el único momento en el tiempo que existe verdaderamente. Por consiguiente, las tres divisiones del tiempo, pasado, presente y futuro, verdaderamente no son tres, sino solo una —el único momento presente siempre presente.

En la versión kalivenba de Ulladu Narpadu, Sri Ramana añadió dos palabras extras antes de la palabra inicial de este verso, nihazhvinai o «el presente», a saber, nitamum mannum, que significa «lo que siempre perdura». Así pues, él enfatizó más el hecho de que el momento presente es siempre presente, que todos los tiempos son el presente mientras acontecen, y que el presente es por lo tanto el único tiempo que existe efectivamente —el único tiempo que siempre experimentamos directa y efectivamente. Los demás tiempos, tanto el pasado como el futuro, son solo pensamientos que acontecen en este momento presente.

Si deseamos estimar el valor de algo en una moneda particular, primero debemos conocer el valor de una única unidad de esa moneda. Sin conocer el valor de la unidad «uno», no podemos conocer el valor de ningún otro número. Similarmente, no podemos conocer el valor del pasado o el futuro si no conocemos la verdad del presente, debido a que el momento presente es la única unidad básica del tiempo —la única sustancia de la que todo el tiempo está formado.

De la misma manera que el momento presente, «ahora», es el punto central en la dimensión conceptual del tiempo, así también el lugar presente, «aquí», es el punto central en la dimensión conceptual del espacio. Cada punto en el espacio que percibimos o pensamos existe solo con referencia a este lugar presente, el punto en el espacio en el que ahora nos sentimos ser.

¿Qué determina qué punto en el espacio y qué punto en el tiempo son experimentados como presente? Lo que experimentamos como el lugar presente, «aquí», y el momento presente, «ahora», es ese punto en el espacio y en el tiempo en el que nos sentimos ser presentes. La presencia de la consciencia de ser, «yo soy», es por lo tanto lo que nos hace sentir que este lugar en el espacio es presente «aquí», y que este punto en el tiempo es presente «ahora».

Todas las definiciones de tiempo y lugar son relativas a este tiempo fundamental «ahora» y a este lugar fundamental «aquí». El pasado es el pasado debido a que es anterior a este momento presente, que llamamos «ahora», y el futuro es el futuro debido a que es subsecuente a este momento presente. Similarmente, todas las definiciones de lugar tales como «cerca» o «lejos», «ahí» o «en otra parte», son relativas solo a este lugar presente, que llamamos «aquí». Por lo tanto, puesto que la definición de «ahora» y «aquí» es que estos son los puntos en el tiempo y en el espacio en los que siempre nos experimentamos ser, todo tiempo y espacio finalmente existen solo en referencia a la consciencia esencial, fundamental y siempre presente de nuestro ser, «yo soy».

Debido a que sentimos este cuerpo particular ser nosotros, sentimos que el punto en el espacio donde este cuerpo existe ahora es «aquí». Así pues la mente, la consciencia limitada que siente «yo soy este cuerpo», se siente siempre ser aquí y ahora, en el lugar presente y en el momento presente. Puesto que esta consciencia limitada «yo soy este cuerpo», que es el sujeto conocedor o primera persona, es experimentada siempre como el punto central en el espacio, ella no es solo la «primera persona», sino también el «primer lugar». Es decir, el lugar primero o fundamental, el punto central en el espacio, que llamamos «aquí», es solo la mente, la consciencia que siempre sentimos ser la primera persona, «yo». Todo otro lugar o punto en el espacio existe solo en referencia a este lugar fundamental, la primera persona siempre presente.

Debido a que nos identificamos con un cuerpo particular, sentimos que nos movemos en el espacio, mientras que de hecho el espacio se mueve en nosotros. Es decir, debido a que no somos este cuerpo material, sino solo consciencia, todo espacio existe solo dentro de nosotros, y, por consiguiente, todo movimiento en el espacio acontece solo dentro de nosotros. Siempre que parecemos ir, el lugar presente «aquí» va con nosotros. Cuando parecemos movernos de un lugar a otro, ese otro lugar deviene «aquí», es decir, se mueve y deviene el lugar central en la consciencia.

Así pues, lo mismo que el momento presente, «ahora», es el momento estático y sin cambio a través del cual pasan todos los momentos en el tiempo, así también el lugar presente, «aquí», es el lugar estático y sin cambio a través del cual, cerca del cual o lejos del cual se mueven todos los lugares en el espacio. Por lo tanto, lo mismo que el momento presente es la puerta estática a través de la cual podemos pasar de la ilusión de experimentar el tiempo siempre cambiante a la realidad de nuestro ser siempre sin cambio, así también el lugar presente es la puerta estática a través de la cual podemos pasar de la ilusión de ser un cuerpo que se mueve en el espacio a la realidad de nuestro ser siempre inmutable.

De la misma manera que la primera persona, la consciencia «yo», es el lugar primario o fundamental, el punto central en el espacio de la mente, así también la segunda persona «tú», y la tercera persona, el agregado de «él», «ella», «ello», «esto», «eso» y todo lo demás que es otro que «yo» o «tú», pueden ser considerados respectivamente los lugares o áreas secundario y terciario dentro de nuestro espacio mental. Por lo tanto, lo que llamamos las «tres personas» en la gramática española, son conocidas como los «tres lugares» en la gramática tamil. Es decir, en la mayoría de las lenguas, el sujeto y todos los objetos conocidos por él, son agrupados en tres categorías, pero mientras que en español y en muchas otras lenguas estas tres categorías son llamadas las «tres personas», en tamil son llamadas los «tres lugares».

Esta concepción espacial de estas tres categorías, está basada en el hecho de que experimentamos cada una de ellas como ocupando un «lugar» o un punto diferente ya sea en el espacio físico o ya sea en nuestro espacio conceptual. La primera persona, que en términos gramaticales es la persona que habla o escribe como «yo», es siempre experimentada como siendo aquí, en el lugar presente. La segunda persona, que en términos gramaticales es cualquier persona o cosa de la que se habla o escribe como «tú», es experimentada física o conceptualmente como siendo cercana, en un lugar que está cerca de la primera persona. Y la tercera persona, que en términos gramaticales es cualquier persona o cosa de la que se habla o se escribe como «él», «ella», «ello», «esto», «eso», «estos», «esos» o «ellos», es experimentada como siendo física o conceptualmente en alguna otra parte, en un lugar que es otro que el ocupado por la primera y segunda personas.

Esta concepción espacial de estas «tres personas», particularmente la de la «primera persona», es filosóficamente muy significativa, y es potencialmente de mucha ayuda para nosotros en nuestra comprensión de la práctica de la auto investigación. En sus enseñanzas, por lo tanto, Sri Ramana usaba frecuentemente los equivalentes tamiles de los términos españoles «primera persona», «segunda persona» y «tercera persona».

Puesto que él usaba estos términos en lugar de los términos filosóficos habituales «sujeto» y «objeto», él dividía en efecto todos los objetos conocidos por nosotros en dos grupos distintos. Es decir, él usaba el equivalente tamil del término «segunda persona» para denotar todos esos objetos o imágenes mentales que reconocemos como pensamientos que existen solo dentro de la mente, y el equivalente tamil del término «tercera persona» para denotar todos esos objetos o imágenes que imaginamos que estamos percibiendo fuera de nosotros a través de uno o más de nuestros cinco sentidos.

Mientras los objetos de «segunda persona» son esos objetos o pensamientos que reconocemos como existentes solo dentro del espacio de la mente, los objetos de «tercera persona» son esos objetos o pensamientos que imaginamos que estamos percibiendo en el espacio físico, fuera de la mente. Así pues, los objetos de «segunda persona» son esos objetos que reconocemos como existentes solo dentro del campo de nuestra concepción mental, mientras los objetos de tercera persona son esos objetos que imaginamos que existen fuera de él, en el campo aparentemente separado de nuestra percepción sensorial.

Esta definición de los términos «segunda persona» y «tercera persona» difiere de la definición normal de ellos, debido a que Sri Ramana no los usaba en su sentido gramatical habitual, sino en un sentido filosófico más abstracto. El significado filosófico que él dio a estos términos no corresponde exactamente a su significado gramatical habitual, porque mientras el primero está relacionado con el conocimiento o la experiencia, el segundo está relacionado solo con el lenguaje, ya sea hablado o escrito.

Es decir, aunque comprendemos habitualmente el término «segunda persona» solo como «tú», la persona, gentes, cosa o cosas a las que se habla o escribe, y el término «tercera persona» como la persona, gentes, cosa o cosas sobre las que se habla o escribe, esta definición de estos términos es aplicable solo al acto de comunicación a través del habla o la escritura. Si extendemos el uso de estos términos para aplicarlo al acto de conocer, debemos formar una nueva definición de ellos. En referencia al acto de conocer, el término «segunda persona» significa todo lo que conocemos más directa o inmediatamente, mientras que el término «tercera persona» significa todo lo que conocemos más indirecta o mediatamente.

Comparado con los objetos que percibimos a través del medio de los cinco sentidos, los pensamientos que reconocemos como existentes solo dentro de la mente, son conocidos por nosotros más directa o inmediatamente, y, por consiguiente, ellos son los pensamientos u objetos de «segunda persona». Puesto que los objetos que pensamos que percibimos fuera de nosotros, son conocidos no solo a través del medio primario de la mente, sino también a través del medio secundario de los cinco sentidos, ellos son una forma de conocimiento comparativamente indirecta o más mediata, y, por consiguiente, ellos son pensamientos u objetos de «tercera persona».

Aunque en tamil estas «tres personas» son llamadas colectivamente los «tres lugares» o muvidam, individualmente no son llamadas el «primer lugar», «segundo lugar» y «tercer lugar», sino que son llamadas respectivamente el «lugar de símismidad», el «lugar de enfrente» y el «lugar que se ha separado». El término efectivo usado en tamil para denotar la primera persona es «tanmaiidam», o más comúnmente solo «tanmai», que etimológicamente significa «símismidad» o «personalidad», y que por lo tanto denota nuestro sentido de «sí mismo», el sujeto o primer pensamiento «yo». El término tamil para la segunda persona es «munnilai», que etimológicamente significa «que está enfrente», y que por lo tanto desde un punto de vista filosófico denota nuestros pensamientos más íntimos, esos objetos o imágenes mentales que hablando figurativamente están inmediatamente enfrente del ojo de la mente, y que por lo tanto reconocemos como pensamientos que existen solo dentro de la mente. Y el término tamil para la tercera persona es «padarkkai», que etimológicamente significa «que se separa, ramifica, deviene diseminado, se expande o penetra», y que por lo tanto, desde un punto de vista filosófico, denota esos pensamientos que se han separado o expandido a través del canal de los cinco sentidos, y que con ello han sido proyectados como los objetos de este mundo material, que parecemos percibir a través de esos cinco sentidos, y que por lo tanto imaginamos como objetos existentes fuera de nosotros.

El espacio de la mente está dividido de ese modo en tres partes, áreas o campos distintos, que podemos representar como tres círculos concéntricos. La parte más íntima de la mente, el más íntimo de estos tres círculos, que es también su punto central, es el pensamiento de primera persona «yo», la consciencia individual limitada que siente «yo soy este cuerpo», «soy tal y tal persona». La siguiente parte más interior o íntima de la mente, el campo o círculo que más estrechamente rodea al pensamiento de primera persona «yo», es los demás pensamientos de segunda persona, los objetos que reconocemos como existentes solo dentro de la mente, y a los que por lo tanto consideramos ser el campo de nuestra concepción mental. La parte más exterior de la mente, el campo o círculo más externo que rodea al pensamiento de primera persona «yo», es todos los pensamientos de tercera persona, los objetos que imaginamos percibir en un espacio físico externo, y que por lo tanto tomamos erróneamente como existentes fuera de la mente. Así pues, el universo externo entero y el espacio físico en el que imaginamos que está contenido, es solo la parte más externa del espacio que es la mente, la parte de ese espacio que consideramos que es el campo de nuestra percepción sensorial.

Aunque en nuestra imaginación hacemos una distinción entre los pensamientos que reconocemos como existentes dentro de nosotros y los objetos materiales que imaginamos percibir fuera, esta distinción es falsa, debido a que ambos son solo pensamientos que formamos dentro de la mente por nuestro poder de imaginación. Mientras reconocemos que algunos de los pensamientos son solo imágenes que formamos en la mente, imaginamos erróneamente que algunos de esos pensamientos son objetos que existen efectivamente fuera de nosotros, y que por lo tanto son distintos de los pensamientos y de la mente pensante. De hecho, sin embargo, incluso los objetos que pensamos que percibimos fuera de nosotros son solo los propios pensamientos —imágenes que hemos formado dentro de la mente.

Sin embargo, aunque esta distinción entre los pensamientos de segunda persona y los de tercera persona es ilusoria, en la mente parece ser completamente real. Mientras imaginemos que estamos percibiendo objetos fuera de nosotros, continuaremos imaginando que hay una distinción real entre esos objetos y los pensamientos que reconocemos como existentes solo dentro de la mente. Por lo tanto, esta distinción aparente entre los objetos de segunda persona, los pensamientos que reconocemos como existentes solo dentro de la mente, y los objetos de tercera persona, los objetos que pensamos que percibimos fuera de nosotros, continuará pareciendo ser real mientras la mente pensante parezca ser real.

Debido a que nos parece ser real, Sri Ramana permite esta distinción aparente entre los objetos de segunda persona y tercera persona, pero él lo hace solo para aclararnos que el término «objetos» incluye no solo todos los objetos materiales que pensamos que percibimos fuera de nosotros, sino también todos los pensamientos que reconocemos como existentes solo dentro de la mente. Incluso los pensamientos o sentimientos más íntimos son solo objetos conocidos por nosotros, y consecuentemente son distintos de nosotros.

Por lo tanto, cuando Sri Ramana nos aconseja retirar la atención de todas las «segundas personas» y «terceras personas», y focalizarla en lugar de ello en la «primera persona», lo que él quiere que comprendamos es que debemos retirar la atención de todos los objetos —tanto esos que reconocemos meramente como nuestros propios pensamientos o sentimientos, como esos que tomamos erróneamente como objetos existentes fuera de nosotros— y fijarla solo en nuestro sentido de sí mismo, «yo», que experimentamos siempre como ser aquí y ahora, en este preciso punto presente en el tiempo y en el espacio. En otras palabras, para conocer nuestro sí mismo real, debemos retirar la atención de todos los pensamientos —tanto los pensamientos de segunda persona, que reconocemos como pensamientos, como los pensamientos de tercera persona, que imaginamos como objetos materiales existentes fuera de nosotros— y en lugar de ello debemos focalizarla total y exclusivamente en la autoconsciencia siempre presente, la consciencia fundamental de nuestro ser esencial, «yo soy».

Puesto que todos los objetos son solo pensamientos que formamos dentro de la mente, ellos dependen para su existencia aparente de la mente, el sujeto o primera persona, que los piensa y conoce.

Por lo tanto, en el verso 14 de Ulladu Narpadu, Sri Ramana dice:

Si la primera persona existe, la segunda y tercera persona [también parecen] existir. Si, por nuestra investigación de la verdad de la primera persona, la primera persona cesa de existir, la segunda y tercera persona [también] acaban, [y la realidad de] la primera persona, que brilla [siempre] como uno [la única realidad absoluta no dual, que permanece sola después de la disolución de estas tres personas falsas], es [descubierta entonces ser] nuestro estado [verdadero], [nuestro] sí mismo [real].

En la versión kalivenba de Ulladu Narpadu, Sri Ramana añadió cuatro palabras extra antes de la palabra inicial de este verso, tanmai o «primera persona», a saber, udal nan ennum at, que junto con tanmai significan «esa primera persona que dice “soy [este] cuerpo”». Así pues, él definió la primera persona como nuestro dehatma buddhi, nuestro pensamiento raíz o imaginación primaria «yo soy este cuerpo», que es la forma de consciencia distorsionada y espuria que surge como la mente de la autoconsciencia no dual real, «yo soy».

En la segunda sentencia de este verso, las palabras que he traducido como «la verdad de la primera persona» son tanmaiyin unmaiyai, en las que la palabra unmai o «verdad» significa etimológicamente «sei» dad o «soy» dad. Por consiguiente la «verdad de la primera persona» es el ser esencial o «soy» dad de la mente o sentido de sí mismo individual, que experimentamos como «yo soy este cuerpo». Mientras la mente es una forma de consciencia objetivada —una forma de consciencia que se imagina ser un objeto, a saber, este cuerpo— su verdad o «soy» dad es su autoconsciencia no objetiva verdadera y esencial, «yo soy», que es la única realidad que subyace a su falsa apariencia.

Nuestra «personalidad» individual o tanmai, que es la consciencia mezclada con adjuntos que siente «yo soy este cuerpo», parece existir debido solo a que hemos descuidado investigar o escudriñar estrechamente su verdad o «soy» dad subyacente. Si escudriñamos estrechamente esta consciencia falsa de primera persona para conocer su verdad o realidad subyacente, descubriremos que no es otra que la consciencia no dual de ser, «yo soy», que es nuestro sí mismo real y esencial, el estado de mero ser verdadero.

Cuando descubramos así que la «personalidad» real es meramente la autoconsciencia no dual «yo soy», con ello descubriremos que la «personalidad» individual falsa, que es la consciencia distorsionada y dualista «yo soy este cuerpo», y que al identificarse así con un cuerpo físico se ha limitado a sí misma dentro de las fronteras del tiempo y el espacio, es una mera aparición que nunca ha existido verdaderamente. Lo mismo que la serpiente ilusoria, que imaginábamos que veíamos yaciendo en el suelo, desaparece tan pronto como vemos que no es nada sino una cuerda, así también la primera persona ilusoria desaparecerá tan pronto como descubramos que ella no es nada sino nuestro ser autoconsciente no dual, «yo soy». Cuando esta primera persona ilusoria, la falsa «personalidad» individual, desaparece así, todos los objetos o pensamientos de segunda y tercera persona, que eran creados y conocidos solo por esta primera persona falsa, desaparecerán junto con ella.

Así pues, al escudriñar el lugar presente, «aquí», que es el punto preciso en el espacio en el que la falsa primera persona «yo» parece existir, y que es el punto central desde el que ella concibe todos los pensamientos y percibe el espacio físico y todos los objetos contenidos dentro de ese espacio, descubriremos que es meramente una concepción irreal, un pensamiento creado por nuestro poder de imaginación. Cuando descubramos así que este punto central desde el que parecemos percibir el espacio físico alrededor nuestro es meramente una aparición imaginaria, una ilusión de algo que nunca ha existido verdaderamente, descubriremos que lo que tomamos erróneamente por el espacio físico, es igualmente solo una aparición imaginaria.

La única verdad o realidad subyacente no solo al lugar presente, «aquí», sino también a todos los otros lugares en el espacio físico que percibimos desde este punto central, es la consciencia de ser fundamental y siempre presente, «yo soy». En realidad, por lo tanto, el lugar presente, «aquí», no es un punto en el espacio físico, sino solo nuestro ser autoconsciente. La consciencia de ser siempre presente, que es la realidad que subyace a nuestra experiencia de ser siempre en el lugar presente, «aquí», es lo que Sri Ramana significa en el verso de más arriba con las palabras «la verdad de la primera persona».

¿Qué queremos decir exactamente cuando hablamos de escudriñar el lugar presente, «aquí»? El punto preciso en el espacio que sentimos ser «aquí» es ese punto en el que nosotros nos sentimos ser —ese punto en el que parecemos experimentar la consciencia de ser, «yo soy». Por lo tanto, para escudriñar el presente lugar preciso, «aquí», debemos retirar la atención de todos los otros lugares —es decir, de todos los otros pensamientos y objetos— y focalizarla total y exclusivamente en la consciencia de ser fundamental y esencial, «yo soy», que es siempre presente «aquí» y «ahora».

Así pues, la experiencia de ser siempre «aquí», en este preciso punto presente en el espacio, sirve como una pista valiosa en la investigación de la consciencia de ser, «yo soy», lo mismo que el olor de su dueño le sirve de pista valiosa a un perro en la búsqueda de él. Similarmente, la experiencia de ser siempre «ahora», en este preciso punto presente en el tiempo, sirve como otra pista igualmente valiosa en nuestra investigación de la consciencia de ser.

Cualquiera de estas dos pistas, si son seguidas correcta y diligentemente, nos llevarán infaliblemente a experimentar la realidad absoluta que subyace y sin embargo trasciende todo tiempo y espacio, debido a que la realidad subyacente que experimentamos ahora como el «aquí» y «ahora» relativos, el «aquí» y «ahora» que parecen existir en el espacio y en el tiempo, es el «aquí» y «ahora» absoluto, la plenitud de ser eternamente omnipresente, que es nuestro sí mismo real, la consciencia fundamental y esencial de nuestro ser, «yo soy». Por lo tanto, debemos investigar y conocer la verdad tanto del lugar presente, «aquí», como del tiempo presente, «ahora».

El tiempo es un flujo constante del pasado al futuro. El presente es ese momento preciso en el tiempo cuando el pasado acaba y el futuro comienza. Con el paso de cada momento, el momento presente deviene parte del pasado, y un nuevo momento, que era parte del futuro, deviene el presente. Si dividimos el tiempo en sus fracciones o momentos más pequeños, la duración de cada uno de tales momentos será infinitesimal. Tales momentos infinitesimales pasan tan rápidamente que el instante mismo en el que cada uno aparece, también desaparece. Un momento que es el momento futuro inmediato en un instante, deviene el momento pasado inmediato al instante siguiente.

Sin embargo, incluso hablar de un momento o un instante del tiempo, es potencialmente engañoso, debido a que el tiempo es efectivamente un flujo continuo que no consiste en unidades enteramente distintas o claramente definibles llamadas momentos. Un momento es solo una fracción de tiempo conceptual, una fracción cuya duración es arbitraria. El momento más infinitesimal es un punto en el tiempo cuya duración es cero, y el preciso momento presente es un tal punto sin duración, debido a que es el fino borde o frontera inmensurable que separa el pasado del futuro. El instante mismo en el que el pasado acaba, comienza el futuro. Por lo tanto, el borde entre el pasado y el futuro es un punto infinitamente fino, un punto que no tiene ninguna duración o extensión.

Todo lo que existe entre el pasado y el futuro, es puro ser. En el instante inmensurable breve entre el pasado y el futuro, el tiempo permanece quieto, y todo acontecimiento cesa. El tiempo requiere alguna extensión o duración en la que moverse, de modo que en el instante infinitamente pequeño entre el pasado y el futuro, el tiempo no puede moverse, y no acontece nada. Por lo tanto, todo lo que podemos experimentar en ese instante infinitamente pequeño, en el preciso momento presente, es nuestro ser autoconsciente «yo soy».

Si escudriñamos el momento presente minuciosamente para discernir exactamente qué instante en el tiempo es presente, no seremos capaces de descubrir ningún instante discernible en el tiempo que pueda ser llamado el preciso momento presente, «ahora». Para discernir el preciso instante presente en el tiempo, debemos dejar de lado tanto el pasado como el futuro. El momento inmediatamente precedente al momento presente es pasado, y el momento inmediatamente siguiente es futuro. Si tratamos de dejar de lado incluso los momentos más inmediatos, sutiles y pequeños pasados y futuros, y discernir qué existe entre ellos, todo lo que encontraremos es nuestro ser sin movimiento y sin cambio —la autoconsciencia siempre presente «yo soy».

Al ser sin movimiento y sin cambio, nuestro ser autoconsciente es atemporal. Por lo tanto, el preciso momento presente, el instante infinitesimal entre el pasado y el futuro, es un momento atemporal —un momento que existe más allá de la dimensión del tiempo.

Así pues, nuestra experiencia de que el momento presente es un punto en el tiempo, es una ilusión, lo mismo que nuestra experiencia de que el lugar presente es un punto en el espacio, es una ilusión. Como hemos visto más arriba, si dejamos de lado todos los pensamientos de cualquier lugar otro que este preciso lugar presente, «aquí», y escudriñamos agudamente solo este preciso lugar presente para descubrir qué es la verdad o la realidad de él, descubriremos que verdaderamente no es un punto en el espacio físico, sino solo nuestro ser autoconsciente. Similarmente, si dejamos de lado todos los pensamientos de cualquier otro momento que este preciso momento presente, «ahora», y escudriñamos agudamente solo este preciso momento presente para descubrir qué es la verdad o la realidad de él, descubriremos que verdaderamente no es un punto en el paso del tiempo, sino solo nuestro ser autoconsciente. Cuando descubramos así que no hay ninguna tal cosa como un punto preciso presente en el tiempo, y que nuestra experiencia del momento presente en el tiempo es por lo tanto meramente una ilusión, una aparición imaginaria, descubriremos que el paso del tiempo, que experimentamos siempre solo en este momento presente ilusorio, es igualmente meramente una aparición imaginaria.

Puesto que todos los puntos en el tiempo y todos los puntos en el espacio son experimentados solo en este punto presente en el tiempo y este punto presente en el espacio, ellos dependen para su existencia aparente de estos puntos presentes, el «ahora» y el «aquí» siempre presentes, que en realidad no son nada sino la presencia de la consciencia de nuestro ser siempre presente, «yo soy». Por lo tanto, nuestro ser autoconsciente siempre presente, «yo soy», es la única sustancia o realidad no solo de este momento presente, «ahora», y de este lugar presente, «aquí», sino también de la apariencia entera del tiempo y el espacio.

Así pues, estas dos pistas, la pista del preciso lugar presente, «aquí», y la pista del preciso momento presente, «ahora», ambas apuntan a la misma realidad, nuestro ser autoconsciente siempre presente, «yo soy», que no está limitado ni por el tiempo ni por el espacio. En ciertos momentos, podemos encontrar de más ayuda seguir la pista de «aquí», en otros momentos podemos encontrar de más ayuda seguir la pista de «ahora», y en otros momentos podemos encontrar de más ayuda seguir ambas simultáneamente, pero cualquiera de ellas que elijamos seguir, la atención debe estar focalizada total y exclusivamente en la consciencia fundamental y siempre presente de nuestro ser, «yo soy».

Cuando investiguemos la consciencia no dual de nuestro ser, que siempre experimentamos como ser «aquí» y «ahora», descubriremos que tanto el tiempo como el espacio son imaginaciones irreales, y que nuestro ser autoconsciente no dual es la única realidad, la única cosa que existe verdaderamente.

Por lo tanto, en el verso 16 de Ulladu Narpadu Sri Ramana dice:

Cuando [nosotros] investigamos [es decir, cuando nos escudriñamos a nosotros], excepto «nosotros» [nuestro sí mismo esencial o consciencia fundamental de ser], ¿dónde está el tiempo [y] dónde está el lugar? Si somos [un] cuerpo, seremos atrapados en el tiempo y en el lugar. [Pero] ¿somos [un] cuerpo? Somos uno [en cada momento en el tiempo], ahora, entonces y siempre, uno [en cada] lugar [en el espacio], aquí, ahí y en todas partes. Por lo tanto, nosotros, el «nosotros» sin tiempo y sin lugar, existe.

El significado superficial implícito en la pregunta retórica «Excepto “nosotros”, ¿dónde está el tiempo y dónde está el lugar?» es que el tiempo y el espacio no existen además de, aparte de, o como otro que nosotros. Sin embargo, su significado más profundo es que solo existimos, y el tiempo y el espacio son completamente no existentes, un hecho que es reiterado en la última sentencia de este verso.

En la versión kalivenba de Ulladu Narpadu, Sri Ramana añadió tres palabras extra antes de la palabra inicial de este verso, nam o «nosotros», a saber unara nindra porul, que significa literalmente «la realidad que es o conoce», pero que son una manera poética de decir «la realidad que existe a sabiendas», o más precisamente «la realidad que existe y conoce [su propia existencia]». Al colocar estas palabras antes de nam, él definió exactamente lo que quería decir con ella en este contexto. Es decir, cuando él preguntaba, «Excepto “nosotros”, ¿dónde está el tiempo y dónde está el lugar?», con el término «nosotros» él no quería decir la mente conocedora de objetos sino solo nuestro sí mismo real —nuestro ser autoconsciente esencial y siempre existente, que experimentamos siempre como «yo soy».

El tiempo y el espacio son conocidos solo por la mente, y, por consiguiente, dependen de ella para su existencia aparente. Ellos no son conocidos por la consciencia de ser esencial, que solo se conoce a sí misma, y, por consiguiente, no son conocidos por en el sueño profundo, en el que experimentamos solo nuestro ser autoconsciente. Sin embargo, aunque no son conocidos por la autoconsciencia esencial, ellos no podrían ser conocidos independientes de ella, debido a que ella es la única realidad que subyace a y sostiene la apariencia de la forma falsa de consciencia que conoce objetos que llamamos la mente, en cuya sola imaginación ellos existen.

Somos capaces de imaginarnos ser esta mente, que se experimenta a sí misma como un cuerpo que existe en el tiempo y el espacio, debido solo a que nos conocemos como «yo soy». Sin embargo, mientras la mente y el tiempo y el espacio conocidos por ella son apariencias transitorias, somos la realidad que siempre existe y conoce su propia existencia. Puesto que nuestra existencia o ser autoconsciente existe independiente del tiempo y el espacio, es la realidad absoluta —la única realidad que existe verdaderamente. Por consiguiente, Sri Ramana pregunta, «Excepto “nosotros”, ¿dónde está el tiempo y dónde está el lugar?», implicando con ello que solo existimos verdaderamente, y que el tiempo y el espacio son meras apariencias —imágenes mentales que no tienen ninguna existencia real suya propia.

El tiempo y el espacio parecen existir debido solo a que nos imaginamos ser un cuerpo finito. En verdad, sin embargo, no somos ningún cuerpo finito, porque aunque en nuestro estado de vigilia presente nos imaginamos ser este cuerpo, en el sueño con sueños nos imaginamos ser algún otro cuerpo, y en el sueño profundo no nos imaginamos ser ningún cuerpo. Cuando nos imaginamos ser un cuerpo particular, como en la vigilia y en el sueño con sueños, experimentamos tanto el tiempo como el espacio, pero cuando no nos imaginamos ser ningún cuerpo, como en el sueño profundo, no experimentamos ni el tiempo ni el espacio.

Sin embargo, tanto si nos imaginamos ser un cuerpo como si no, siempre permanecemos la misma única consciencia de ser sin cambio, «yo soy». En todos los tiempos, en todos los lugares y en todos los estados de consciencia, somos siempre en esencia solo esta consciencia de nuestro ser única y no dual.

Por lo tanto, Sri Ramana dice en este verso:

«Somos uno [en cada momento en el tiempo], ahora, entonces y siempre, uno [en cada] lugar [en el espacio], aquí, ahí y en todas partes».

Puesto que el tiempo y el espacio, y todo otro que la consciencia esencial de nuestro ser, «yo soy», aparecen y desaparecen, ellos no son reales, sino meramente ficciones ilusorias de nuestra imaginación. En realidad, por lo tanto, no solo trascendemos el tiempo y el espacio, sino que en esencia somos absolutamente exentos de tiempo y espacio. Solo existe nosotros —este «nosotros» sin tiempo y sin espacio, que no es otro que el ser autoconsciente no dual absoluto.

En el verso 13 de Upadesa Tanippakkal, que es la forma original en la que él compuso el verso citado anteriormente...

Sri Ramana dice:

Excepto «nosotros», ¿dónde está el tiempo? Si, no habiéndonos investigado [o escudriñado] a nosotros, pensamos que somos [un] cuerpo, el tiempo nos devora. [Pero] ¿somos [un] cuerpo? Somos siempre uno, [en] los tiempos presente, pasado y futuro. Por lo tanto, [solo] existe nosotros, el «nosotros» que ha devorado al tiempo.

Imaginamos que somos un cuerpo físico debido solo a que ignoramos o descuidamos prestar la atención debida a nuestro ser verdadero y esencial autoconsciente, y puesto que el cuerpo que imaginamos ser está confinado dentro de los límites del tiempo y el espacio, con ello, en efecto, somos tragados por el tiempo. Sin embargo, si nos investigamos prestando atención agudamente a nuestro ser esencial autoconsciente, descubriremos que no somos este cuerpo finito, sino solo la única realidad infinita y por lo tanto sin tiempo, y con ello, en efecto, tragaremos la ilusión del tiempo.

Puesto que somos la única realidad infinita, que existe en todos los tiempos y en todos los lugares, y puesto que nada puede existir aparte de u otro que lo infinito, solo existimos verdaderamente. Por lo tanto, el cuerpo que imaginamos ser, y el tiempo y el espacio en los que este cuerpo está confinado, son todo meras apariciones, y en realidad no existen. Éste es el significado claro de la última línea del verso 16 de Ulladu Narpadu, que he traducido como, «[solo] nosotros, el “nosotros” sin tiempo y sin lugar, existe», pero que también podría ser traducida como, «[solo] nosotros existe; el tiempo y el lugar no existen, [sino solo] nosotros».

La única manera de que experimentemos esta verdad de que solo nosotros existimos, exentos de todo tiempo y espacio, es que escudriñemos la consciencia de ser, que siempre existe aquí y ahora, en este preciso punto presente en el espacio y el tiempo. Mientras continuemos prestando atención o pensando en algo en el tiempo o el espacio otro que el preciso momento presente y el preciso lugar presente, continuaremos perpetuando la ilusión del tiempo y el espacio —la ilusión de nosotros como un cuerpo, un objeto confinado dentro de los límites del tiempo y el espacio. Pero si prestamos atención solo al preciso momento presente o al preciso lugar presente, que son efectivamente uno y el mismo punto, no encontraremos en ellos ningún tiempo ni espacio, ninguna duración ni extensión, y por lo tanto ningún pensamiento de ningún tipo, sino solo la consciencia de ser absolutamente no dual, «yo soy», que subyace a, aunque trasciende, todo tiempo, todo espacio y todas las formas de pensamiento.

Si deseamos localizar el preciso momento presente en el tiempo, el «ahora» exacto, o el preciso lugar presente en el espacio, el «aquí» exacto, tenemos que mirar dentro de nosotros, al centro o núcleo mismo de nuestro ser, debido a que solo ahí podemos encontrar el punto interior infinitamente pequeño y sutil que siempre nos hace sentir que somos «aquí» y «ahora», no importa en qué punto exterior en el tiempo y el espacio nos acontezca experimentarnos como ser.

Cuando miremos dentro de nosotros, focalizando la atención entera en el núcleo más íntimo de nuestro ser, la mente pensante llegará a una detención, y así todos los pensamientos cesarán. Los pensamientos acontecen todos dentro del flujo del tiempo y dentro del espacio multidimensional de la mente. Si no experimentáramos el flujo unidimensional del tiempo, el flujo constante de la mente desde el pasado al futuro, no podríamos formar ningún pensamiento. Similarmente, si no experimentáramos la mente como un espacio multidimensional en el que pensamientos de diversos tipos surgen y se sumergen, no habría ningún espacio en el que pudiéramos formar ningún pensamiento.

Sin embargo, en el preciso momento presente no hay ningún movimiento o flujo, y en el preciso lugar presente no hay ningún espacio. El preciso momento presente es un punto en el tiempo que no tiene dimensiones, ni duración, y el preciso lugar presente es un punto en el espacio que no tiene dimensiones, ni extensión. Por lo tanto, ni en el preciso momento presente ni en el preciso lugar presente puede ser formado ningún pensamiento.

Una dimensión es una manera particular de medir o definir la extensión de algo, de modo que cualquier cosa que pueda ser medida de alguna manera, cualquier cosa que tenga una extensión definible, tiene dimensión. El tiempo es unidimensional, debido a que es un flujo unidireccional desde el pasado al futuro. El espacio físico es tridimensional, debido a que tiene altura, anchura y profundidad. El espacio de la mente es multidimensional, debido a que no solo contiene el flujo unidimensional del tiempo y el espacio físico tridimensional, sino que tiene también muchas otras dimensiones suyas propias, tales como sus cinco formas de conocimiento sensorial, sus varias formas de conocimiento conceptual, y sus varias formas de emoción.

Además, el espacio de la mente contiene dimensiones dentro de dimensiones. Por ejemplo, la dimensión del gusto tiene seis sub dimensiones básicas, a saber, dulce, agrio, salado, picante, amargo y astringente; la dimensión de la vista tiene varias sub dimensiones tales como color, forma y distancia, y cada dimensión del conocimiento conceptual, tal como el pensamiento matemático abstracto, tiene muchas sub dimensiones. Todas las muchas maneras en las que la mente puede medir o definir la extensión de lo que quiera que conoce o experimenta —los objetos de su percepción sensorial, sus conceptos, sus emociones, y demás— es una dimensión de su espacio.

Todas las cosas que tienen dimensión se extienden dentro de esa dimensión. El alcance en que cualquier cosa particular se extiende dentro de una dimensión particular, es la medida de esa cosa dentro de esa dimensión. Excepto la consciencia fundamental de nuestro ser, «yo soy», todo lo que es conocido por la mente se extiende en una o más de las muchas dimensiones que son experimentadas por ella. Todas las formas de conocimiento objetivo se extienden en una o más dimensiones.

Mientras todo lo demás que experimentamos en el tiempo y el espacio, se extiende ya sea en el tiempo o ya sea en el espacio, o en ambos, las únicas cosas en el tiempo y en el espacio que no se extienden en ninguno de ellos, son el preciso momento presente, «ahora», y el preciso lugar presente, «aquí». El preciso momento presente no tiene ninguna duración definible o mensurable, y el preciso lugar presente no tiene ninguna extensión definible o mensurable. Si una cosa se extiende en alguna dimensión, está confinada dentro de esa extensión, pero si no se extiende en ninguna dimensión, no está confinada o limitada de ninguna manera. Por lo tanto, puesto que ellos no se extienden en ninguna dimensión, el preciso lugar presente y el preciso momento presente están libres de todas las limitaciones, y, por consiguiente, son el «aquí» y «ahora» absoluto.

Puesto que cada uno es un punto infinitamente pequeño, podemos imaginar que el preciso momento presente y el preciso lugar presente son por lo tanto limitados. Sin embargo, puesto que no existen en solo un punto único particular en el tiempo o en el espacio, de hecho no están limitados de ninguna manera. Aunque el preciso momento presente parece ser un punto infinitesimal en el tiempo, sin embargo no está limitado ni restringido a ningún punto particular en el tiempo, debido a que cada punto en el tiempo es experimentado como el momento presente mientras está ocurriendo. Similarmente, aunque el preciso lugar presente parece ser un punto infinitesimal en el espacio, sin embargo no está limitado ni restringido a ningún punto particular en el espacio, debido a que muchos puntos en el espacio son experimentados como el lugar presente en un tiempo u otro. Puesto que el preciso momento presente existe en cada punto en el tiempo, y el preciso lugar presente existe en diferentes puntos en el espacio en diferentes puntos en el tiempo, ninguno de ellos puede ser definido o delimitado como existente en un único punto. Tan pronto como intentamos definir su localización en el tiempo o en el espacio, el tiempo habrá continuado y nuestra definición habrá devenido inválida.

Aunque el preciso momento presente y el preciso lugar presente parecen existir dentro de las dimensiones del tiempo y el espacio, su localización exacta dentro de esas dimensiones no puede ser definida o conocida en ningún tiempo, debido a que en verdad existen más allá de las limitaciones del tiempo y el espacio. Si deseamos descubrir su localización exacta, no podemos hacerlo mirando hacia fuera, hacia las dimensiones objetivas del tiempo y el espacio, sino solo mirando dentro de nosotros, hacia la profundidad más íntima de nuestro ser, hacia el núcleo de la consciencia, hacia el punto preciso dentro de nosotros donde sentimos «yo soy», «yo soy aquí y ahora».

El preciso momento presente y el preciso lugar presente no pueden ser localizados en ningún punto exacto en las dimensiones objetivas del tiempo y el espacio debido a que ellos no son puntos objetivos, sino experiencias subjetivas. Por lo tanto, aunque parezcan tocar las dimensiones objetivas del tiempo y el espacio, su existencia no está ni limitada ni restringida a ningún punto fijo o claramente discernible dentro de esas dimensiones. Debido a que son el punto en el que experimentamos la consciencia de ser sin tiempo y sin lugar, «yo soy», pareciendo existir dentro de las dimensiones imaginarias del tiempo y el espacio, ellos son el punto en el que lo eterno toca lo temporal, lo infinito toca lo finito, y lo absoluto toca lo relativo.

Aunque el tiempo está avanzando siempre, y con cada momento que pasa un nuevo punto en el tiempo deviene el momento presente, y un nuevo punto en el espacio deviene el lugar presente, el preciso momento presente y el preciso lugar presente mismos no se mueven ni sufren ningún cambio efectivo. Excepto estos dos puntos precisos, todo en el tiempo y en el espacio está moviéndose y padeciendo cambio constantemente. El preciso momento presente permanece inmóvil y sin cambio todo el tiempo, y el preciso lugar presente permanece inmóvil y sin cambio, no importa en qué punto en el espacio pueda ser experimentado.

Aunque todos los momentos en el tiempo parecen fluir a través del momento presente, en el preciso momento presente ningún flujo ni movimiento de ningún tipo tiene lugar efectivamente, debido a que el movimiento requiere de una dimensión en la que moverse. Similarmente, aunque muchos lugares en el espacio parecen venir y devenir con ello el lugar presente, en el preciso lugar presente ningún movimiento, devenir o cambio de ningún tipo tiene lugar efectivamente, debido a que el cambio requiere de una dimensión en la que acontecer.

Solo puede decirse que una cosa cambia, si puede ser definida primero de alguna manera, debido a que solo una cosa definible o definida puede sufrir un cambio definible o definido. Consecuentemente, puesto que una definición es una forma de medida o estimación que puede ser hecha solo con referencia a alguna dimensión, un punto sin ninguna dimensión no puede ser definido o delimitado de ninguna manera, y, por consiguiente, no puede sufrir ningún cambio definible.

Por lo tanto, al ser completamente exento de dimensión, extensión, limitación, definición, cambio y movimiento, el preciso punto presente en el tiempo y el preciso punto presente en el espacio son absolutos. Aunque todo lo demás existe solo en relación a ellos, el preciso momento presente y el preciso lugar presente son sin relación a nada más, debido a que ellos existen independientemente, y permanecen inafectados por el flujo del tiempo o de cualquier movimiento que tenga lugar en el espacio.

El «aquí» y «ahora» que parecen extenderse en el espacio o el tiempo —que parecen ser mensurables y definibles— son solo el «aquí» y «ahora» relativos. Nuestra concepción de lo que constituye el momento presente, «ahora», y el lugar presente, «aquí», no es fija, sino que varía de acuerdo con el contexto. Por ejemplo, cuando decimos «ahora», podemos significar este segundo mismo, este minuto, o un período más largo del tiempo presente tal como hoy, o podemos extender su significado incluso más para significar en la actualidad, durante este período en nuestras vidas o en la historia. Similarmente, cuando decimos «aquí», podemos significar esta parte exacta del espacio que es ahora ocupada por nuestro cuerpo, o cualquier punto particular dentro del cuerpo, o cualquier punto que esté cerca del cuerpo, o podemos extender más su significado para significar la habitación, la casa, la ciudad o incluso el país en el que estamos viviendo ahora. Todos estos usos de estas palabras «aquí» y «ahora» son relativos. Toda forma relativa de «ahora» se extiende en el tiempo, y toda forma relativa de «aquí» se extiende en el espacio, y, por consiguiente, pueden ser medidas.

Sin embargo, el preciso momento presente y el preciso lugar presente, son puntos en el tiempo y en el espacio que no tienen ninguna extensión, y que por lo tanto no pueden ser medidos. Como hemos visto más arriba, el preciso momento presente es la frontera o interconexión inmensurablemente fina entre el pasado y el futuro. Donde el pasado acaba, el futuro comienza, de modo que la interconexión entre ellos es un punto infinitamente fino que no tiene ninguna medida o extensión. Similarmente, el preciso lugar presente es el punto inmensurablemente fino que existe en el centro mismo de nuestra percepción del espacio.

Puesto que ellos son ambos infinitamente finos y sutiles, y por lo tanto no están limitados a ninguna dimensión, el preciso momento presente y el preciso lugar presente no son relativos, sino que son el «aquí» absoluto y el «ahora» absoluto. Puesto que el movimiento y el cambio no pueden acontecer dentro de un punto infinitamente fino y por lo tanto sin dimensión, y puesto que la formación del pensamiento implica movimiento y cambio, ningún pensamiento puede ser formado ni dentro del preciso momento presente ni dentro del preciso lugar presente, y, por consiguiente, el preciso punto presente en el tiempo y el espacio es la morada exclusiva de nuestro ser autoconsciente, «yo soy».

Aunque hablamos del preciso momento presente y el preciso lugar presente como si fueran dos cosas diferentes, ellos parecen ser diferentes solo desde el punto de vista limitado de la mente finita. La diferencia entre ellos es por lo tanto meramente conceptual. En realidad son uno y el mismo.

El preciso momento presente y el preciso lugar presente son el único punto en el que el tiempo y el espacio se tocan y devienen uno. Este único punto, en el que todas las dimensiones se tocan es, él mismo, exento de toda dimensión. Aunque las dimensiones que se tocan y devienen una en él son todas relativas, este punto único, no dual y sin dimensión es, él mismo, exento de todas las formas de relatividad. Todo lo que está contenido dentro de él es nuestra mera consciencia de ser, «yo soy». Pero incluso decir esto no es correcto del todo. Él no contiene meramente la consciencia esencial de ser, es sinónimo de ella. La consciencia esencial no dual de ser, «yo soy», es ella misma el «aquí» y «ahora» absoluto, el preciso lugar presente y el preciso momento presente.

Debido a que este punto absoluto no tiene ninguna dimensión, no puede ser medido de ninguna manera. Por lo tanto no solo es infinitamente pequeño, sino también infinitamente vasto. Es decir, debido a que es absoluto, está libre de todas las limitaciones, y, por consiguiente, no es limitado como meramente lo más pequeño, sino que es también lo más grande, el todo infinito que lo contiene. Es ambos, eso que está contenido dentro de todo, y eso dentro de lo cual todo está contenido.

Todo, todo tiempo y todo espacio, y todo lo que está contenido dentro del tiempo y el espacio, es solo una forma de conocimiento, una concepción o una percepción, y, por consiguiente, está todo contenido dentro de la consciencia. Y puesto que ninguna forma de conocimiento puede existir sin la consciencia que lo subyace, la consciencia no solo contiene todo, sino que está también contenida dentro de todo.

De hecho, la consciencia es la única sustancia fundamental de la que están hechas todas las cosas. Por lo tanto, puesto que todas las formas de conocimiento son en esencia solo la consciencia y ya que ella es esencialmente autoconsciente —es decir, es en esencia solo la consciencia de nuestro ser— y puesto que la consciencia de nuestro ser es el punto absoluto que experimentamos como el preciso lugar presente, «aquí», y el preciso momento presente «ahora», este punto absoluto contiene todo y está contenido dentro de todo.

Para estar contenido dentro de todo, este punto absoluto debe ser infinitamente pequeño, y para contener todo, debe ser infinitamente grande. Como eso que es infinitamente pequeño, él no contiene nada sino nuestro ser autoconsciente, «yo soy», pero como eso que es infinitamente grande, él contiene todo, la totalidad de todo nuestro conocimiento, tanto el verdadero como el falso. Todo lo que es conocido, lo es finalmente solo en el preciso momento presente «ahora», y en el preciso lugar presente «aquí» —en el presente absoluto, que es nuestro ser autoconsciente siempre presente, «yo soy», y que es el único punto en el tiempo y el espacio que existe verdaderamente.

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