Las palabras vivientes
Cristo contesta a los fariseos preguntas acerca de la interpretación de las escrituras, exhortando: Buscad la Verdad en la letra viva, que palpita.
Jebuna
La letra viva
Cristo contesta a los fariseos preguntas acerca de la interpretación de las escrituras, exhortando:
Buscad la Verdad en la letra viva, que palpita en la Naturaleza viviente, donde ella se manifiesta en infinitas formas, hablándonos por miles de bocas. Y, ante todo, buscadla dentro de vosotros mismos y tratad de conocerla y comprenderla. De esta manera habréis encontrado el inapreciable elixir de una larga vida, de una buena salud y una verdadera dicha de vivir.
Todos los presentes escuchaban atónitos sus sabias enseñanzas, ante todos sus discípulos selectos, encabezados por Juan, que siempre estaba cerca de Él. Tanto era el poder de Cristo de atraer hacia sí las muchedumbres, que estas, aún a la puesta del Sol, si no se retiraba, se quedaban sentadas a su derredor y seguían escuchando.
Le suplicaban: Maestro, enséñanos explicándonos las leyes de la vida, porque deseamos vivir en armonía con la Madre Natura, observando sus mandamientos, a fin de no enfermarnos y vivir felices una larga vida.
Jesús les contestó: En verdad os digo, nadie puede ser sano ni feliz si no cumple con los sencillos mandamientos de la Madre Naturaleza.
Algunos escribas y fariseos allí presentes respondieron: Nosotros obedecemos los mandamientos de las leyes de Moisés, nuestro máximo legislador, según están escritas estas leyes en las Sagradas Escrituras.
- Repito, la ley es la palabra viva del Dios viviente, dirigida a profetas vivientes, a hombres vivos.
- La Ley está escrita en letras indelebles en toda la Naturaleza viviente, en todo lo que palpita vida, de donde Ella nos habla por miles de bocas.
- Vosotros podéis escuchar y leer en el libro abierto de la naturaleza viviente, en las plantas, que nos hablan por medio de sus flores y sus aromas; en las arboledas con sus deliciosos frutos, en las vertientes cristalinas, en los riachuelos y remansos tranquilos llenos de brillos y colores…
- Ella nos habla con sus aguas vivientes, su eterno murmullo. En los mares con su fluctuante respiración de alta y baja marea y sus violentos oleajes.
- Aún en las rocas más duras hay palpitante vida, sin cuya vibrante cohesión ellas se desintegrarían en polvo.
- Desde las duras rocas, los vibrantes minerales, desde el reino vegetal y animal, desde lo más hondo de los mares con sus peces de insospechadas formas, tamaños y colores…
- Nos habla desde las alturas del firmamento, desde las arboledas, con el maravilloso cántico de las avecillas del cielo.
- En verdad os digo, buscad la Ley en la palpitante vida, ante todo en vosotros mismos, y tratad de comprenderla y obedecerla, pues solo así conservaréis la buena salud y seréis felices.
- Dios, en su inmensa sabiduría, ha creado el milagro de la naturaleza viviente y todo lo que en ella mora, vive y palpita, para que ella, por miles de bocas y por sus infinitas manifestaciones, hable a los hombres y les revele y enseñe sus sabias leyes.
- A su vez, Dios ha dotado a los hombres de la razón, de la inteligencia y de la sabiduría, al concederles parte de su sabiduría, al concederles parte de su divino Espíritu, para que así, iluminándolos, puedan leer el libre abierto de la naturaleza, conocer sus leyes y acatarlas.
- De allí que los hombres deben esforzarse en emplear esta su inteligencia y en escudriñar la naturaleza, porque así, únicamente, podrán descubrir sus sabias leyes, escritas en cada detalle en su obra.
- ¡Ay! del hombre que cierra sus ojos para no ver la realidad de la vida. Y ¡ay! del hombre que cierra sus oídos para no escuchar el impetuoso rodar del incontenible progreso espiritual.
La letra escrita y manifestada por la viviente Naturaleza es infalible, sin error, porque es obra de Dios, es su auténtica palabra, su idioma universal.
Ninguna escritura puede contener la verdad
¡Dios habla a través de la palpitante Naturaleza, susurrándole a los oídos por miles de bocas y hasta el propio corazón, su cerebro y su conciencia!
Prosigue Cristo diciendo: Si obtenéis conocimiento solo a través de las escrituras que, repito, son letra muerta, estáis muertos en espíritu; sois lámpara apagada por falta de aceite que no da luces de entendimiento, ni lucidez, ni comprensión, por lo cual no poseéis sabiduría ni verdad.
Los escribas y los fariseos decían: Maestro, nuestros padres nos enseñaron a conocer la ley solo de las escrituras. De ahí que leer la Ley en las manifestaciones de la naturaleza es algo nuevo para nosotros, ya que no hemos heredado ni aprendido tal integración de nuestros mayores.
De ahí que te suplicamos que nos enseñes la Ley de que nos hablas porque, aprendiéndola, sumisamente la obedecemos, seremos sanos y así nos dignificaremos ante Dios.
Cristo les respondió: Habiendo escudriñado vosotros tan solo las escrituras que son letra muerta, estáis muertos en espíritu, apagado vuestro entendimiento; andáis como ciegos, a oscuras, tropezando.
Por tanto, no podéis vislumbrar las palpitantes manifestaciones de la naturaleza viviente. En verdad os digo, no habéis ganado nada al escudriñar tan solo la letra muerta, despreciando el libro abierto de la naturaleza viviente siempre fresca, en perpetua renovación.
La letra muerta, sin vida, mantiene muerto vuestro corazón. No hizo surgir en vosotros ningún brote fresco de humana virtud, ningún mérito que adorne vuestra personalidad, que la dignifique ante los ojos del Padre Celestial.
Pues leo en vuestras almas tan solo bajas emociones que os arrastran a bajas pasiones, a graves pecados contra la moral, como la fornicación, la embriaguez, la glotonería, la mentira, el egoísmo y la avaricia de acumular más y más riquezas.
Usurpándolas aun a pobres, viudas, inválidos, ancianos y huérfanos, cuyas almas claman justicia del cielo, para que sean castigados los usureros, y ¡ay de vosotros los escribas y fariseos, no escaparéis del justo castigo!
El supremo mandamiento dice: no fornicarás… y habéis fornicado; no matarás y habéis matado; no mentirás y habéis mentido; no odiarás y habéis odiado, no solo a vuestros enemigos, sino hasta vuestros hermanos. ¡Ay de vosotros los fariseos y escribas, que no escaparéis del justo castigo!
En verdad os digo, vuestro cuerpo está destinado a ser el Sagrado Templo de Dios y vuestro corazón su santo Tabernáculo. Pero si este templo está desaseado y convertido en una cueva de deshonestas conversaciones y de abominables prácticas, el Señor, que todo lo ve, rehúsa habitar en él.
Si queréis que Dios habite en vuestro corazón y lo acompañe toda la corte celestial, debéis asear prolijamente vuestras entrañas, vuestro Templo. Debéis llevar una vida honesta, altamente pura y moral, sin vicios ni malos hábitos, y dedicaros al honrado y esforzado trabajo, a la alimentación natural, incárnica (no asesinando a inocentes animales para comer sus cadáveres).
www.lailuminacion.com