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LA TROFOLOGÍA Y LA CONSCIENCIA

JBN

11/01/2018

La trofología y la consciencia - JBN - Consciencia - Conciencia (GAA # 2555)

CATEGORÍA N° 2555
CONSCIENCIA - CONCIENCIA

ALIMENTACIÓN CON CONCIENCIA

No hagas de tu cuerpo la tumba de tu alma.

-Pitágoras-

Sin paz interior no se puede conquistar la salud.

Los cinco mejores médicos son los doctores:
Sol, Aire puro, Agua, Frutas y Ejercicio; La mejor en enfermera es la Alegría.

No importa el número de años que tengamos que vivir,
lo que importa es haberlos vivido con salud hasta el último día.

TROFOLOGÍA

La Trofología es la ciencia que estudia la alimentación natural de cada especie de acuerdo a su constitución física y orgánica. La Trofología demuestra que, cualquier a individuo que no se alimente con el respectivo alimento que le es natural, le sobreviene la enfermedad.

Nuestros dientes no están diseñados para desgarrar cadáveres como los tienen, tan diferentes y apropiados PARA MATAR, los animales carnívoros.

De los alimentos, clase cantidad y combinación

El valor nutritivo de un alimento no está en su composición química, sino en su grado de digestibilidad. El alimento indigesto, en lugar de nutrir, intoxica.

Hoy día está de moda la “sobrealimentación” como tratamiento “fortificante”. Éste es un error más de la medicina medicamentosa, porque el organismo solo aprovecha lo que digiere y no lo que come.

Está demostrado que el único régimen fortificante es el que asegura una buena digestión. Alimento adecuado es aquel que conviene a nuestra estructura orgánica y nuestras necesidades fisiológicas.

La sabia Naturaleza ha dictado a todos los seres de los medios necesarios para sobrevivir a sus necesidades sin recurrir a artificios y así nutrirse adecuadamente.

Vemos que animal carnívoro tiene el instinto sanguinario y traicionero del cazador que acecha a su presa en la oscuridad para, de un zarpazo, caer sobre la desconfiada y desprevenida víctima que luego devora gozando con su agonía. En cambio el ser humano, como los monos, está dotado de manos con dedos largos uñas planas, que le permiten coger la fruta de los árboles para llevarla a su boca. Tampoco el ser humano tiene el instinto sanguinario y traicionero del tigre o la hiena, y carece de las garras de animal carnívoro.

Somos bien diferenciados de los carnívoros

El hombre como el mono, por los órganos que posee para coger, masticar y digerir sus alimentos, es frugívoro, ósea, está destinado por la Naturaleza a alimentarse sólo de frutas y semillas de árboles en su estado natural. A la inversa de los animales de presa, que gozan a la vista de la sangre y de los despojos palpitantes de un cadáver, el hombre siente horror al contemplar las entrañas del vientre abierto de un animal y pena ante la muerte. En cambio, las frutas nos atraen despiertan el apetito con su aroma y dorados matices.

Los animales carnívoros poseen hocico, con boca rasgada que les permiten introducirlo en los músculos y vísceras de sus víctimas…

…el hombre carece de estas condiciones y su boca, más pequeña y más entrante que la nariz, no le permite llevar al estómago otros alimentos que los que pueda coger con sus manos, como las frutas y las semillas.

La dentadura del hombre carece de colmillos afilados y muelas cortantes del animal carnívoro, y posee muelas planas y triturantes como las del mono.

Si la carne fuese un alimento natural y adecuado para el hombre, éste la comería tal la ofrece el cadáver, sin necesidad de transformarla en la cocina, que engañando nuestro sentidos y traicionando nuestras necesidades, se convierte en el laboratorio de dolencias.

Los niños que no han pervertido su natural instinto, nos resuelven definitivamente las dudas que a los adultos les sugiere una mentalidad desarrollada sin base en las leyes naturales y formada en la imitación de errores colectivos.

Llevad a un pequeño a la puerta de una carnicería y enérgicamente retrocederá angustiado y horrorizado ante el olor y la vista de los despojos sangrientos de cadáveres allí expuestos. Este mismo niño, alegre y risueño, entrará a la frutería atraído por la vista y el perfume de las frutas destinada por la Naturaleza como alimento adecuado a sus necesidades fisiológicas. Todos los niños sienten un profundo y natural amor por los animales; pero la ignorancia de los adultos los contamina con el mal ejemplo. Luego crecen y se vuelven crueles hasta llegar a comerse aquel por es cual sintieron amor y compasión.

El estómago del hombre carece de los ácidos adecuados que posee el animal carnívoro para digerir las carnes, pero, por degeneración, llega a producir también exceso de ácidos, cuando a éste órgano se le habitúa a digerir carnes. Esta producción anormal de ácidos ataca las mucosas intestinales destinadas por la Naturaleza a soportar las reacciones alcalinas que produce la digestión de las frutas, originando úlceras y degeneración de tejidos.

Siendo las carnes materia de fácil descomposición con el calor, los animales carnívoros están dotados de un intestino más corto que el de los que se alimentan de hierbas y frutas, a fin de evitar que los residuos tóxicos de la carne permanezcan en el vientre y envenenen así el organismo. Los residuos de las carnes permanecen en el cuerpo mayor tiempo que el que se necesita para evitar la reabsorción de lasa toxinas propias de la alimentación cadavérica

En los adultos la carne es siempre tóxica, pues se descompone fácilmente con el calor intestinal y da origen a fermentaciones pútridas con producción de las venenosas sustancias que pasan a la sangre. La carne es causa comprobada de vejez prematura. Se pudre horriblemente dentro del intestino al igual que un cadáver en el cementerio; porque no es más que eso: un cadáver putrefacto…y dentro de tu organismo.

Mientras los animales que viven libres, guiados por su instinto, se alimenta adecuadamente y así viven sanos, el hombre, degenero su instinto, no sabe escoger sus alimentos adecuados a sus necesidades, ni buscar su mejor calidad, ni tampoco calcular su cantidad.

Dentro del ser humano hay una serpiente, es el intestino que tienta, traiciona y castiga.
Son más los que se mueren por comer que los que se mueren de hambre.

Alimentos que refrescan y alimentos que afiebran

Tengamos siempre presente que el alimento más nutritivo es el que se digiere más fácilmente y este es la fruta, semillas de árboles y ensalada de hojas, tallos y raíces para el hombre. Así como en el reino animal el hombre la criatura más perfecta, en el reino vegetal son las frutas y semillas los productos más nobles y perfectos.

Se comprende entonces que bien se merecen y se complementan uno y otro.

En las frutas y semillas se concentran todos los dones y energías de la Naturaleza con su incomparable perfume. Las frutas y las semillas, como uvas, manzanas, naranjas o nueces, son digeridas y asimiladas sin esfuerzo, sin dejar residuos malsanos. En cambio, un trozo de carne o un plato de frijoles, obligan a un trabajo prolongado que hace que el individuo se sienta repleto durante cuatro o más horas.

Naturalmente, no es posible con nuevos alimentos interrumpir esta “digestión” y, después de una comida de esta clase, es preciso aguardar horas para ingerir otro alimento. Este proceso de “indigestión” es lo que lastimosamente se confunde con una alimentación “suficiente”; sin embargo, con esta economía, hay doble desgaste de fuerzas: energías consumidas en una laboriosa tarea digestiva y energías gastadas en expulsar los residuos malsanos de esta nutrición inadecuada.

Las frutas, ensaladas y semillas de árboles, que no imponen esfuerzo a los órganos digestivos, permiten comer a cada rato este alimento natural sin peligro de indigestión. ¡Que agradable es llevar una manzana o una pera al sitio de trabajo y darse un gusto exquisito en el momento que más le convenga. Antes e echarle algo a tu estomago, piensa en todo el trayecto que tiene que recorrer… y el daño que te puede causar.

En lo que vemos en los animales: ellos comen su pasto o sus frutas todo el día y a cada momento, sin esperar hora determinada.

Los alimentos apropiados al hombre, como una manzana, se desdoblan en dos clases de productos: unos asimilables, que el organismo aprovecha, y otros de desecho, que son expulsado sin dejar impurezas en la sangre. No sucede lo mismo con alimentos impropios para la nutrición del ser humano, como la carne, que absorbida en su mayor parte, se aprovecha incompletamente, quedando materias extrañas, substancias muertas, en nuestro cuerpo.

En su esfuerzo defensivo, el organismo poco a poco va acumulando estas materias extrañas que cambian la forma del cuerpo, lo que ha servido a Kuhne para crear el diagnóstico por la expresión del rostro. Cuando un enfermo practica el régimen de salud, empieza por perder peso y volumen, porque el organismo expulsa materia extrañas acumuladas por mala nutrición y deficientes eliminaciones.

Hemos visto antes que la persona vegetariana es sana, no es gorda ni flaca, no presenta anomalías ni en la forma de su cuerpo ni en las líneas de su rostro para salud y belleza son normalidad. A medida que se restablece la normalidad, el enfermo va recuperando su peso y sus formas, pero ya con materiales sanos, provenientes de nutrición normal. Se pierde peso muerto y se recupera peso vivo y así se restablece la salud por renovación orgánica.

Frutas y verduras debemos ingerirlas crudas; sólo así podemos aprovechar sus alimentos vivos y energéticos. Toda cocción mata la vida orgánica y degenera las substancias alimenticias, favoreciendo fermentaciones pútridas que impurifican la sangre.

Frutas, semillas de árboles y ensaladas de hojas, tallos y raíces en estado crudo, mantendrán la salud del cuerpo o permitirán recuperarla si se ha perdido. Estos alimentos contienen todos los materiales que necesita nuestro organismo y deben constituir la dieta de todo enfermo.

Los platos vegetarianos se están imponiendo en todo el mundo por su frescura y sabor, son exquisitos, fáciles de preparar, alimentan sin engordar. Para realizar la reforma alimenticia, debe procederse con prudencia, empezando por cambiar el desayuno, luego la cena y, finalmente, la comida; antes de un mes se habrá logrado aceptar el cambio de régimen.

Para comer carne hay que MATAR - Para ser vegetariano basta AMAR

El hombre que come carne, o sea sangre y cadáveres, así es en su interior;
porque su alma carece de compasión, cualidad que distingue al ser humano de las fieras.

Podemos vivir en paz con los animales.
Somos seres humanos con sentimientos y compasión.
¡Oh! hermosos compañeros de existencia… muy hermanos nuestros

FRASES DEL AUTOR JBN

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