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LA LUZ CONTRA EL EGO

OSHO

28/11/2018

La luz contra el ego - Osho - Ego - Luz (GAA # 3068)

EGO - LUZ

LA AUSENCIA DE EGO

Siempre nos habla de que hay que librarse del ego, pero ¿cómo puedo hacerlo si no sé distinguir entre el ego y mi verdadero carácter?

No puedes librarte del ego. Es como la oscuridad: no puedes librarte de la oscuridad; solo puedes hacer la luz. En cuanto existe la luz, deja de existir la oscuridad. Podría decirse que esa es la forma de librarse de la oscuridad, pero no hay que tomárselo en sentido literal. La oscuridad no existe; es la ausencia de luz. De ahí que no se pueda influir directamente sobre ella. Con la luz solo se pueden hacer dos cosas: o encenderla o apagarla. Si quieres oscuridad, apaga la luz; si no quieres oscuridad, enciende la luz. No se puede uno librar del ego.

La meditación se puede aprender. La meditación funciona como una luz, es luz. Transfórmate en luz, y no encontrarás el ego por ninguna parte.

Si quieres librarte de él te verás en dificultades, porque, ¿quién es el que quiere librarse de él? Es el ego mismo, con un nuevo juego, el juego llamado espiritualidad, religión, realización. ¿Quién plantea esta pregunta? El ego mismo, que te engaña. Y cuando el ego pregunta cómo deshacerse de él, naturalmente piensas: «No puede ser el ego. ¿Cómo va a querer suicidarse el ego?». Así es como te engaña.

Tu propio carácter no plantea preguntas, no necesita respuestas. Tu propio carácter es luz, está lleno de luz. No sabe de oscuridades; jamás se ha topado con la oscuridad.

No tienes que librarte del ego. Limítate a indagar, a buscar dónde está; en primer lugar, tienes que encontrarlo. No te preocupes por tu propio carácter. Sigue buscando el ego y no lo encontrarás; por el contrario, encontrarás tu propio carácter, luminoso, fragante como un loto. Jamás habrás visto semejante belleza, en ninguna otra parte. Es la experiencia más hermosa de la vida, y cuando hayas visto tu propio loto de luz, tu propio loto floreciendo, el ego habrá acabado para siempre. Entonces dejarás de plantear esas preguntas absurdas.

EGO Y CARÁCTER

¿Cómo distinguir entre el ego y mi verdadero carácter?

O bien el ego está ahí, y entonces no se conoce el verdadero carácter, o se conoce el verdadero carácter, y entonces no queda nada del ego. Como no puedes tener ambas cosas, no puedes hacer distinciones, no puedes distinguirlas, no pueden estar presentes las dos al mismo tiempo. Solo una puede estar presente.

En estos momentos, seas lo que seas, eres ego, y no debes preocuparte por distinguirlos. Si no hubiera ego no habrías planteado la pregunta. El propio carácter no sabe de preguntas, porque es éxtasis, no un problema.

Pienso que al desarrollar una actitud de entereza ante las dificultades he llegado a resignarme a gran parte de la vida. Tengo la sensación de que esa resignación es como un peso que se opone a mis esfuerzos para vivir más la meditación. ¿Significa esto que he suprimido mi ego y que debo encontrarlo otra vez antes de perderlo realmente?

Este es uno de los mayores problemas... parecerá una paradoja, pero es verdad. Antes de perder el ego, tienes que alcanzarlo. Solo el fruto maduro cae al suelo. La madurez lo es todo. No se puede arrojar por la borda un ego inmaduro, no se puede destruir. Y si luchas con un ego inmaduro para destruirlo y disolverlo, tus esfuerzos serán vanos. En lugar de destruirlo, lo encontrarás más reforzado, de una forma nueva, más sutil.

Es algo fundamental, que hay que comprender: el ego debe llegar a la cima, debe ser fuerte, tiene que alcanzar la integridad, y solo entonces se puede disolver. No se puede disolver un ego débil, y eso se convierte en un problema.

En Oriente todas las religiones predican la ausencia de ego, de modo que, en Oriente, todo el mundo está en contra del ego desde el principio. Debido a esta actitud, el ego nunca se fortalece, nunca llega al punto de integración a partir del cual puede desaparecer. Nunca llega a madurar. Por eso resulta muy difícil disolver el ego en Oriente, casi imposible.

En Occidente, la tradición occidental, religiosa y psicológica, propone, predica y convence a la gente de que tenga un ego fuerte... porque a menos que tengas un ego fuerte, ¿cómo vas a sobrevivir? La vida es una lucha; si no tienes ego, te destruirán. Así ¿cómo resistirse? ¿Quién va a luchar? ¿Quién va a competir? Y la vida es una continua competición.

La psicología occidental dice que hay que alcanzar el ego, afianzarlo, pero en Occidente resulta muy fácil disolver el ego, de modo que cuando alguien que va en su busca llega a comprender que el problema radica en el ego puede disolverlo fácilmente, con más facilidad que en Oriente.

En eso consiste la paradoja: que en Occidente se enseña el ego y en Oriente se enseña la ausencia de ego; pero en Occidente resulta fácil disolverlo, y en Oriente resulta muy difícil.

Te enfrentas a una ardua tarea, en primer lugar alcanzar el ego y después perderlo, porque solo se puede perder algo que se posee. Si no lo posees, ¿cómo vas a perderlo? Si no eres rico tu pobreza no puede tener la belleza que predica Jesucristo, ser pobre de espíritu. Tu pobreza no puede tener la misma importancia que cuando Buda Gautama se hace mendigo.

Solo el rico puede hacerse pobre, porque únicamente se puede perder lo que se tiene. Si nunca has sido rico, ¿cómo vas a ser pobre? Tu pobreza será superficial; nunca llegará al espíritu. Serás pobre en la superficie, y en el fondo ansiarás riquezas. Tu espíritu ansiará las riquezas, tendrás ambición, un deseo constante de obtener riquezas. Solamente serás pobre en la superficie, e incluso te consolarás diciéndote que la pobreza es buena, pero no puedes ser pobre, porque solo una persona rica, realmente rica, puede ser pobre. El simple hecho de poseer riquezas no significa ser realmente rico. Puedes seguir siendo pobre. Si sigue existiendo la ambición, eres pobre. Lo que importa no es lo que tienes. Si tienes suficiente desaparece el deseo. Cuando tienes suficientes riquezas, desaparece el deseo.

La desaparición del deseo marca el criterio de lo suficiente. Entonces eres rico; puedes abandonarlo, puedes hacerte pobre, puedes hacerte mendigo como Buda, y entonces tu pobreza es rica, entonces tu pobreza tiene su propio reino.

Y lo mismo ocurre con todo. Los Upanishads, Lao Tzu, Jesucristo o Buda... todos enseñan que el conocimiento es inútil. Limitarse a adquirir conocimientos no resulta de mucha ayuda. No solo no resulta de mucha ayuda, sino que puede convertirse en una barrera. No se necesita el conocimiento, pero eso no significa que debas ser ignorante. Tu ignorancia no será real.

Cuando has acumulado suficientes conocimientos y los abandonas, llegas a la ignorancia. Entonces te haces realmente ignorante, como Sócrates, que decía: «Solo sé que no sé nada». Este conocimiento, o esta ignorancia — podemos llamarlo como nos plazca— es completamente distinto, tiene una cualidad distinta, ha cambiado de dimensión. Si eres ignorante sencillamente por no haber reunido conocimiento, tu ignorancia no puede ser sabia, no puede ser sabiduría, sino simple ausencia de conocimiento. Y el ansia continuará dentro: ¿cómo obtener más conocimientos? ¿Cómo obtener más información?

Cuando tienes demasiados conocimientos —has conocido las escrituras, has conocido el pasado, la tradición, has conocido todo lo que se puede conocer—, de repente te das cuenta de la inutilidad de todo, de repente te das cuenta de que eso no es conocimiento, sino algo prestado. No es tu propia experiencia existencial, no es lo que has llegado a saber. Quizá otros sí lo hayan sabido, pero tú simplemente lo has reunido, de una forma mecánica. No ha surgido de ti, no es algo que haya crecido. Es basura recogida de otras cosas, prestada, muerta.

Recuerda que el conocimiento solo está vivo cuando tú conoces, cuando es tu experiencia inmediata, directa, pero cuando tu conocimiento proviene de otros, es simple memoria, no conocimiento. La memoria está muerta. Cuando reúnes gran cantidad —las riquezas del conocimiento, las escrituras, todo lo que te rodea, las bibliotecas condensadas en tu mente, y de repente te das cuenta de que simplemente llevas la carga de otros, de que no te pertenece nada, de que no has conocido—, entonces puedes abandonarlo, puedes abandonar todo ese conocimiento.

Al abandonarlo surge un nuevo tipo de ignorancia. No se trata de la ignorancia del ignorante, sino de la sabiduría del sabio.

Solamente el sabio puede decir: «No sé», pero al decir «No sé» no siente ansias de conocimiento. Está constatando un hecho. Y cuando puedes decir de corazón «No sé», en ese mismo momento se te abren los ojos, se abren las puertas del conocimiento. En ese mismo momento es cuando puedes decir con toda sinceridad «No sé», cuando eres capaz de adquirir conocimiento.

Esta ignorancia es muy hermosa, pero se obtiene mediante el conocimiento. Es la pobreza a la que se llega mediante la riqueza.

Y lo mismo ocurre con el ego: solo puedes perderlo si lo tienes.

¿QUÉ NECESIDAD TENÍA BUDA?

Cuando buda desciende de su trono, se hace mendigo...

Era un rey en su trono, en la cúspide de su ego... ¿Por qué llegar a tal extremo, a cambiar su palacio por las calles, a mendigar? Pero en el mendigar de Buda hay belleza. La tierra jamás ha conocido mendigo tan hermoso, mendigo tan rico, mendigo tan majestuoso, tal emperador. ¿Qué ocurrió cuando descendió de su trono?

Descendió de su ego. Los tronos no son sino símbolos, símbolos del ego, del poder, el prestigio, la posición social. Descendió y sobrevino la ausencia de ego. Esta ausencia de ego no es modestia, no es humildad. Encontrarás a muchas personas humildes, pero bajo su humildad funciona un ego muy sutil.

Se cuenta que Diógenes fue un día a ver a Sócrates...

Vivía como un mendigo, llevaba la ropa sucia, llena de agujeros y remiendos. Incluso si le regalaban ropa nueva no se la ponía; primero la ensuciaba y la rompía.

Fue a ver Sócrates y empezó a hablar sobre la ausencia de ego, pero con sus penetrantes ojos, Sócrates debió de darse cuenta de que Diógenes no era un hombre sin ego. Su forma de hablar sobre la humildad era muy egoísta. Por lo visto, Sócrates le dijo: «A través de tu ropa sucia, a través de los agujeros de tu ropa no veo sino el ego. Hablas de humildad, pero tus palabras proceden de un profundo centro del ego».

Así ocurre, así es como se da la hipocresía. Tienes ego, y lo escondes con lo contrario, haciéndote humilde superficialmente. Esa humildad superficial no puede engañar a nadie. Quizá te engañe a ti, pero a nadie más. El ego no para de asomarse por los agujeros de la ropa asquerosa que llevas. Siempre está presente. Esto no es sino engañarte a ti mismo; no vas a engañar a nadie más. Eso es lo que ocurre si empiezas a desprenderte del ego inmaduro.

Mis enseñanzas parecerán contradictorias, pero son reales como la vida misma. La contradicción es algo inherente a la vida. Os enseño a que seáis egoístas para que podáis desprenderos del ego. Os enseño a que seáis absolutamente egoístas. No lo ocultéis, porque si no, nacerá la hipocresía. Y no luchéis contra el fenómeno inmaduro. Dejadlo madurar, y ayudadlo a madurar. Llevadlo al punto culminante. No tengáis miedo; no hay nada que temer. Así llegaréis a comprender la agonía del ego.

Cuando llegue al punto culminante, no necesitaréis ningún Buda, ni a mí, para que os diga que el ego es el infierno. Lo sabréis, porque el culmen del ego será el culmen de vuestras experiencias infernales, será una pesadilla, y entonces no hará falta que nadie os diga: «Abandónalo. Te resultará difícil mantenerlo».

EL CONOCIMIENTO

El conocimiento se alcanza únicamente mediante el sufrimiento.

No se puede prescindir de nada mediante argumentaciones lógicas. Se prescinde de algo solo cuando llega a ser tan doloroso que no se puede continuar con ello. Tu ego aún no te resulta tan doloroso, y por eso puedes sobrellevarlo. Es natural. Yo no puedo convencerte para que lo abandones, e incluso si te convenciera, lo esconderías... eso es todo.

No se puede tirar nada que no esté maduro. El fruto sin madurar se aferra al árbol y el árbol se aferra al fruto. Si los obligas a separarse, se formará una herida, y la cicatriz permanecerá. La herida continuará como si fuera reciente y tú siempre sentirás dolor. Recuerda que todo tiene su momento, su tiempo para crecer, para madurar, para caer a la tierra y disolverse. También el ego tiene su momento, tiene que llegar a la madurez.

De modo que no tengáis miedo de ser egoístas. Lo sois, porque de otro modo hace tiempo que habríais desaparecido. Tal es el mecanismo de la vida: tenéis que ser egoístas, tenéis que luchar para abriros camino, tenéis que luchar contra los millones de deseos que os rodean, tenéis que debatiros, tenéis que sobrevivir.

SUPERVIVENCIA

El ego es una medida de supervivencia.

Si un niño nace sin ego, morirá. No sobrevivirá; es imposible, porque si tiene hambre no lo notará: «Yo tengo hambre». Notará que hay hambre, pero no la relacionará consigo mismo. En el momento que se siente hambre el niño siente que es él quien tiene hambre y se pone a llorar para que le den de comer. El niño crece mediante el crecimiento de su ego.

Por eso, para mí el ego forma parte del proceso de desarrollo natural. Pero eso no significa que tengas que mantenerlo para siempre. Es un proceso de desarrollo natural, y para abandonarlo hay que dar un segundo paso, que también es algo natural, pero solo se puede dar el segundo paso cuando el primero ha llegado al punto culminante, al máximo, cuando el primero ha llegado a la culminación.

Por eso yo enseño las dos cosas: la presencia del ego y la ausencia del ego. En primer lugar, sé egoísta, completamente egoísta, como si la existencia entera solo existiera para ti y tú fueras su centro, como si todas las estrellas girasen a tu alrededor, como si el sol solo saliera para ti. Todo existe para ti, para ayudarte a ti. Sé el centro, y no tengas miedo, porque si tienes miedo nunca madurarás.

¡Acéptalo! Forma parte de tu desarrollo. Disfrútalo y llévalo al culmen. Cuando llegue al culmen, de repente te darás cuenta de que tú no eres el centro, que ha sido una tontería, una actitud infantil. Pero como eras aún un niño, no pasa nada. Ahora has madurado y sabes que no eres el centro. Cuando comprendes que no eres el centro también comprendes que no hay un centro en la existencia o que el centro está en todas partes. O no hay centro y la existencia existe como totalidad, como integridad sin centro como punto de control, o cada átomo constituye un centro.

Jakob Boehme dice que el mundo entero está lleno de centros, que cada átomo es un centro, y que no existe la circunferencia... centros por todas partes y ni una sola circunferencia. Existen estas dos posibilidades. Ambas significan lo mismo; únicamente los términos son diferentes y contradictorios, pero en primer lugar tienes que convertirte en centro.

Lo que pasa es lo siguiente: estás soñando, y si el sueño llega a la culminación, se destruye. Siempre ocurre lo mismo, que cuando un sueño llega al punto culminante, se destruye. ¿Y cuál es el punto culminante de un sueño? El punto culminante de un sueño llega cuando se tiene la sensación de que es real. Tienes la sensación de que es real, no un sueño, y continúas con él hasta que el sueño se hace casi realidad.

Nunca puede llegar a ser realidad, sino casi real.

Se aproxima tanto a la realidad que no puedes ir más lejos, porque con dar un paso más el sueño sería real, y no puede serlo porque es un sueño. Cuando se acerca tanto a la realidad, te despiertas, con el sueño hecho añicos. Lo mismo ocurre con los demás engaños.

El ego es el mayor de los sueños. Tiene su belleza, su agonía. Tiene su éxtasis, su agonía. Tiene su cielo y su infierno, porque ambos están allí. Los sueños son hermosos unas veces y otros son pesadillas, pero en ambos casos son sueños. Por eso os digo que no despertéis de vuestro sueño antes de que llegue el momento. No; jamás hagáis nada antes de que llegue el momento. Dejad que las cosas se desarrollen, que lleguen a su momento, para que todo ocurra de forma natural.

El ego desaparecerá. Puede disolverse por sí solo. Siempre y cuando dejéis que se desarrolle y lo ayudéis a desarrollarse, no habrá necesidad de que vosotros os libréis de él. Se trata de algo muy profundo. Si renuncias a él, el ego sigue dentro de ti. ¿Quién renunciará a él? Si piensas que tú renunciarás a él, tú eres el ego... de modo que renuncies a lo que renuncies, no será lo real. Lo real continuará y tú te habrás librado de otra cosa.

NO PUEDES PRIVARTE DEL EGO

¿Quién lo hará? Es algo que ocurre, no algo que se hace. Te adentras en tu ego y llega un momento en el que todo resulta tan terrible que el sueño se deshace. Y de repente lo comprendes: el ganso está fuera, nunca ha estado dentro de la botella. Nunca has sido un ego. Era simplemente un sueño que te rodeaba. Sí, un sueño necesario, y no hay que condenarlo, porque necesariamente formaba parte del desarrollo.

En la vida todo es necesario. Nada es innecesario, nada puede ser innecesario. Todo cuanto ha ocurrido tenía que ocurrir. Todo cuanto está ocurriendo ocurre por ciertas causas, muy profundas. Se necesita para mantener el engaño. Es como un capullo que te ayuda, que te protege, que te ayuda a sobrevivir. No hace falta permanecer dentro del capullo para siempre. Cuando estés preparado, rompe el capullo y sal.

El ego es como la cáscara del huevo y te protege, pero cuando estés preparado, rómpela, sal del cascarón. El ego es el cascarón, pero espera. Precipitarse no te servirá de mucha ayuda, no te servirán las prisas; quizá te entorpezcan. Deja pasar tiempo y no lo condenes porque, ¿quién lo condenará?

Ve a ver a los llamados santos, que hablan de humildad y modestia, y mírales a los ojos. No encontrarás un ego tan refinado en ninguna otra persona. Su ego ha adoptado la vestimenta de la religión, el yoga, la santidad, pero allí sigue. Quizá no estén acumulando riquezas, sino acumulando seguidores, porque la moneda ha cambiado y cuentan con muchos seguidores...

Quizá no anden en pos de las cosas de este mundo, sino del otro mundo, pero al fin y al cabo, los dos son mundos. Y pueden ser incluso más codiciosos, porque dicen que las cosas temporales, las cosas momentáneas de este mundo son placeres fugaces... y ellos desean los placeres eternos. Tienen una codicia suprema. Los placeres momentáneos no los satisfacen. Ellos desean los placeres eternos. A menos que algo sea eterno no se sienten complacidos. Su codicia llega a lo más profundo, es absoluta, y la codicia es propia del ego.

La codicia es el hambre del ego. Por eso, a veces los santos son más egoístas que los pecadores y están mucho más alejados de lo divino. Y a veces los pecadores pueden llegar al dios más fácilmente que los llamados santos, porque el ego supone una barrera. Según mi experiencia, los pecadores pueden librarse del ego más fácilmente que los santos, porque los pecadores nunca han estado en contra del ego. Lo han alimentado, han disfrutado de él, han vivido completamente con él, mientras que los santos siempre han luchado contra él y nunca lo han dejado madurar.

De modo que mi actitud es la siguiente: hay que perder el ego, pero quizá haya que esperar mucho, y solo se perderá si antes se cultiva. En eso reside la dificultad del fenómeno, porque la mente dice: si tenemos que abandonarlo, ¿por qué cultivarlo? La mente dice: si tenemos que destruirlo, ¿por qué crearlo?

Si haces caso a la mente tendrás problemas. Como la mente es siempre lógica y la vida siempre ilógica, nunca coinciden. Se trata de simple lógica, de simples matemáticas, que si vas a destruir una casa, ¿por qué construirla? ¿Por qué tomarse la molestia? ¿Por qué tantos esfuerzos y pérdida de tiempo y energías? Si la casa aún no está ahí, ¿por qué construirla para después destruirla? La cuestión no es la casa; la cuestión eres tú. Al construir la casa, cambiarás, y al destruir la casa cambiarás por completo, no serás el mismo... porque crear la casa, ese proceso, supondrá desarrollarte. Después, cuando la casa está terminada, la derribas. Eso significará una transformación.

La mente es lógica y la vida dialéctica. La mente sigue una línea simple, y la mente siempre salta de un extremo a otro, de una cosa a la opuesta.

La vida es dialéctica. Crea, y la vida dirá que destruyas. Nace, y la vida dirá que mueras. Gana, y la vida dirá que pierdas. Sé rico, y la vida dirá que seas pobre. Sé una cima, un Everest del ego, y después transfórmate en un abismo de la ausencia de ego. Entonces habrás conocido las dos cosas, lo ilusorio y lo real, el maya y el brahma.

El otro día dijo que el esfuerzo es peligroso, pero que hay que trabajar con ahínco en las meditaciones. Para mi mentalidad alemana, esforzarse equivale a trabajar con ahínco. ¿Cómo se puede trabajar con ahínco sin esforzarse?

Se trata de un asunto delicado. El esfuerzo siempre se hace con desgana, siempre es parcial. Lo haces porque no sabes cómo obtener los resultados que deseas sin hacerlo. Si hubiera otro modo te olvidarías del esfuerzo y llegarías directamente a la conclusión. Nunca te centras por completo en el esfuerzo, es imposible, porque la idea está en el futuro, en el resultado final. El esfuerzo está orientado hacia el futuro, orientado hacia el resultado. Se realiza el esfuerzo únicamente con miras a un resultado futuro, a un beneficio, a una compensación, por codicia.

Por eso dicen los maestros del zen que se necesita el esfuerzo sin esfuerzo.

¿A qué se refieren con el esfuerzo sin esfuerzo? Dicen que hay que trabajar con ahínco pero no con miras al futuro. Hay que disfrutarlo, sin ningún otro objetivo. Aun si no se consigue nada haciéndolo, es hermoso por sí mismo. Y eso es lo más difícil para la mente humana. Por eso lo llamo trabajar con ahínco.

Lo más difícil consiste en hacer algo porque sí, cantar porque sí, meditar porque sí, amar porque sí.

Eso es lo más difícil para la mente humana, porque la mente siempre tiene las miras puestas en el futuro. Dice: «¿Cómo que porque sí? ¿Para qué? ¿Qué voy a sacar en claro de eso?». Hay personas que vienen a verme y me dicen: «Podemos meditar, pero ¿qué vamos a sacar en claro? Podemos ser sannyasins, pero ¿qué vamos a obtener con eso?». Así es la mente... codiciosa.

Voy a contaros una cosa...

Un día, el mulá Nasrudín estaba mirando por la ventana cuando vio a un acreedor aproximándose a la casa. Como sabía qué quería aquel tipo, llamó a su mujer y le dijo que recibiera a la visita.

La esposa del mulá abrió la puerta y dijo:

Señor, sé que no hemos podido pagarle todavía, y aunque el mulá no está en casa en este momento, no para de pensar, noche y día, en cómo conseguir dinero para pagarle. Hasta me ha pedido que esté al tanto para que cuando pase un rebaño de ovejas recoja trocitos de la lana que se enganchan en los arbustos. Así, cuando tengamos suficiente lana, la tejeremos, haremos un par de chales, los venderemos y con ese dinero le pagaremos la deuda.

El acreedor se echó a reír, y el mulá salió de su escondrijo, diciendo:

Si serás canalla... Como hueles el dinero, sonríes.

LA MENTE ES IGUAL DE CANALLA

En cuanto ve la mínima insinuación de alguna especie de futuro, sonríe. Se abalanza inmediatamente, se aferra a lo que sea... y dejas de estar aquí y ahora. Se medita porque sí, como se ama porque sí. Pregúntale a una rosa por qué florece. Florece sin más. Florecer es muy hermoso, sin ningún motivo. Pregúntales a los pájaros por qué cantan. Cantan sin más. Les gusta, les encanta, sin motivo.

Deshazte de la mente y desaparecerá el motivo. De modo que al menos durante unas horas al día haz cosas porque sí: bailar, cantar, tocar la guitarra, estar con amigos o contemplar el cielo. Al menos durante unas horas dedica tiempo a actividades gratuitas. Esas son las actividades en las que hay que trabajar con ahínco.

Ya sé que la mente es muy perezosa. Le gusta soñar y no quiere trabajar; por eso piensa sin cesar en el futuro. Pero la mente es muy perezosa y solo piensa en el futuro para eludir el presente y eludir así el reto del presente.

Me han contado una anécdota...

Paseando junto a la orilla de un riachuelo un hombre se topó con un joven tumbado indolentemente bajo un árbol con una caña de pescar en el agua, sobre la que el corcho cabeceaba frenéticamente.

—¡Eh! ¡Han picado! —gritó. —Sí —contestó el pescador perezosamente—. ¿Le importaría sacarlo?

El paseante lo hizo, y el pescador le preguntó, aún tumbado:

—¿Le importaría sacar el pez, poner otro cebo en el anzuelo y echarlo al agua?

El hombre lo hizo y comentó jovialmente:

—Con lo vago que eres, deberías tener unos cuantos hijos para que se encargaran de estas cosas. —No es mala idea —replicó el pescador bostezando—. ¿Tiene idea de dónde podría encontrar a una mujer embarazada?

ASÍ FUNCIONA LA MENTE

No quiere hacer nada. Se limita a esperar, a desear, a aplazar.

El futuro es un truco para aplazar el presente; el futuro es un truco para eludir el presente. No es que vayas a hacer nada en el futuro, no... porque estará la misma mente y dirá mañana, mañana. Morirás y no habrás hecho nada; solo pensar.

Y tanto pensar te ayuda a aguantar: no te sientes perezoso porque piensas tanto en las grandes cosas que vas a hacer, sueñas con grandes cosas y no haces las pequeñas cosas que tendrías que hacer ahora mismo. Trabajar con ahínco significa estar presente y hacer lo que te plantea como reto el presente.

«El otro día dijo que el esfuerzo es peligroso, pero que hay que trabajar con ahínco en las meditaciones.» Sí, trabajar con ahínco... porque tendrás que ir en contra de la mente.

La dificultad del trabajo no radica en el trabajo mismo —el trabajo es extraordinariamente sencillo, muy simple—; la dificultad estriba en que, como la mente te nubla la visión, tienes que salir de ella.

«Para mi mentalidad alemana, esforzarse equivale a trabajar con ahínco.»

Eso lo comprendo, pero todas las mentes son alemanas. Por eso todo el mundo tiene tales dificultades, por eso todo el mundo encuentra su propio fascismo, su propio nazismo, su propio Hitler, Todo el mundo. La mente es fascista y busca continuamente líderes, alguien que dirija.

El mundo entero se sorprendió cuando Alemania cayó en la trampa de Adolf Hitler. Nadie daba crédito; era casi ilógico. Un pueblo tan hermoso, con tal tradición de conocimientos, de hombres cultos, de grandes filósofos, Kant, Hegel, Feuerbach, Marx... Semejante cultura, con intelectos tan refinados, una cultura de grandes científicos, de grandes músicos, novelistas y poetas, el país de los filósofos y los profesores... En ningún otro país se ha respetado más que en Alemania la palabra «profesor».

¿Qué ocurrió para que un pueblo tan inteligente cayera en manos de un ser estúpido, casi subnormal, como Hitler? Pero hay que comprender lo siguiente: que el saber, si es superficial, si se limita a la mente, no sirve de ayuda. El saber se mantiene en la superficie, mientras que en lo más profundo sigue siendo infantil. Esos intelectuales, incluso un hombre como Martin Heidegger, un gran filósofo, quizá el más importante del siglo XX, también era partidario de Adolf Hitler. ¿Qué les ocurrió a esos gigantes para que apoyaran a un hombre que estaba medio loco?

Hay que comprenderlo; puede ocurrir y siempre ha ocurrido. Esas grandes mentes solo son grandes en la superficie; en el fondo, su vida es infantil. Lo único que ha crecido es su intelecto, pero ellos no han crecido como personas. La mente de Heidegger era muy madura, pero su ser muy infantil. El ser, si es infantil, espera a alguien que lo dirija.

Una persona realmente madura no carga sus responsabilidades a nadie; se hace responsable de su propio ser. Pero resulta que este país de científicos, filósofos, profesores, poetas e intelectuales fue víctima de un hombre vulgar, mediocre, y ese hombre dominó el país.

Este hecho debería contribuir a que todos comprendieran la estupidez del intelecto. El intelecto es superficial. Habría que avanzar en el desarrollo del ser, porque en otro caso siempre tenderemos, siempre estaremos dispuestos a convertirnos en víctimas de semejantes personas.

La mente está condicionada desde el exterior, puede ser gobernada desde el exterior. Hay que madurar hacia la no-mente, y solo entonces no os dominarán desde el exterior.

Solo la persona de no-mente es libre, independiente. No es ni alemana, ni india, ni inglesa, ni estadounidense... es sencillamente libre. Estadounidense, indio, alemán... no son sino nombres de las prisiones, no de los cielos de libertad. No son los cielos para volar, sino las prisiones en las que vivir.

Nadie es dueño de la persona libre; la persona libre es dueña de sí misma. La persona libre es sencillamente una energía sin nombre, forma, raza ni nacionalidad. Ya ha pasado la época de las naciones y las razas y se aproximan los tiempos del individuo.

En un mundo mejor no habrá ni alemanes, ni indios, ni hindúes ni cristianos... habrá individuos puros, absolutamente libres, que vivirán la vida a su aire, sin molestar a los demás y sin permitir que los demás los molesten.

Por otro lado, la mente es infantil y astuta a la vez. Puede ser víctima de cualquier Hitler, de cualquier patriotero, de cualquier loco con la suficiente audacia... y hay gente muy audaz, que no alberga la menor duda. En eso consistía el atractivo de Hitler. Era tan audaz que era la audacia personificada. Nunca se planteaba ninguna duda; se sentía absolutamente seguro de sí mismo. Y las personas que no tienen tal seguridad se sienten profundamente atraídas por un personaje así. Una persona tan segura de la verdad debe de haber encontrado la verdad. Esa gente empieza a seguirla, y debido a su inseguridad son víctimas de un loco, pero los locos siempre están muy seguros. Solo dudan quienes están muy alerta, muy conscientes. Sus dudas demuestran su estado de alerta y la complejidad de la vida.

Y la mente es muy astuta. Puede racionalizarlo todo.

Me han contado que...

Refugiado con su mujer en una apartada buhardilla de Berlín, para protegerse de los nazis, Berger decidió un día salir a tomar el aire. Mientras caminaba se encontró frente a frente con Hitler. El líder alemán sacó una pistola y señaló un montón de excrementos de caballo que había en la calle.

—¡A ver, judío! —gritó—. ¡Cómete eso o te mato!

Temblando, Berger hizo lo que le había ordenado. Hitler se echó a reír de tal manera que se le cayó el arma. Berger la recogió y dijo:

—¡Ahora, o te lo comes tú o disparo!

El führer se puso a cuatro patas y empezó a comer. Mientras realizaba esta tarea, Berger se escapó, se internó en un callejón, saltó una valla y subió a todo correr a la buhardilla. Cerró la puerta de un golpe y echó el cerrojo.

—¡Hilda, Hilda! —le gritó a su mujer—. ¿A que no sabes con quién he comido hoy?

LA MENTE RACIONALIZA CONTINUAMENTE

Incluso si comes excrementos de caballo puede convertirlos en una comida como es debido y en un «¡Hilda, Hilda! ¿A que no sabes con quién he comido hoy?».

Cuidado con las trampas de la mente. Y cuanto más alerta estés, más capaz serás de vivir en el momento, en el acto, completamente. No existe motivación alguna: lo haces porque te gusta, y por eso yo digo que es el trabajo más difícil.

Salir de la mente es el trabajo más difícil, pero no se trata de esfuerzo, sino de conciencia; no se trata de esfuerzo, sino de un intenso estado de alerta.

FRASES DEL AUTOR OSHO

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